El despertar
Arropándome, tanto mi boca como mis lenguas quedaron petrificadas y todos por fin descansamos. Por más ímpetu que puse para lamer su agua salada, prohibida para mí, no lo logré. ¿Por qué la deseo tanto? ¿Será porque anhelo ser vencido y ella es la única capaz de procurarme la sensación de sumisión? Sé que por...