Algún día me preguntará mi nombre.
La puerta de hierro forjado se desliza permitiéndome la entrada. Una mano me saluda y una cara sonriente, apenas iluminada por una fluorescente blanca que ilumina la caseta de seguridad, calman mi ansiedad. Abro la ventanilla y esbozo una sonrisa. Él me guiña un ojo. Yo levanto el pulgar. Todo está tranquilo. Respiro hondamente. Un...
