II Concurso-taller de Historias de la calle Fundación Escritura(s)

Convocatoria cerrada

II Concurso-taller de Historias de la calle

Del 12/12/2016 al 13/03/2017

1000 palabras máximo

1500 euros en premios

- comentarios

231 participaciones

03/05/2017. Publicado el fallo del jurado sobre los premiados: ver aquí.

Elliott Erwitt, 2000

Historias de la calle, el segundo concurso del cuadríptico, es también una invitación a explorar los entornos más inmediatos, más cercanos. Las historias tienen que ocurrir en el edificio o en la calle en la que vivís o habéis vivido. Pueden ser de carácter testimonial o ficcional: sobre un vecino o sobre uno mismo, de tono costumbrista sobre la calle en cuestión, sobre un bar o un comercio, sobre sus personajes, o sobre algún hecho relevante que haya quedado en la memoria de los habitantes del edificio o la calle. Pero al final del relato el autor puede indicar el nombre de la calle que le ha servido de motivación e incluir una imagen suya, que puede sacar también de street view.

Introducción

Historias de la calle responde a nuestra convicción de que el barrio no es solo un espacio físico que funciona de escenario de lo cotidiano, un aspecto secundario de muchas de nuestras vivencias. Es, más que eso, un eje de coordenadas que nos sirve para orientarnos, para enclavar nuestra vida o los diferentes tiempos de los que está hecha nuestra vida. Las personas que nos son más queridas, pero también las caras conocidas, como presencias habituales, y los saludos, las conversaciones circunstanciales y los distintos espacios, y olores y sabores, conforman una topografía sentimental, en la que cada elemento tiene asignado un valor afectivo, cada uno como una sinécdoque formidable: la parte por el todo para recuperar en un instante un cúmulo enorme de vivencias que hacen a uno reconocerse a sí mismo. Porque la calle o el barrio afianza el sentido de pertenencia, y con este el de identidad, sobre todo en la infancia y la juventud. Las calles se pasean, pero también se habitan. Es una habitación, en sentido propio: una sala de estar común (como vio Kapuściński en África), el espacio idóneo para la convivencia. El barrio o la localidad funciona en cada individuo de marco de su vida: en realidad como un segundo círculo concéntrico, con un radio más amplio que la familia, que también lo abraza y lo protege, o en circunstancias menos favorables lo presiona con determinación para no dejarle escapar. La ciudad es como una casa grande, decía Alberti. Lo diferencia de la familia la posibilidad de elección que se abre aquí, con un peso menor de lo impuesto o lo que uno no puede cambiar: la decisión (aunque muchas veces limitada) de dónde se quiere vivir y con quién: la elección, por ejemplo, de esos primeros amigos del barrio, que son determinantes en la conformación de uno mismo.

No hay existencia sin convivencia: la mirada, pensaba Sartre, nos remite al estar-con. No nacemos hechos, sino que nos vamos haciendo nosotros mismos, cada uno con su propio criterio para dirigir su vida: libres, pero en un entorno que, en buena medida, nos viene impuesto. Así, esas circunstancias serían una limitación que, con un planteamiento más optimista, ayudarían a la conformación de la persona concretando sus posibililidades, y, con otro menos entusiasta, la dificultarían, haciendo de esa libertad una prebenda cruel. Una cuestión que en su desarrollo filosófico tiene unas tripas más intrincadas, pero que es también accesible desde la narrativa, con formulaciones más intuitivas para esos entornos que son, con sus primeros diámetros (sus circunstancias más próximas), la familia y los vecinos.

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Cosmin Munteanu

Lo que nos lleva a una última motivación para este concurso: nuestra preocupación por la pérdida de la calle en los últimos años. Los padres de los niños y adolescentes actuales crecieron en la calle, la mayor parte de su tiempo libre lo pasaron en la calle, relacionándose dentro de un grupo amplio y flexible. Sus hijos, en cambio, esto no lo han conocido. No porque hayan decidido sustituirlo por los nuevos modos de comunicación que permiten los aparatos electrónicos, sino por el miedo de sus padres a que les pase algo si los sueltan en la calle y les conceden la libertad de aprender allí lo que la calle tenga que enseñarles. Un pequeño inciso: A pesar de la queja generalizada de los adultos por la infiltración de los móviles en la vida de los jóvenes, entendemos que la tecnología aquí ha sido el remedio, no el problema: ha ejercido de paliativo, como una versión encapsulada de relacionarse, ante el efecto demoledor de ese miedo que ha encerrado en sus casas a las últimas generaciones de niños (víctimas, no culpables).

Dosier sobre narrativa y calle

Características

Los concursos del Club de escritura buscan ser ejercicios motivadores, un modo sugerente de trabajar propuestas para la práctica de la escritura. La plataforma del Club ha sido diseñada para facilitar la participación, la interactividad y la transparencia. Sus concursos son abiertos: desde el mismo momento en que se presenta una obra, esta se abre a la lectura, al comentario y a la recomendación por parte de cualquier visitante del club. Más adelante, la obra se somete también a la votación, en el entorno de un sofisticado sistema de programación y bajo el control de reglas destinadas a evitar abusos.

Se valorará que el autor incluya el nombre y una imagen de la calle que haya servido de inspiración al texto. Para ello se puede usar el programa Street view, incorporado al editor de textos (puedes ver un breve tutorial aquí).

Las obras presentadas no pueden contener más de veinte fotografías, más de 1000 palabras y vídeos (alojados en plataformas externas del tipo Youtube o Vimeo) de más de cinco minutos de duración. Pueden combinarse los tres registros hasta superarse en cada caso sus máximos.

Fechas: La convocatoria comienza el 12 de diciembre de 2016 y el plazo de admisión de originales abarca hasta el 13 de marzo de 2017. Votaciones del 14 de marzo al 13 de abril de 2017. Fallo del Jurado: 3 de mayo de 2017.

Para poder acceder a los premios será necesario haber puntuado un mínimo de 10 obras en el periodo de votaciones. El club es un espacio para ser leído y comentado, pero también para leer y comentar las obras de otros.

El nuevo editor de textos quiere servir de incitación al usuario para experimentar nuevas fórmulas narrativas. Lo que hemos hecho, por ejemplo, en “Escritura(s)”. Por texto entendemos también narrativas hechas a partir de fotografías, vídeos y música (registros que conviven a la misma altura).

La organización no mantendrá correspondencia sobre las bases del concurso. El participante debe leer detenidamente las bases completas. Puede consultar sus dudas también en Preguntas frecuentes.

Bases y condiciones generales

La participación en este concurso, así como el registro en el Club de escritura, es gratuita. El concurso se dirige a las personas mayores de edad registradas en el Club de escritura. Se puede participar desde cualquier lugar del mundo. No optarán a los premios los trabajos presentados por los empleados de Paradójica SL -empresa gestora de Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja- o representantes de Fundación Escritura(s), ni sus familiares directos. En esta plataforma es necesario usar la identidad real, única forma de garantizar una única aportación por persona en cada actividad. Para optar a los premios se debe facilitar la dirección y teléfono que, en caso de duda, permitan verificar la identidad del concursante y/o votante y descartar la creación, por un mismo usuario, de varios registros bajo identidades diferentes.

Los participantes deberán registrarse en el Club de escritura y enviar dentro de la convocatoria II Concurso de Historias de la calle obras en los formatos admitidos. Este registro es totalmente gratuito y no supone ninguna obligación de compra.

Cada participante podrá presentar un máximo de una obra que deberá ser original e inédita. No se puede participar con un relato de una convocatoria anterior.

El participante no podrá retirar su relato una vez cerrada la convocatoria.

Los autores cuyos relatos sean seleccionados para su publicación en un libro colectivo renuncian a recibir una cuantía económica por los derechos de autor que pueda generar el libro.

Sistema de votaciones

Desde la apertura del plazo de votación a su finalización (de 14/03/2017 al 13/04/2017) se contabilizará el número de estrellas concedidas a cada relato.

En el periodo de votación popular cada votante debe puntuar un mínimo de 10 obras (y, en la medida de lo posible, comentarlas). No se contabilizarán votaciones inferiores a 10. El sistema garantiza la no contabilidad de los votos hasta completar el número obligatorio de votaciones.

Para optar a los premios es necesario que el participante haya votado ese mínimo de 10 obras. Los comentarios deben ser estrictamente literarios. Para ello puedes ver el tutorial con las pautas para comentar una obra literaria.

Podéis verlo completo aquí, con un índice para visionar el tema concreto que te interese.

Resultarán 100 obras pre-seleccionadas en atención a su puntuación y un jurado compuesto por profesores del Taller de escritura Fuentetaja será el encargado de distribuir los premios en atención a la calidad de los trabajos elegidos. El jurado se reserva la potestad de incluir entre los premiados o menciones obras no pre-seleccionadas entre los 100 primeros en atención a su calidad.

Pacto ético

El usuario se compromete a aceptar en todo momento el pacto ético del Club. Sus consideraciones resumen su espíritu y las normas básicas de conducta en su seno. La no observancia de este pacto podría suponer la exclusión del proceso de concurso.

Pacto ético para participantes, votantes y comentaristas

 


RECOMPENSAS Y PREMIOS

Un primer premio a una obra elegida por el jurado:

  • 500 euros en metálico.
  • publicación de la obra en un libro electrónico colectivo que reunirá una selección de relatos de distintos concursos taller del presente curso.

Un premio especial al ganador de la votación popular:

  • un bono canjeable en publicaciones o talleres de Fuentetaja por valor de 150 euros.
  • preselección para la publicación de la obra en un libro electrónico colectivo que reunirá una selección de relatos de distintos concursos taller del presente curso.

A los 25 finalistas elegidos por el jurado.

  • preselección para la publicación de la obra en un libro electrónico colectivo que reunirá una selección de relatos de distintos concursos taller del presente curso.

Premio al lector más destacado, por la calidad de sus comentarios a las obras a concurso.

  • un bono canjeable en publicaciones o talleres de Fuentetaja por valor de 100 euros.

Para la promoción y difusión de las obras a concurso se realizará una inversión de 500 euros.

 


GANADORES:

Primer premio

dotado con 500 euros en metálico

Israel Escobar, con “Cuesta de los lavaderos

El relato, escrito con una prosa excepcional, precisa, sensorial, con frases felices y comparaciones audaces, es un buen retrato social de la España rural y miserable de los años 80, tremendamente evocador. El relato de los primeros pasos de un amor adolescente o juvenil en las fiestas del pueblo se transforma en la tragedia, con el incendio de la barraca del baile, que pervive en el recuerdo colectivo.

Premio al lector más destacado

dotado con un bono canjeable en publicaciones o talleres de Fuentetaja por valor de 100 euros

David L. Antequera

Con observaciones inteligentes, a un tiempo pertinentes y generosas, ha hecho un importante esfuerzo por comprender los textos y sacar lo mejor de ellos. Minucioso y estricto, sus críticas han podido enriquecer las obras comentadas y han generado, en muchos casos, un diálogo valioso con su autor.

Finalistas elegidos por el jurado

Junto a los ganadores del primer premio y del premio de la votación popular, las obras de los finalistas serán publicadas en un libro electrónico colectivo. En el acta aparecen sus nombres por orden alfabético.

Alberto Villa, con “Frío

El narrador atiende dos frentes: el matrimonio de indigentes que rebusca entre la basura y el vecino que los mira desde la ventana. Dos realidades alejadísimas que convergen cuando la mujer (protagonista indiscutible en el relato, el personaje más redondo) es herida al explotar una televisión y el hombre que ha hecho de testigo (un testigo indolente, un tanto pusilánime o acobardado, a lo que parece referirse el título) decide por fin intervenir, muy tarde.

Alejandro Calzón González, con “El borracho y el aire

Con un estilo eficaz, sobrio, bien medido, muy cercano a la acción con el uso del presente, un narrador testigo -con algunas concesiones- recoge con un tono absolutamente neutro la rutina de un mendigo que pide dinero a los automovilistas. Con un salto temporal -que podría haber trabajado más- el relato se cierra con un hecho excepcional: la disputa por ese espacio que le cuesta la vida al otro mendigo que ha intentado arrebatárselo: un buen final para mostrar la apatía y la soledad radicales de su protagonista.

Antonio Morillas Jiménez, con “La acacia

Relato nostálgico, en el que la descripción de la calle al comienzo de la narración es también una reconstrucción sólida de la infancia del narrador. Es un buen texto, bien escrito, emocionante, aunque quizá podría haber prescindido de la primera de las anécdotas, al no haber una conexión clara con el meollo (y desenlace) del relato: la televisión del boticario, que queda como denuncia social eficaz, simbólica, pero demasiado aislada, sin relación con el envenenamiento de los niños por chupar las raíces de la acacia.

Cortes F. Escalante, con “Entre veras y bromas

Un comienzo lapidario, contundente, trágico, para ambientar el relato en el Madrid de la posguerra. Con párrafos muy cortos el texto parece querer limitarse a contar lo importante del modo más escueto posible, sin concesiones (sin cargarlo de un dramatismo innecesario), acumulando información: muy eficaz, con esa apariencia de documento testimonial que, al usar el presente, acerca aún más al lector a la crudeza esos años.

Daniel Alejandro Burgos Gorocica, con “Visitando a la bruja

El comienzo es sugerente: el género epistolar no debería resulta en principio audaz al lector, pero ese narrador en primera persona y su estilo directo y apelativo funcionan bien para mostrar cómo ha cambiado muy rápido su percepción de un lugar, cómo el pueblo en el que se ha instalado ha dejado de ser para él un paraíso para convertirse en un infierno en muy poco tiempo, un ejercicio de desvelamiento que gestiona bien el suspense en una atmósfera que le debe mucho al realismo mágico.

Daniel Collico Savio, con “Los amantes de Père-Lachaise

Un relato bien estructurado, bien armado, con una primera parte (más sensorial, con mucho también de viaje iniciático o peregrinación, con una perspectiva escorada de París) que sirve de pórtico a una segunda historia fantástica, fabulosa, de la que el narrador toma la precaución de distanciarse: es una foto, y luego el dueño del bar, quienes la avalan. Quizá lo más valioso de la historia de la pareja cosida -muy buena, dramática y cómica a la vez- es cómo al principio se va sugiriendo paulatinamente esa posibilidad (la decisión de unir sus cuerpos) que el lector tarda en dar por válida, por increíble.

Gloria Navas, con “El Alemán

Un relato duro, bien medido, bien escrito, muy ajustado al tema de la convocatoria, al encajar el recuerdo de su infancia a su calle, como si fuera más que el escenario su atmósfera. La obra tiene varios puntos fuertes. Destacamos uno: cómo se maneja con los distintos tiempos (el presente y el pasado), con transiciones ágiles al principio y al final de un texto que, bajo la superficie de un encuentro anecdótico, de reconocimiento mutuo, esconde una historia oscura, de violencia y traumas, que quizá el narrador hace demasiado evidente al final.

Hermenegildo Rodríguez, con “Absulelá y Wadhá

Un texto conmovedor, un registro de lo que fue y ha desaparecido tras la guerra de Siria, que protagonizan dos niños, dos hermanos que deben abandonar a sus padres para intentar salvarse. El relato balancea entre un pasado feliz en Alepo, en el que las rutinas de la panadería del padre funcionan de vértice, y un presente aterrador en el que la panadería ya no está y no hay retorno posible a esos tiempos.

Ismael Núñez, con “Abríguese

Es un relato ambicioso, con dos historias con protagonistas perdedores, patéticos, que convergen al final en un acto que al menos redime a uno de ellos. El texto es bueno, está bien escrito, es sensible, muestra bien la desorientación de ambos personajes, tiene buenos diálogos, la acción del desahucio es comedida, evita maniqueísmos excesivos, aunque quizá la acción final, con el mendigo dándole el abrigo con el que se ha despertado a la anciana que ha tenido que abandonar su casa, resulta demasiado obvia.

Juan Cristóbal Espinosa Hudtler, con “Declaración

El relato es un ejercicio de instrospección interesante que se desarrolla mientras el protagonista y narrador camina por las calles de Moscú un domingo temprano. Tiene varios puntos fuertes: por ejemplo su lenguaje fluido o su humor sutil, pero quizá el más interesante son las distintas tonalidades entre las que fluctúa el protagonista, entre lo negativo y lo resignado, desengañado o conformista. Esa reflexión final sobre el amor -la anécdota de la que parte es importante, porque le cambia el humor al narrador y por tanto redirecciona esa introspección- es lo menos convincente.

Juan Salvador Piñero Ruiz, con “Balcones azules

El relato tiene mucho potencial, con esa estructura circular que incide en el ambiente cerrado, sin escape, en el que sobreviven los protagonistas, indigentes. Trasmite bien esa atmósfera cargante, deprimente, hecha de mínimos. Pero tiene también limitaciones importantes: un estilo recargado, construido a veces de frases hechas y lugares comunes, y un comienzo excesivo, demasiado barroco, que inmoviliza la historia apenas comenzada.

Julia Lucas, con “Escápulas maravillosas

Escrito como si fuera una carta (cuya destinataria, a la que parece conocer solo superficialmente, pero se ha convertido en su referente, en el cuerpo perfecto que quiere para sí su autora), el relato funciona como una confesión delicada pero al tiempo dura, sin concesiones, que escribe mientras recibe tratamiento por su anorexia o bulimia. Un buen ejercicio de reflexión que el narrador sabe apuntalar con la Gran Vía madrileña, que fija los dos momentos de la narración: el del descubrimiento de Laila (recreado en la carta) y el del soliloquio que desencadena el recuerdo, vinculado a esa calle.

María Calabuig, con “Los amigos

Relato desolador, triste, angustioso, no tanto por lo que tiene de violento como de inevitable, por la imposibilidad del protagonista de decir que no y salir de ese entorno. Es interesante la circularidad del relato, con las dos escenas del personaje subido al banco, y el distanciamiento del narrador, que se muestra frío, sin voluntad de empatizar con su criatura, pero el final no parece bien resuelto, sin ninguna clave para cerrarlo el lector y con una última imagen del protagonista sonriendo confiado que resulta poco convincente.

Netty del Valle, con “Del escape hacia los tintos

Un buen texto, muy cuidado, con una prosa lírica atractiva, bien trabajada. La historia -un caso que sirve de paradigma para un hecho histórico que ha sido además global- es la migración de un campesino indígena del campo a la ciudad, que carga el narrador con el trauma por la pérdida, la desorientación, los problemas de adaptación o la exclusión. Es un relato emotivo, que tiene mucho de reflexión, pero el último párrafo, a modo de conclusión moral, le resulta al lector prescindible.

Pedro López Pérez, con “Calle Barquillo, 11:23 am

El comienzo es audaz, con la descripción -hecha numeración- del escenario que es la calle donde vive el narrador y donde vivía la protagonista, que es encontrada muerta en un cajero de un banco. Anulado en el primer párrafo el suspense, en el texto funciona bien la transición del relato de los hechos a la recreación del asesinato y las horas previas que se imagina el narrador: cómo se va alejando de esos pocos hechos que conoce, y que son insuficientes, para poder construir una historia más sólida, aunque sea ficticia, hipotética.

Rosa Estefanía, con “Siempre llovía

Un relato interesante, con un estilo ágil y atractivo, con mucho de ejercicio metaliterario: la participación poco entusiasta de la protagonista en un concurso literario (sobre el regreso como tema) le sirve al narrador de marco (de estímulo en la historia) para otro ejercicio sobre la nostalgia, con el recuerdo sobre todo de la lluvia. Esa recreación del acto mismo de intentar escribir el recuerdo es muy sugerente.

Sonia Beatriz Martínez, con “El Quijote de Bell Ville

El relato es una aproximación fascinante a la protagonista desde una distancia que, en principio, parece insalvable con el narrador, a la fuerza solo testigo lejano. Las fotografías que dan comienzo a la historia muestran un entorno perturbador que sirve como primer tanteo para conocer a María Rivas, que aparece como una anciana un tanto desequilibrada. Desde ahí el narrador va encadenando datos hasta reconstruir la vida presente y pasada de María, que tiene mucho de desengaño y traición, pero también de fortaleza y de valor para levantarse tras cada caída.

Yolanda Prieto Pardo, con “El perro de la rue de Montmorency

Un muy buen relato, envolvente, con un planteamiento audaz, ingenioso, y también divertido, que recuerda inevitablemente (son varias las coincidencias) al Cortázar de “Carta a una señorita en París”. Con una prosa muy cuidada. Y con un protagonista minuciosamente dibujado, fascinante, entrañable, que se mantiene creíble a pesar de cómo se encamina hacia lo absurdo.

El jurado quiere destacar también los siguientes autores, por la calidad de sus relatos (también en orden alfabético)

Claudia MN, con “Migas de pan

Gelines del Blanco Tejerina, con “Re.portera

Guillermo Gutiérrez Álvarez, con “Las ventanas

José M. Viera, con “Cámaras de vigilancia

Marta Posadas Montes, con “Quince minutos

Sebastián Pelesson, con “Iván

Silvana Alexandra Nosach, con “Ruido blanco

Tatiana Peláez Acevedo, con “La mujer ausente

Yocelynn Olmos Ortiz, con “Christian

Premio de la votación popular

Dotado con un bono canjeable en publicaciones o talleres de Fuentetaja por valor de 150 euros

José Luis Chaparro, con “Mala suerte

Un buen relato, bien escrito, eficaz, con una sobriedad al comienzo que funciona bien de dosificador de la tensión del protagonista, un jovencísimo policía en un País Vasco atemorizado por ETA, pero que luego se va diluyendo, al tiempo que el narrador se recrea en el dolor por la muerte de su compañero, asesinado por los terroristas. Las dos referencias temporales de la historia (su llegada en 1982 y el asesinato del policía en 1983), quedan bien conectadas, aunque sin excesiva audacia: la primera como recuerdo del protagonista en el momento del duelo. Para el Jurado esta obra también ha merecido estar entre las finalistas.

 


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