Las mariposas no lloran
«¿Dónde estoy?», murmuró su propia voz. A su alrededor se desataba una tormenta, y la gelidez de la lluvia le aguijoneaba el rostro con feroces punzadas. Los relámpagos cegaban la vista, los truenos ensordecían los oídos. Un golpe en el pecho no habría causado mayor efecto en Rachel. «¿Dónde estoy?», volvió a preguntarse, «¿Estoy despierta?...