El asiento fluorescente
Nada hay de singular en ocupar ese sitio reservado para ancianos. Sentarme en uno de esos delata un cuerpo, antaño dócil, que sirve de lastre para mi espíritu. He sido, quizá, un niño que ha pasado demasiado tiempo en el asiento fluorescente. Atribuir al trayecto una forma de destino, negar con cada pasajero que sale en la siguiente parada,...