La mujer de Pedro Tamales
Dizque la mujer de Pedro Tamales creía que Pedro Tamales era buen hombre hasta que la obligaron a convertirse en la mujer de Pedro Tamales.
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Cartas desde el polvo Dizque la mujer de Pedro Tamales creía que Pedro Tamales era buen hombre hasta que la obligaron a convertirse en la mujer de Pedro Tamales.
Creo que llevabas dentro tuyo, clavada como un puñal, una larga pena, un largo silencio. De aquellos que hacen verdadero daño. Nunca supe, ni podré ya saber, de qué se trataba o a qué se debía ese dolor hecho silbido entonando tangos. Lo que sí entiendo hoy, rememorando aquellas tardes sentado a tu lado oyéndote...
Juan Preciado, cumpliendo los deseos de su madre, decide por fin hacer el viaje desde Contla hasta Comala, setecientos kilómetros lo separan. Un duro peregrinaje, con calores sofocantes, más la esperanza de encontrar a su verdadero padre. Dolores le contaba desde niño que Comala era un pueblo con tierras verdes repletas de maizales amarillos que...
A usted, si usted, no se esconda: Buen día antes que nada. No sé muy bien… si esta carta sube o baja. En mi Comala todo depende del rumbo del muerto. Para el que viene, esto es descenso; para el que se va, es como un caída libre hacia el mismo sitio. Yo no nací...
En esta tierra que habito la miseria no descansa, como el polvo de los caminos, me envuelve y se cuela dentro de mi ser. Comala, ¡Nombre maldito que me ahoga! Rota mi alma sin remedio, condenada. El polvo me consume los huesos ¿Seré yo quien está muerta en tu lugar? ¿Vives tú en el paraíso...
Voy bajando hacia Comala y el polvorín que el viento levanta cae en mi rostro sudado por tanto sol que me quema hasta los huesos. Sin embargo, veo el paisaje que se muestra ante mis ojos como un desafío entre el cielo y Comala. A veces hablo sola y me pregunto: qué hago aquí y...
Desde Comala, no sé qué día. A quien sea que encuentre estas líneas: Vine buscando a mi padre, Juan Preciado, que llegó hasta aquí buscando al suyo, cuando yo apenas tenía un año. Y nunca más supimos de él. ¿Cómo llegué a Comala? No lo sé, no lo recuerdo, no me lo explico. Pero si...
Padre, aunque usted no sepa quien soy, yo sí sé de usted. Me llamo Emiliano Rodríguez. No sé si su sobrina Anita le habrá dado cuenta de mí. Puede que no, pues es muchacha tímida y no querrá preocuparle. Me atrevo a escribirle para pedirle noticias de ella, ya que no sé nada desde que...
No sé si esta carta algún día llegará a tus manos, pero desde el silencio de Comala te escribo estas líneas. Te escribo estas palabras porque el silencio ya no puede guardarlo todo, y aunque nunca se escuchen, necesitan ser dichas. El amor se quedó viviendo donde tú te fuiste, entre las calles cubiertas de...
Comala, no sé qué día es. Madre: He llegado tarde. El camino hasta aquí estaba vacío, como si nadie lo hubiera pisado en años. Solo polvo y un viento caliente que parecía venir desde debajo de la tierra. Cuando pregunté por ti, un hombre viejo que estaba sentado frente a una casa me miró sin...
Querida Mariana: Desde que te fuiste de Comala no tengo con quién hablar, y todo se me vuelve trabajo, calor, polvo y discusiones con mi madre. Menos mal que tengo a Pedrito, que cada día está más grande y precioso, y se deshace en risas cada vez que lo abrazo y lo cubro de besos....
Querido Arturo, Recuerdo cómo en la tardes espesas te quedabas viendo la llanura de la Media Luna y hasta los zopilotes huían en bandadas por sentirse observados. Tus ojos bien abiertos, brillantes y profundos como el pozo que se rehúsa secarse en este pueblo de ecos. Mi niño, ya no tan niño, ese Colima dicen...