Tedio
Arrastraba los pies por la casa, como si sus dos piernas fuesen dos pesadas columnas de fino y blanco alabastro; no lo hacía precisamente por la edad, era joven aún, sino de aburrimiento. Llevaba, sin que nada surgiera de su voluminosa cabezota, más de un mes. Y nada, era nada. Ni una letra siquiera que...