EL INCENDIO
Nació llorando. Ninguna novedad. Pero continuó llorando los dos primeros años de su vida. No hubo médico que la familia dejara de consultar, virgen sin rezar, curanderas, velas y desvelos. Presentimiento, pensaron quizás. Un día la abuela se secó las mejillas enrojecidas y descamadas. No volvió a llorar. Ni siquiera cuando su padre regresó de...