El Regreso
Al llegar a la entrada fijó los ojos en el timbre. Un pellizco en el estómago le impedía pulsar el interruptor y aunque por un instante sopesó dejarlo, se armó de valor y empujó el botón. Sonó una campana. Una joven, con delantal y cofia, abrió la puerta. —¿Desea algo? —Quisiera ver a la señora...