Donde anidan las lágrimas
Aprendí muy pronto a tragarme las lágrimas. La primera vez intentaba dibujar un tigre. Lo veía nítido en mi mente: el arco perfecto del lomo, la tensión quieta de su mirada, su pelo grueso como una alfombra tupida. Quería capturar su esencia, pero mis manos infantiles no lograban seguir el ritmo a esa visión. El...