En el banco del mirador, a las cinco.
Al torcer la esquina, vi a la singular pareja que me esperaba en el mismo banco de siempre. Ese día llegaba tarde, por lo que desde lejos ya pude ver las arrugas de preocupación que se sumaban a un rostro erosionado por los años. Cuando el viejo perro mestizo empezó a mover el rabo de...