El otro lado del mar
Los motores rugen, las hélices furiosas revuelven el cielo, tirón de palanca, al aire, la gravedad ya no importa. El hombre fornido avanzó por la cubierta hacia la proa del barco, donde ya estaban reunidos los habituales: la mujer bonita, el señor mayor, la niña de los peces. Los que cada tarde, cuando la...