Retorno a la deriva
Mi madre abrió la puerta con las pupilas ligeramene dilatadas y la boca entreabierta, aunque media semana atrás alguien había anunciado mi llegada. Por aquella época un par de mujeres me habían enseñado que mostrarse sorprendido podía ser lo mismo que sorprenderse. La tomé entonces como una reacción natural de bienvenida y, de paso, entreví...