Sombras en la verja
Anita mía, querida… No me atrevía a romper este silencio entre nosotras, pero ya no aguanto más. Oigo tu canción tierna del pasado. Recuerdo tus zapatitos llenos de polvo cada vez que barrías el patio, cómo te seguían las gallinas mientras te reías. Tu lazo rojo, atado siempre demasiado fuerte. Y cómo te ponías a...