Sin nada más que despedir
Era muy temprano en la mañana, nacía el alba y con ella resonaban los tacones de Catalina sobre el piso de madera. Ligeramente arreglada, sin maquillaje en el rostro, tomó su bolso y emprendió un viaje sin retorno. Estaba dejando atrás todo lo que alguna vez había amado, su casa, sus fotos. Miles de recuerdos...