Un inesperado encuentro casi familiar
Recién cumplía mis ciento quince años y pude asistir, por fin, a una celebración con las tribus urbanas de mortales, mis vecinos. Concluida una bulliciosa canción, una bella y esbelta joven fijó su mirada en mí y yo respondí de inmediato con una ligera genuflexión desde mi faz. Ella comenzó a vagar por entre la...