Carta a un hijo (que no vino)
Comala, 16 de agosto de 1955 Hijito mío, Te escribo esta cartita, aunque no sé si el viento la llevará o si, como siempre, se quedará en el olvido, como tantas otras cosas que se van...
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Cartas desde el polvo Comala, 16 de agosto de 1955 Hijito mío, Te escribo esta cartita, aunque no sé si el viento la llevará o si, como siempre, se quedará en el olvido, como tantas otras cosas que se van...
ÁRBOLES SECOS Una tarde, una llameante forma,por misterios del azar,cruza el cielo.Un cúmulo de interpretacionesgiran en la mente. Agotada la provisión de agua;vacías las alforjas del viaje.Llegó el fin de una cabalgatapor leguas incontables. Una tarde llameantede formas misteriosas. Así se forja el carácter,así se abandonan por cualquier caminonuestras partes.Arrastrando lo importante. Una tarde azarosade...
Al que todavía respire: No me conteste. No hace falta. Aquí las respuestas llegan antes que las preguntas y las preguntas se pudren antes de nacer. Le escribo desde este pueblo inmóvil, reseco, espectral, donde el polvo es una sábana interminable y el silencio una campana rajada que no deja de sonar hacia adentro. No...
Para Juan: Vine de Sayula por dos asuntos: para alimentar a un animal hambriento que no me deja en paz y por enterarme de que viniste buscando a tu padre, mandado por la que no te parió. “El que dice ser Preciado está en Comala; que iba a conocer a Pedro Páramo”. Me avisó Abundio,...
A quien tenga el coraje de leerme —o a nadie—: Me llamo Jacinta Villalba. Fui costurera cuando en Comala todavía se remendaban las camisas y no los recuerdos. Ahora sólo zurzo sombras. Las mías. Las de él. Escribo con una vela corta que chisporrotea como si respirara. Cada vez que la llama se inclina,...
Mi querido niño, mi triste ranita: Tuve que marcharme sin despedidas ni adioses. Las paredes eran muy estrechas y el hastío demasiado grande. Me ahogaba. No estaba muerta, pero tampoco estaba viva. Los grillos cantaban a la noche sin estrellas, por eso nadie me oyó. Sé que me comprendes porque tú, igual que yo, sabes...
Estimado: un viejo DC6 de compañía boliviana, me trajo a su tierra hace cincuenta años. Cincuentiuno, para ser exacto. Venía con mi hijito, cumpliéndole el sueño de conocer Disneylandia. Llegaríamos a EEUU por carretera, desde el DF hasta Tijuana. Un recorrido de más de cuarenta horas. Me aprovisioné, con agua, galletas, y leche chocolatada, alimento...
El pueblo se vaciaba al caer la tarde, como si alguien hubiera apagado el interruptor general. Las persianas bajaban con ese quejido metálico de siempre y el viento arrastraba bolsas del súper por la plaza, donde el wifi municipal iba y venía como un fantasma. Yo regresé por culpa de un mensaje de voz que...
Me llamo Emiliano Madero Villa, soy un traidor. En estos momentos el sol arrecia. Es la hora en la que ladran más alto los perros, no sé si lo hacen por la sed que los asalta y les hace sacar tanto la lengua, o para recriminar a los habitantes de este lugar que son unos...
Señor: Le escribo desde este pueblito que no figura ya ni en los mapas ni en la memoria de Dios. Aquí pues, el viento sopla caliente y trae voces, como si los muertos tuvieran saldo infinito para seguir llamándonos. Yo soy uno de esos que se quedó, no por valiente sino por pendejo. Uno siempre...
Don Pedro: Mi abuela decía que los muertos no leen. No escuchan. No hablan. Pero cuando duermo, dialogo con ellos. Eduviges Dyada, me abre la puerta de los sueños sin hacer ruido. Dice que llegan antes que los vivos. Esa niña adormilada, le escribe con dudas que arrastra hace años: «Escucho la voz de mi...
Llegué un día a un pueblo escondido entre la niebla, a entregar las cartas póstumas de mi abuela. En las páginas amarillentas de esas epístolas, mi abuela recomendaba a la parentela difunta reclamar las herencias sobre los lotes baldíos del pueblo montañoso. En una de las cartas se leía con caligrafía temblorosa: «Queridos parientes,...