Palacio de hielo
No me gustaba patinar. Hacía años que no nevaba en Madrid y el único hielo que me agradaba era el de los veranos. Por otro lado, aquella luz apagada me parecía sospechosa. Pero, a veces, nos parábamos a contemplar la pista de camino al cine o la bolera. Llevábamos las manos cargadas de patatas cubiertas...