Seguir viajando
Tenía treinta años cuando llegué a mi penúltima empresa. Recuerdo mi primer día en el almacén, deslumbrada por su tamaño y mecida por el sueño de sucesivos ascensos que me llevarían a lo más alto. Todavía hoy recuerdo el olor a medicamento y cartón, y al cerrar los ojos puedo escuchar el murmullo de las...