Diecisiete minutos y medio siglo.
El miedo, palpitante y real, atravesó un pedazo de mi vida como si nada, como si no importaran los nombres en la acera, ni las marcas de amor adolescente en lo viejos troncos de la avenida carcomida por los años, el abandono y el comunismo. Diecisiete minutos duró el paso del tornado, una eternidad de...