Viaje de ida
La noche era inquietantemente silenciosa. Apenas se oía el rumor de las hojas de los árboles chocando entre sí y, si aguzabas el oído, podías incluso escuchar el cantar de los grillos. Las estrellas del cielo parecían competir entre sí para mostrar cuál de todas refulgía más. Hacía poco que había llovido y el olor...