Impronta
–¿Has leído mi artículo? –preguntó F. con interés. –Sí, claro. –respondió ágilmente y casi por costumbre una voz adolescente. En realidad, nunca leía sus artículos. Pero consideraba que responder afirmativamente era lo más apropiado. Era una forma de hacerlo feliz –o eso pensaba él–, cuando lo cierto es que su padre no tenía un pelo...