Cordones
Meiko y Eric eran los mejores amigos que uno podía imaginar. Tenían seis años, y ambos eran hijos únicos. Se habían conocido una mañana soleada de domingo en un parque, cuando a Meiko se le habían desatado los cordones de sus zapatillas de jugar. El chico aún no había aprendido a atárselos él solo, por...