Morir bien
Mi padre me decía siempre, cuando veía en mi rostro el brote de la ansiedad, «eso que tú tienes se cura, hijo créeme, todo se cura», y yo le creía, porque no tenía otra creencia. Nunca se curó. Recuerdo haber sido el objeto de su preocupación. Mi padre era un hombre anciano entonces. Llevaba años...