LA RECEPCIONISTA
Una recepcionista empieza su jornada laboral dispuesta a aguantar durante 8 horas, sentada en una silla, atendiendo llamadas y visitas. Una serie de acontecimientos lo cambiarán todo.
club de escritura Fundación Escritura(s)-Fuentetaja
447participaciones
IV Concurso de Historias del trabajo Admisión de originales: del 12 de marzo al 10 de junio
Periodo de votaciones: del 11 de junio al 8 de julio
Fallo del Jurado: el 31 de julio
Una recepcionista empieza su jornada laboral dispuesta a aguantar durante 8 horas, sentada en una silla, atendiendo llamadas y visitas. Una serie de acontecimientos lo cambiarán todo.
Hay muchas formas de trabajo, incluso se aprende a trabajar. Contar esta historia personal que busco compartir es quizás lo que a muchos nos ha pasado alguna vez, esto de que es necesario cerrar algunas puertas, para que se abran otras y así ir descubriendo tu propio camino. Alguna vez alguien escribió " Vives donde trabajas" y vaya si es cierto... cuan determinante es el trabajo en nuestras vidas personales.
"Sabemos lo que somos, pero aún no sabemos lo que podemos llegar a Ser". William Shakespeare
Empiezas un camino con ilusión con sueños con la inocencia de la juventud. Tienes rebeldía y crees que puedes salvar el mundo. Inicias tu vida con ese convencimiento, con esa ilusión, y muchas veces sucede el milagro, pero muchas veces más ocurre todo lo contrario. Inicias unos estudios pensando, soñando ilusión dándote, creyendo que las cosas son como las imaginaste. Cuando inicias tu vida laboral y aflora la realidad, te das cuenta de que no puedes salvar el mundo, que la realidad es muy diferente. La rebeldía deja paso a la vida real que no es como la habías imaginado. Tu trabajo diario, la rutina, todo da paso a una realidad que sigues y vives pero no te gusta. Te levantas cada día con la esperanza de que mañana será diferente. Abre los ojos, nada ha cambiado, cierra tus ojos, espera cuenta hasta tres. No sirve, no funciona nada va a cambiar, abre los ojos camina, no los cierres. Asume lo es lo que hay, la rebeldía se despidió de ti hace tiempo, despierta no cierres los ojos, Piensa eres una genio, no dejes de caminar, entra sigue adelante. Eso es la vida, acaso pensabas que iba a ser diferente?, pues ya ves, no lo es. La rebeldía te abandono, ahora ve a tu trabajo, abre los ojos, abre ese expediente, sonríe no llores Mañana quizás no llueva, quizás salga el sol.... Ese
Mi jefa era de esas brujas de cuento que tienen su olla al lado y la mueven con un gran cucharon de madera donde tiran ojos de lechuza, patas de escorpión, alas de cucaracha y cuanta porquería se le ocurra al amable lector… Ella era alta, chillona, cuadriculada y odiaba toda inteligencia que se opusiera...
Cuando la necesidad de trabajar, es más que la de procurar un sustento. Es la manera de no sentirse socialmente excluido y vitalmente terminado.
La puntualidad nunca había sido su fuerte, pero desde que había conseguido su primer empleo todo cambió. Tuvo que reorganizar su vida y su armario. Abandonó su chándal favorito por un traje y una camisa. Con los zapatos bien limpios y el pelo repeinado, se miró al espejo por última vez antes de salir de...
Bueno, pues parecía que este día no iba a llegar y, efectivamente, no ha llegado todavía, pero es divertido imaginar cómo sería eso de jubilarse y que alguien haga una reseña de tu vida (laboral) y que no entre muy a fondo en la otra vida (la personal, ojo, no la espiritual, mejor no metamos...
Por fin es sábado, uno de esos sábados de invierno en los que es un placer levantarse tarde, lavarse la cara pasándote un dedo mojado en el grifo por cada ojo, recogerse el pelo con una goma y salir al rellano a por el periódico. Mientras toda la casa huele a café recién hecho, que...
El trabajo que yo tenia era el de mensajera, para mi ese no era un trabajo era una diversión, andaba en la calle, me pagaban los pasajes y en algunas ocasiones me pagaban hasta mi comida, conosia las ciudades y el entorno donde yo vivia o radicaba y eso para mi era importante, trabaje en...
Llevaba mucho rato esperando que el timbre del despertador rompiera el silencio. Por enésima vez miró la esfera reflectante, las saetas se movían tan lentamente que creyó que el tiempo se había detenido. Finalmente, optó por levantarse. Tan pronto puso los pies en el suelo recordó que la noche anterior, antes de meterse en la...
Francisco, desde el hospital, jura que sus intenciones no eran malas, que volvió del trabajo a la hora que solía hacerlo, limpió sus pies en la estera, entró como siempre a su casa, cerró la puerta sin golpearla, dejó su maletín y su abrigo y se dirigió a la cocina. Jura por lo que más...