A nueve olas del secano.
Yo venía del este con los húmedos alientos de la costa pegados a la frente. Llegados al primer peaje todavía no se doblaba el corazón, alguna que otra larva en el estómago empezaba a despertar las mariposas. Quedaban nueve horas menos media de un calentamiento en decúbito sedens en lo que salía el sol. Y...