La sed de los tendones
Padre, Le escribo con la mano que todavía me obedece, aunque los dedos se me han vuelto de puro aire y ceniza. Aquí en Comala, el tiempo no pasa; se amontona. Usted decía que el rencor es un animal vivo, pero se equivoca: el rencor es un músculo que nunca descansa, que se queda tieso...