Amasar la vida.
¡Quién como ella! que cada mañana, al primer grito florido de un cantor espueludo, esparce en una mesa de venas profundas y surcos blanquecinos, una gran nube de finas partículas de harina preparando el desenfreno de ingredientes sin medida, convirtiéndose en ese néctar sagrado que fortalecerá el regreso de aquellas manos rudas que siembran y...