El polvo del tiempo
A sus ciento dos años, Luciana decidió que este era ya su último viaje. Sus ojos, tras un siglo de contemplar el cambiante mundo, querían acostumbrarse ya a una imagen fija. Sus huesos, que la habían transportado incontables kilómetros a lo largo y ancho del globo, imploraban ya un lugar donde aposentarse. Pero su mente…...