BALCONES AZULES
— ¡Hijos de puta! ¡Hasta pa chuparme la sangre tengo que enseñar el DNI! Las ruinas se amontonaban como roscas en una panadería, como si la memoria del tiempo pretérito solo fuera la excusa mediática del último político de turno para explotar los secretos de una civilización olvidada. Las ruinas sobre las ruinas, las ruinas...