Nadar y guardar la ropa
Ariana me deja en casa después de las dos, borracha y mareada. No pego ojo. La forma de mirar a esa chica en el restaurante, las sonrisas que espié, la conversación con las cabezas inclinadas y las espaldas curvadas que sugerían otras intenciones, no me abandonan. Estrello el despertador contra la pared en cuanto suena...