Lucas era un trabajador modelo. Llegaba un poco antes de la hora y no tenía prisa por salir si el trabajo lo requería. Se vestía y acicalaba con esmero, un poco clásico, un poco trasnochado, pero siempre impoluto. «Mis compañeros, mis jefes y sobre todo mis clientes se merecen lo mejor», decía muy serio cuando,...
IV Concurso de Historias del trabajo Fundación Escritura(s) y Talleres de escritura creativa Fuentetaja
446participaciones
IV Concurso de Historias del trabajo
Ver bases
Admisión de originales: del 12 de marzo al 10 de junio
Periodo de votaciones: del 11 de junio al 8 de julio
Fallo del Jurado: el 31 de julio
Los viernes del señor Maroni
El señor Maroni era uno de los principales clientes de la empresa en la que trabajábamos por aquel entonces, y por lo tanto teníamos que soportarlo y atenderlo con la mayor amabilidad posible aunque se tratase de un sujeto insufrible. Los viernes eran días especiales en nuestra oficina, a las cinco de la tarde se...
La travesía de trabajar
Un sonido molesto es el que me levanta todas las mañanas una alarma que suena más fuerte que una campana. Con un ojo abierto y el otro cerrado intento ponerme de pie para ir al trabajo. Solo de pensar que me espera otra jornada de arduo trabajo prefiero quedarme a descansar otro rato. Con toda...
¡Viva mi trabajo!
Hace un par de años reuní tantos requisitos como necesitaba para ser uno más de los españoles que engrosan la lista de los jubilados. Aún me sentía —me siento— joven, aunque cierto es que ya no con la misma habilidad, empeño, afán, ilusión y ganas de hace unos años. El día que supuso el antes...
Un trabajo, por favor
Sara y Jorge salen del banco, él empuja la silla de ruedas con cuidado, y ella va leyendo su cartilla con una amplia sonrisa que enseña unos dientes blancos y desordenados. —¡De puta madre, Sara! Ya puedes dejarme los cincuenta euros que necesito para la autoescuela, y un poco más, para un móvil —dice él....
Señor Mavura
Íbamos en silencio. Yo, como siempre, mirando la tierra roja del camino, buscando las pequeñas aldeas de techo de paja, escondidas entre los árboles. Empezó a hablar sin más. ―Quando você não fez o que os velhos aconselham, você morre jovem. Le miré intrigada y respondió que eso se aprende al observar las serpientes. Relativamente...
El arte de no hacer nada
Al principio, mi equipo de trabajo era de cinco personas. Cinco personas que, en el papel, teníamos obligaciones similares, trabajábamos por honorarios más o menos parecidos (los más antiguos ganaban un poco más por su experiencia) y distribuíamos el papeleo en partes iguales. Eramos cinco los que llegábamos a las ocho y nos íbamos a...
Obligación vs Motivación
Desde pequeños nos enseñan el valor e importancia del trabajo… (por lo menos lo intentan) Nos hablan del trabajo duro y honrado, nos inculcan que debemos esforzarnos para mantenernos en nuestros puestos de trabajo el mayor tiempo posible… esto, sin importar las condiciones ¡Total! A fin de cuenta debemos agradecer que tenemos un trabajo que...
Historias de la puta mili
Bueno, pues parecía que este día no iba a llegar y, efectivamente, no ha llegado todavía, pero es divertido imaginar cómo sería eso de jubilarse y que alguien haga una reseña de tu vida (laboral) y que no entre muy a fondo en la otra vida (la personal, ojo, no la espiritual, mejor no metamos...
Gente Peligrosa
Guido Cuenca, profesión electromecánico, supervisor con categoría A, de bajo perfil un tipo de hablar poco y lo necesario, obediente cumplidor, no llega tarde, pocas ausencias por enfermedad, legajo intachable, nunca una suspensión, tampoco un parte por accidente. Tato Vázquez todo un personaje, de profesión plaga, dueño de un legajo opuesto al de Guido. Tato...
El trabajo más antiguo
Detestaba la profesión más antigua del mundo, la suya. Sus pestañas con betún y el tacón enredado en un portaligas. Ella, en mil noches y ningún día. La luna transparente trajo el último cliente. Tenía mirada tierna, nunca vista en su vida de putta (muchacha). Sentándose en su catre, le pidió que se fuera con...
Su última noche
El teléfono del demonio no deja de sonar. -¿Tiempo de espera al local? Me aparto del mármol y observo el pilón de tickets acumulados al final del renglón. – Treinta y cinco minutos. Demasiados, que desastre. Nos faltan manos, nos falta gente. Detrás de mí, cuatro pedidos esperan en las fundas a qué algún repartidor...