LA PIEL QUE CEDEMOS
La librería valenciana estaba a reventar. Elena Lezama leía un pasaje de su novela La piel que cedemos. Su voz no temblaba, pero sus ojos evitaban la quinta fila. Allí, separados por tres desconocidos, estaban ellos. Carlos, con sus cincuenta y cinco años cargados en unos hombros que aún conservaban la percha de antiguo atleta,...