¡A ese lo mato!
Como todas las mañanas fui a las clases de la autoescuela, me hacía bien madrugar, al volver a casa desayunaba en el Rincón, un bar que hay al lado de la farmacia de Puerta Cerrada. Subí y estuve archivando documentos, a media mañana me llamó Inés, me dijo que quería verme después de comer. Nada...