Carta desde Comala
El silencio de las estrellas se derrama en esta tierra árida. Es un silencio amarillo, como una miel amarga y pegajosa. Antes, cuando el vientre se nos retorcía por el hambre y queríamos conciliar el sueño, contábamos fantasmas. Pero hasta ellos se han ido. Desde entonces, cuento los años que podrían caber en una noche...