El bebé
―¡Mirá, Ernesto!, ¡una calesita! ¿Damos unas vueltas? ―¿Unas vueltas en la calesita? ―Sí. ―¿No me lo dirás en serio? ―¡Sii!, en serio: ¡me encanta la calesita! ―Pero oíme, nena, hace un minuto me decías que estabas mareada, que se movía el suelo y que te costaba caminar, y ahora me decís que querés subirte a...