Treinta y tres escalones tiene la casa de la abuela hasta la planta tercera. Once más hasta el desván. Diez años hace que dejamos de veranear en el pueblo, desde que compramos el apartamento a pie de playa en Almería. Quince años tenía entonces, ahora veinticinco. Trece los besos contados, a escondidas, despedida fugaz de...
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