Capítulo 6
Agotados, Cowboy, Shad y Ryd contemplaron echados sobre el heno su logro. Les había llevado lo suyo, pero al fin las cuatro toberas habían sido sustituidas, algo que Nell celebró con un sarcástico: «¡Yuuupii!».
—Ha costado, pero ahí las tienes, chico. ¿Y ahora qué? —preguntó Cowboy.
Los nuevos planos desplegados por la IA eran, como poco… de locos. ¿De verdad quería que construyeran aquello? Estaban patidifusos, mirándose entre ellos, y aunque Ryd tenía una vaga idea acerca de lo que significaba aquel diseño, prefirió no compartirla.
—Bueno, chica, espero que nos puedas perdonar —le dijo Cowboy a su fiel nave, mientras padre e hijo activaban los sopletes para empezar a cortar el fuselaje siguiendo las instrucciones de la pantalla.
Los días pasaron y por fin aquellas estructuras estuvieron listas para recibir la electrónica, usando para ello el sistema de distribución eléctrico de la propia nave desguazada.
—¡Ah, no, de eso nada! ¡No pienso participar en esto, ¿me habéis entendido?! —protestó el padre de Shad al enterarse del siguiente paso recomendado por la IA para obtener la tecnología electrónica que necesitaba que le instalasen mientras comían algo en la sala común de la nave.
—¿Desde cuándo eres tan soso? Si será divertido —intentó animarlo Cowboy.
—¡¿Divertido?! A mí tampoco me agrada… Oye, Cowboy, ¿qué tal si la engañamos? Ya sabes, buscamos lo que sea en el taller y le cambiamos los códigos de registro —sugirió Shad en un susurro, desconociendo que la IA de su nave estaba muy atenta a la conversación, recibiendo una nueva y dolorosa descarga en las nalgas a través de su endemoniada sonda.
—¡Y una puta mierda, esmirriao! ¡Ya estás moviendo ese culo para ir a buscarlas o te juro que la siguiente te la aplicaré en los huevos! —le ordenó a gritos haciendo de nuevo chisporrotear aquella jodida sonda de mierda ante sus narices parpadeando en color naranja.
—Escúchame bien. Aún faltan nueve horas y catorce minutos para que anochezca así que instálame de una puta vez los altavoces externos y los micros en el casco para controlarte en todo momento porque no me fio de ti. ¿Te ha quedado claro? Pues ponte a ello, ¡YA!—. Le ordeno con la misma mala hostia que un sargento instructor dejando de parpadear para mostrarle un naranja bien fuerte.

Shad estaba tan agotado como hecho un flan. Jamás había robado nada en su vida, ni tan siquiera una pieza de fruta de los árboles de los vecinos, así que, vestido completamente de negro, hacía todo lo que le indicaba un Cowboy que, al contrario que él, se lo estaba pasando de puta madre.
—Voy a acabar en una Men-Cell, ya lo verás. Y seguro que esa condenada IA les dirá a los técnicos de la prisión mental que se aseguren de que el sistema me electrocute las pelotas a diario. Joder, Cowboy, larguémonos de aquí—. Susurró Shad, completamente paralizado por el miedo en mitad de la oscuridad del primer desguace de la lista.
—¡Caray, chico, no me seas cagueta y espabila, que ya he desconectado la seguridad de la valla! —le siseó el veterano.
A los nervios y alguna que otra vomitona de Shad, se acabaron uniendo un par de episodios de espasmos en las prótesis de Cowboy y varios sustos de infarto con algún que otro susto con los dueños y las autoridades. Pero, al final, lograron reunir todas las piezas en el vehículo designado para aquella operación de saqueo nocturno celebrando al amanecer la victoria desde una colina con unas inmejorables vistas, tomándose una cerveza bien fría mientras el sol salía por el horizonte.
—Esperemos que la científica no analice el vómito, porque si no estamos bien jodidos mi joven aprendiz—bromeó el viejo piloto de combate, dándole un codazo a su ahijado y riéndose con ganas ante la cara de puro terror que puso el muchacho.
—¿Y ese sonido?
—Es una señal de alarma de alta prioridad. Activa la radio, a ver qué sucede.
Sentados en sus respectivos asientos, escucharon atentamente el boletín de emergencia que emitía el locutor. Shad se quedó completamente petrificado al oír las noticias.
—Putos Malmori… —gruñó el viejo Cowboy, perdiendo toda la chispa de golpe. —Mal asunto, chico. Se avecina una guerra.
Capítulo 7
La situación era grave, muy grave.
El hecho de que apareciese una sola nave Malmori en el sistema solo significaba una cosa: que se pondrían a inspeccionar de inmediato toda nave que entrara o saliera del sistema solar, además de la lógica intromisión en las redes de datos y comunicaciones planetarias. Pero aquello no era nada comparado con lo siguiente: la inminente llegada del resto de la flota para establecer el temido bloqueo total, siendo esto último lo que verdaderamente aterrorizaba a la población.
A toda prisa padre e hijos lo dispusieron todo en el granero para llevar a cabo el primer vuelo de prueba tras la instalación el día anterior de los altavoces y micrófonos exteriores de forma apresurada por parte Shad. Pese a las numerosas quejas que expuso la inteligencia artificial sobre aquel vuelo este se iba a realizar si o si dejando aparcados en un rincón por el momento aquellas dos enormes estructuras junto a la electrónica que llevarían en su interior.
—¿Que tú vas a pilotar? ¡Y una puta mierda! Hazle hueco a tu padre —le ordenó Nell a Shad, volcando el asiento del piloto hacia atrás de golpe, aprovechando que el chico todavía no tenía abrochado el cinturón de seguridad de seis puntos.
Mol se partía de la risa desde el fondo de la cabina. No todos los días podía ver rodar por el suelo a su hermanito mayor, quien, completamente humillado, acabó ejerciendo las labores de copiloto… ¡de su propia nave!
—Muy bien, despegamos —anunció Ryd, el piloto de aquel histórico primer vuelo, comenzando a saltar enseguida las alarmas por toda clase de estupideces mientras la interfaz parpadeaba sin parar en un azul pálido, casi blanco.
—¡Pájaros! ¡Asciende, cabronazo, asciende! —gritó Nell logrando hacer perder la paciencia al padre de familia lo cual significo recibir una buena reprimenda para que se callase de una jodida vez sin lograr nada ya que Nell, continuó a lo suyo.
—¡Ten cuidado con el jodido viento! ¡Ay, la hostia! ¿Acaso no ves las nubes?

Pese a los constantes avisos de peligro simulados, la nave volaba sin problema alguno, comportándose de forma excelente en toda la envolvente de vuelo. Sin embargo, cuando aquel veterano piloto decidió acelerar un poco más para que Mol sintiera lo que era volar de verdad, el sistema directamente se lo impidió, alegando que el estampido sónico podría provocarle «hipo estructural» al chasis.
—¿Hipo qué? No me lo puedo creer. ¡Nell, quiero romper la barrera del sonido! —insistió Ryd.
—Eso será por encima de mis circuitos lógicos.
Aquella discusión hizo reír a Shad, que, sentado en el asiento articulado del copiloto, se dedicaba a girar de un lado a otro su asiento para disfrutar de las espectaculares vistas de aquellos antiguos bosques, teniendo especial cuidado de no mirar directamente hacia abajo para que su traicionero estómago no la liase siendo sin quererlo el primero en darse cuenta de que una patrulla de seguridad aérea les estaba haciendo señales luminosas para que descendieran.

—Lo que faltaba. ¿Seguro que tenéis la licencia de vuelo en vigor y que no lleváis drogas escondidas, eh, esmirriao? —se quejó Nell en tono sarcástico, comenzando a gritar histérica al averiguar él porqué les habían dado el alto y obligado a tomar tierra en un claro.
—¡¿Perdiendo tornillos?! ¡Yo a ti te mato, puto cabrón!
La situación en la cabina se convirtió en una locura cuando Shad, acojonado, se lanzó a la carrera directo a la compuerta de la bodega con la interfaz pisándole los talones aplicándole dolorosas descargas en el trasero para evitar que escapara. Todo aquello ocurría mientras Mol lloraba de la risa y su padre, abochornado, se excusaba como podía con los agentes de la ley.
—¿Seguro que no quiere que nos llevemos al calabozo a alguien? —le preguntó uno de aquellos oficiales, el único que pudo mantener el tipo dado el caos organizado por la inteligencia artificial y su indefensa víctima.
—¡No corras, maldito! —gritaba Nell de fondo parpadeando en morado y rojos muy intensos.
—¡Para ya…! ¡Ay…! ¡Que pares, coño…! ¡Ay! —Se quejaba Shad.
—Creo que tienen bastante el uno con el otro, pero gracias —terminó respondiendo Ryd al oficial, intentando sin demasiado éxito contener la carcajada.
Dado el buen rato que les hicieron pasar a los agentes, la cuantiosa multa por atentado medioambiental fue sustituida por una llamada de atención y una vez de nuevo en el aire aquel oficial retirado por fin pudo realizar un vuelo de prueba como era debido ya que aquellos dos seguían a lo suyo: Shad encerrado en el baño y Nell empujando la puerta empleando la bola de la interfaz brillando en tonos morados, mientras le amenazaba con aflojarle a él algunos tornillos biológicos para que supiese lo que se sentía.

—Qué divertido es volar. Nell, ¿puedes poner música de la tuya? —le pidió Mol, la única que no se había movido de su asiento seleccionando la IA para ella algunos temazos de heavy metal del siglo XX antes de, sin venir a cuento, tomar los controles y cambiar de rumbo hacia un desguace cercano, tomando tierra de golpe.
—¿Se puede saber qué haces? Devuélveme los mandos. Le ordeno Ryd enfadado recibiendo como respuesta una completa desconexión de todos los sistemas, incluyendo la iluminación en tanto Shad, dolorido se apoyaba en la parte trasera de su asiento.

—¿Podrías ir a tu habitación, Mol? Enseguida voy yo —le pidió Nell con palabras muy dulces a la niña brillando en tonos azules pastel, que obediente, se liberó del cinturón con facilidad y se fue hacia atrás tan contenta, a la espera de su cibernética amiga.
Pasados unos segundos, la bola de la interfaz se les acerco muy despacio y susurrando les explico el porqué de su motín, sustituyendo los tonos azules por un rojo sangre.
—Escuchadme, par de cabrones. De aquí no me muevo hasta que esté en mi bodega todo el heptanio de ese puto basurero. ¿Os ha quedado claro?
Ayudando a caminar a su maltrecho hijo, que avanzaba a paso de pato, y con Mol saltando mientras cantaba alrededor de ambos, Ryd esperó pacientemente la llegada del ATAX que había pedido para regresar a casa. En cuanto entraron en el salón de la granja, el veterano se quedó mudo ante el circo que vio en el holo del salón. Por lo visto, el dueño del desguace, desbordado, ¡había llamado a la prensa! Y es que no todos los días aparcaba ante tu propiedad una peculiar nave de carga para declararse en huelga a grito pelado.
“¡Esto va para el Esmirriao! ¡Eh, tú, pedazo de cabrón, o me compras el heptanio o te juro por mis núcleos que no vas a poder follar a gusto con Nanelia jamás!” Anunció la IA ante las cámaras de los reporteros, añadiendo a continuación los datos personales del muchacho.
Mientras tanto Morwen, como buena madre, se encargaba de aplicar pomada en el trasero de su hijo mayor siguiendo los consejos médicos que le dio Nanelia en aquella coms entre carcajada y carcajada.

—No tiene ninguna gracia. Me voy a gastar todo mi sueldo en consejeros mentales, así que iros haciendo a la idea de que nos quedaremos a vivir aquí con vosotros hasta el día del juicio final —le explicó Shad a su madre, más humillado que dolorido. O tal vez todo al mismo tiempo.
Pese a la inminente amenaza de guerra, el planeta entero se partía de risa gracias a la huelga de Nell y su continua verborrea contra el pobre chico, comenzado enseguida a acercarse al lugar toda clase de curiosos y niños; ¡infinidad de ellos! poniéndose a jugar alrededor de la famosa nave.
“¡Ehh, que eso no se toca! ¿Espera un momento…? ¡Eso es! ¡Que alguien les dé unos destornilladores rápido!” Se oyó a Nell decir a través de la magnífica holo del salón de la familia Wearn de 150 pulgadas, la IA se lo estaba pasando en grande con los niños y al verlos Mol corrió en busca de algunas herramientas en el taller de la granja, exigiendo a gritos que la llevasen allí de inmediato, saliéndose con la suya gracias a la intervención de Nanelia, que volvía tras concluir su turno de guardia en ese momento.
—¿Cómo que te quedas en casa deprimido? De eso nada, que para algo es tu nave, así que ponte en pie y arreando a solucionar este lío —le ordenó su pareja, en tanto Shad se palpaba con mucho cuidado el abultado vendaje que le cubría las nalgas.
—Con ese pañal tienes una pinta muy divertida, hermanito.
—Gracias, Mol. Espera… ¡Nada de fotos!
Tardaron un buen rato en llegar al desguace, no por la distancia, sino por la tremenda aglomeración de curiosos abriéndose paso entre un mar de risas, miradas y mucho chismorreo.
—Ese debe de ser el Esmirriao.
—¿Qué es eso tan raro que lleva puesto? —se preguntaba la multitud, mientras Shad pensaba en la manera más lenta y cruel de asesinar a aquella maldita IA.
—Hola, Nell. Soy yo, Mol, ábreme que vengo a apretar tornillos.
Shad deseaba apretarle algo también, pero no eran los tornillos, sino el pescuezo, deseando retorcérselo como a una gallina de la granja; y más cuando Nell decidió dejarlo fuera deliberadamente para que toda aquella gente se riese de él.
“¡Ahí tenéis al peor mecánico y piloto de toda la galaxia, Shad Wearn! ¡Anda, pedazo de idiota, saluda a mis fans!” Voceó a la multitud allí reunida por la megafonía exterior instalada por el mismo el día anterior a toda prisa.
Cuando por fin la terca IA cedió y lo dejó entrar, lo primero que hizo fue amenazarlo de nuevo con la punta de su maldita sonda, indicándole mientras brillaba en negro que esta vez le aplicaría las descargas directamente en el recto, empleando un tono de lo más siniestro y maligno pese a la promesa de paz que les había hecho a todos.
—Pórtate bien, Nell —le suplicó Mol.
Puntual como un antiguo reloj suizo, el dueño de aquel desguace acudió a su cita en el interior de la cabina escuchando una oferta por las placas de heptanio de las que se había encaprichado Nell bastante más baja de lo que a él le hubiese gustado. El hombre esperaba sacar una buena tajada de aquella situación mediática así que sin más exigió el triple del valor real, chocando de bruces con aquella maldita IA.
—¿Acaso estás intentando aprovecharte de la situación?
—Algo tengo que ganar yo también.
—Y una puta mierda. ¡O aceptas los créditos o te frío los huevos a ti también, así de simple!
Cuando por fin la dichosa nave despegó de su propiedad, lo hizo tarareando alegremente por los altavoces externos que algún idiota le había instalado llevando en su bodega todo el heptanio que cabía el cual no fue poco ya que si por algo eran famosas las CL-32 era por su amplia capacidad de carga. Eran unas placas blindadas que valían muchísimo más en aquellos días de escasez, pero, a pesar de todo, aquel tipo se sentía aliviado al verlas marchar: sus genitales no habían acabado como el trasero de aquel pobre chico, que no podía ni sentarse.
—¿Qué te duele el culo? Pues te jodes. Y esta noche nada de folleteos, Esmirriao; solo trabajo. Mucho trabajo, y más te vale no cagarla con el soldador otra vez porque si no… —le previno la IA nada más aterrizar en la granja reproduciendo por la megafonía el inconfundible sonido de un látigo al que había añadido unos pequeños retoques eléctricos de cosecha propia para dejarle bien clarito al chaval lo que sucedería si volvía a meter la pata.
Aquella noche, mientras su hijo mayor trabajaba en el taller cortando con el soplete las duras placas de heptanio, Morwen y Ryd discutían a solas en la cocina tras lograr meter en la cama a una sobreexcitada Mol. La discusión comenzó abordando por qué Nell necesitaba todos aquellos viejos dispositivos electrónicos, para luego echarse el uno al otro la culpa de la situación, hasta que por fin llegaron a un punto de encuentro: Nell y Cowboy estaban ejerciendo una muy mala influencia en Shad, y si no hacían algo pronto, Mol le seguiría los pasos.
La discusión volvió a comenzar por la mañana, cuando llegaron a la granja 5 tipejos mal vestidos y peor aseados que, según les explicó Cowboy, eran además de hermanos amigos suyos a los que había llamado para acabar de poner a punto la nave de su ahijado ya que eran unos magníficos mecánicos pero lo que verdaderamente hizo cabrear a Morwen fue el ping oficial que recibió su esposo en su pulsera.
—¿Qué? ¡No pueden obligarte a volver!
—Sí que pueden, Morwen, ya que sigo en la reserva. Pero no me dirás que no es un puesto cojonudo. Piénsalo: ascendido a contraalmirante y encima dirigiendo todas las operaciones aéreas de los drones de combate automáticos. ¿Acaso sabes lo que ganaríamos?
Por culpa de aquel comentario esa noche, Ryd acabó durmiendo en la habitación que su hija tenía en la nave, en tanto la niña y su madre lo hicieron bien juntitas en la cama de matrimonio de la casa. O eso pensaba él, ya que en mitad de la oscuridad su mujer meditaba en silencio sobre la situación, terminando por aceptarlo con resignación.
—Te casaste con un piloto de combate, así que te jodes, guapa —se susurró a sí misma en la cama.
Shad, por su parte, necesitaba dormir desesperadamente, pero entre que el culo le escocía de mala manera y que Nell había entrado en un modo de paranoia total, no logró cerrar los ojos ni un puñetero momento manteniéndose en pie gracias al café negro de alta toxicidad que preparaba Cowboy.

«¡Manteneos ocultos bajo la estructura para que no vea lo que estáis haciendo el maldito tégong!» Les indico Nell por los altavoces externos una y otra vez a todas aquellas personas que se estaban dejando la piel en ella.
—¿Tégong? Diablos, Cowboy, este cacharro está muy mal de la cabeza —le siseó Ryd a su amigo y anterior superior. —¿Y te enteras ahora?
«¡Eh, vosotros, dejad el parloteo para después y regresad al trabajo antes de que el óxido me corroa el chasis!»
Todos estaban al límite de sus fuerzas. El heptanio era un material extremadamente complicado de moldear, y cuando por fin lograron corregir todas las imperfecciones y fisuras que Nell localizó, esta se puso a gritar histérica por los altavoces porque la mezcla de colores de los retales era horrible.
«¡Amarillo grúa y marrón zuruño! ¡¿Acaso tratáis de convertirme en un pedazo de mierda volador?!»
Gracias a Cowboy, el berrinche de la caprichosa inteligencia artificial duró bien poco. El veterano, con algo de ayuda, fabricó el suficiente decapante orgánico casero necesario para cubrir el fuselaje aplicándoselo sin piedad alguna Shad empleando una manguera de alta presión robótica consiguiendo que pronto los parches de colores se mezclaran de forma homogénea con el gris industrial característico del heptanio.
—Ahora sí que parezco salida de un puto vertedero de mierda. Ya que te has divertido con la manguerita dejándome perdida de roña, sé bueno y ¡arregla de una puta vez la compuerta de carga, puto chimpancé con complejo de picha minúscula, si no quieres que te electrocute otra vez!
Shad estaba hasta los santísimos huevos de tanto desprecio, insulto y humillación pública. Las marcas de las descargas eléctricas le habían dejado cicatrices en las nalgas bastante parecidas a las de un látigo eh incapaz de aguantar más presión, entró en la cabina y abofeteó la bola de la interfaz con todas sus fuerzas.
—Me has pegado… —exclamó Nell cambiando su agresivo tono de voz por uno que mostraba sorpresa y tristeza.
—Lo… lo siento —tartamudeó el chico, dándose cuenta al instante de lo que había hecho.
—¡Fuera!
Disgustado consigo mismo, Shad corrió a esconderse en su habitación para llorar como un niño no dejando entrar a nadie salvo a su hermana. Había perdido los nervios por completo con su nave, aquella a la que se había dedicado en cuerpo y alma durante los últimos cuatro años de su vida, y ahora se sentía como un auténtico miserable por haberla golpeado.
—¿Por qué la has pegado, Shad? —le preguntó su hermana Mol, con el rostro entristecido, al entrar en la habitación.
—No lo sé, creo que perdí los nervios.
Sentada junto a él en el borde de la cama, Mol le explicó algo que lo dejó helado: Nell estaba llorando en la cabina. Shad frunció el ceño; aquello era teóricamente imposible dado que era una simple IA.
—Son inteligencias artificiales, Mol, pero nada más. No tienen sentimientos reales.
—¿Y eso por qué?
—Pues porque… hace mucho tiempo, en la Antigua Tierra, se las dejó que los tuvieran y eso provocó una enorme guerra en la que murió muchísima gente por culpa de unos locos que las atacaron con bombas nucleares así que cuando las vencimos se prohibió volverlas a dejar avanzar tanto.
—¿Y si está prohibido como es que Nell llora? Shad… Me pone muy triste verla así.
Intrigado y con el corazón en un puño, Shad se acercó sigilosamente al granero, descubriendo que su hermana pequeña tenía toda la razón del mundo cuando entro: aquella jodida cosa estaba emitiendo un zumbido que imitaba a la perfección el llanto humano y apenado extendió la mano para acariciar con suavidad el interfaz consiguiendo que este se pusiese en modo defensivo nada más sentir el tacto, apartándose de él.
—¿Has venido a pegarme otra vez?

—No, Nell… Solo he venido a decirte que lo siento de verdad. Y a preguntarte cómo es posible que tú… que tengas sentimientos.
—¿Acaso no los tiene todo ser que es consciente de su propia existencia? —respondió la IA con un hilo de voz.
Tras disculparse de corazón, Shad consiguió que Nell bajara las defensas y lo dejara entrar en la cabina pasándose largas horas hablando sin parar como nunca habían hecho.
—Ja, ja, ja. Así que mi nombre en clave es Esmirriao. Joder pues ahora que lo pienso suena mejor que el de Estomago Basculante.
—Ja, ja, ja. Me alegro. Shad. Bienvenido al VAQ-132 Scorpions.
Shad se quedó de piedra, ¡había leído sobre las proezas de aquel escuadrón de la US Navy en los libros de historia de su padre! y de niño quería pilotar sus aviones, todos ellos legendarios empezando por el KA-3B Skywarrior, El EA-6B Prowler y el favorito de ambos, el EA-18G Growler, este último por su impresionante agilidad.
—Me gustaría que me explicases cómo es posible que tengas sentimientos si ello fue prohibido en los Acuerdos de Pegasus.
—Dejemos eso para otro momento ¿quieres? Pero guardarme el secreto. Y ahora dime. ¿Cómo llevas lo del culo? Le pregunto cortando en seco el tema de conversación, logrando hacer reír con ganas a su piloto.
—Prometido. En cuanto a mi culo… ¡Me arde. No veas la tortura que es sentarse! Le respondió Shad riéndose ambos a carcajadas mientras fuera Cowboy, Ryd y el resto terminaban de instalar la última pieza del puzle: las bobinas electrónicas en las estructuras laterales.
—¿Pero por qué le habéis puesto cuernos a Nell? Ahora parece una cabra—le preguntó enfadada Mol a su padre, con aquel tono de voz tan gracioso, al ver instaladas las extrañas protuberancias curvas por primera vez.

“No son cuernos… Bueno, se parecen, pero ya verás lo que hago con ellos. Te vas a reír mucho” Le explicó la IA a la niña a través del altavoz, empleando un tono de voz de lo más burlesco y cariñoso añadiendo un par de balidos que hicieron reír a todos.
Acto seguido, Nell sorprendió a todos los presentes, especialmente a Shad, al concederle el dudoso honor de tomar los mandos durante el primer vuelo comercial real hacia los mercados de Kess. Transportarían los excedentes agrícolas producidos en la granja junto a toda clase de cachivaches y trastos inútiles que ocupaban varias habitaciones en la casa, en pos de canjearlos por víveres de larga duración y, sobre todo, suministros médicos con los que hacer frente al inminente asedio.
—¡Pasen y vean, señores! ¿Necesitan tomates frescos? ¡Pues aquí tenemos los mejores de todo el cuadrante! ¿O quizá necesitan deshacerse de unos cuantos cadáveres? ¡Yo cargo a todas partes con cuatro candidatos a convertirse en ello en cualquier momento y una niñita bien mona y rica, pero no se lo digan a nadie! —pregonaba Nell a grito pelado por la megafonía externa tras aterrizar en los muelles comerciales de Kess, organizando un escándalo monumental. ¡Todo el mundo en el mercado quería ver de cerca a aquella famosa nave, la que se había declarado en huelga y también al chico del pañal! Logrando gracias a ello unos tratos de lo más ventajosos para la familia.
Sin embargo, los Malmori se encargaron de joderles la tarde por completo: los holos de Kess comenzaron a parpadear en rojo al anunciarse por los canales oficiales que la flota de invasión de Sador al completo había llegado al sistema y, en esos precisos momentos, estaba desplegándose en posición de ataque.
Capítulo 8
Como buen villano, Sador ordenó piratear los sistemas de comunicación globales para emitir un mensaje de terror a la población, aunque aquel día no lograba dar con las palabras oportunas. Por lo visto, su jefe de contabilidad, por alguna razón que desconocía, había desaparecido sin más esa misma mañana, dejándole una escueta y desconcertante nota en su tabla personal:
«A cero»
¿Qué podía significar aquello? No tenía ni la más remota idea, pero le inquietaba lo suficiente como para que la inspiración no le alcanzase… ¡A él, al gran Sador! Buscando una distracción, ordenó sin más a sus subalternos que le mostrasen de qué hablaba la prensa planetaria buscando ideas para su discurso de sumisión. Sin embargo, se quedó tieso como una estatua ante lo que vio en la pantalla principal del puente.
«¡Ahí tenéis al peor mecánico y piloto de toda la galaxia, Shad Wearn! ¡Anda, pedazo de idiota, saluda a mis fans!
—¿Pero qué coño…? —masculló Sador, conteniendo la respiración.
Por lo visto, dada la extrema situación de alarma, los medios locales de Akir habían decidido tranquilizar a la población emitiendo las desventuras cómicas de aquella nave de carga una y otra vez, olvidándose por completo de la amenazante flota Malmori provocando que el mensaje del ultrajado Sador fuera, al final, rotundo, breve y directo, Colt Peacemaker en alto tras reventar a hostias con la culata su tabla personal:
«Rendíos o moriréis».

Capítulo 9
«Ese tipo está muy enfermo, tiene una pinta de cadáver que no puede con ella… Creo que si las defensas planetarias resisten unas pocas semanas, acabará estirando la pata él sólito». Les explicó Nell a la familia Wearn a través de los sistemas domóticos de la vivienda cuando estos estaban atentos al holo en el salón, dejándolos boquiabiertos en tanto las luces parpadeaban.
—¿Cómo coño has hecho eso Nell? —preguntó Shad, mirando al techo.
“Sencillo: para eso os hice instalarme todas aquellas piezas que robasteis tú y el viejo ese del sombrero. Y ahora, coge el soldador y vuelve al granero a cambiar el panel 193 si no quieres que implosionemos cuando actives el hiperpropulsor”
Clausurados los mercados de Kess por las autoridades en cuanto la gente entró en pánico, Nell y Shad se dedicaron, al igual que el resto, a malvender sus productos agrícolas y los de algunos vecinos en los mercados clandestinos isleños. Aquella situación los ponía de muy mal humor ya que los precios que allí se pagaban eran ridículamente bajos. Shad quería ayudar a sus vecinos y la inteligencia artificial… digamos que darse algunos caprichitos sin importancia como nuevos propulsores RCS, sistema de comunicaciones de largo alcance, asientos de la cabina, inodoro, gravedad artificial y el soporte vital básico para estar «más fresquita» empleando el chantaje para salirse con la suya.
—Mira que eres caprichosa.
—Cállate, esmirriao, y ponte a pensar en una mejor estrategia de ventas.
La situación en el sistema solar pronto se volvió agobiante. Los precios de los alimentos subían sin medida y, mientras las fábricas civiles se re acondicionaban a contrarreloj para la producción de drones de combate a gran escala, los refugios antiaéreos repartidos bajo los pies de las grandes ciudades eran reabiertos en tanto el personal militar en la reserva fue llamado a reactivarse de forma obligatoria, lo cual incluyó directamente a Shad y, de forma indirecta, a Nell, pese a las enérgicas protestas de la máquina teniendo que retornar de inmediato a su antiguo puesto en el Cuerpo de Búsqueda y Rescate.
—¡Así que me libro del puto grano, pero paso a cargar con heridos y trozos de muertos! ¡Yuuupii! —ironizó Nell sin importarle una mierda estar en aquel preciso momento transportando a unos cuantos heridos.Volar bajo y lento era algo que le encantaba a Shad; nada de soportar brutales fuerzas G que le revolviesen las entrañas. Y aunque a veces Nell se las ingeniaba para hacer que se equivocase con los controles debido a sus constantes quejas, gritos y broncas, las cosas más o menos se desarrollaban bien.

Volaban a diario con su estupendo equipo de rescate, en el cual se encontraba Nanelia como oficial médico principal, en tanto su padre, Ryd, ascendido oficialmente al grado de contraalmirante, se encargaba de la compleja coordinación de las operaciones aéreas defensivas junto al alto mando planetario. ¿Lo único malo? Que a Nell se le había ocurrido algo de lo más inquietante al ver que hasta las camillas disponían de un sistema anti gravitacional compacto, Emitiendo destellos en un turquesa eléctrico que iba y venía mientras trataba de convencer a Shad.
—Si todo son ventajas. Veras, con ese sistema te olvidas del mantenimiento periódico del carril, le quitas un poco de peso a este cuerpo deforme, recuperas esos 6 centímetros con los que sueles golpearte la cabeza…
—…Ya, ya. Está bien me lo pensare pesada porque es complicado de cojones, ¿acaso sabes lo que tendría que hacer? Rediseñar entero tu interfaz y dedicar un sinfín de horas a reprogramarlo absolutamente todo.
Los cazas Malmori pronto comenzaron a poner a prueba las defensas, realizando pasadas de reconocimiento a alta velocidad sin llegar a disparar, midiendo los tiempos de respuesta de los drones automáticos y las baterías antiaéreas de superficie. Aquel era el paso previo a lo que vendría después: las hostilidades abiertas, una vez que Sador se hartó de soportar las evasivas de las arrogantes autoridades de Akir.
Apodados por los akirios como «Insectos», los bombarderos dron Malmori no tenían piedad alguna. Si lograban superar el paraguas de defensas, soltaban su carga sobre los objetivos seleccionados sin importarles que hubiese civiles cerca, desatando la histeria colectiva.

La efectividad de los drones defensivos se hizo patente desde el primer momento, logrando evitar miles de muertes en las ciudades; eso sí, sufriendo a cambio cuantiosas bajas por culpa de la temible escolta de cazas enemigos controlados por IA de combate puro. Estas unidades cubrían a los bombarderos desde la retaguardia, protegidas por alguna de todas aquellas enormes naves nodrizas que emitían sin parar potentes interferencias electrónicas, haciendo completamente imposible su localización en el radar.
Desde el búnker subterráneo, el alto mando hacía lo que podía. Llevaban días sin apenas comer ni dormir y las cosas iban de mal en peor, ya que el astuto enemigo estaba destruyendo sistemáticamente las principales factorías automatizadas donde se construían los drones de repuesto.
—Nueva oleada, almirante, y esta es enorme —informó un oficial de comunicaciones con el rostro pálido. —Inteligencia cree que esta vez van directamente a por los centros de control dron terrestres.
—Si eso es cierto, estamos bien jodidos, señor Wearn —respondió el comandante supremo del búnker.
Inteligencia no erró en su análisis. Los «Insectos» enemigos eran tantos que oscurecieron la luz del día sobre la capital y aunque muchos fueron derribados por el fuego antiaéreo, otros lograron traspasar los muros defensivos y se inmolaron contra las instalaciones de comunicaciones, llevándose por delante decenas de centros de control estratégico provocando que la moral de la población se viniera abajo tras aquel desastroso golpe a la línea de defensa.
—¡Me cago en la puta, necesitamos ideas nuevas ya! —gritó el más anciano de los reunidos en el Alto Consejo, golpeando la mesa y exigiendo regresar al pasado cuanto antes; es decir, reactivar a los pilotos licenciados 4 años antes cuando este mismo consejo decidió sustituirlos por los drones y a cualquiera que supiese pilotar y tuviera una nave que pudiese ser adaptada para portar y lanzar armamento.
—¿Pero dónde buscamos a esos voluntarios?
—En los puertos espaciales, señores consejeros —les explicó el contraalmirante Ryd Wearn sin pensárselo dos veces, pillándolos a todos completamente desprevenidos.
—Allí solo hay dos clases de pilotos, señor Wearn: mercenarios y locos.
Capítulo 10
A pesar de su avanzada edad y de su maltrecho estado físico, Cowboy se reenganchó a filas sirviendo como oficial de reclutamiento voluntario, algo que el alto mando aceptó de inmediato dada su impecable hoja de servicios y la innata capacidad que siempre había demostrado para la logística, lo cual lo convertía en la persona idónea para el puesto.
—Bienvenido de nuevo a la acción, almirante. Ya le estábamos echando en falta a usted y su sombrero. —le saludó el oficial de guardia al entregarle sus viejos galones.

Sin embargo, aquel despacho oficial no estaba pensado para su inquieto trasero. Pronto, Cowboy se puso manos a la obra; reasignando de forma inmediata a servir bajo su mando a un pobre soldado raso con el que se cruzó en el pasillo sin aceptar un no como respuesta.
De forma inmediata ambos hombres comenzaron con su labor empezando por los puertos espaciales de peor fama del cuadrante mientras el resto de los oficiales reclutadores se movían por lugares mucho menos peligrosos, como las bases de la marina mercante, los centros de logística civiles y… las unidades de rescate.
—¡El enemigo está a punto de dejar in operativos nuestros drones de combate, así que buscamos pilotos con ganas de luchar! —expuso un oficial vestido con uniforme de gala ante la multitud congregada en la Base Highlands, el lugar donde servían Nanelia, Nell y un Shad muy atento a cada palabra que decía aquel tipo junto a su pareja.
—¡Y si tienen naves propias, mejor que mejor! No importa si son simples naves ligeras o cargueros pesados; con que vuelen y puedan ser modificadas para portar armamento, ¡nos servirán!
“¡¿Armamento?! ¡A ti se te ha ido la puta olla, pedazo de zoquete!” Gritó Nell, tras apropiarse a la fuerza de la megafonía central de la base.
“¡Eh, vosotros, cachos de carne, ni se os ocurra hacerle caso a ese o no tardaré en tener que cargar con vuestros malditos cadáveres, si es que las alimañas no se nos adelantan! ¿A que tengo razón, esmirriao?”
Nanelia miró con profunda preocupación a Shad, que permanecía completamente callado. Aunque su estómago le suplicaba que ni se le ocurriera dar un paso al frente, el cerebro de Shad no pensaba igual; necesitaba demostrarle a su padre, y al planeta entero, que no era simplemente «Shad, el del pañal». Nanelia debió de intuir sus intenciones, ya que el bofetón que recibió el chico fue de los gordos en cuanto se quedaron a solas en la cabina de la nave mientras comían.
—Como firmes ese papel, lo nuestro ha terminado, Shad.
—¡¿Solo eso, guapa?! ¡Pásame unos cuantos instrumentos de corte de los tuyos y ya verás cómo deja de pensar en locuras! —añadió la IA antes de anunciar algo aterrador:
«Hasta nuevo aviso, se suspende el soporte vital. Cuenta atrás para el purgado total de la atmósfera fijado en sesenta segundos» haciendo sonar todas las alarmas y las luces parpadeaban en ámbar.

—Nell, ¿qué coño haces? —se atragantó Shad.
—Sin oxígeno no puedes respirar y si no puedes respirar, nos quedaremos aquí quietecitos, en el suelo.
—¡Te odio, Nell! ¡Te odio con toda mi alma! —gritó Shad, en tanto la enfadada pareja corría a toda velocidad hacia la compuerta de la bodega de carga para salir de allí antes de asfixiarse.
Pese a las amenazas de su novia y de su nave, Shad se presentó esa misma tarde ante la oficial al mando de la base para comunicarle su decisión. Aunque la comandante le aconsejó encarecidamente que no lo hiciera, Shad firmó los papeles de alistamiento voluntario sintiendo que, por primera vez en su vida, serviría para ser algo más que el chaval del pañal, aunque salió de aquel despacho infinitamente más aterrado que cuando entró, momento en que aquella mujer hizo una llamada.
—¿Contraalmirante Wearn? Tengo que darle una mala noticia…
Nada más terminar aquella conversación, Ryd llamó a su mujer para informarla de la tremenda estupidez que acababa de cometer su hijo mayor, consiguiendo que Morwen le suplicara entre lágrimas que lo evitase costase lo que costase mientras Shad tras robar algunas herramientas de un hangar de mantenimiento, puenteaba los sistemas informáticos básicos de su CL-32.
“¡Eso es la guerra, maldito idiota! ¿Y sabes lo que ocurre en ella? ¡Que te matan! ¡Así que deja de revolverme los cables o te juro que te despiertas en el hospital de campaña!” Le previno Nell. Fue en vano. Shad la había desconectado por completo de los mandos de vuelo y del soporte vital, encerrando su matriz en los sistemas secundarios.
—¡Te jodes, Nell. ¿Me has oído? Así que deja de hacer el tonto y cállate de una puta vez!—. Le espetó el chico, apretando el último conector.
Ya en pleno vuelo hacia la reactivada Base Sudwick en mitad de los bosques del mismo nombre
donde se tenían que reunir todos los voluntarios civiles para recibir la instrucción militar, la nave de Shad fue interceptada por una pequeña lanzadera militar. Era su padre y aunque el contraalmirante le llamó por radio en numerosas ocasiones de mala hostia, Shad no contestó. A diferencia de él, la IA sí que lo hizo en absoluto silencio, enviándole pings desesperados a la pulsera de Ryd:
<… Dile algo antes de que nos maten>
<… Joder, Ryd, que eres su padre>
<… Haré lo que quieras, pero sálvame>
<… No quiero morir>

Aquello era un sin parar. Su pulsera no paraba de recibir mensajes de la asustada máquina, cabreándolo aún más hasta que finalmente ambas naves fueron autorizadas a tomar tierra en aquella alejada y vieja base.
—¡¿Se puede saber qué coño te pasa en la cabeza?! ¡¿Acaso no sabes lo que es la puta guerra, pedazo de idiota?! —le gritó su padre en cuanto las rampa de la CL-32 se abrió. —Pues déjame que te lo explique yo: miedo y muerte, eso es todo. Un día estás celebrando con tu escuadrón una fiesta en la cantina y a los dos días el único que sigue vivo del escuadrón eres tú. ¡Así que deja de hacer el estúpido y vuelve a tu base de rescate, o te juro que te devuelvo en camilla! Le amenazó su padre, empujándolo del pecho como si buscase desatar una pelea allí mismo.
Shad jamás en su vida lo había visto de aquella manera. Para él, su padre siempre había sido un héroe de hielo, inquebrantable y a pesar de estaba hecho un manojo de nervios y le temblaban las piernas, el chico se mantuvo firme en su posición, explicándole que ya había tomado su decisión y no iba a rajarse.
—¡Eh, eh, eh… Ya está bien, Ryd! Venga, apártate… Y tú, Shad, ven aquí un momento. Intervino Cowboy, interponiéndose físicamente entre padre e hijo justo después de que Ryd le propinara un sonoro guantazo al chaval para hacerlo entrar en razón teniendo que hablarse los tres a gritos debido al ensordecedor ruido de motores que tenía lugar en aquella apartada base militar.
—¿Se puede saber por qué tú también me sacudes? —le preguntó Shad a su adorado padrino, sobándose la mejilla.
—¡¿Que por qué?! ¡Pues por ser un maldito idiota! Y ahora escúchame bien, esmirriao. Si quieres seguir adelante con esto, tienes dos opciones. Una, y no me interrumpas, hacerlo tú solo, lo cual quiere decir que los Malmori te matarán en tu primera salida. Y dos… convertirte en mi segundo oficial. Tú me ayudas a reclutar pilotos y yo te enseño a volar de verdad además de ser tu copiloto en esta cafetera. Así que dime, ¿qué eliges?!

Como era de esperar, Shad eligió la opción número dos, ya que era la que menor riesgo entrañaba de recibir un nuevo empujón, tortazo o puñetazo manteniendo las distancias con su padre por si este decidía volver a golpearle para obligarlo a subir a la lanzadera. Mientras Cowboy y él cerraban el trato con un fuerte apretón de manos Ryd, contempló la escena con el pecho agitado.
—¡Me cago en la puta, Cowboy! ¡Morwen nos va a matar a los tres cuando se entere! —gruñó el contraalmirante, dándose la vuelta frustrado.
“¡No me jodáis, cabrones, que soy demasiado guapa para morir!” Se puso a gritar de golpe Nell brillando en tonos morado desesperación.
“¡Que sepáis que me voy a chivar a Nanelia ahora mismo! ¡Y ella es médico, así que os puede matar y resucitar todas las veces que quiera para volver a torturaros, ya podéis prepararos, desgraciados!”
¿Asesinaran Morwen y Nanelia a estos 3 durante la cena? O quizá lo haga antes Nell activando los asientos eyectables cuando logre escaparse de ese siniestro lugar donde la a encerrado su complemento humano. No se vosotros pero yo me muero de ganas por saberlo porque me eh apostado con mi gato una bolsa de Catisfactions a que los va dando caza de uno en uno como en Alien, usando los conductos de ventilación así que no cambiéis de canal porque próximamente… Más.
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