¿Beso, atrevimiento o verdad?
La luz entraba a través de las maderas de la caseta, flechas que atravesaban el polvo en suspensión. Estábamos los tres muertos de calor, pleno agosto a la hora de la siesta. Perico respiraba agitado, habíamos llegado corriendo desde su casa, estaba un poco gordo y siempre llegaba el último a la hora de correr. Sentados...