Super Perico y Un amo digno de su sirviente (Completo)

Soy taumaturgo católico y una voz que afirma ser Dios me pidió que les dijera que tanto la teoría de la relatividad como la teoría de la evolución están equivocadas. Además, me ofreció un deseo y yo le pedí la inmortalidad…


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Las aventuras de Super Perico


Un amo digno de su sirviente

Primer movimiento: Inicio

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¿Por qué eligieron a Super Perico? Supongo que por ser un polluelo de mejor comportamiento que los demás polluelos, o quizá fue una broma de uno de los ángeles de la guarda que cuida del bosque. Deben de saber que hay ángeles de la guarda para casi todo lo que se les ocurra; pero a diferencia de los humanos a los polluelos de perico se les cuida en bandada, no en forma personal como ocurre con nuestra especie.

No hay duda que nuestro admirado Super Perico durante su infancia fue un polluelo de excelente comportamiento, que además tenía en la cabeza la extraña idea de llegar a ser un superhéroe.

Un buen día, cuando por fin alcanzó su mayoría de edad, se le apareció el ángel de la guarda asignado a la bandada. El ángel, supongo que en recompensa al conocido buen comportamiento de nuestro polluelo, le ofreció un deseo, y este que había fantaseado cientos de veces con su idea, ni lento ni perezoso pidió lo siguiente:

—¡Quisiera tener superpoderes como los superhéroes!

Al ángel le resultó simpatiquísimo tal deseo, y supongo que habrá consultado a sus superiores, tal vez al mismísimo Dios. No sé cómo se manejan los protocolos para nombrar a alguien con los poderes de Sansón, o aún mayores. Si alguno de ustedes ha recibido una patada de Super Perico, sabrán que no te mata porque no le da la gana. De resultas que sí se le concedió su gusto.

—No queremos que los mortales se quejen de que no les dimos la oportunidad.

—¿La oportunidad de qué? —preguntó el perico.

—¡Ya lo sabrás!, ten paciencia. Mucho más importante ahora es que escuches con atención una grave advertencia que es necesario entiendas perfectamente.

El nuevo adulto de su especie, siempre fue bueno para escuchar. Así que en silencio aguardó las advertencias del ángel.

—Te advierto que no sabrás como usar tus dones adecuadamente. No esta bien que los animales se metan en cosas de los hombres, y seguro muchas veces tendrás deseos de entrometerte con esa especie. Los hombres tienen diez mandamientos; a ustedes solo les dimos tres mandamientos. Si los animales le imponen reglas a los humanos, seguro que todo va a ser un gran desastre.

—¿Qué hago entonces?

—Los animales son inferiores que los hombres, es necesario que admitas con humildad esa inferioridad.

—Sí, claro. Ningún polluelo, ni perico lo niega.

—Hacen bien, pues es la verdad que los humanos son superiores y que Dios les ha dado autoridad y poder sobre los animales. Te advierto, que necesitarás de un guía humano, eso es inevitable. De seguir tus propios caprichos, cometerás errores terribles y causarás dolor por todas partes. No serás capaz por ti mismo de superar tu torpeza intelectual, si te niegas a aceptar tu dependencia humana; tarde o temprano lo lamentarás.

—Creo que he entendido claramente, ¿debo entonces de buscar a un humano para que sea mi amo?

—Así es, uno de buen corazón; que te ayude a descubrir el camino correcto y qué hacer con tus superpoderes. De lo contrario, estarás tan confundido que cometerás errores terribles. ¡Y también es necesario que elijas a la persona adecuada! Si eliges mal, tus obras serán peores a si hubieras seguido tu propio capricho.


Segundo movimiento: Agradecimiento

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No se sabe si fue entonces cuando se le comenzó a llamar Super Perico a nuestro héroe. La opinión más difundida afirma que el ángel fue el primero en llamarlo así. Esta será la versión que seguiremos nosotros para nuestra crónica de sus primeras aventuras.

Como héroe primerizo, el periquito se aficionó a presumir sus hazañas a todo aquel que preguntara o disfrutara de este tipo de narraciones, defecto que el ángel le reprocharía posteriormente. Los cronistas disponemos de una gran cantidad de testigos que escucharon estos relatos de viva voz de su protagonista.

Nos cuenta el pajarito que estaba tan contento con sus nuevos poderes que olvidó completamente preguntar al ángel: ni cuáles superpoderes tenía; ni si existía algún manual de funcionamiento; ni mucho menos, si como Sansón poseía algún punto débil o talón de Aquiles. Supuso entonces que sería más fuerte y volaría mejor, con eso se daba más que contento…

Antes de despedirse el ángel le dio algunas buenas recomendaciones:

—No olvides hacer tu cántico de acción de gracias a Dios y a los ángeles que atienden las bandadas todos los días. Sabia tradición que es de mucho provecho religioso y se ha mantenido desde antiguo por miles de generaciones. Es ley de la naturaleza que cuando los ángeles se toman un descanso muy grande, comienzan los desastres entre los periquitos. ¡Y tanto pajarito orgulloso que imagina arreglárselas solo!

—¿Es posible que un pajarito sobreviva solo?

—No sobreviviría, pero esas barbaridades ni siquiera se piensan. ¿Tienes idea de todo lo que puede salir mal en la vida de un periquito? Son miles de variables… ¡Es un acto terriblemente irresponsable que un ángel abandone una bandada a su suerte por mucho tiempo! ¡No se puede ser tan perverso! Si llegara a conocer un ángel tan irresponsable, entonces sí que me pondría furioso y el culpable escucharía amargos sermones.

Super Perico sabía rezar como buen animal cristiano sin excesos, y participaba con gusto de las ceremonias religiosas. Quedó muy complacido con estas recomendaciones, pues uno de los mayores gustos en cualquier ceremonia religiosa, es saber que fueron bien recibidas.

Cuando contó sus experiencias a sus amigos pericos, estos lo interrogaron con entusiasmo:

—¿Y qué poderes tienes? ¿Si te cortan las plumas pierdes tus dones? ¿Cómo se usan? —le preguntaron los demás pajarillos durante semanas.

—No sé, no sé y no sé… Creo que dijo algo así: como que los poderes dependerán de lo que haga con ellos y que debo tener a Dios en el corazón. Pero se me olvidó preguntarle —admitía Super Perico avergonzado de su descuido.

—¿Y qué pasa si haces maldades? ¿Te quitan tus poderes?

—¡No sé! No soy tan menso como para hacer la prueba.

Sus amigos lo animaron a intentar algunos desafíos, para así descubrir lo que era capaz de hacer. Lo primero que quedó claro para todos, fue que podía hacer lo mismo que casi cualquier ave pero con una capacidad mucho mayor.

Los pericos son políglotas. Su capacidad no se limita a entender el idioma de las otras especies, sino que además son capaces de imitarlo con fluidez. En esta habilidad superan con mucho a la mayoría de las especies. Pero la capacidad de imitación de nuestro periquito era algo extraordinario y fabuloso.

Cuando imitaba el ladrido de un perro, no había forma de saber cual ladrido provenía del verdadero perro, ni cual del imitador. ¡Confundía a casi todas las especies con gran éxito! En una prueba se puso por broma a imitar las voces de las hormigas, y hasta donde sabemos engañó a toda la colonia de hormiguitas sin que ninguna lograra salir de su error. Con el tiempo, comprendió que su imitación no encontraba límites tampoco en la especie humana. Imitaba su hablar perfectamente e incluso entendía los diferentes idiomas de los hombres, mucho mejor que cualquier ser humano que presumiera de políglota.

Super Perico quedó encantado, aunque por mucho tiempo no supo que provecho podría sacar de todo aquello. De cualquier manera, la falta de utilidad nunca ha sido inconveniente para ningún animal de ninguna especie. Con la diversión era más que suficiente y sobrado.

—¡Super Perico puede volar! —decía un admirador.

—¿Y eso qué…? todos los periquitos saben volar.

—Míralo con atención: ¿vuela o no vuela?

—¡Pío, pío!… eso es volar que es una maravilla —los periquitos quedaban fascinados con su estilo acrobático nunca visto. Y aunque fuera cierto que todos los periquitos pueden volar, quedó claro que hay dos formas: la de todos y el estilo propio de Super Perico.

La mayoría de las especies de pajaritos no rezan como nosotros los humanos, sino que ellos prefieren el canto para rendir culto a Dios y a los ángeles. Para un pájaro la parte más importante de su rezo es la canción, la melodía como conjunto de sonidos hermosos. Consideran que la letra es algo totalmente secundario. Cuando utilizan letra, generalmente lo hacen en consideración a otras especies incapaces de apreciar adecuadamente la melodía.

Los pericos también pueden rezar exclusivamente en prosa. Pero prefieren hacerlo a escondidas, porque es mal visto y se considera que demuestra poco interés y sentido religioso en sus rituales. Por el contrario, cuando rezan en grupo les encanta llamarse la atención unos a otros. Se ponen a cantar de viva voz, y si existe letra su contenido es casi siempre repetitivo y muy simple.

La tradición enseña que cuando un perico conversa con los ángeles debe realizar un ayuno en lo más alto de alguna montaña durante una semana. La tradición se extiende a otras experiencias religiosas de cierta importancia, y concede algunas excepciones por edad y salud. El ayuno estricto se reserva solo para dos días: el segundo y el quinto. En los restantes la costumbre prohíbe comer ningún tipo de fruta, que en esas zonas es sobradamente abundante y a ellos les encanta. Se obligan a sí mismos con una dieta de semillas y agua. Se dice que prescindir del ayuno ofende a los ángeles. Se supone que ellos se molestan por tu descortesía y dejan de hablarte. Así que si un perico quiere que un ángel le converse por segunda ocasión, es necesario hacer este ayuno semanal.

La mamá de Super Perico, le recordó insistente durante varios días su obligación del ayuno semanal. Así que nuestro obediente periquito no podía faltar del precepto.

Subió a la cima de la montaña más alta de la zona. Allí el clima era demasiado frío para el gusto de los pericos. La cima servía como santuario, era un lugar más que apropiado para la meditación y la soledad propia del ayuno.

Cumplió con esmero todas las recomendaciones religiosas para la ceremonia. No probó semilla ni nada los días del ayuno estricto, y en los demás se abstuvo con entereza de manosear ninguna de las frutillas que guardaba en un paquetito que le preparó su madre para el final.

Cuando se hubo cumplido el plazo semanal que asigna la tradición. Desempacó las frutitas que había guardado especialmente para reponer fuerzas al final. Sin embargo, encontró que la mayoría de ellas ya estaban podridas; lo que era una verdadera lástima pues las frutas del lugar comidas en el momento apropiado serían bien deliciosas. Decidió bajar inmediatamente de la montaña, pese a que su intención primera fue permanecer allí varios días luego que finalizara la semana obligatoria.

Al bajar por la montaña, tuvo un encuentro desagradable completamente inesperado. Se llevó uno de aquellos sustos como pocos puede tener un ave orgullosa que nunca admite que tiene miedo.

Delante del pájaro apareció una extraña figura. Una mujer de apariencia malévola, que rodeada de luces siniestras insistía en acariciar obsesivamente un gato negro:

—¿Quién eres? —le preguntó Super Perico temblando. En su interior, se avergonzaba de sí mismo y no entendía bien la razón de su propio miedo.

—Soy una princesa de este mundo, de las que rigen sobre el poder que quitamos y otorgamos según nuestro gusto. La corona, la riqueza, y la fama le esperan al que sea lo suficientemente listo como para interpretar nuestros deseos. Soy uno de esos seres al que los humanos y animales temen en su ignorancia. Puedes llamarme princesa Buitrela y soy un demonio…


Tercer movimiento: Tentación

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La extraña mujer se había presentado abiertamente como un demonio. Al examinarla con más atención notó una cola y unos cuernos no muy grandes. Con tales decoraciones no tenía dudas de que efectivamente se encontraba ante un ente maligno.

No comprendía Super Perico como tal mujer generaba tanta obediencia como ella misma presumía. Pues por sus palabras daba a entender que era personaje de suma importancia tanto al interior como al exterior del grupo de sus congéneres.

Por su apariencia deliberadamente calculada con la intención de generar temor y desconfianza a sus malas intenciones; supuso que infundir miedo sería su personalidad y su gusto. Aunque no veía a ningún sirviente, tenía la sensación de que tan extravagante fémina efectivamente estaba acostumbrada al poder y a la obediencia de muchos.

Era una imprudencia y daba bastante miedo, pero el pájaro también sentía una fuerte curiosidad por prestarle atención. Por precaución, le espetó una advertencia que había escuchado numerosas veces de fuentes bien confiables:

—Dicen que a los demonios no hay que hacerles caso pues son seres llenos de odio. Envidiosos frustrados de la felicidad que les es imposible alcanzar por su mala conciencia. La destruyen por donde quiera que pasan. ¡Sus sirvientes son los necios que les gusta engañarse a sí mismos!

La maligna princesa recibió las recriminaciones con una mueca de desprecio, casi de indiferencia:

—¡Calumnias!, nos juzgan severamente por uno o dos errores ocasionales. Si le dices a un general que ataque por acá, y el necio insiste en atacar por acullá; no es posible que la guerra termine bien.

«Si fuera verdad que los humanos nos hacen caso, los libros de historia serían bien diferentes. Soy incomprendida por culpa de la necedad de algunos que no siguen los planes, así como yo se los indiqué. Para ser buen demonio siempre hay que estar preparado para ver burradas.

«Los necios no entienden que mi prioridad ha sido mi propia supervivencia. Es crucial conservar mi nicho entre amigos o enemigos por igual.

«Pero por fortuna para ti, capto que tú si eres un periquito listo, fuerte y super bien dotado. Soy buena para juzgar animales con una sola mirada. Entiendo que andas buscando amo de alguna especie superior. ¡Ja, que risa… eso de superior da mucho de qué hablar! Pues aquí me tienes.

«Eres un perico con muchísimo potencial, más de lo que te imaginas. Tu ángel tiene razón en que careces de un ambiente apropiado para liberar tus poderes en plenitud. Si me aceptaras como tu ama…

«Tengo muchos planes que goloseo desde muchísimo tiempo atrás, pero faltaba un perico especial. No lo dudes, eres justo lo que me conviene. Te hablaré más claro: mi deseo es corregir un grave error de liderazgo en este planeta. Tú podrías ser justo la clave que me hace falta».

—¿Cuál error de liderazgo?

Pese al rechazo inicial, la princesa Buitrela captó completamente la atención del pájaro; que picado por la curiosidad decidió escuchar lo que la demonio tuviera que decir. El espíritu aprovechó entonces para contar esta curiosa e inesperada leyenda:

«Hace muchísimo tiempo, cuando Dios creó a Adán y Eva, los ángeles servían a ese odioso par. Los obedecían como a polluelos mimados a quienes se les consiente todos sus caprichos sin pensar en las consecuencias.

«Con total arbitrariedad y completa falta de buen juicio se coronó a la pareja de polluelos bonitos con el título de amos y soberanos de toda la Tierra. Imposición absurda, carente de sentido; puesto que nunca ha existido ninguna buena razón para tomar tal dictamen.

«Estaba claro que se trataba de un simple mimo. Un capricho que condenaba al planeta entero junto con sus habitantes a ser regalado, cual juguete, a una especie que no se lo merecía.

«Mi opinión y la de muchos demonios fue que lo conveniente sería que los animales fueran gobernados por otro animal. No por esos polluelos malcriados y creídos como es difícil encontrar otros entre los seres inferiores.

«Por supuesto, le planteamos nuestra oposición a los animales y también presentamos nuestras protestas ante Dios. Las especies irracionales debían tener un liderazgo igual de irracional. Elegir humanos para el puesto era una imposición absurda.

«Tanto Dios como los ángeles ignoraron completamente nuestras quejas. Pero los demonios no nos damos por vencidos tan fácilmente. Organizamos una votación entre los animales para nombrar un legítimo y auténticamente representativo emperador de la Tierra. ¿Adivina cuál especie ganó la votación?»

Super Perico, que no había creído nada de tal historia, contestó con sarcasmo:

—Si he entendido bien, supongo que los pericos ganamos las elecciones.

—¡Exacto!, el escrutinio fue ganado por los pericos. Pero el resultado electoral fue ignorado. Hasta hoy persiste la injusticia de soportar a los humanos en el poder absoluto. ¿Por qué pones esa cara? ¿No estás creyendo mi historia?

La incredulidad de Super Perico no podía ser más evidente:

—Para nada… Estoy convencido, princesa Buitrela, que eres una mentirosa descarada. Seguro que a todas las especies les dices la misma bobada.

—¡Perico insolente!, no deberías menospreciar el poder de los demonios. Ahora más que nunca en centurias, es posible derrocar el poder del hombre y colocar en él algún digno sucesor. ¿Si tan solo pudieras confiar en mí?, juntos podríamos retornar la justicia y el derecho que se le arrebató a tu especie. Como te expliqué, no tienes idea de tu verdadero potencial. Tu ángel sabe que necesitas un guía, en eso tiene mucha razón… ¡Yo puedo ser tu guía!

—¡Basta, cállate!, no prestaré oídos a tu traición. Se me ha pedido elegir a un humano como amo. Derrocarlos es traicionar el mandato que se me encomendó y la voluntad de Dios cuando creo a las especies. ¡Lárgate, y deja de molestar! Además, no te he creído nada; si no te has dado cuenta.

—Desconfías de mí porque te he dicho que regento sobre los imperios y gobiernos de los hombres. Pero la verdad, te sorprenderás al escucharlo: es que detesto a la especie humana. Siempre los he detestado, mi verdadero amor pertenece a los animales. —Al decirlo, acarició el gato que sostenía entre sus brazos. El felino se mostraba totalmente ajeno a la conversación—. ¡Mira como quiero a mi hermoso gatito! Si confiaras en mí, juntos podríamos hacer maravillas como nunca antes se han visto. Me faltaba un pajarillo con tu carisma.

Super Perico intentó como pudo terminar con la conversación, pero encontró que la tal demonio era bien insistente. La princesa Buitrela, siguió por buen rato con su lata para tentarlo; sin hacer caso de ninguna protesta, ni rechazo de su interlocutor.

Así que el periquito, al ver que ignoraba sus rechazos y razones, decidió probar suerte con unas jaculatorias que le había enseñado su madre. Había oído muchas veces que tales frases piadosas son muy efectivas para espantar a los demonios. No las había probado hasta entonces, pues no les tenía mucha fe. Mas en cuanto se decidió y comenzó con sus oraciones; la princesa puso tal cara de horror que el pajarito ni se esperaba. La demonio había salido huyendo verdaderamente asustada.

—Si eres tan poderosa princesa, ¿por qué tanto miedo a una simple jaculatoria? —le gritó Super Perico a lo lejos. Estaba muy contento al ver que las frases piadosas funcionaban de maravilla. Tal y como se decía, efectivamente habían conseguido espantar a un demonio con apenas el esfuerzo de pronunciarlas. La verdad, el pájaro no creyó de previo que tal estrategia fuera a funcionar; al menos no con tan asombrosa eficacia.

—¡Todos tienen algún punto débil!, tiembla cuando averigüe el de Super Perico… —le gritó la princesa Buitrela. Con tales palabras, al menos por ahora, renunciaba a reclutar al buen pájaro para su partido.

Después de conseguir deshacerse del espíritu maligno, el periquito bajó de la montaña. A la primera que buscó fue a su madre.

Esperaba ser recibido con un plato de frutillas similares a las que por descuido había dejado podrirse en la montaña. Tal y como esperaba fue agasajado con unos deliciosos plátanos maduros que su familia había reservado para su regreso.

Cuando su madre le interrogó sobre su ayuno semanal, el ave estaba algo confusa y prefirió ocultar su reciente encuentro desagradable.

—¿Pudiste cumplir con el ayuno? ¿Todo ha salido bien?

—¡Perfecto! Solo me la he pasado rezando y pensando en cosas buenas —mintió entonces. Temía preocuparla si le confesaba su reciente encuentro con un demonio.

Cuando ya hubo descansado lo suficiente, su madre le pidió un favor en nombre de unos pericos del vecindario. Un árbol se había desplomado recientemente y del golpe quedaron arruinados varios nidos. Ella se había tomado la libertad de ofrecer los superpoderes de su hijo para reconstruir la barriada.

—¡Claro! Estaré encantado de replantar el árbol si hace falta. Con mis superpoderes convertiré en fortuna su mala suerte. Terminarán con nidos mejores a los que tenían —presumió el héroe con mucha satisfacción.

Mas cuando llegó al sitio del percance, y probó a utilizar su superfuerza con los restos del árbol caído; encontró para su sorpresa que no podía moverle. Tenía tan solo la fuerza de un perico común y corriente.

Super Perico asustado, pues temía se tratase de algún castigo del cielo, comenzó a vociferar:

—¡Perdón a Dios y a los buenos ángeles que cuidan de las bandadas de pericos! Os he fallado. Soy un perico malo y mentiroso.

—¿Por qué dices eso?, yo no creo que seas ni malo ni mentiroso —le dijo su madre.

—La verdad, es que te he engañado. Seguro Dios me ha castigado por la ficción, provocando que perdiera mis superpoderes. ¡Perdona Dios mío!, solo mentí para no preocupar a mi madre…

—¿Cuál fue tu engaño?

—Os he dicho que me la he pasado rezando y pensando en cosas buenas… Si bien esa fue mi intención; he ocultado que una demonio llamada princesa Buitrela se me ha aparecido y me ha tentado con toda clase de ridiculeces. Temo que he perdido mis poderes por decir mentiras.

Super Perico contó entonces lo ocurrido con la demonio. Estaba muy deprimido y temía haber perdido sus dones para siempre, pero siguió rezando y suplicando sin parar. No había pasado mucho tiempo en lamentaciones cuando encontró que recuperaba sus fuerzas.

—Entonces hemos descubierto que mi hijo pierde sus poderes de forma temporal cuando dice mentiras —concluyó alegre su madre al ver que Super Perico por fin conseguía levantar el árbol tal y como había prometido.

—No sabemos si es temporal o si es definitivo. Puede que me haya perdonado una vez y la segunda no. Con lo sagrado no se juega.

Su madre reconoció la prudencia de su hijo y agregó lo siguiente:

—Ahora que lo pienso: si hubieras caído en la tentación de la princesa Buitrela, seguro hubieras perdido tus poderes por bruto. Y siéndole inútil, serías comida para el gato de la mala señora. ¡Que Dios nos ilumine a todos!


Cuarto movimiento: Utilidad

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Las primeras semanas con superpoderes fueron tiempos felices que compartió a gusto con su parentela y amigos. Era un ave obediente a la comunidad y a sus deberes familiares. Nadie podría quejarse por su forma de compartir con la parvada ni de su honestidad al celebrar las fiestas religiosas.

Desde un principio decidió cumplir con las instrucciones del ángel. Estaba decidido a abandonar la bandada con su montaña en fecha cercana. Luego se dirigiría al mundo de los humanos en busca de su nuevo amo.

Antes de marcharse convocó una reunión para todas las aves de la montaña. Acudieron prontamente a su llamado, pues ya era bien conocido y admirado en todas las cercanías:

«Amigos pericos, debo de marcharme al mundo de los hombres. Quiero que cuenten siempre conmigo. No duden en utilizar el servicio de palomas mensajeras para cualquier emergencia o peligro en que pueda serles de utilidad con mis nuevos poderes. Yo acudiré prontamente a prestarles mi servicio».

En el pasado los humanos reclutaron y entrenaron a las palomas mensajeras para colaborar con el servicio postal. Con el cambio tecnológico estas aves fueron despedidas y hasta la fecha los humanos no les han asignado nueva ocupación. Fue entonces cuando un nutrido grupo de pajarillos que deseaban aprovechar la oportunidad y los conocimientos adquiridos en el mundo humano, decidieron establecer un servicio de correo al interior del bosque. Voluntariamente servirían como auxilio mutuo para las diferentes especies animales.

Si alguno de los lectores recibe un mensaje por medio de paloma mensajera no debería menospreciarlas por su obsolescencia tecnológica. Considere que probablemente sea un mensaje dirigido por alguna antigua mascota que haya encontrado la libertad o quizá sea de algún animal con el que haya trabado amistad en los bosques. Ellos no tienen tantas facilidades como nosotros y los pajaritos realizan un importante servicio.

«Antes de marcharme, quiero concederles dos regalos a todos ustedes. Deseo utilizar mis superpoderes para entregar dos obsequios a la comunidad.

«Quiero que guarden un buen recuerdo de mí para que comprendan que siempre estarán en mi corazón. No me respondan todavía; espero que pidan algo bien grande, no se preocupen.

«Cuiden que sea capaz de terminar cada uno de ellos en menos de un mes conforme han apreciado mis nuevas habilidades aumentadas. Por favor, les pido que se reúnan y lo mediten durante una semana».

Tal y como lo solicitó se tomaron una semana para sus deliberaciones. Pasada la misma, el de mayor edad entre todos los pericos le comunicó a nuestro héroe las dos peticiones:

«Queremos que construyas un palacio a imitación de los hombres; pero no tan aburrido y mucho más a gusto de los pericos. Que se pueda caminar por las paredes y por el techo. Que no tenga ninguna ventana ni vidrio; no sirven para nada y son muy resbalosos. Que se pueda salir por el techo y por cualquier parte; es una pérdida de tiempo bajar hasta el primer piso».

Super Perico quedó muy satisfecho con la respuesta. Pues más o menos así esperaba la petición. Aceptó inmediatamente:

«Haré tal palacio y me tomaré el tiempo necesario. Para un proyecto tan bueno y útil, estoy seguro que a los ángeles no les molestará el retraso. Yo puedo hacer el trabajo pesado, pero soy ignorante y no conozco de arte ni arquitectura.

«Necesito que otros pericos me ayuden a decorar; de apariencia y buen gusto no sé nada. También necesito que me expliquen muchas otras cosas. Yo sé que ustedes tampoco saben fabricar palacios humanos. Pero entre más pájaros pensemos y ayudemos, con seguridad será más sencillo encontrarle solución a los problemas y dificultades».

A los oyentes les encantó la propuesta. Muchos se ofrecieron de voluntarios de una vez para ayudar en lo que se pudiera. El mayor de los pericos procedió entonces a presentar la segunda petición:

«Queremos hablarte sobre las serpientes. Esta es una especie terrible y nefasta para las aves en general, pues hacen mucho daño. Comen huevos y matan cruelmente tanto a polluelos como adultos; arruinan sin piedad la vida y felicidad de muchas familias. Queremos pedirte que busques alguna manera de echarlas de la montaña. También es importante, que no puedan regresar para cometer sus maldades».

Super Perico aceptó de buen grado ambas peticiones, y se dió a la tarea de cumplirlas a satisfacción de la comunidad. Resolvió que el palacio vendría primero pues se esperaba que brindase también protección contra las serpientes. Muchos rumores confirmaban que los humanos también utilizaban sus propias construcciones para protegerse de las especies peligrosas.

Comenzaron al día siguiente de la reunión con mucho entusiasmo y avanzaron más de lo que esperaban. Los pajarillos saben bien poco de arquitectura humana. Pero los superpoderes en colaboración con la imaginación de las aves lograban vencer a su manera todos los obstáculos. Cada día surgía ante sus ojos una nueva maravilla del mundo perico, capaz de asombrar también a los animales de las cercanías y mucho más allá. A decir verdad, dejaba mucho que desear para los criterios humanos; quienes no hubieran titubeado en declararlo inhabitable y un completo desastre. Pero los animales son poco exigentes en general y encontraban la tosca construcción fascinante. Estaban creando un mundo de ensueño fruto del esfuerzo y del trabajo diario. Los superpoderes lo facilitaban todo enormemente, pues permitía empresas que hasta entonces hubieran escapado completamente a las posibilidades de las humildes avecillas.

Derrumbaron y apilaron troncos evitando toda simetría, que a los humanos encanta pero a las aves aburre. De forma que el tal palacio para la primera semana ya era una pila de troncos mucho más alto que el nivel superior del bosque. A la distancia parecería una mancha irregular producto de algún desastre natural. En las cercanías se diría una combinación antojadiza de troncos y ramas sin ningún orden ni plan arquitectónico; si es que alguno tuviera alguna vez.

Las aves encontraron que el barro arcilloso, combinado con piedras y ramas entrelazadas servía para evitar que tales troncos en posiciones imaginativas se vinieran al suelo. Un humano observador se hubiera sorprendido al encontrar tales piedras. Estaban colocadas en posiciones exóticas entre troncos y ramas, la mayoría a varias varas de altura mucho mayor que el nivel natural de la vegetación. Elevadas sin grúa ni instrumento alguno, más que la fuerza de nuestro héroe; aunado con la técnica de la improvisación para asegurar que la estructura no se desplomara.

Encontraron divertido tanto pasadizo y sitio de vuelo con formas curiosas. Lo agrandaron y agrandaron mucho más de lo que habían imaginado en un principio. Al poco tiempo abarcaba una importante zona de la montaña. Nadie sabía en que terminaría todo aquello. Pero pese a que a los pericos necesitan mucho espacio para volar, les aburre el espacio vacío cerca de sus nidos.

Así que llego el día que encontraron que el palacio ocupaba más espacio del que podían disfrutar con sus paseos y juegos. No había necesidad de deforestar todo el bosque, que era pésima idea, pues los árboles cortados no daban frutitas. Por precaución, en la base del palacio conservaron árboles sembrados naturalmente. Estos recibían una sombra excesiva, y no estaban seguros de los resultados de tales plantaciones. Así pues, cuando ya se sintieron a gusto con el tamaño de su nuevo y enorme palacio al estilo periquito; le hicieron saber a nuestro héroe que cuando quisiera podía dar por concluida su faena. Ya para entonces los pericos habían tomado posesión de toda la propiedad; así que no fue necesario ninguna inauguración. El palacio fue repartido entre sus emocionados residentes con sinceros esfuerzos de justicia y cooperación.

Para buen descanso de nuestro héroe, los animales en general son sumamente flexibles en lo que a estética y organización se refiere. Cuando se terminó el castillo a satisfacción de todos, procedió a cumplir entonces su segunda petición: la expulsión de las serpientes de la montaña.

Los cronistas afirman que nuestro buen perico había escuchado tantas historias horribles sobre las serpientes, que ni por un momento titubeo en golpear, amenazar e insultar sin consideración alguna. Nadie recuerda que se haya negociado ni pedido nada a las serpientes de buena manera. Apenas había perico que no le contara sucesos antiguos o recientes de matanza de aves, con destrucción de nidos y hogares felices. Así que fueron varios días de golpes y puñetazos; sin remordimiento por parte de Super Perico, ni mucho menos de sus amigos. Para que no titubeara, le traían constantemente a la memoria toda clase de hechos horrorosos de esta fatídica especie.

Los pericos estaban encantados con este destierro. Estaban orgullosos de imitar a los humanos. No solo habían conseguido su palacio nuevo; sino que también podían expulsar a voluntad las especies indeseables.

Por supuesto, las serpientes protestaban y maldecían a Super Perico. Pero el héroe les reprochaba:

—¿Es que son mentiras las historias de muerte de periquitos y destrucción de hogares? ¡Bien merecido se tienen que las eche a todas ustedes de nuestra montaña!

No titubeo pues en cumplir lo pedido ni por un instante. Luego de conseguir la expulsión completa, convocó a todos los ofidios de las cercanías para gritarles esta advertencia:

—¡Les prohíbo que vuelvan a entrar a la montaña del Palacio de los Pericos! Las palomas mensajeras que entrenaron los humanos, me han prometido avisarme si lo intentan. Les advierto que no se los permitiré, pues bien ganado tienen su destierro.

Una de las víboras, la que tenían como la más mortífera y valiente entre ellas, tomó la palabra por todas. Era también conocida como la de espíritu más perverso y cruel. Se contaban por cientos las acusaciones de los pajarillos.

—Tú ganas, Super Perico, eres más fuerte que cualquier ser humano. Me gustaría verte echándolos a ellos de sus ciudades. Aunque supongo que los hombres podrán derrotarte con sus armas, que espero te liquiden algún día. Admitimos que no podemos vencerte, así que no molestaremos a las aves del Palacio de los Pericos. Mas declaro que obedecemos porque tememos a tus superpoderes y no porque reconozcamos ningún derecho ni justicia. Para nosotras tu y tus pericos son solo la misma porquería que los humanos, con los que vivimos en guerra eterna. Tus queridas aves son solo ladronas apadrinadas por un matón con superpoderes. Nos han robado la propiedad de nuestros ancestros por generaciones. ¡Maldito seas Super Perico y prometo a todas las serpientes de la montaña que me vengaré!


Quinto movimiento: Ermitaño

Versión en audio

La montaña del Palacio de los Pericos, sin que animales ni humanos lo sepan; forma parte de una reserva natural creadas por los ángeles. Estas zonas cumplen para ellos una amplia variedad de funciones. Entre sus objetivos principales, suelen proteger a las especies que corren peligro de ser extinguidas por la deficiente administración de los seres humanos.

Existen diferentes niveles de seguridad y características para tales reservas. La mayoría son de libre tránsito tanto para humanos como para animales; su seguridad se produce mediante la aplicación de propiedades físicas y químicas siempre diferentes a las que los humanos logran deducir con sus propios razonamientos. Los mortales que han estudiado el asunto, suponen que se genera algún tipo de deformación geométrica reversible. Tales divergencias no aparecen en los mapas humanos pues producirían una contradicción con las supuestas leyes matemáticas del conocimiento deducido.

Dicho más claro para el lector: la región en que dio inicio nuestra historia no se encuentra en ningún país del mapa mundial; aunque no sería apropiado hablar de una zona inexplorada o inaccesible. Su camuflaje intencional, surge de alguna extraña manipulación de las leyes del espacio mediante un proceso completamente inconsciente para los viajeros.

Luego de despedirse de la bandada, Super Perico tomó rumbo al norte. Sentía curiosidad por unas cataratas de las que había escuchado numerosas veces. Nunca en su vida se había alejado tanto de su montaña, así que todo le parecía nuevo y fascinante. Además, muy atenido con sus superpoderes, apenas si tomaba ninguna de las precauciones que suelen recomendar a las aves ante tanto peligro que puede presentarse.

Desde esta zona localizada en ninguna parte de nuestro mapa, en dirección hacia el norte se llega casi siempre a unas cataratas hermosas.

Todavía más hacia el norte, al cruzar la frontera protegida por los ángeles, se ingresa al territorio de Haram. Este es un hermoso país de clima tropical muy conocido mundialmente por sus excelentes navegantes. La nieve solo cae en las cumbres de las altas montañas, con un desierto escaso en el lateral de la cordillera, en su cara opuesta al mar.

Nuestro héroe se adentró en dicho país. Aunque entendía poco de humanos, las palomas mensajeras eran fuente confiable para entender lo mínimo de la distribución política de la geografía humana.

Suponemos que si el pajarillo hubiera elegido viajar entonces hacia el sur en vez de hacia el norte, los sucesos posteriores tanto humanos como aviarios serían bien diferentes. Los cronistas de la super mascota, nos solemos sorprender como una simple casualidad del azar puede influir tanto en el curso de los acontecimientos.

Sus amigos pericos le habían hecho creer que conseguir amo era bien fácil. Los seres humanos tienen risa fácil, bastaba con decir algunas frases incoherentes y se les ganaba con poca resistencia. Pero aunque no dudaba de la sinceridad de sus amigos, la realidad que encontró fue bien diferente.

—Entiendo que buscas a un amo que te explique cómo ser un héroe.

—Así es… —respondía el buen perico.

—Yo prefiero una vida tranquila. Ser héroe significa sufrimiento y buscar que te maten.

La reacción que encontró fue una sucesión interminable de negativas. Nadie parecía interesado en la lucha por el bien y la justicia como regla de vida. Y si de vanidad y aventuras se trataba, las expectativas eran bien pesimistas.

—¿A qué buscarse problemas sin necesidad? Prefiero ser feliz.

La gente de Haram no era grosera. Sabían apreciar el afán de heroísmo y sacrificio por los demás. Tales actitudes se alababan y agradecían con buen juicio. Pero a fin de cuentas, aspiraban una vida tranquila y nadie aceptaba su oferta.

—Yo quiero casarme, tener una milpa y buenos bueyes… Ser un héroe no es para mí.

Los días pasaban sin ningún progreso en la búsqueda de Super Perico. El pájaro intentaba nuevas fórmulas para convencer, aunque siempre hablaba claro sin engañar nunca. Los fracasos se repetían sin importar todas las redacciones.

—No tiene usted idea de quién podría enseñarme a ser un héroe. —Pese a tanta negativa, podría ser que le dieran una pista para conseguir un amo apropiado.

—Si quieres ser un héroe, supongo que deberías buscarte otro héroe para que te aconseje.

—¿Conoce usted a alguno?

—Si hay alguien que lo sea de verdad, en ese momento estará en el cementerio.

Afortunadamente, no todos los comentarios fueron tan amargos. Luego de preguntar por días, por fin, un hombre que caminaba solitario por un camino de piedra le dio alguna esperanza:

—¿Buscas un valiente de verdad? yo conozco uno que sigue vivo —defendió con aprecio sincero.

Super Perico pidió al interlocutor algunas señas para poder encontrarlo. Las pistas que recibió lo llevaron a una cabaña solitaria en la montaña. Por el camino, le confirmaron el heroísmo del hombre y la veracidad de algunas de sus aventuras. Nuestro pájaro estaba ilusionado, pues creía llegar por fin al final de su búsqueda.

Encontró la cabaña y en ella a un hombre algo mayor. Estaba rezando, por lo que el pájaro decidió esperar hasta que terminara. Pasada media hora se cansó de la espera y llamó a la puerta. Luego de las presentaciones fue directamente al grano:

—Me dijeron que usted es un héroe… Un ángel me otorgó superpoderes y me encomendó que consiguiera un humano que me guiara, ¿podría usted ayudarme?

—Me llamaron héroe hace mucho tiempo. Pero sí alguna vez lo fui, ya no lo soy. He abandonado esa vida violenta, y ahora soy un ermitaño consagrado a la vida religiosa. Dedicó mis días a adorar y servir a Dios en el silencio de esta montaña. Lo siento, aunque no tengo votos solemnes, me he comprometido de corazón a retirarme de las cosas del mundo y no puedo ayudarte.

—Al menos, ¿podrías darme algún consejo?

—No busques novia periquita.

—¿Por qué no?

—Muchos delincuentes tienen honor, pero otros no lo tienen. Hay malvados que no les importa amenazar a los seres que amas. Otro consejo: utiliza un disfraz para que no te reconozcan y proteger a tu amo. Recuerda siempre que no existe el disfraz perfecto.

—Buena idea lo del traje. Me haré uno a la primera oportunidad. Así protegeré a mis amigos pericos, y a mi futuro amo humano.

Hablaron con calma el tiempo suficiente. El perico no comprendía lo peligroso que podría resultar un enemigo sin honor. Sin embargo, le parecían sensatas las advertencias del hombre. Recordaba a las serpientes y su mala fama, pero las anécdotas le resultaban algo lejanas como para temer tales traiciones en su propio futuro. El ermitaño que intentaba explicarse con mayor claridad, contó con profunda amargura su dramática experiencia:

«Unos asaltabancos amenazaron con matar a mi novia si me seguía entrometiendo. Todo el mundo me aseguraba que el pueblo perdonaría; que me rindiera, que la gente entiende que somos humanos.

«Para todo hombre importa muchísimo más la novia que un tonto dinero robado al banco. Pero en mi soberbia, yo me sentía demasiado seguro de mi mismo. Estaba convencido que podría recuperar el dinero y salvar a mi enamorada con éxito completo. Pero me equivoqué, y ella pagó el precio de mi error. Los villanos mataron a la persona que más amaba en este mundo, no pude salvarla.

«Arrepentido me retiré de la vida de héroe y ahora me dedico a rezar por el perdón de mis pecados y los del mundo entero en la soledad de esta montaña. Me he entregado por completo al servicio de Dios como ermitaño».

—¿Qué pasó con los ladrones? —preguntó Super Perico.

«Estoy arrepentido de lo que hice. En el pueblo querían una venganza sangrienta y yo me dejé llevar por mi odio. Así que acepté el plan que me ofrecieron.

«Con ayuda del banco les tendimos una trampa y aniquilamos a tiros a toda la banda en una emboscada. Admito que me dejé llevar, nunca lo niego. Normalmente no hubiera permitido asesinar delincuentes sin intentar al menos arrestarlos o llevarlos a juicio. Eran ladrones peligrosos, hasta el juez me felicitó por la venganza.

«Pero la verdad es la verdad… me dejé dominar por mis malas pasiones. El odio pertenece al diablo. Decidí entonces abandonar esa vida que traicioné con mi furia. Ahora le pido perdón a Dios y pido también por las almas de esos pobres desdichados».


Sexto movimiento: Disfraz

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Super Perico consiguió con mucho esfuerzo que el ermitaño aceptara aconsejarlo en sus aventuras, aunque con la condición de que tales asesorías fueran muy de vez en cuando. Luego de quedar en buenos términos con el antiguo héroe, se retiró a proseguir su búsqueda de un amo humano. Siempre decidido a cumplir la solicitud del ángel protector de la bandada.

No fue fácil conseguir dueño que lo guiara en sus futuras aventuras. Sin embargo, para el asunto del disfraz no tuvo mayor dificultad. Una amable señora que entrevistó a través de las rejas de la ventana de un humilde hogar campesino aceptó el encargo muy complacida. Apenas el pajarillo mencionó el asunto, ella misma se ofreció para diseñarlo y confeccionar todos los que necesitara en adelante.

—¿Todos los trajes que necesite en el futuro? ¿No es demasiado? —Como ave bien educada, no quería abusar de la amabilidad de la mujer.

—¿Cuánta indumentaria necesita un Super Perico?

—Lo ignoro, pero me figuro que no será mucha. —El pájaro estaba encantado con la ayuda. Por lo que terminó aceptando el ofrecimiento, aunque con alguna resistencia.

La confección de la vestimenta tomó un par de semanas. Si bien planeó aceptar cualquier traje que le obsequiaran sin ninguna objeción; quizá para fortuna de los lectores y de nuestra historia, el resto de la familia intervino en el asunto.

Sus hijos y parientes cercanos actuaron como críticos severos que descartaron la inmensa mayoría de los modelos que la costurera probó con el ave. Nuestro perico protestaba, pero en su ignorancia del mundo humano prefirió ceder por prudencia a la opinión de la mayoría.

Con humildad concluyó: que en vista de su completa ignorancia de las costumbres, era de esperar que quedara mal sin pretenderlo. Lo más sensato sería aceptar la solución que propusieran los demás; en un tema completamente ajeno al mundo perico.

Sus hijos, mejor conocedores en lo que a trajes de héroes se refiere (los de TV por supuesto); exigieron un disfraz a la altura de su imaginación. Actuaron como sensores de moda tan exigentes, que el pájaro sufría sumamente avergonzado ante tanta prueba rechazada. Como parecían muy contentos con el proceso, y la señora no daba muestras de impacientarse; el ave intentó complacerlos a todos.

—Con esta ropa nadie te reconocerá y tu amo podrá conservar su anonimato. Espero que con esa precaución consigas quien te entrene —explicó la costurera cuando por fin uno de sus modelos consiguió ser seleccionado.

—¡Que todos los trajes sean diferentes! —exigió la hija menor.

El perico se opuso a tanta variedad de vestimentas. A su entender, un único modelo sería suficiente para cualquier ser vivo. Pero nuevamente ganó la opinión familiar.

Luego de largas discusiones, se aprobaron tres modelos con vistas a lo que presumían podría ser el ambiente de sus futuras aventuras. En total nueve trajes muy parecidos unos de otros: cuatro para ambientes más severos, dos para lluvia, y tres para conversar en cristiano.

—Pero este Super Perico tiene más ropa que yo misma —protestó una de las hijas.

—Se lo merece, ¡va a enfrentarse con delincuentes! Ellos no respetan la vestimenta decente y quedará destrozada rápidamente. Hay que prepararse bien.

Sometieron los trajes a varias pruebas. Esto corrió por cuenta de los niños. Hubieran querido desarrollar un modelo indestructible, pero nadie conocía del tema.

El perico los convenció que la razón de ser para el vestuario de un super animal, es proteger a sus amos con el anonimato. En cuánto a protegerse a sí mismo y la seguridad, sería solucionado por el ave con sus propios poderes.

Con otras tantas deliberaciones resolvieron que se debían cumplir al menos cuatro requisitos: muy llamativo, práctico de poner pero complicado de quitar, proteger el anonimato, y no inducir asociación con su portador.

En primer lugar, la mayoría simple decidió que debía ser llamativo. Super Perico atraería los ataques de los villanos para desviarlo de los espectadores y caminantes. Los delincuentes en Haram, por norma general, no atacarían a un transeúnte de no ser necesario. Así pues, lo llamativo aumentaba la seguridad de los espectadores, al desviar los daños no deseados intencionalmente.

Lo llamativo era temerario, pero también era señal de valentía. Los animales valerosos se enfrentaban a los problemas abiertamente y con decisión exponían su vida al peligro.

Un traje un tanto ridículo era útil para las virtudes de un héroe, cristiano al menos. Ayudaba a la mortificación de la conciencia; y como medio educativo contra la personalidad indolente. Por supuesto, para que existiera la posibilidad de provecho en la virtud; se debían evitar los excesos escandalosos. Este principio descartó cualquier ostentación innecesaria de riquezas o banalidades que lo sustituyeran.

Un buen diseño simbolizaba las virtudes cristianas o patrióticas. Sin olvidar que el exceso fácilmente resultaría dañino y hasta ridículo. En general, una ropa vistosa era peligrosa para el héroe; por lo mismo debía interpretarse como un sacrificio en bien de los demás. Por tanto, su traje no era algo deseable. Su diseño debía de ser de tal gusto que no indujera la imitación en los inexpertos e incautos.

Otro requisito en la lista y también de naturaleza práctica: era que el traje tanto debía ponerse fácilmente como ser complicado de quitar. El animal heroico necesitaba reaccionar rápidamente a los llamados de emergencia; de lo contrario, tarde o temprano decidiría no ponerse el traje comprometiendo el anonimato. Sin embargo, la vestimenta, aunque fácil de poner también necesitaba ser a prueba de traviesos y curiosos. En situaciones normales, un buen diseño sería imposible de quitar por simple descuido o travesura.

Puesto que el objetivo más importante solicitado por Super Perico fue el anonimato de su futuro amo; el traje debería fallar las pruebas más elementales de reconocimiento. El test más obvio: presentar fotografías de varios pericos a los testigos, al ser interrogados no deberían ser capaces de reconocer al verdadero animal.

Fue fácil cumplir los tres requisitos anteriores. El cuarto que pretendía no inducir asociación con su portador; no fue conseguido a satisfacción. Así que lo modificaron. Los niños le llamaron inicialmente la prueba de los gemelos idénticos. El experimento consistió en que un grupo de pericos físicamente similares, que vistieran la misma ropa, deberían parecer gemelos idénticos ante sus espectadores.

Aunque lo intentaron con honesto esfuerzo, fallaron todo el tiempo. Tuvieron éxito con los modelos armadura, pero eran complicadísimos de poner. Para no presionar tanto a su madre, simplificaron la prueba.

De gemelos idénticos pasaron a otro ensayo que llamaron de asociación única: un grupo de pericos físicamente similares, que usaran el mismo traje en momentos diferentes, serían interpretados por los espectadores como la misma ave. Es decir, consiguieron que los pajarillos parecieran gemelos en tiempos diferentes pero no en el mismo lugar. No era de esperar que dos pericos utilizaran el disfraz de Super Perico a la vez, lo toleraron como un defecto leve.

Así pues, los trajes aprobaron sus cuatro requisitos. Aunque el cuarto requerimiento fue simplificado. El modelo elegido fue una mezcla de los colores celeste y azul, muy similar al de los uniformes de la secundaria oficial en Haram. Los niños de escuela admiraban tal combinación de colores. Representaría para ellos un futuro con mayor madurez; aunque lo consideraban distintivo de otra etapa y rechazarían utilizarlo en su vida diaria. Tal antecedente habrá influido fuertemente en el color final del diseño.

Las pruebas fueron realizadas ante espectadores humanos con actores pericos. Utilizar animales como jueces hubiera dificultado su aprobación, pues las diferencias podrían llegar a ser enormes, según el sentido que se analizara. Super Perico se sentía muy confiado de la moral de su propia especie, como para exigir la presencia de pericos como jueces. Se imaginaba que los animales no apoyarían a los delincuentes.

Finalmente, todos en la familia de la costurera dieron su asentimiento. Entonces con un perico muy satisfecho de su nueva indumentaria; llegó la hora de continuar su búsqueda original interrumpida por un par de semanas.

Lo obligaron a prometer que volvería cada vez que sus trajes requirieran reemplazo, lo que los niños temían fuera muy a menudo. Pues como hemos explicado, los disfraces eran resistentes al uso normal, pero no a los ataques de los malvados.

Se marchó con muchos buenos deseos y muy agradecido con sus nuevos amigos humanos por su ajuar notablemente incrementado. Era el mejor apoyo que encontraría entonces y por mucho tiempo, pues su búsqueda apenas comenzaba.

Aunque amo no encontraba por ninguna parte; lo que sí aparecieron, fueron problemas que resolver.

Le ocurrió no pocas veces, que le contaban situaciones unas más graves que otras. Super Perico les ofrecía ayuda con sinceridad, pero siempre imponía la siguiente condición: que se le explicara con abundante detalle lo que tenía que hacer para conseguir la justicia y el triunfo del bien.

Aunque con deseos de ayudar, entendía bien poco del mundo humano. Nadie parecía dispuesto a satisfacer sus requisitos, así que no llegaba a ninguna parte con tales ofrecimientos.

Una señora, por ejemplo; contó que tenía graves problemas con unos ladrones que la atormentaban desde hacía mucho tiempo:

—Pues si quieres ser un héroe, te tengo trabajo. Unos cuatreros han estado robando vacas de mi finca desde hace años. Si alguien atrapara por fin a estos malhechores me haría tremendamente feliz.

—¿Y cómo se atrapan cuatreros? —La pregunta de siempre que liquidaba los buenos ofrecimientos—. Si me explicas como se hace, creo que gracias a mis superpoderes quizá pueda conseguirlo.

—Pues de eso yo no sé… Tal vez un vecino mío.

Llamaron al tal vecino, que si bien no les explicó como arrestar ladrones. Si fue capaz de darles algunas advertencias:

—Pierdes tu tiempo, Super Perico. Esa banda de cuatreros esta protegida por políticos del gobierno. Los alcahuetean para que molesten a gente de la oposición para así conservar el poder. Contra ese tipo de hombres no se puede hacer nada. Las mujeres no entienden de política, pero el esposo de esta buena mujer, que descanse en paz… —Los tres hicieron la señal de la cruz en señal de respeto y oración por los muertos—. Hablaba más de la cuenta cuando no debía hacerlo.

—¿Entonces qué se puede hacer? —preguntó el héroe.

—No se puede hacer nada. Lo siento, pero así es la vida en Haram.

—Yo no entiendo nada —se excusó la señora.

—Yo tampoco, lo de la política es muy confuso —dió la razón el ave.

Super Perico quería que le explicaran un poco más sobre la tal política. Quizá esto le ayudara a entender como enfrentar tales situaciones. El vecino intentó como pudo, aclarar lo que él consideraba la forma como ocurrían las cosas:

—Trataré de satisfacerlos, aunque yo tampoco lo entiendo muy bien. Los organismos internacionales nos robaron hace varios años una de las islas de Haram. Desde entonces existen fuertes discusiones entre el gobierno, la oposición y los militares. Tu simplemente le das la razón al gobierno de turno, que cambia de opinión siempre que le viene en gana. Sigues la corriente o prepárate para sufrir. Al que no le gusta y además berrea: pues tiene problemas con cuatreros imposibles de arrestar.


Sétimo movimiento: Pizarra

Versión en audio

Buscando amo llegó Super Perico a la ciudad de Egeria. Localidad famosa en los alrededores por sus abundantes fuentes; creadas en ocasión de alguna moda arquitectónica que caló hondo en toda la comarca. Para el ave se trataba de la primera ciudad visitada en su vida, así que le causó una profunda impresión. El mundo humano era completamente diferente cuando se imaginaba a lo lejos e interpretado por habladurías de pajaritos.

La urbe en su interior era un nuevo universo deslumbrante. Egeria no se consideraba, ni mucho menos, entre los principales pueblos de Haram. No obstante, era visita obligada en las cercanías. En especial por sus hermosas fuentes que daban mucho que hablar a los visitantes ocasionales.

—Señora, ¿acepta ser mi dueña? Necesito una ama que me explique cómo ser un héroe —preguntó mecánicamente, casi seguro de recibir otro no por respuesta.

El ave repetía su rutina de todos los días. En esta ocasión, eligió una mujer que ya comenzaba a encanecer.

—Tus palabras me asustan. Prefiero llevar una vida tranquila.

—¡Pero es que necesito ayuda!, debo encontrar a alguien que me explique. Una super mascota requiere una guía humana.

—Aquí en Haram tenemos un método muy sencillo para que los héroes sepan que hacer… Al menos no podrán quejarse de falta de ideas.

La respuesta entusiasmó al perico. Pero la señora se negó a darle explicaciones.

—Yo no entiendo ni puedo explicarte nada. Sin embargo, puedo mostrarte algo que podría interesarte. ¡Sígueme…!

Casualmente, se encontraban cerca de una de las principales fuentes de la ciudad. En compañía de las fuentes estaban casi siempre los parques y también las pizarras con anuncios de la policía.

La señora llevó a Super Perico hasta una de estas pizarras en el parque más cercano. El tablero exhibía las fotografías de algunos delincuentes buscados por la policía. Para la mayoría se ofrecía alguna recompensa según el tipo de servicio que se diera a la investigación. Normalmente, incluían el AAC o autorización para el arresto civil.

—¿Qué son estos papeles con fotografías?

—Estos papeles son llamados a la población para colaborar con el arresto civil. Si los capturas y los llevas a prisión serás un héroe, al menos en mi opinión. Este número es la recompensa. Se trata de arrestarlos no de asesinarlos, porque si los matas te expones a que pongan un cartel con tu nombre también. Este hombre de la foto es un ladrón escurridizo; pero no tiene cargos de homicidio. Si lo arrestan te pagan. Si solo das información tal vez consigas algún lucro.

Aunque el ave ya había escuchado mucho del dinero y de los pagos, no había comprendido bien su funcionamiento.

Según su interpretación, los humanos no habían alcanzado el nivel de progreso cultural necesario para compartir al igual que los pericos hacen entre ellos. Como remedio a su insociabilidad, habían inventado el dinero.

En ocasiones los pericos son egoístas, pero es más por travesura que verdadero egoísmo. Cuando un pajarillo encuentra algo valioso se pone tan contento, que toda la bandada se entera y él mismo invita a todos a compartir lo encontrado. Las reglas del dinero son completamente contradictorias con ese tipo de idiosincracias.

Aún así, presentía alguna potencial utilidad como forma de intercambio con otras especies. Si las riquezas servían como barrera que evita compartir cuando se considera contraproducente; bien podrían utilizarse como estrategia para evitar que las serpientes y otros indeseables entraran al Palacio de los Pericos. Analizándolo con más cuidado, sería bastante útil.

—Tengo muy claro que a ustedes los seres humanos les gusta el dinero. Me lo han explicado varias veces, pero todavía no entiendo bien para qué sirve.

—¿Te gustan las frutas y las semillas?. —La señora esbozó una sonrisa con la pregunta. Comenzaba a entrar en mayor confianza con la supermascota.

—Sí.

—Es algo que si se lo das a los humanos. Ellos te dan a cambio frutas, semillas o lo que quieras.

—¿Me regalarías un poco de ese dinero?

—El dinero no se regala. Tienes que trabajar, y entonces te lo dan.

—¿Ser un héroe es trabajo?

—Según lo que hagas. Si acumulas suficientes recompensas, tendrás derecho a llamarlo un trabajo mal pagado.

Con las pizarras de la policía, lo de convertirse en héroe se vislumbraba un poco más claro. No parecía muy complicado buscar las personas de las fotos. A los pericos les gustaba retozar con algunos juegos de escondidillas y esperaba que no fuera muy diferente.

Por supuesto, seguía lleno de dudas. Además, la solicitud del ángel era un amo; no se conformaría con un tablero repleto de autorizaciones AAC. Pero al menos podría utilizar la pizarra para darse a entender con su futuro dueño. Un método para ponerse de acuerdo debía ser una buena idea.

Terminó su plática con la señora preguntando por algunos de los sujetos retratados:

—¿Esta foto? —Le llamó la atención un individuo que parecía muchas cosas, pero no un delincuente. Hasta podría pasar por una buena persona.

—Le llaman el Amigo, desconozco el motivo. Que no te engañe su apariencia, ese hombre es muy peligroso. No es para ti ni para nadie. Lo ponen allí, para que el pueblo no reclame. Dicen que es amigo de los policías y de los políticos. No te metas con él.

De la anterior conversación el ave sacó muchas conclusiones útiles para sus planes futuros. La pizarra ofrecía una lista de personas que un Super Perico podía arrestar y ser considerado un héroe. Le pedían ignorar a un tal el Amigo, al que no le veía nada peculiar, excepto su cara de inocencia. Era mejor hacer caso en terrenos tan extraños y desconocidos.

Aprendió que se pagaba dinero a los héroes, y servía para que los humanos te den semillas, frutitas y toda clase de objetos raros, curiosos y probablemente entretenidos. Que aunque los pájaros tienen suficiente. ¿Los humanos no tienen suficiente? Había que trabajar para que te regalen las cosas.

Decidió no molestar más a la señora que ya le había dado suficientes explicaciones. A los pericos les encanta conversar, y no les molesta preguntar lo mismo todas las veces que fuera necesario. Con un poco de paciencia podría aprender bastante.

Así pasó todo su primer día en Egeria, entrevistando a los visitantes del parque y curioseando los alrededores de la pizarra. Cuando se encontraba solo, examinaba con sumo interés las numerosas fotos que se exhibían en el tablón policial. Encontró algunos AAC interesantes, aunque no entendía bien de lo que trataban.

Un tal Clonador de celulares, alias para uno de los antisociales buscados por la policía, fue uno de los primeros en captar su curiosidad de pajarillo. No entendía lo que tal cosa pudiera significar. Poseía algunas ideas incoherentes sobre el posible uso de los teléfonos en sus diferentes presentaciones.

Para satisfacer su curiosidad, interrogó a varios transeúntes. Las explicaciones superaban los escasos conocimientos del tema de Super Perico. Prometía ser un caso interesante. Pero sus entrevistados no sabían del tema, ni tampoco se tomaban la molestia de explicar lo poco que sabían.

Un muchacho de colegio fue el que detalló más sobre los delitos del tal Clonador de celulares. Robaba grandes cantidades de metálico con trucos que la policía apenas comenzaba a dilucidar. Aparentemente creaba clones casi perfectos de celulares honrados que colocaba estratégicamente en el mercado tecnológico. Estos clones imitaban durante años las marcas honradas sin que el usuario sospechará de ninguna falsificación. De un momento a otro se activaba un saqueo electrónico de las cuentas bancarias de sus víctimas. El celular falso actuaba como un ladrón intermediario en una cadena que se perdía en el extranjero.

La buena ave no entendió la mayor parte de tales explicaciones. Avanzó al menos en su comprensión sobre los teléfonos celulares. Quedaba claro su utilidad para hablar con otras personas, cuando no se siente interés en conversar con el perico que se tiene a la par.

—¿Cómo se arresta un Clonador de celulares?

—¡Ni la menor idea!, creo que hay que estudiar mucho -respondió el muchacho de colegio.

—¿No se le puede arrestar con un super picotazo doloroso?

—Tal vez, yo que sé… Pregúntale a un banquero.

Entre los carteles aparecía un delincuente con el curioso apodo de Avionetero. El ave conocía de avionetas, por haber volado varias veces cerca de ellas en competencias imaginarias. Retos que ganaba siempre desde que adquirió sus superpoderes, por lo que pronto había perdido interés.

El tal Avionetero abordaba los aviones de pasajeros desde su aeronave pirata. Bien armado arrebataba aquello que pudiera interesarle del equipaje de mano de los pasajeros y las bodegas internas. Una vez satisfecho de su pillería escapaba por aire embarcado en su nave filibustera.

Siendo el aire su medio natural, sintió un interés especial por este delincuente. Prometía ser más fácil de entender y muy del gusto de un perico con superpoderes. Así que el pajarito insistió varias veces entre los transeúntes para obtener información del caso y sobre instrucciones para su arresto. Pero los resultados fueron todavía más limitados que con el Clonador de celulares. Era evidente que los humanos ignoraban completamente el arte del vuelo y no podían comprender su fascinación por el mismo.

También le despertó interés el Amigo. El tipo que no se podía arrestar ni tocar. En ese punto existía un consenso general; al menos todos los caminantes invariablemente tenían algo que decir sobre él. El avecilla no alcanzaba a comprender porque publicaban una orden de arresto que intencionalmente no se debía cumplir.

Se formulaba a sí mismo, que un buen perico no venía a poner orden en el mundo humano. Ayudar a las personas en sus necesidades y luchar por el bien y la justicia, esa era su misión. Pero si encontraba un mundo humano funcionando al revés, así lo dejaría.

—Señor, quiero arrestar al hombre de la foto. —En esta ocasión señaló un AAC al azar.

El interpelado era un caballero que lucía un bigote bien cuidado, pero que resultaba algo ridículo por estar fuera de moda.

—¿Quieres ser policía aficionado? Pésima idea, esos pobres existen para callar las críticas a la policía, y para que los delincuentes maten a alguno. Sería una vergüenza para Egeria que no mataran a nadie, ¿no crees?. Me fumo este habano en honor a los aficionados que bien se lo merecen. —Empuñó un puro de confección artesanal y esperó varias bocanadas antes de continuar.

«No ingreses a la cooperativa, mi periquito. Te desgracias la vida por arrestar a uno, a ti te matan y te pagan una porquería. Luego el juez los suelta con cualquier pretexto. Pero si no me haces caso, como hizo mi buen e ilustre amigo Ryota, que en paz descanse. Pues olvida lo que dije y me quitó mi sombrero en tu honor».

—¿Qué es un policía aficionado? —preguntó nuestro héroe.

—Los civiles que arrestan a los AAC que aparecen en esta pizarra. Yo nunca he arrestado a nadie, entonces no lo soy. Si tu arrestas a alguien, con recompensa o no; y además te gusta el apelativo, entonces sos policía aficionado. ¿Entendiste?

—¿Y cómo se arresta a un AAC?

—¡Olvídalo…! Pregunta a la policía, ellos tienen lecciones para aficionados. Si tanto te gusta atrapar antisociales, mejor tomas el currículum completo y te vuelves profesional. Siempre que veo a uno con las ideas de Ryota, aconsejo lo mismo. —El hombre del bigote curioso cerró los ojos. Recordaba una conversación semejante que había tenido con su amigo ya muerto.

«¡Hombre no seas necio!, vuélvete profesional. —Intentaba recordar las palabras exactas aunque sin éxito—. Son siete años de entrenamiento más uno de tránsito. Es mucho esfuerzo, pero vale la pena y es gratis. Es la alternativa inteligente si te interesa tener familia como Dios manda.

«Si haces lo contrario, dicen que se consigue vivir; pero siempre al día… ¿Sabías que Haram es el único país del mundo en el que le dan comida gratis a los policías aficionados con más de tres capturas? Lo paga el gobierno en exclusivo para los miembros en ejercicio de la cooperativa. Ni siquiera los profesionales tienen derecho a comida gratis, aunque ellos si ganan su buen metálico. Creo que el reglamento exige AAC para los tres casos. Si te dedicas a eso como rutina, no debería ser un inconveniente».

Super Perico permaneció en las cercanías de la fuente todo el día. Estaba contento con su progreso, así que resolvió visitar otra pizarra a la mañana siguiente. Esperaba que su búsqueda rindiera frutos tarde que temprano. Algún transeúnte leería las pizarras por razones diferentes a la curiosidad.

Cuando se acercaba el ocaso, decidió por fin marcharse del lugar. Sin embargo, solo por experimento decidió, antes de partir, probar una nueva redacción para sus interrogatorios.

—Disculpe señora. Le parecerá una pregunta extraña… Si usted eligiera arrestar a alguna de esas personas en la pizarra, a quién arrestaría de primero. —En esta ocasión hablaba con una ancianita curiosa por leer las recompensas.

—Por supuesto que a nadie. No me interesa que maten a ninguno de mis parientes.

—¿Y si estuviera totalmente segura que no se muere ni usted ni nadie?

—Si estuviera totalmente segura que todo sale como en las películas… Pues en ese caso, lo dice todo el mundo, al que hay que arrestar es al Amigo.


Octavo movimiento: Comisaría

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—¿Dónde puedo hablar con la policía? —Al despertar la mañana siguiente, Super Perico cambió sus planes. En vez de conversar con los curiosos de las pizarras donde publicaban los AAC, iría directamente a la comisaría.

Según le habían explicado, el gobierno ofrecía entrenamiento tanto para policías aficionados como profesionales, acompañados con clases formales. No creía que tomar una carrera fuera lo que le pidiera el ángel. Solo habían conversado sobre conseguir un amo y guía para sus aventuras. Pero quizá ese era precisamente el problema.

Aunque las opiniones estaban divididas, los humanos parecían preferir a los llamados profesionales. Ellos pasaban años y años estudiando libros con duros entrenamientos, lo que generaba un fuerte ascendiente en la población.

Tal vez, conseguir título de profesional le abriría las puertas que hasta ahora habían permanecido cerradas. ¿Entregarían títulos a los super animales?

Rápidamente encontró el edificio que llamaban comisaría. Adentro habían varios de estos policías profesionales con su característico uniforme azul. Un traje similar en color al de los jóvenes de secundaria, pero completamente diferentes por la mayoría de edad, el sombrero y una plétora de detalles elegantes, reglamentarios o no.

—Quiero hablar con un policía —pidió el ave, luego de una breve presentación.

Todos estaban muy ocupados. Luego de una corta espera lo pasaron adelante con uno que parecía ser el jefe, le llamaban sargento Joel.

La apariencia del superior destacaba por sus curiosas gafas, que cubrían bastante más que sus ojos y unos guantes negros. Era el único policía con estos aditamentos que utilizaba por gusto. Su rostro formaba un marcado triángulo invertido. No parecía muy fuerte pero algo en su apariencia hacía pensar en un hombre bien entrenado.

—¿Te haces llamar Super Perico?, ¿en qué te podemos servir?

—Quiero que algún policía me explique como arrestar a este señor. —Enseñó un cartel AAC para el Amigo que había arrancado en las cercanías.

El sargento tomó la solicitud con buen humor. Decidió disfrutar del momento, así que llamó a Simón, el policía de menor puntaje de la estación; solo para que sirviera de testigo y cómplice de una situación que consideraba absurda pero que podría servirles como entretenimiento.

—Los AAC no se arrancan de la pizarra, es un delito. Les tomas fotografías.

—No entiendo, ¿para qué sirven esas fotografías?

—Olvidémoslo por ahora. Pero en vez de arrancarlos, habla con cualquier policía y él te conseguirá un pasquín o lo que necesites.

—Para eso me tienen a mi —interrumpió Simón—. Para que pegue los carteles que todo el mundo quita sin respeto a la autoridad. ¿Puedo ir a sustituir el cartel hurtado?

—¿Otra vez quieres vagabundear? ¡No digas tonterías!

Estaban los guardias muy entretenidos entrevistando a nuestro buen perico. Intencionalmente evitaban cualquier progreso, pues no les interesaba. Ante una inesperada llamada de emergencia, se marcharon tanto el oficial Joel como Simón.

Ambos salieron de la comisaría con otros integrantes de la cuadrilla. Se ausentaron por dos horas, abandonando a un perico que todavía no sentía ningún avance importante. Pero a nuestra ave le habían dicho que esperara. Muy obediente, como era su costumbre, permaneció allí completamente sola en la oficina, decidida a esperar todo el día si fuera necesario.

Como el periquito se sentía algo aburrido, curioseó lo que supuso estaba permitido tocar. Dadas las circunstancias no debía ser mucho. Ya había comprendido que a los humanos no les gusta que les abran sus gavetas y armarios sin su permiso. No abrió por tanto las gavetas ni los muebles cerrados del sargento, aunque lo hubiera hecho si fuera su gusto.

Los policías regresaron en dos horas luego de atender la emergencia. Creyeron que el ave ya se habría marchado. Mas al encontrarlo, con pretextos de seguir la agenda, lo hicieran esperar otra hora más por el almuerzo.

Finalmente, los dos oficiales retomaron la conversación con Super Perico. Se miraron como si estuvieran planeando algo divertido. Pero luego de un par de muecas que el ave no entendía, cambiaron de planes y ambos tomaron una expresión de fastidio.

—Me temo que no te podemos ayudar a arrestar al Amigo. Como has apreciado tenemos verdaderas emergencias que atender. Búscate a un policía aficionado para esa misión. Para eso sirven los carteles. Solicitamos un poco de ayuda a la ciudadanía. Conseguimos la seguridad y la paz gracias a la colaboración de todos los habitantes de Haram.

Pero Super Perico en esta ocasión estaba decidido a insistir e insistir hasta el cansancio. Resolución que había tomado en sus horas de soledad en la oficina. Estaba preocupado porque los ángeles de las bandadas quizá estuvieran perdiendo la paciencia con él. Pues había invertido varios meses en una búsqueda todavía infructuosa.

—¿No pueden tan siquiera darme una pista? ¡Por favor!

—Pista si podemos darles, mi sargento. Recuerde los reglamentos —interrumpió Simón.

—Es verdad. Si un aficionado pide información sobre un cartel, algo hay que darle. ¿Perteneces a la Cooperativa de ahorro de los policías aficionados?

—No.

—¡Excelente!, eso nos da derecho a darte información según nuestro propio criterio. ¿Qué te parece oficial Simón si…? —Con una seña le hizo recordar a su subalterno algún plan descartado.

—Habíamos acordado que era mala idea. Puede ser peligroso, pero si no se sale de control ya sabe usted que me resulta divertido —respondió el aludido con una sonrisita cómplice.

—Pues ahora mismo alisto el escenario para la obra.

El sargento salió de la habitación. Mientras el oficial Simón, que no decía nada, estaba preso de una fuerte emoción. Visiblemente estaba nervioso por algo, pero su expresión era una mezcla de burla y miedo indescifrable. La espera duró otra media hora.

Al regresar fue directo al grano. Le espetó a nuestro héroe una pregunta completamente inesperada:

—¿Tomas cerveza Super Perico? El Amigo nos ha invitado a los tres a almorzar, pero tenemos la duda si será de tu gusto.

—¿El Amigo nos ha invitado a almorzar? Pero si lo vamos a arrestar… -exclamó el héroe completamente sorprendido.

—No lo vamos a arrestar. Tú lo vas a arrestar, que es diferente. El es un tipo muy simpático si lo sabes tratar bien, como a él le gusta. ¿Tomas cerveza?

—Adivino el menú, ¿no es perico? —preguntó Simón por burla.

—No hay necesidad de asustar a nadie. Nos han asegurado un buen trato, si lo tomamos con buen ánimo y espíritu alegre. ¿Qué le respondo al Amigo, tomas cerveza?

—Nunca lo he hecho. ¿Cree usted que a Dios le moleste que un perico tome cerveza?

—No veo porque habría de importarle.

—¿Ustedes van a tomar cerveza?

—El almuerzo será dentro de nuestro horario de servicio. Además, podría decirse que estamos escoltando a un policía aficionado. En tales circunstancias tenemos prohibido tomar bebidas alcohólicas.

—Pues si los policías no pueden tomar licor. Por sentido perico, los héroes tampoco.


Noveno movimiento: Filosofía

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A la semana siguiente, nuestro héroe y dos oficiales de la comisaría fueron a arrestar al delincuente apodado el Amigo, a su morada en las cercanías de Egeria. La residencia era claramente visible desde el centro de la ciudad. Estaba ubicada en una ladera, paradero inconfundible como el más grande a la vista. Super Perico hubiera preferido llegar por su propia cuenta, pero el sargento Joel insistió en llevarlo a bordo de un carro oficial de la policía. Así lo había solicitado el mismo delincuente. Según lo acordado, se les esperaría para un delicioso almuerzo.

Al ingresar en la propiedad, a un cuarto de legua de cualquier casa de habitación, tuvieron que aceptar una escolta adicional de cuatro vehículos. Sus nuevos acompañantes estaban al servicio de la Hacienda Amadi, nombre con que el propietario había bautizado su lujosa y amplia construcción.

En el interior del transporte oficial, Joel y Super Perico repasaban su acuerdo una vez más.

—Nosotros no vamos a ayudarte en nada. El arresto es cuenta tuya. Se lo prometimos al Amigo como condición para que aceptara recibirnos con su amabilidad habitual. —Luego de un respiro, preguntó fuerte y claro: —¿Entiendes claramente que ni mi compañero Simón ni yo te vamos a ayudar?

—Lo entiendo, pero necesito que alguien me explique como realizar un arresto. Todavía no me siento seguro sobre lo que hay que hacer.

—No te vamos a explicar nada. Debiste averiguarlo antes de venir aquí.

—¿Por qué no me ayudan? —No entendía el ave, como un policía podía razonar de tal manera.

—Un arresto es asunto muy peligroso, pero tu insistes en que sí puedes. Para hacerlo imposible, ni más ni menos decides arrestar al Amigo como tu primer caso. Pues te traemos aquí para ver la función.

—¡Yo sí puedo! tengo superpoderes. Solo necesito que alguien me explique.

—Pues no seré yo.

—Ni yo tampoco —advirtió Simón, que estaba en concierto con el sargento para no intervenir en ayuda del perico.

El hogar del delincuente era todo un residencial. Las casas parecían pequeños edificios, pero bien elegantes. La construcción más fea y de peor apariencia resultó ser una pequeña refinería ilegal de combustible y asfalto. La edificación arruinaba el hermoso espectáculo que impresionaba a todos los visitantes sin importar su moral ni bando.

¿Un estadio personal de futbol? No era una simple cancha, sino un estadio pequeño como para un colegio completo. Sus señas indicaban que era utilizado rutinariamente.

Surgió un problema con los guardias de seguridad porque los oficiales venían armados y esto contradecía los reglamentos internos para las visitas. Con una llamada a los superiores se aclaró que el Amigo había autorizado el uso de armas durante el almuerzo.

Los hicieron pasar a una extraña sala. Parecía una especie de congreso político como para unas veinte personas. La decoración indicaba que los usuarios del salón en vez de tomar decisiones se dedicaban al placer de comer. Acaso cambiarían el amueblado acorde con el uso.

Encontraron a unas cinco personas sentadas y otras tantas de pie. Los hombres de pie probablemente actuarían como guardias de seguridad para el encuentro. Por los platos servidos faltarían unos tres comensales, además, quizá algún guardián y alguno que otro mesero.

El Amigo no se hizo esperar demasiado, y pasó a saludar a todos los invitados efusivamente. Era claro que trataba de romper el hielo, lo que para sorpresa de Super Perico lo consiguió en cuestión de segundos.

—¡Mi querido Super Perico!, que placer verte. ¿Quieres ser mi amigo, verdad?

Casi instantáneamente y contra su voluntad el ave no pudo evitar sonreír a tan amable delincuente. Pese a sus intenciones de mantener una actitud completamente seria y formal.

—Encantado de conocerlo. —¿Estaría mal estar encantado de conocer a un delincuente? Sospechaba que había cometido un error, así que espetó está pregunta: —¿Se puede ser amigo de la persona a la que vas a arrestar?

—Sí, pero con la condición que esa persona te demuestre su inocencia. —Todos en el salón observaron intranquilos al Amigo y esperaban su reacción. La mayoría estaba dispuesta a obedecer casi cualquier orden.

Mas el bandido actuó como si hubiera escuchado una simple broma entre compañeros, luego continuó:

—He organizado este banquete en tu honor. Además, de muchas sorpresas que ya verás por ti mismo. Contraté a un grupo de expertos biólogos y chefs, para que crearan un plato sumamente especial para nuestro querido Super Perico. Les pedí un platillo que halague completamente tus sentidos. Insistí que no me interesa lo que llaman comida saludable. Mi deseo es dejarte encantado por su sabor exquisito. ¿Supongo que no te molestará que haya dado mayor importancia a lo exquisito que a la salud?

—No me molesta probar algo delicioso.

—Pues hubiera quedado más delicioso si permitieras el uso de bebidas alcohólicas y otros placeres. Pero el sargento Joel me advirtió que estás en servicio y no me lo vas a permitir. ¡Una verdadera lástima!, así sería más fácil convencerte de mi inocencia.

—La cerveza es muy convincente —asintieron tanto Joel como Simón con una sonrisa siniestra.

—No entiendo como una persona tan flaca como usted, puede comer un banquete tan abundante —consultó Super Perico.

El Amigo era un hombre de unos cuarenta años excesivamente flaco. Un deportista ectomorfo especializado en el futbol; aunque por su altura se decía que le hubiera ido mejor en el baloncesto. Piel pálida y escasa cabellera con señales de calvicie. Una persona amistosa indiscutiblemente, pese a una inmoralidad harto conocida que sabía esconder cuando quería con habilidad de actor profesional.

—No creas que como banquetes todos los días. —Sonrió para sí mismo con amabilidad.— Estas delicias las he preparado especialmente para mi amigo Super Perico. Además, no es mentira que hago mucho ejercicio que complemento con tres partidos de futbol semanales. ¿Cierto o no mis leales camaradas?

Tomó la palabra uno de los asistentes en el ala izquierda a los invitados, que pertenecía al grupo principal de compañeros de juego del propietario.

—Posee una habilidad tan extraordinaria que gana siempre todos los encuentros. Es el único que consigue anotar, y con su rapidez excepcional arrebata el balón a todos los contrincantes. Si juegas contra él en el equipo rival, estarás seguro de tu derrota.

—Aquí entre nosotros, periquito. Sé que mis amigos se dejan ganar. Comprendo que lo hacen por lo mucho que me quieren y por honrar nuestra auténtica amistad, así que los he perdonado de todo corazón.

A Super Perico con sus superpoderes, no le parecía tan extraordinario que alguien pudiera ganar siempre. Aunque por experiencia sabía que tanta habilidad podría generar algunos inconvenientes entre sus amistades.

En vez de indisponerse contra el Amigo, pudo identificarse fácilmente con tan curiosa situación. El delincuente quizá aspiraba a encontrar a alguien que fuera capaz de derrotarlo honradamente. El perico estaba más que dispuesto a ofrecerse para el experimento, aunque desconociera completamente las reglas del futbol.

Pero no fue necesario, el hombre parecía más que satisfecho con su invicto artificial y exagerado.

—Cuando joven intentó carrera de futbolista profesional. Pero lo calumniaron de tramposo. Eso arruinó su futuro en el deporte —explicó el mismo comensal que lo adulara anteriormente.

El ave razonó que con la reputación del hombre que tenía por delante; el título de tramposo no serían calumnias, sino la pura verdad. No había razón para perder tiempo en averiguaciones.

—¿Por qué no les pides que jueguen honestamente en vez de dejarte ganar?

—Sospecho que lo hacen por complacer mi filosofía.

—¿Tu filosofía?. —Para el héroe, la palabra filosofía inspiraba respeto. Representaba un saber extraño, propio de los sabios. Estaba lleno de curiosidad.

—Siempre he dicho que los verdaderos amigos son los que te ayudan en las trampas. Ellos te defienden cuando la gente envidiosa tergiversa tus intenciones. Si es necesario, mienten por ti. También hacen cosas un poco absurdas, como hacer trampa para dejarme ganar. Es impresionante lo que se puede conseguir por dar honor a una amistad.

—Pero hacer trampa es malo. Es de pericos odiosos.

—Definitivamente tienes un concepto equivocado de las trampas. Imagina un día espléndido en que todos los habitantes de Haram fueran mis amigos. Y en nombre de nuestra amistad se pusieran de acuerdo para hacer trampa y dejarme ganar. ¿No crees que ese mismo día yo sería el hombre más poderoso del país?

—No te entiendo.

—Si todo el mundo hiciera trampa a mi favor. Podría jugar solito sin ningún temor a un lado de la cancha y todo el país jugar en el otro equipo. Aún así yo ganaría el partido de futbol gracias al poder de nuestra amistad. ¿No te parece la proeza de un hombre realmente extraordinario?

—Ganarle a todo el país un partido de futbol. Pues sí que se necesita ser extraordinario.

—¡La amistad es poder! Es lo que intentó hacerte entender. La amistad es más importante que unos tontos pecadillos que desaparecen y se olvidan.

Dejaron la discusión de la tal filosofía. El héroe se sentía un poco mareado por un concepto de la amistad muy diferente al de los pericos.

El anfitrión no insistió y pasaron entonces al almuerzo. Tal como había asegurado, fue una experiencia sumamente agradable.

La palabra exquisito quedo corta en el paladar de un periquito que nunca jamás había probado comida tan sabrosa. Definitivamente los asesores sabían lo que hacían en asuntos de halagar los sentidos. Para sus adentros no había duda que aquella casa, era el mejor restaurante para pericos que había conocido en toda su vida.

—¿Qué te pareció la comida?

—Tenía usted razón, está realmente exquisita —respondió el ave con sinceridad y sumamente emocionado.

—¿Puedes creer que una persona culpable pueda preparar un platillo tan delicioso?

—No tiene nada que ver. —No entendía por que el Amigo hablaba en forma tan extraña. Tenía la sensación que hablaba algo y pretendía decir otra cosa. Le molestaba mucho tal forma enrevesada de conversar. Su madre siempre le había enseñado que un perico bien educado debe decir y dar a entender lo mismo que dice.

—Tienes razón en que la comida y la culpabilidad no tienen nada que ver. Tendré que intentar un argumento más convincente.

«El platillo estaba tan delicioso que de buena gana lo declararía inocente», pensó el héroe para sus adentros. Si lo declaraban culpable perdería la amistad y el restaurante más delicioso de la región. Pero la verdad es la verdad, no había ninguna lógica que ligara la buena comida con los delitos en el AAC.

—Usted afirma que es inocente. Pero me dijeron que el edificio de allá es una fábrica clandestina de combustible y asfalto.

—¡Por favor periquito! Todo el mundo en Haram tiene algún pecado. La inocencia y la culpabilidad son puntos de vista que se deciden por el poder de la amistad. Tus amigos son los que te convierten en inocente o culpable ante la sociedad. Dime un inocente, y yo contrataré un ejército de detectives y abogados que demostrará su culpabilidad. Nadie es perfecto. En nombre de la filosofía, te reto a pronunciar el nombre de una persona honesta y te juro que lo llevaré a prisión. ¿Aceptarías el reto de darme el nombre de uno de tus supuestos amigos inocentes?


Décimo movimiento: No comprendo

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El Amigo le había solicitado a nuestro héroe el nombre de algún inocente. Según él, quería demostrar que todos los humanos son culpables. Y para mayor intimidación, juró llevar a ese inocente a prisión.

Super Perico imaginaba que la buena señora que había confeccionado sus trajes no podría ser encerrada con ningún cargo importante. Pero cuando iba a responder, un mal presentimiento le hizo sentirse culpable. Sospechó que responder abiertamente lo convertiría en una de esas aves malévolas que cometen actos poco honorables.

«¿Y qué si decía la verdad?, que sus abogados pueden llevar a la reclusión a cualquier habitante de Haram. Acaso no dicen los pericos, que molestando cualquier ave te saca la sangre…» Así que resolvió no poner en problemas a sus amigos.

—Si pretendes llevarlos a la cárcel, mejor no te nombro a nadie —respondió luego de varios titubeos. Si tanto le gustaba imaginarse que todo el mundo es un delincuente. Lo mejor sería permitir que se engañara solo.

—Yo tengo exactamente el mismo problema, no quiero que mis amigos vayan a prisión. Es un lugar horrible. Siempre he dicho que poco importa una pregunta incómoda si logro salvar el pan de cada día de mi personal. —El rostro del Amigo tomó una expresión de inocencia bastante convincente—. Las personas timoratas y escrupulosas no comprende que el combustible ilegal sirve para que los pobres puedan llevar a los niños a la escuela. Da igual si lo venden más barato, como cuando mis intermediarios se quedan con la ganancia. No te imaginas cuantas madres me han agradecido los ahorros que han podido hacer. ¿Sabes en que usan los ahorros que consiguen gracias a nosotros? En comprar medicinas para sus hijos enfermos. La culpabilidad es cuestión de puntos de vista.

—No me convences —insistió Super Perico—. Además, el cartel AAC habla de toda clase de delitos horribles. Y la gente del parque decía que lo peor ni siquiera se publica.

—Si no lo publican es porque son inventos. Y lo que sí se publica, son calumnias. La gente es envidiosa y al verme con tanto dinero, toman algunos pecadillos que luego multiplican con saña y alevosía. Me reconozco pecador como todo ser humano normal. Un convencido que cree que el libre comercio debería ser todavía más libre, para que el mundo funcione mejor. Y si acaso no funcionara mejor, te garantizo que será más divertido… Pero la gente comienza a inventar cosas horribles de mi persona. ¿Qué puedo hacer yo contra tanta mala fe?, mis valores atan mis manos contra tanta maldad hacia mi buena reputación.

Cuando por fin terminaron la comida, el Amigo ordenó que retiraran los sobrantes, que era la mayoría de los deliciosos platillos. Se acomodó al centro del salón junto con dos acompañantes.

A su señal, algunos hombres trajeron un curioso mueble circular de mucha elegancia; probablemente los mismos que hicieron de meseros aunque con una ropa diferente. Sobre el mueble apiñaron un generoso montón de semillas y frutas; junto con toda clase de artesanías extrañas.

Uno de ellos colocó un exótico collar de jade, pero otro lo obligó a cambiarlo de lugar. Lo mismo se repitió en varias ocasiones con otras piezas de una colección que crecía al centro de la habitación. Revisaban constantemente unos papeles.

Con una mirada curiosa, el perico logró descubrir fotografías de algún modelo que los empleados intentaban recrear con esmero. No había terminado el desfile de objetos curiosos, cuando el ave, que ardía en curiosidad, interrumpió con una pregunta.

—Podrían explicarme para qué son esos objetos extraños.

—Son curiosidades que encargué especialmente para ti. Es un regalo para convencerte de mis buenas intenciones. Lastimosamente, no logramos averiguar mucho de tus gustos. Concluimos que tu llegada a Egeria es bastante reciente. Mis asesores se han esforzado mucho, e hicieron lo que estuvo a su alcance por complacerte. ¿Qué opinas? Este de aquí es una réplica de un árbol en un oasis en una mezcla de material de corcho y bambú al cincuenta por ciento. Un biólogo me ha asegurado que le ha encantado a los loritos del zoológico. Si yo fuera perico creo que me gustaría. Pude notar en tu mirada que ya notaste el collar de jade. Estas de colores, son frutillas exóticas para pericos internacionales.

El Amigo revisó el mueble circular esperando encontrar una lista de los artículos. Sus ayudantes no disponían de tal lista en ese momento, pero le entregaron una copia de la fotografía. La imagen era de poca ayuda, puesto que tenía la colección a la vista.

—¿Alguno de estos artículos es dinero? —Super Perico aprovechaba la oportunidad para intentar satisfacer uno de sus antojos—. Le pedí a una señora que me regalara monedas, pero dijo que para que te den dinero, es necesario trabajar.

—¿Te gusta el dinero? Haberlo dicho antes… Puedes estar seguro que te mintieron, no es necesario trabajar para que te lo regalen. Los amigos dan por amor. El poder de la amistad es más que suficiente.

Todos en la sala, encontraron la escena muy divertida. No pudiendo contenerse, comenzaron a reír a carcajadas. Luego de tan curioso almuerzo, el Amigo estaba en su momento de mejor humor. Dirigió en todas direcciones una mirada de inteligencia y complicidad; que al instante, fue entendida por la mayoría.

—Traigan dinero —ordenó a los demás.

—¿Desea que preparemos algún documento a favor de Super Perico? —consultó uno de sus dos acompañantes principales en el centro del salón, quién asumiría los trámites necesarios.

—No creo que entienda bien de papeles. Mejor le apostamos al tamaño. Imagina algo grande, que use mucho espacio. ¡Y que sea rápido!

—En media hora le prepararemos un enorme cajón con dinero. Las monedas serán de baja denominación, saldrá mucho más barato que los papeles —murmuró en voz baja, casi al oído.

Ante la prisa, el cajón no fue tan grande como se pretendió inicialmente. Pero en pocos minutos tuvieron listo un cofre, como del tamaño de una silla y lleno de monedas. Cuidaron que quedara completamente repleto al ras. El diligente empleado trataba de impresionar, aunque sin dejar de intentar economías.

Se lo entregaron al avecilla, que quedó sumamente complacida. Se sentía como un polluelo que encontrara gusto con una campanita nueva. No pudo contenerse y muy divertida jugueteó con las moneditas. «Un hombre tan generoso no puede ser tan malo», pensó para sí misma.

—¿Qué tengo que hacer para que me regales este dinero?

—Absolutamente nada. Los amigos damos sin pedir que se devuelvan los favores. ¿Crees que una mala persona te daría metálico a cambio de nada?

—Me explicaron que las personas dan dinero a cambio de trabajo. Pero tu, por el contrario, me lo regalas sin pedirme nada. Me convenzo que eres una buena persona. Es más, me has caído simpatiquísimo. He comenzado a creer que de verdad te calumniaron.

Super Perico estaba de lo más contento. Había venido a arrestar a un delincuente, y resultó todo lo contrario. Había encontrado una nueva amistad, y ¡qué amistad! Una completamente espléndida que se esmeraba en complacer hasta sus caprichos infantiles.

—Antes que sigas regalándome, hay algo que quiero pedirte. —El ave se sentía culpable y algo abrumado, ante tanto favor y regalo gratuito.

—¿Qué deseas? pídeme lo que quieras. Si está disponible, pues también te lo damos.

—Te pido que me solicites un favor. Temo que estoy abusando de tu amistad. Me han enseñado que un perico bien educado no debe abusar. Lo correcto entonces, es insistir en que me permitas corresponder de alguna forma ante tanta generosidad.

—Si insistes y con la condición que sea tu sincero deseo —respondió el delincuente, en medio de unos comensales que presenciaban la escena sumamente entretenidos—, ¿insistes en que yo te pida algo?

—Sí, insisto —la supermascota estaba decidida. A su manera, intentaba ser bien educada.

La espera duró como un minuto, mientras el Amigo fingía que reflexionaba en su interior. Pero el bandido bien que sabía desde un principio lo que pensaba pedir.

—Este es mi deseo: te pido que te comportes como un amigo mío de verdad. Que le digas a la gente que me calumniaron. Que me defiendas de las malas personas. Te advierto que no todos son calumniadores, muchos simplemente fueron engañados. Necesito que me protejas de tantas mentiras que circulan en el mundo manchando mi buen hombre. ¿Crees que le pido demasiado a la verdadera amistad?

—Tu petición es muy razonable. Poco a cambio de tanto regalo bonito y divertido como me has dado. Desde hoy te defenderé delante de las malas personas que te calumnian. Me esforzaré por hacerles comprender lo generoso y espléndido que eres.

—Entonces, ¿me declaras inocente?

—Te declaro inocente —confirmó el periquito muy complacido y alegre. Ambos estrecharon sus manos y alitas efusivamente en señal de su nueva amistad.

Pero sucedió entonces que el rostro de Super Perico palideció como si estuviera terriblemente asustado. Evidentemente, una fuerza intensa combatía en su interior. Apenas podía contenerse, daba claras muestras de entrar en pánico en cualquier momento.

—¡Pero amigo mío! No comprendo tu actitud. Aquí todos te apreciamos por tu valía y queremos tu bien. ¿Por qué pones esa cara de asustado? —le interrogó el delincuente.

—Creo que mi ángel está enojado conmigo. No entiendo el motivo… He perdido mis poderes. ¿Alguno de ustedes podría explicarme porque Dios me ha castigado?

—Pero si es muy obvio… —se rió el sargento Joel. No terminó la frase ante la presión inquisidora de algunas pistolas que comenzaban a aparecer, todavía disimuladas en su funda.

Nadie más en la sala continuó. Por unos momentos, un silencio sepulcral se apoderó de todos los presentes.

El mismo que había traído el cofre repleto de monedas, fue el siguiente en tomar la palabra. Se dirigió al dueño en doble sentido. Todavía no estaba claro en que terminaría la escena.

—¡El Amigo!, si vamos a aplicar el tratamiento especial, este es el momento.

—Pero si lo tengo todo bajo control—se opuso el dueño—, ¿qué más se puede pedir?

—¿Y si se equivoca? perderemos una oportunidad maravillosa. Mejor el tratamiento especial que arrepentirnos después.

Pero el ave, estaba muy asustada como para esperar a que los otros decidieran que hacer.

—Me voy inmediatamente a pedir perdón a los ángeles. —Resuelto a marcharse, consultó a los presentes—: ¿dónde los humanos acostumbran pedir disculpas a Dios?

—Desde aquella ventana busca el edificio más bonito en el bajo —le contestó el sargento Joel—. Es la Iglesia principal de Egeria. Allí es donde yo iría.

El Amigo no era hombre que se tomara mucho tiempo para idear una estrategia ante la duda. Dictó sus órdenes, con la redacción confusa que había caracterizado el momento:

—No puedo permitir que te vayas hasta estar completamente seguro de que somos amigos verdaderos. —Entonces se dirigió a sus subalternos—: impidan que Super Perico se retire hasta que haya entendido nuestras buenas intenciones. Pasen el aviso a todos.

—¡Perdón a Dios y perdón a los ángeles! —el pájaro decidió ignorarlos. Comenzó a suplicar para el cielo y para sí mismo.

Trató de escapar del salón por la fuerza, pero lo detuvieron fácilmente. Todavía trataban de fingir amabilidad, pues estaban indecisos sobre el trato correcto de dar al héroe. Era evidente, sin embargo, que lo forzaban contra su voluntad a permanecer dentro del edificio.

Por fortuna, debido a esa misma falsa amabilidad, no cuidaron de inmovilizar sus alas. Así que Super Perico al descubrir una celosía abierta, se escapó volando por el resquicio libre.

—Lo siento, les pido perdón por mi grosería. Necesito darme prisa para hacer las paces con Dios —gritó al abandonar la residencia; ya por fin libre para volar a sus anchas.


Undécimo movimiento: Penitencia para todos

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Si el policía aficionado responsable del arresto aceptara regalos, dinero o cualquier obsequio del condenado por una declaración oficial AAC, el arresto no podrá ser consolidado hasta pasadas 48 horas. Durante ese plazo el juez asignado revisará las pruebas y antecedentes, para resolver si procede reformular el AAC o si procede una investigación por soborno. Sin requisitos adicionales tendrá autoridad para privar del derecho civil al arresto autorizado, por un año la primera vez. A solicitud del sargento de la comisaría se podrá prohibir el abandono de la ciudad a los involucrados…

—No entiendo nada. —Nuestro héroe leía un párrafo de un reglamento de la policía que le enseñara su amigo Liam, el ermitaño y antiguo héroe que conocimos en movimientos anteriores de esta aventura.

Liam estaba completamente furioso. Tal furia era impropia para un hombre consagrado a la vida religiosa, aunque se tratare de un eremita voluntario y sin votos canónicos como en su caso. Pero si algo le molestaba a Liam, eran los sobornos. Los señalaba como uno de los principales enemigos de los héroes y de todo ciudadano interesado en la ley.

—¿Qué importancia tiene que se le prohiba al Amigo salir de la ciudad?

—No puede salir de la ciudad si al sargento le da la gana. Pero el sargento Joel es un corrupto, le permitirá hacer lo que le plazca.

—¿Y además quedaría acusado de soborno? ¿Tiene importancia?

—No, el Amigo no va a ser acusado de soborno. El acusado eres tu y además no podrás arrestar a nadie.

—¿Yo?

Le tomó tiempo al periquito entender que un superhéroe no podía decidir la inocencia o culpabilidad de un delincuente basado en regalos y obsequios. El soborno era un delito muy común en Haram y en crecimiento con la decadencia moral. Convertido en costumbre generalizada corrompía gravemente la sociedad y entorpecía la labor de la justicia.

No lo comprendía bien el ave. A su entender; los regalos son divertidos y muy del gusto de los periquitos buenos y amistosos. No había razón para discriminar a los malvados que también podían tener sus ratos buenos.

Liam tuvo la paciencia de instruirle con numerosos ejemplos. Muchos de ellos publicados, otros sacados de la experiencia o de buena fuente. Pero no fue fácil convencerlo del terrible daño que hacían estos regalos a la sociedad y a la justicia.

Aunque con alguna reserva, Super Perico le dio la razón sobre los motivos para tales prohibiciones y castigos legales. Quedó completamente convencido cuando Liam le mostró algunas pruebas bíblicas del desprecio al soborno desde tiempos antiguos.

Los pericos sentían un profundo respeto por la Biblia, el libro sagrado de los humanos, pues los ángeles habían aleccionado a las aves desde antiguo; que a los humanos también se les revelaban algunas verdades.

—¿Y ahora qué puedo hacer? —preguntó el ave.

—Según la costumbre en Haram, debemos hablar con tu mamá periquito para que te recete una dosis de picotazos.

—Yo ya soy adulto. Los pericos grandes, tenemos la madurez suficiente para elegir nuestra propia penitencia. Las aves pequeñas no lo hacen, por que debido a su ignorancia e inmadurez acostumbran elegir castigos excesivamente flojos o severos según su carácter.

—En ese caso, ¿cuál penitencia eliges?

—Iré de peregrinación a pie desde Egeria hasta la cima del monte donde acostumbran ayunar los pericos de la parvada. Quiero visitar a mi madre en el Palacio del los Pericos. Para un ave es un verdadero fastidio caminar largas distancias en vez de volar. Razón suficiente para que entre nosotros se considere una buena penitencia.

El palacio quedaba tan lejos de Egeria; que en honor a la verdad, la caminata sería considerada una penitencia excesiva para la mayoría de las especies de pájaros, incluyendo los pericos. Pero para un ave bien dotada como nuestro héroe, solo era un paseo largo e intencionalmente incómodo.

Super Perico no se rindió en sus intentos por capturar al Amigo. Luego de finalizar su castigo, estaba resuelto a no aceptar almuerzos, ni regalos, ni ningún otro truco. Lo arrestaría en la primera oportunidad que tuviera.

Liam le entregó un extracto del reglamento de la policía. Pero la mayoría resultaba de difícil comprensión al pajarillo.

Las referencias indicaban que el Amigo aunque considerado uno de los delincuentes más peligrosos; por sí mismo nunca golpeaba a nadie. Jamás utilizaba la violencia de forma personal con su propia mano; siempre estaba desarmado. Con estas condiciones, un policía aficionado no podría dispararle ni golpearlo.

El reglamento permitía amarrarlo o encerrarlo en una habitación por la fuerza, incluso aunque no opusiera ninguna resistencia. Una vez conseguido esto, tendría un plazo máximo de 24 horas para entregarlo a la policía, pasadas las cuales se cometería un delito de detención ilegal.

La Hacienda Amadi estaba en las laderas de la ciudad de Egeria. Ante el juez no existirían pretextos para alargar el plazo permitido por la ley. En las zonas aledañas a los pueblos quedaba descartado nombrar un representante temporal de la justicia.

Nuevamente consiguió que el sargento Joel y su inferior Simón arreglaran una cita con el Amigo. El delincuente no mostró la menor preocupación. Invitó a un almuerzo a los representantes de la justicia en las mismas condiciones. El héroe se opuso, insistió que lo arrestaría sin comer nada. Pero Joel y Simón afirmaron que almorzarían de todas formas con independencia de lo que sucediera.

—¿Entiendes que no te vamos a ayudar en nada? Todo el protocolo corre por cuenta tuya. Un arresto es muy peligroso. Tenemos familia que cuidar. No nos interesa morir por la negligencia y mala planificación de un aficionado con superpoderes.

—De acuerdo —respondió el ave muy resuelta a no corromperse con sobornos y consolidar el arresto.

La llegada a Hacienda Amadi; el encuentro con la escolta de la flotilla del propietario; el ingreso a la propiedad en espera del dueño, siguieron casi la misma rutina que en la última ocasión. Con una mínima diferencia: no se objetó la portación de armas por parte de los oficiales invitados, quienes ni siquiera fueron revisados.

El Amigo realizó su entrada, esta vez mucho menos efusiva que la precedente.

—Me has ofendido amigo periquito, pero te perdonaré si me das la oportunidad. Me han dicho que ni siquiera has aceptado el exquisito banquete que he preparado para ti con todo mi aprecio.

—Así es. Te declaro arrestado.

—¿Y cómo me arrestarás?

—Yo ya hice mi parte. Ahora te toca decir si aceptas o no el arresto.

—Lo acepto, pero primero cumpliré mi último deseo en libertad: un exquisito banquete entre amigos.

Super Perico estaba decidido a evitar más retrasos. Así que decidió arrojarse sobre el Amigo, y amarrarlo con lo primero que encontrara. Entendía que era permitido amarrar al AAC por la fuerza.

—¡Alto! —gritó el delincuente al ver las intenciones de nuestra ave —es un pecado desperdiciar tan costosa comida. ¡Tu ángel debería quitarte tus poderes!

—Eso lo decidirán en el cielo.

Uno de los presentes, el mismo que anteriormente había preparado el cofre de monedas y que obedecía directamente las órdenes del dueño, interrogó al ave:

—Super Perico, antes de proceder al tratamiento especial; hay un detalle con el que estamos interesadísimos. Te soy honesto; por mucho que lo hemos preguntado por todas partes, no hemos podido avanzar.

—¿Cuál es?

—El asunto es una simple travesura de curiosos admiradores de tu poder. Nos costó mucho dinero averiguarlo, pero parece que tienes un punto débil con las mentiras. Bueno, voy directo al grano. La tontería que queríamos saber: ¿las balas te hacen daño o no?


Duodécimo movimiento: No tentarás al Señor tu Dios

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¿Le harán daño las balas a Super Perico? El héroe no lo sabía. Contra sus oponentes en el reino animal, nunca se había sentido en verdadero peligro. Todo lo contrario, estaba acostumbrado a actuar como si fuera invulnerable. No tenía temor a sufrir daño ni mucho menos a una derrota aplastante.

Pero los rumores entre los pajaritos afirmaban la existencia de armas terribles entre la raza humana, probablemente invencibles para el reino natural. Las advertencias al respecto eran casi unánimes: un enfrentamiento directo contra el hombre sería su perdición.

—No sé si las balas me hacen daño —confesó el perico con ingenuidad infantil a los sirvientes del Amigo.

—Te invitamos a nuestro laboratorio para unos experimentos completamente inofensivos. —El empleado continuó con su extraño interrogatorio. Mientras los demás aguardaban indecisos, esperando alguna señal—. Por supuesto, gratis… Garantizamos un mejor servicio que el gobierno; sino es así, les devolvemos su dinero —repitió la última frase, como si recitara algún panfleto publicitario.

Dejó escapar una mueca por despecho, al percibir cierta contradicción. Tanteaba a la supermascota intentando conseguir algún progreso para sus fines. Pero el ave se opuso rotundamente:

—No creo que el ángel protector de mi bandada apruebe estos ensayos. Sé que no le agradaría que pusiera mi vida en peligro inútilmente.

—Te garantizamos tu completa seguridad.

—¡Qué no!

La discusión estaba pronta a estallar en forma abierta e irreversible. Finalmente, a una seña del Amigo, saltó la chispa. El auxiliar cambió de tono:

—Me ofrezco de voluntario para hacer el experimento. Lo haré yo mismo. Comencemos con el tratamiento alternativo de una vez.

El hombre terminó la frase empuñando su pistola. Sin más dilación disparó varios proyectiles desde su arma de fuego.

—¿¡Y qué!? ¿Le afectan las balas o no? No puedo ver si le has acertado —preguntó uno de los guardias que custodiaban la reunión.

—No le he acertado nada. Es demasiado rápido —explicó el tirador.

Así era, el periquito volaba y esquivaba las balas a tal velocidad, que ninguna le había acertado.

Super Perico, con todo y acrobacias, razonaba sobre la situación: si el ángel de la bandada le diera oportunidad, pensaba interrogarlo con muchas dudas acerca de sus superpoderes.

Su madre le había sugerido que esa ignorancia bien podría estarle salvando de toda clase de males. Quizá, Dios en su providencia, le habría ocultado intencionalmente algunos detalles por su propio bien.

Ignorar si las balaceras te hacen daño o no; ¿podría ser la mejor alternativa? No tenía mucho sentido, pero su corazón le susurraba que su madre perico tenía razón. Llamémosle una corazonada. Presentía que no saberlo era pedagogía divina.

¿Qué ocurriría si una bala impactara en Super Perico y no le hiciera daño?

«Si no me hace daño, pierdo la oportunidad de ser un ave más valiente y mejor entrenada».

Pero al no saberlo:

«Podría condenarme a muerte por no tomar las suficientes precauciones, por una duda mal calculada. O a comportarme con mayor cobardía de lo necesario».

La ignorancia en general es mala: no debía pues tener miedo a la verdad, ya fuera la vida o la destrucción.

Pero… tenía la oportunidad de encontrar en su corazón un tesoro, que podría ser mucho mayor si confiaba en el ángel de las bandadas.

«Que sea el ángel quien me diga si las balas me hacen daño o no. Puede que planee educarme como un héroe honorable, y ese honor será mi tesoro».

Fue la decisión definitiva a sus razonamientos sobre experimentar con balas:

«No dejaré que ningún otro haga experimentos, quiero que sea el ángel quién despeje mis dudas cuando así lo decida. A menos, que estos brutos me acierten antes con sus disparos».

Bien resuelto gritó a los presentes:

—¡He tomado la decisión de que no me acertarán con sus balas! No me ofrescáis más experimentos.

La decisión podrá parecer absurda a los lectores. Pero implicaba que renunciaba intencionalmente a conocer los límites de su verdadero poder, en nombre de su confianza en Dios y en los ángeles.

¿Una buena idea? No estaba seguro. Los humanos acostumbran decir que confiando en Dios no hay imposibles. Si el origen de su poder estaba relacionado con la confianza: ¿no provocaría el experimento un círculo vicioso? Como el experimento de volar sin plumas al borde de un abismo y esperar que Dios lo rescate…

Los delincuentes por su parte, también aprovechaban para sacar sus propias conclusiones:

—Si las esquivas es que si te hacen daño—afirmó el subalterno que inició el tiroteo. —Es absurdo tanto esfuerzo inútil.

—Si es verdad que le hacen daño las balas. En cuanto alguna acierte, será nuestro.

Pero el ave respondió:

—No sé si las balas puedan herirme. Pero no soy tan idiota para hacer un experimento tan inútil y peligroso. No creo que los ángeles lo aprueben.

Tres de los malhechores, los que presumían de mejor puntería, disparaban tranquila y abiertamente a nuestro periquito. Pero sin ningún éxito, no hubo manera que pudieran acertarle.

—Te opones al progreso de la ciencia de los super animales —se burló uno de los pistoleros.

El ave ya había perdido la paciencia. Decidió no malgastar más tiempo en parloteos temerarios y se arrojó a golpear decididamente a los hombres del Amigo.

Con gran habilidad evitó todas las balas. Comprendió que su zumbido era mortal y le asustaba. No le interesaba resolver las dudas de los demás. Sus enemigos no fueron capaces de igualar ni su velocidad ni sus fuertes golpes.

En pocos momentos, había tumbado a varios. Dominó fácilmente al primero que alcanzó. Lo arrojó al piso con gran fuerza, dejando al hombre adolorido y casi inútil para seguir peleando. Los otros dos que seguían con sus descargas, desesperaban de no atinar absolutamente nada. Era demasiado rápido y existía más probabilidad de acertar a alguno de sus aliados que a nuestro pajarito. Tal era su agilidad para esquivar los ataques.

Cuando los tres quedaron vencidos en el suelo, otros más se unieron a la escaramuza.

Sin embargo, estos relevos no alcanzaron a iniciar sus agresiones. El Amigo se dirigió a los presentes con la más completa tranquilidad. Actuaba como si estuviera anunciando el siguiente número en un espectáculo bien sincronizado:

—Estimados compañeros, siento un gran pesar por lo que parece un grave malentendido de mi apreciado amigo, Super Perico.

Ante sus palabras todos guardaron silencio. El delincuente esperó unos segundos para cerciorarse de la atención de los demás. Entonces continuó:

—Con mucho dolor en mi corazón, no tengo otra alternativa que invocar el poder de la amistad verdadera. Nuevamente les pido que demuestren su lealtad hacia mi.

El héroe se abstuvo de golpear a nadie más y lo mismo hicieron todos. Las palabras absurdas del Amigo, tuvieron el efecto inmediato de llevar la paz al salón, al menos temporalmente.

—No entiendo nada de lo que dices —admitió el ave.

—Si entendieras mis palabras, no te portarías tan salvajemente y con tanta furia injustificada. Pero te perdono con toda mi alma. Señores policías, con mucho dolor quiero solicitarles por el bien común y seguridad física de los presentes, que arresten a mi amigo Super Perico.

—Bajo qué cargos —preguntó el sargento Joel.

El Amigo respondió con su habilidad histriónica de siempre:

—Les preguntó a todos ustedes: ¿no es verdad que yo invite a almorzar a Super Perico? Este de mala manera ha rechazado mi amabilidad.

»Que yo he aceptado el arresto.

»Que sin motivo aparente (aunque me figuro cual pudo ser la causa) se ha puesto a golpear con furia incomprensible a tres buenos y respetables caballeros de Egeria. ¿Es cierto o no lo que estoy diciendo?

Los demás no se hicieron esperar para seguirle el juego:

—Completamente cierto —asintieron con absoluta hipocresía.

—Es la verdad… —agregó uno de los golpeados que apenas podía hablar del dolor.

Super Perico intentó razonar con ellos, aunque sus esfuerzos fueron inútiles:

—Si existe causa. Existe una AAC, o sea, una autorización de arresto —defendió el perico su comportamiento violento.

—¿Para arrestar a quién? —preguntó el oficial Simón.

—El Amigo.

—Pues estas golpeando a la persona equivocada —aseveró el oficial.

El patrón se puso a gesticular y dar aspavientos casi ininteligibles, con el objetivo de reforzar su interrupción:

—Por favor, señores policías. No le pidan a Super Perico que me golpee. Me temo que no soportaría los golpes y me podría matar con su furia incontrolable.

—Por supuesto que jamás le pediríamos tal cosa —aclaró el oficial.

Super Perico, no comprendía lo que ocurría delante de sus ojos. A su juicio el diálogo era completamente absurdo e incoherente. ¿Pretendían enredarlo con trabalenguas? No sabía que camino tomar.

—¡Por Dios y los ángeles! es que en Egeria tienen los humanos que dejarse matar. Le disparan a uno y no pueden hacer absolutamente nada —se quejó el héroe.

—No entiendo lo que dices —afirmó el sargento con evidente cinismo— ¿alguno de ustedes entiende lo que dice este pájaro loco?

—Yo no —le siguió Simón.

—Yo tampoco —asintieron los demás.

—Estos hombres me dispararon y por eso los he golpeado. —Super Perico se sentía mareado ante la extraña actitud de los demás, confuso miraba espantado hacia unos hombres que a sus ojos, se convertían en monstruos. Ya sabía que eran delincuentes, pero hasta ahora comenzaba a comprender el significado de la maldad.

—Yo no ví ningún disparo —se divertía ahora el Amigo inventando teorías—. Creo que alguno de ustedes estornudó, ¿alguien escuchó el estornudo?

—Fui yo el que estornudó, pero no creo que su sonido pudiera confundirse con un disparo.

—Mentirosos… bufones…. ruines malvados que mentís descaradamente —estalló en protestas el pajarillo.

Tomó la palabra uno de los pistoleros que ya se había recuperado. El mismo, que planteara inicialmente el supuesto experimento.

—Disculpen policías. Pero observo que este animal no se encuentra ni mínimamente despeinado. Si le hubieran disparado como asevera, debería tener alguna señal en su cuerpo.

—Es verdad —asintió el oficial Simón—. Me convenzo que este pájaro imagina e inventa cosas.

—Creo conocer la causa de su furia —el Amigo, muy divertido, continuaba inventando teorías.

—¿A qué supone se deba tanto enojo? —interrogó el sargento Joel.

—Se ha enterado Super Perico, que estos hombres normales compraban gasolina ilegal a un precio más barato a como lo vende el gobierno. Un delito que comete el 50% de la población. Le ha enfurecido ver como tanto delincuente permanece sin castigo y exponen su maldad con absoluta tranquilidad —expuso fingiendo el tono de voz, como si fuera su abogado defensor—. Ha tratado entonces de resolver el problema con sus propias alitas. Pienso que eso debe haberle enfurecido. Mi amigo Super Perico es un justiciero que ha enloquecido por tanta venta ilegal que corrompe y destruye nuestro país.

—Pero un pájaro no nos puede golpear por delito tan insignificante —defendió el pistolero, que ya le había encontrado el gusto a su propio cinismo.

—Les pido perdón en nombre de mi invitado. Su amor por la justicia, lo ha llevado a excederse —concluyó el Amigo su fingida defensa.

—¿Es eso verdad Super Perico? —preguntó el policía al ave. Decidido a llevar la peligrosa broma hasta el final.

—Por supuesto que no…, los he golpeado por que me atacaron con balas.

—¿Cuáles balas? Me temo que no existen pruebas de ninguna provocación ni del delincuente AAC, ni de los hombres que se encontraban presentes por casualidad. Tenemos que arrestarte.

El sargento Joel se acercó al héroe. En voz muy baja y cuidando que no pudiera ser escuchado por ningún otro. Le suplicó:

—Por favor periquito, por supuesto que todos estamos fingiendo. Te suplico que nos sigas la corriente. Tu eres super y puedes bailar en medio de un tiroteo. Pero nosotros no podemos seguir tu ritmo y moriremos asesinados. Si no quieres que nos maten, ten piedad por nuestras vidas y síguenos el juego.

—Yo no puedo mentir. Mi ángel me castigaría.

—No necesitas mentir. Solo tienes que aceptar el arresto y guardar silencio en adelante.

Sin esperar la respuesta del héroe. Joel con voz fuerte y clara se dirigió a todos los presentes:

—Super Perico me ha dicho que se declara inocente de las acusaciones que se le dirigen. Pero que como buen ciudadano cooperará con la policía y permitirá su arresto. ¿Permiten ustedes que nos retiremos para llevarlo a la comisaría?

—¿Es verdad que aceptas el arresto? —preguntó el Amigo dirigiéndose al héroe.

—Sí, acepto el arresto —respondió el periquito conteniendo su rabia.

—Siendo así, nos damos por satisfechos. Pueden retirarse en paz —terminó el Amigo sin perder ni un ápice su sobreactuado papel de bueno en su propio teatro.

Mas antes de abandonar el salón. Super Perico dirigió al delincuente unas últimas palabras:

—¿Por qué eres tan malo?

—Por que mis padres nunca me pegaron —respondió en broma.

—¿Y eso que tiene que ver? —interrumpió el oficial Simón.

—Si no te pegan, crees que tus padres no saben ser padres. Si pudieran decir la verdad: ¿a quién elegirá el que no le pegan? Habrá algún corazón que perdone y elija al que hizo lo que hizo…


Décimo tercer movimiento: Robo gigantesco

Versión en audio

En cuanto llegaron a la ciudad, los oficiales de policía dejaron marchar a Super Perico sin ni siquiera llevarlo a la comisaría.

—No te preocupes, todo el mundo sabe lo payaso que es el Amigo. Le seguimos la corriente en su cara; pero luego ignoramos sus absurdas peticiones a la policía.

—¿Puedo irme entonces? —preguntó el ave. En su imaginación temía que iba a pasar una larga temporada encarcelada por culpa de las mentiras de sus enemigos.

—En completa libertad. Todos estábamos mintiendo. Le tenemos miedo al Amigo, es la honesta verdad —explicó Joel luego de quitarle las esposas.

Pese a su permiso, el periquito estaba furioso. Los oficiales se esforzaban por convencerlo a rendirse. Según ellos se enfrentaba contra una organización formidable e invencible.

—Es necesario que te hagamos una advertencia: debes dejar de molestarlos… Si insistes en tu intento de arresto, ya no podremos fingir más y te arrestaremos en serio.

—¡Pero no es justo! —exclamó el perico. No entendía como en Haram podrían arrestar a un perico honesto, a sabiendas de que se le estaba calumniando y con tantos testigos haciendo el desentendido.

—Por supuesto que no es justo. El problema es que a algunos no nos interesa el suicidio.

—Pero tienen un AAC. ¿Algo debe decir la ley?

—Consigue más pruebas —sugirió Simón.

—No lo engañes—le interrumpió el sargento Joel negando con la cabeza—, sabes que las pruebas no serán suficientes. Haremos avioncitos de papel con tus argumentos. No tenemos alternativa. Es lo que hacemos o matan a tu familia.

—¿Y si les traigo al Amigo envuelto en papel para regalo?

—No habría diferencia, ya te expliqué que no nos interesa que nos maten. ¿Crees que el Amigo nunca ha estado en la comisaría? La conoce de memoria, mas no se va a quedar allí. Pierdes tu tiempo.

Pero Super Perico luego de su penitencia había reflexionado no darse por vencido tan fácilmente. Soportaron pacientemente que el ave los sermoneara durante horas y horas; tal vez ambos oficiales se sentían culpables por su traición y cobardía.

Los policías insistían que una simple comisaría no sería capaz de detener a un grupo tan poderoso y bien organizado. Sacrificarían vidas inútilmente. Estas organizaciones eran capaces de arruinar todas las investigaciones con una mísera llamada por teléfono.

Como el perico insistía, no sabiendo bien que decir; Joel propuso la intervención simultánea del ejército de Haram y el gobierno. Se necesitaba una operación a escala nacional que comprometiera a ambos sectores. No bastaba con uno solo de ellos. Pues según el sargento; el Amigo fácilmente escaparía sin un acuerdo conjunto.

Aunque no hubo ningún progreso, al final llegaron a un dudoso acuerdo:

—Te doy mi palabra de honor: que si arrestas al Amigo, y además; lo más complicado e importante, consigues el apoyo decidido del gobierno y del ejército. Entonces sí me pondré de tu parte y daré por consumado el arresto.

—¿Aunque te maten? —consultó Simón, no muy seguro de las intenciones del sargento. Con una maligna risa, imaginaba al ejército pidiendo ayuda a dos insignificantes oficiales en el escalafón.

—Gracias Simón, por aumentar el dramatismo. Pero sí, aunque me maten. Lo arrestaré…

—Yo también te apoyo. Pero eso sí, debajo de las enaguas del gobierno y los militares—se burló el oficial del trato—. Solo de esa forma puedo sentirme seguro y tranquilo.

Como producto de este curioso arreglo, Super Perico resolvió buscar al tal ejército de Haram. Si poco sabía de policías, mucho menos de ejércitos. Tenía toda clase de ideas confusas e incoherentes sobre lo que tal institución hacía.

Las opiniones sobre el ejército de Haram eran muy dispares: variaban entre los extremos de ser considerada una creación del mismo Satanás, hasta ser alabada como la verdadera libertadora y amante de la patria. No era raro que el periquito observara como una misma persona oscilaba entre ambos extremos en una misma conversación.

Resolvió consultar con todo el que pudiera. Especialmente, le interesaba la opinión de su amigo el ermitaño. No pasaron tres días, antes que lo visitara en su apartado retiro en las montañas.

Encontró a Liam sumido en sus oraciones. Habían acordado que siempre que viniera de visita, no se detuviera a esperar y lo interrumpiera en cuanto llegara. La alternativa, sería que el pobre periquito esperara varias horas hasta que el ermitaño decidiera finalizar sus rezos.

Con esta licencia, luego de los saludos, Super Perico expuso su asunto en forma bastante directa:

—Planeo ir con el ejército de Haram a pedir su ayuda.

—¿Qué planeas hacer? ¿Le vas a arrojar el ejército a la población civil?

—No lo sé, no entiendo nada. Creo que a mi plan le llaman reclutarse.

—¡Pésima idea! Sospecho que en el universo material solo existe un ejército bueno y noble, y es extraterrestre —dijo esto como si esperara alguna risa del periquito, pero este no reaccionó—. Puesto que lo que planeas es reclutarte, no te detengo. Nunca he comprendido como pueden existir mujeres que soliciten ingresar en el ejército. Pero definitivamente sí existen, y también periquitos.

—¿Le permiten a las mujeres reclutarse?

—No, solo pueden servir como colaboradoras.

—¿Y a los pericos?

—Sí, o así debería ser. Ellos tienen caballos, perros y palomas…

Era un poco tarde, así que aprovecharon para una cena frugal. Uno por ayuno y el otro por perico. Cuando era por gusto, ambos apenas comían lo necesario. Puesto que el ave venía por sermones, Liam, como hombre de religión no se hizo de rogar:

«Supongamos dos finales posibles para el Amigo. En el primer final; un héroe lo arresta a él y a sus secuaces. Consigue triunfalmente llevarlos a todos a prisión —Liam explicaba ambas situaciones hipotéticas pronunciando lento y claro cada palabra.

«En el segundo final; un héroe distinto le predica la palabra de Dios. Ocurre que su semilla da frutos y nuestro enemigo se convierte en buena persona, tanto él como toda su banda. Entonces el héroe, que como ya vimos, es ducho en el arte de convencer; solicita al presidente de Haram el perdón para el Amigo y sus secuaces. Así lo consigue y para admiración de todos, la banda destaca el resto de su vida por sus buenas acciones.

«Mi pregunta es: ¿cuál de los dos héroes hizo lo correcto?»

—Los dos hicieron lo correcto. Ambos merecen mi alabanza y admiración—respondió nuestro héroe sin titubear.

—¿Y cuál merece mayor mérito o eligió la mejor alternativa? —insistió Liam con sus extrañas preguntas.

—El que lo encerró en prisión —dudó por un momento, pero se decidió cuando recordó los peligrosos momentos que había sufrido los últimos días—. Pienso en todos los crímenes que se quedaron sin castigar. Es fácil perdonar lo que no te importa, pero hay una justicia que debe reinar. La justicia es también una dimensión muy importante del amor.

—Respeto tu opinión, Super Perico; pero estoy convencido que el mejor de los héroes fue el segundo. El que logró convertir a nuestros hermanos y consiguió evitar que terminaran en el Infierno que Dios ha destinado para los humanos incorregibles e impenitentes. Pienso que el mayor mérito siempre se encontrará en el perdón y el amor. Aunque admito que mi respuesta es muy opinable, y podría equivocarme.

—¿Quieres que no arreste al Amigo?

—No te confundas. Yo he arrestado cientos de personas en mi vida. El Amigo poco me importa. Puedes estar seguro que si lo llevas a prisión, ese día saldré por la calle y encenderé algunos petardos en celebración. Muchas personas harán ceremonias no muy diferentes.

—¿Entonces? No te entiendo —el perico estaba confundido.

—No te di este consejo en defensa del Amigo. Lo que me preocupa, es que vas a ingresar en el ejército por una pésima experiencia con un delincuente.

«El ejército es algo terrible, aunque ahora supuestamente vivamos en relativa paz. Como te conozco, creo que quizá no deba preocuparme. La milicia tienen la capacidad de convertirte en un verdadero monstruo.

«Considera la posibilidad que existan en el mundo valores mucho más importantes que hacer justicia. Me preocupa que quieran aprovecharse de tu simplicidad. Antes de hacer algo con consecuencias particularmente graves, piensa siempre en tu corazón: ¿qué es lo más importante a los ojos de Dios?»

No muy seguro de sus propios planes, Super Perico conservó su interés por el ejército de Haram. Al otro lado de las montañas que rodean a Egeria, encontró el ave un campamento para reclutas. Como Liam estaba en contra de su ingreso a la milicia, decidió no ofrecerse como soldado de buenas a primeras. Buscaría quizá matricularse en algún curso de capacitación para civiles.

Pero los militares, fueron de otro parecer. En cuanto reconocieron sus habilidades superiores, quedaron sumamente entusiasmados con poner a prueba a nuestro noble pajarito. No lo trataron como a un recluta cualquiera, sino que lo pasaron directamente con el general a cargo del campamento.

El perico no quería enlistarse. Solicitó que el ejército lo ayudara a arrestar a los ladrones y delincuentes de Egeria, aunque no supo explicar con claridad que tipo de colaboración solicitaba. No era esta la función del ejército sino de la policía. Esperaba algún tipo de entrenamiento, tal vez una orden de arresto más fuerte que el AAC. Sin embargo, los oficiales sentían mucho interés por nuestro héroe. El lugarteniente Yuki fue quién logró convencerlo a incorporarse al ejército como soldado:

—¿Qué deseas obtener del ejército de Haram?

—Mi deseo es que me expliquen como ser un héroe. Quiero aprender a defender la verdad y la justicia. También, muy importante… He intentado hacer arrestos, pero he cometido errores y lo hecho todo a perder. Quiero aprender a arrestar a las malas personas.

—Pues has venido al lugar perfecto —afirmó Yuki, quién quería ganarse al perico para los militares.

—¿Enseñan ustedes a atrapar delincuentes?

—Los más complicados de arrestar. La misión que tenemos para ti, es nuestra prioridad en este momento. Detener a los más hábiles ladrones de nuestro país.

—¿Quiénes son ellos? —preguntó Super Perico.

—Unos delincuentes que secuestraron nuestros legítimos derechos en tamaño gigante.

—¿Qué se robaron?

—Nos robaron nada menos que una isla entera junto con su invaluable zona marítima circundante. La isla Ádulam…


Décimo cuarto movimiento: Protectorado experimental

Versión en audio

La isla Ádulam era un protectorado de libre elección. Un régimen bastante peculiar que en los medios internacionales era considerado un experimento político, debido a su novedad y reciente historia.

A los escasos protectorados que habían adquirido esta forma de administración se les veía con desconfianza. No existía propiamente rechazo internacional a sus características. Muchos temían, sin embargo; una alta inestabilidad política que culminaría con el fracaso rotundo de las supuestas pretensiones de los creadores del régimen.

En su origen fueron creados con el propósito de lograr que islas excesivamente pequeñas que desearan la independencia, pudieran beneficiarse del intercambio cultural y económico internacional sin renunciar a su soberanía.

Por norma general, en los protectorados existía un tratado entre dos estados, uno mucho más poderoso e influyente que el otro. Normalmente la autonomía se consideraba un tanto ficticia y favorable al estado poderoso. Con el fin de aumentar su libertad e independencia, se crearon varias variantes políticas en dos direcciones principales: una fue el llamado estado protegido; y la segunda fue el protectorado de libre elección.

Ádulam celosa de una independencia quizá imposible de conseguir, optó en su debilidad por lo que en apariencia pretendía ser la forma de protectorado que aseguraba una mayor libertad y soberanía para el incierto futuro de la isla. Mundialmente no era la primera ínsula con este sistema de gobierno, pero todavía entonces se consideraba un experimento surgido de la inmadurez política. El futuro era completamente incierto. Las negociaciones de paz y la presión internacional lograron que la guerra independentista culminara en un anómalo protectorado con reglas forzadas para ambas partes.

¿Quién elegía al principal gobernante en un protectorado de libre elección? El legado mayor, como se le conocía a esa máxima autoridad, era elegido por el país protector según sus propios criterios. ¿Quién elegía al país protector? Lo elegía el pueblo con votaciones directas cada cinco años entre los países candidatos que hubieran firmado el respectivo tratado de postulación.

Su constitución casi no imponía limitaciones ideológicas o prácticas específicas al país protector. Si se cumplían los escasos requisitos; al menos en teoría, cualquier país del planeta hubiera podido asumir tal función. El Vaticano y otros países semejantes estaban excluidos. La experiencia amenazaba con que los religiosos se apoderarían de todas las islas con simples alertas de pecado (ABCD, 1234, p. 56).

Al legado mayor se le exigía el respeto absoluto a la constitución, cuyos asuntos pertenecían al Legislativo con completa autoridad e independencia en materia constitucional, muy superior a la del Poder Ejecutivo.

El legado mayor tenía autoridad para la creación de ciertos decretos, en especial de naturaleza militar y económica, que el Legislativo podía vetar por mayoría simple; aunque este proceso no era requisito para su aprobación.

La función del país protector era garantizar la seguridad militar. Además, con mucho más significativo en tiempos de paz: velaba por el bienestar y progreso económico de la isla. Asumía el rol de intermediario de comercio ante los demás países, facilitando a la población el acceso a las ventajas y tecnologías del resto del mundo.

Tal protección no se suponía gratuita en lo absoluto. En su función de principal proveedor de importaciones gozaba de grandes ventajas frente a cualquier competidor alternativo, apenas sin discusión. Podía monopolizar el comercio internacional de la isla y obtener lucro de tal ventaja; siempre y cuando pudiera abastecer con demostrada suficiencia y efectividad la necesidad monopolizada.

Dado el estado posterior a la guerra de independencia, la decadencia de la isla de Ádulam prometía ser un mal negocio para cualquier protector. Cinco años de pérdidas, cuyos costosos frutos serían disfrutados por otro país que ganara las elecciones en el futuro. No fue extraño que la crisis económica provocara que las palabras protector y benefactor se convirtieran en sinónimos en la jerga de los primeros años de independencia; los textos jurídicos no tardaron en llamar también país benefactor al país elegido popularmente.

Para que el beneficio no le resultara perjudicial u oneroso la constitución otorgaba el derecho de nombrar un legado mayor a su propio arbitrio, que defendería los intereses comerciales conjuntos de ambos estados. Era requisito que el legado mayor fuera nativo de la isla Ádulam, y se exigía su compromiso bajo juramento por el bienestar de la misma. Sin embargo, a consecuencia de su definición constitucional; el legado mayor era en términos prácticos, un sirviente que representaba al país protector.

Luego que Ádulam consiguiera independizarse parcialmente de Haram; el tratado de paz impuso al mismo Haram como su primer protector quinquenal sin ninguna votación. Pasados cinco años esta decisión fue ratificada mediante elección popular, y hasta la fecha de nuestra historia; el país original siempre había conseguido ser reelecto en las elecciones populares.

Pese a los positivos resultados electorales; no era lo mismo ser protector que dueño. Tanto la población de Haram como su gobierno, consideraban al sistema de protectorado de libre elección como un robo de sus derechos legítimos sobre la isla. Una imposición forzada de los organismos internacionales.

El gobierno era consciente que la pérdida futura del protectorado en las elecciones dañaría gravemente su credibilidad al interior del país. Además, afectaría negativamente su economía con la consecuente pérdida casi segura de enormes activos e inversiones.

Luego de las anteriores explicaciones, me preocupa que el lector considere que los detalles de la aventura que siguen a continuación contradicen la teoría expuesta. Pero no, no hay ninguna contradicción. Simplemente los cronistas nos limitamos a contar los hechos ocurridos por extraños que parezcan, o difieran de supuestos ideales teóricos.

¿Por qué durante la última batalla se le ordenó a Super Perico sobrevolar sobre la isla de Ádulam? ¿Por qué tuvo que destrozar con sus superpoderes un nutrido grupo de construcciones supuestamente deshabitadas?… No se supone, a la luz de las anteriores explicaciones que Haram es el país protector, entonces por qué atacaban a su propio protectorado.

Se trató de una extraña y excesivamente violenta maniobra electoral. El plan era asustar a la población con el temor de una guerra entre Haram y Cedrón; el país que amenazaba como posible ganador en alguna futura elección quinquenal del país protector.

Los habitantes de la isla de Ádulam no querían revivir los horrores de las batallas durante la independencia. Ante el temor de un enfrentamiento militar, se esperaba preferirían votar por conservar la administración de Haram. De esta forma evitaban un conflicto mayor.

—Pues esta es Super Perico, la explicación de porque te ordené destrozar los edificios. Lo hiciste de maravilla, pero no presumas. Nuestros cañones lo hubieran conseguido más rápida y limpiamente —respondía el lugarteniente Yuki a numerosas interrogantes de nuestro héroe.

El pajarillo apenas entendía tan confuso razonamiento. Le preguntaba constantemente a sus compañeros de armas y a sus jefes. Ellos se esforzaban por hacerle comprender la situación, pero era poco lo que adelantaban. Además, muchos soldados admitían no entender bien las razones del conflicto. Algunos preferían confiar pasivamente en el gobierno o los militares superiores.

Intentó un recurso práctico: preguntaba sobre malos y buenos. Los soldados, con pocas excepciones, casi siempre estaban de acuerdo en que la gente de Haram eran los buenos, y los de la isla de Ádulam eran los malos. Tal esquema simplista le funcionó muy bien por varias semanas.

Sin embargo, en el ataque anterior escuchó los insultos de algunos isleños. Estos insulanos gritaban frases acerca de un pajarraco que era un verdadero «demonio». Cuando los confrontó directamente, hubo quién no titubeó en blasfemar en contra de los ángeles de las bandadas. Nuestra ave estaba terriblemente preocupada. ¿Había elegido obedecer a las personas equivocadas?

—No nos molesta que hayas rescatado a las personas que encontraste. Mis hombres hubieran hecho lo mismo, aunque a veces caen las bombas antes que ellos lleguen. Es lamentable que haya muertos… Como te expliqué se supone que la población desalojará antes. Acordamos una supuesta filtración de información, que nosotros mismos preparamos. Es intencional para que los civiles puedan escapar a tiempo antes del ataque. Pero hay muchas variables que no están bajo control de nuestro ejército ni de nadie. Normalmente como en la última batalla, y esta vez gracias a tu ayuda: no hubieron bajas civiles ni militares.

—De lo poco que entiendo, Haram está atacando a su propio país protegido. —El ave estaba decidida a aclarar las cosas.

—Es necesario para no perder lo que nos pertenece. Así ganaremos las votaciones. El comportamiento del ser humano es muy extraño; pero funciona y eso es lo que importa.

—Usted es un mentiroso. Dijo que somos los defensores de la paz y la justicia.

—Sí estamos defendiendo la paz y la justicia, te lo he dicho muchas veces.

Hasta ese entonces se había limitado a creer simplemente en lo que le dijeran los demás. Pero poco a poco, a Super Perico no le resultaba suficiente el esquema simple de preguntar por lo bueno y lo malo. Presentía que se burlaban de él y los demás no tomaban sus escrúpulos con la seriedad necesaria. Así que replicó al lugarteniente Yuki:

—Entre pericos si prometes proteger a un pajarito y luego resulta que tú mismo eres el agresor de la tal ave… —intentó expresar su enojo, pero no encontraba las palabras correctas. Finalmente compuso una frase que supuso lo suficientemente terrible, incluso para un humano—. A eso en mi bandada, se le llama traición.


Décimo quinto movimiento: Demasiado feminista

Versión en audio

Desde que investigara las causas del ataque a la isla Ádulam, nuestro héroe se sentía desconcertado y culpable por su participación. No terminaba de comprender los confusos argumentos de los superiores, pero en su interior temía desobedecer las advertencias del ángel de las bandadas. ¿Podía un periquito con superpoderes hacer daño a la humanidad que pretendía ayudar? Le habían advertido que tal posibilidad era completamente real.

Pero sus amigos, tanto los soldados como sus jefes, intentaban convencerlo de la justicia de sus intenciones. Contaban historias horribles, actos terroristas, barbaridades del pasado que parecían disminuir con el tiempo, pero que reaparecían una y otra vez en nuevas formas.

Las pruebas abundaban cuando se trataba de demostrar la hipocresía de los países vecinos. Ellos se habían confabulado para robarles la isla en el nombre de la defensa de una supuesta independencia.

Según su versión, los organismos internacionales obligaron a Haram a realizar inversiones multimillonarias en Ádulam para legitimar el tratado de paz que imponía el protectorado electivo. Luego, con toda clase de trucos sucios y engaños, pretendían desaparecer en la nada toda la inversión. Gratuitamente pasaría al país vecino de Cedrón, por influjo de una traicionera y funesta corrupción internacional. Según los analistas, en cuestión de años o décadas Cedrón sería elegido el nuevo protector.

Super Perico había tomado amistad con Vanesa, una de las escasas mujeres en el ejército. No era soldado, pues no se permiten mujeres soldado; sino agente de prensa. A causa de su agresivo proselitismo era admirada por los grupos feministas del país; aunque también muy despreciada por otros sectores, probablemente por sus ideas radicales.

A nivel internacional era considerada como una de las principales defensoras del derecho de las mujeres a participar en la milicia. Famosa escritora del best seller: «La superioridad de las mujeres del futuro», del que luego se había retractado por requerimientos políticos y legales.

Pese a desdecirse por sus inicios radicales, había conseguido con ayuda de sus editores que no se censurara la difusión del libro. La rectificación pública no había perjudicado para nada las ventas, antes por el contrario, las habían multiplicado. En ese entonces seguía batiendo récords en el país, especialmente entre el público femenino.

En el controversial documento, razonaba que los hombres utilizaban rutinariamente métodos inmorales para imponer su superioridad; comportamiento que autorizaba a retribuirles de igual forma o peor.

Argumentando a partir de una obtusa ley del talión, incitaba a que las mujeres tomaran el poder utilizando para ello métodos inmorales. Abiertamente, el libro reclamaba el derecho de las mujeres para apoderarse del mundo y gobernarlo.

Super Perico, como podría esperarse, era completamente ajeno a toda esta discusión política. Suponemos que ni siquiera se había enterado que su amiga Vanesa era una renombrada feminista.

Los dos habían desarrollado amistad por iniciativa de la misma reportera; quien desde un principio recibió autorización para aprovechar la presencia del superanimal para mejorar la imagen del ejército. El ave por su parte había simpatizado con la mujer y comenzaba a tomarla por consejera.

Por supuesto, le había consultado también por sus remordimientos:

—¿Somos los malos o somos los buenos? —preguntó el perico a la periodista. —Necesito que alguien me lo explique. Temo estar enemistándome con los ángeles.

A Vanesa le molestaba hablar de malos o buenos, lo suponía un concepto machista por alguna razón que no comprendemos. Existía sin embargo, otro problema más importante, que como miembro de la oficina de prensa le correspondía directamente.

—Existe el rumor de que el ejército de Haram es controlado por satánicos. Tu presencia aquí, nos resulta de maravilla para silenciar esas calumnias. Nadie necesita un perico para destruir edificios, sino para asuntos de mucha mayor importancia y utilidad. ¡Te necesitamos!

Mas el pajarillo estaba convencido que los ángeles y Dios son amantes de la paz. Le resultaba horrorosa la idea de involucrarlos en un conflicto militar, aunque fuera solo simbólicamente.

Peor aún, nadie había logrado convencerlo de la justicia de las intenciones del ejército. Todo lo contrario, sospechaba que había elegido el bando equivocado. Con mucha angustia y confusión sincera, decidió confrontar a Vanesa con toda franqueza y sinceridad, preguntó de forma que no diera espacio a rodeos:

—Ponte el corazón en la mano, me has dicho muchas veces que somos amigos. Te lo suplico, respóndeme con sinceridad: ¿somos los buenos o somos los malos?

Una pregunta tan aguda y directa de Super Perico, conmovió a la periodista. Vanesa resolvió no engañarlo más y le contestó conforme a su solicitud:

—Somos los malos —respondió con la frialdad de un cirujano que admitiera su fracaso sin signos de arrepentimiento.

«Pero los ejércitos no se juzgan por el bien o por el mal. Debes interpretar los hechos por el progreso y la estabilidad que producen. Si hubieras leído los libros de historia que yo he leído, entenderías que el bien y el mal no es la forma de decidir si un ejército funciona o no. Los seres humanos no razonamos así».

Esperaba la respuesta del periquito. Ante su silencio, Vanesa continuó:

—Lo que realmente importa al juzgar un ejército, es su capacidad para construir un mundo mejor. Contempla al mundo con ojos de historiador. ¡Cometes un terrible desacierto! Desde que Adam mordió la fruta prohibida, los ejércitos estamos más allá del árbol del bien y del mal.

Como Super Perico no decía nada, la periodista esperó con paciencia. Luego de mucho meditarlo nuestro héroe tomó una firme resolución:

—Si somos los malos, entonces me largo —afirmó enojado por un mundo que no entendía.

Estaba agradecido con su amiga. Hasta entonces había sospechado que sus compañeros soldados no veían con seriedad sus pretensiones de hacer lo correcto y defender lo justo. Apreciaba a Vanesa como la mujer que por fin había decidido decirle las cosas con claridad.

Aún así, tenía el presentimiento que ella ocultaba mucho más… Pero por ahora, logró más que suficiente. Decidió marcharse de la milicia en cuanto pudiera.

El ejército de Haram no quiso dejarlo marchar. Las leyes para animales eran confusas; los abogados no encontraron impedimento ni en dejarlo marchar ni en obligarlo a quedarse. Desde el punto de vista legal se podía por igual comer perico, o nombrarlo general.

Otro tema que apareció en las discusiones sobre su dimisión, fue la ubicación del Palacio de los Pericos. Nadie había podido localizar el lugar en los mapas. A partir de las referencias de la super mascota, habían concluido inmediatamente que se trataba de un sitio ubicado en el extranjero. Sin embargo, lo más extraño de todo, era que los asesores extranjeros no eran capaces de reconocer su país de origen.

—Un lugar primitivo, sin interés civil, ni militar. Como una construcción de castores, pero de mucho mayor tamaño. No creo que haya confundido las referencias intencionalmente —concluyó uno de los científicos asignados.

—¿Entonces?

—Entonces nada. No hay necesidad de molestar al perico con este asunto, se trata de una acumulación de troncos sin sentido —recomendó Vanesa al tribunal. Ella había prometido a nuestro héroe intervenir a su favor en las discusiones.

El ejército de Haram perdió interés en el tal palacio. Como un último intento, enviaron exploradores a buscar el sitio pretextando interés científico. La excursión no tuvo ningún éxito. Vanesa le advirtió al ave:

—Sospecho que el Palacio de los Pericos se encuentra oculto por los ángeles. No se lo he dicho a los demás, pero entre los humanos existen muchas leyendas antiguas en ese sentido. Ya viste como trabajamos en la milicia, y ellos buscan tu hogar. No creo que debas ayudar al ejército ni a nadie a encontrarlo. Si no fuera humana, supongo que jamás les revelaría su ubicación… tampoco a mí misma. Comprende que los humanos tenemos nuestras lealtades, y los pericos la suya.

—Gracias por la advertencia.

Decidió seguir el consejo de la periodista; aunque Super Perico no entendía como podía ocultarse una montaña entera. Desde su punto de vista era un secretismo inútil; su hogar estaba completamente a la vista de todos y facilísimo de ubicar.

Los humanos tienen fama de no entender direcciones, por muy claras y simples que se les explique. Pese a su intelecto superior, tienen disminuido otras capacidades sensoriales. Por eso dicen las aves que los humanos se pierden solos y cuando uno los guía se pierden todavía más.

Lo dejaron marcharse. No fue fácil; el periquito tuvo que insistir mucho, casi a diario. Alegaba ser representante de Dios y los ángeles. Insistía que el cielo se enojaría con él al inmiscuirlos en asuntos que les molestaba. El castigo era previsible. No entendía, como aún no habían tomado medidas disciplinarias.

Para marcharse, le obligaron a firmar muchos papeles. Como era perico, les bastaba con la impresión de su patita. El lugarteniente Yuki intentó como pudo explicarle con claridad lo que implicaba ese acto en adelante:

—Si la población de Haram se queja de tu mal comportamiento, nuestro tribunal tendrá derecho a retirarte tu permiso de exclusión. En ese caso no tendrás otra alternativa que obedecer nuestras órdenes. ¿Quedó claro?

—Comprendo —hubiera respondido con un «creo», pero Yuki le había advertido que tal respuesta disgustaba a los superiores.

—Aquí pones tu patita… Muy importante, el párrafo final:

«Yo, Super Perico, declaro que estoy orgulloso y satisfecho de la actuación y trato del ejército de Haram. Lo considero el legítimo defensor de la Verdad y la Justicia. Contará con todo mi apoyo cuando fuera necesario».

—Yo no pienso eso.

El último párrafo lo había tomado por sorpresa. Su reticencia fue vencida por Vanesa, quien era la persona del ejército que le inspiraba más confianza:

—¿Prefieres firmar o prefieres matar seres humanos? ¿Qué es lo peor?

Para sus adentros, Super Perico presentía que iba a perder sus poderes en cuanto sellara el acuerdo con su patita. «¿Era su corazón el que decidía el castigo?» Lo ignoraba…

Como su sincero deseo era no matar personas; supuso que sería perdonado rápidamente y tarde que temprano recobraría sus superpoderes. Finalmente, solicitó firmar a solas y se lo concedieron.


Décimo sexto movimiento: Falsa miopía

Versión en audio

Los cronistas de historias de superhéroes con frecuencia nos vemos urgidos a modificar los diálogos originales para evitar el escándalo, especialmente en consideración a los lectores de menor edad. En medios audiovisuales, podríamos recurrir a un pitido que sustituyera la expresión inapropiada. También es un recurso válido, advertir que no se pretende maleducar al auditorio con prácticas y malos ejemplos. En tales situaciones, bastará con anotar que los diálogos cuestionados obedecen al interés de aumentar la historicidad y exactitud del relato.

Tales cuidados son especialmente importantes, cuando se trata de la conversación de los protagonistas y héroes. En épocas de crecimiento moral, podríamos solventar este problema pidiendo disculpas por deficiencias en la educación de nuestros ancestros. En épocas de decadencia, también se corre el peligro de pasar por timoratos o demasiado exigentes. No creemos que exista una solución satisfactoria para todas las situaciones y contextos. De todas formas, pedimos disculpas a los protagonistas y lectores por los inconvenientes.

—¡Niña, está prohibido pegar papeles en el tablón policial!

—No se meta en lo que no le importa —la que respondió fue Chloe, una niña de anteojos con una vista extraordinariamente buena. Utilizaba lentes que no necesitaba para crear una imagen planificada de chica intelectual y de buen comportamiento.

—¡Pero que niña más malcriada!

—La reto a que retire este panfleto y lo use de papel higiénico.

Chloe a sus doce años de edad no era una niña malcriada. Si sus maestras de sexto de primaria la hubieran observado en este momento, probablemente creerían que se trataba de algún evento extraordinario, de esos que anteceden a los temblores.

Sus amigas decían que tenía unas tres o cuatro personalidades, en el buen sentido de la palabra. Chloe se consideraba a sí misma la mejor actriz de su edad. Le divertía cambiar su apariencia e imagen completamente a voluntad.

La versión de chica intelectual y buen comportamiento, pese a su falsa miopía, indiscutiblemente para todos era su estado natural. ¿Qué se podía decir de una chica que aparentaba saber de todo cuanto se habla? Pero la pequeña insistía que su verdadera personalidad era… Asumo que ninguna.

Chloe tomaba el rol de chica perfecta cada vez que le convenía, entonces necesariamente tenía que verse fea.

En las escuelas para niñas de Haram se les advertía sobre los peligros de la vanidad física, que solo era tolerable en fechas especiales. Existían toda clase de argumentos para tal costumbre. Una especie de maldición mitad lógica y mitad espiritual que castigaba a las mujeres vanidosas. No había unanimidad al respecto, pero era un hecho indiscutible la mala reputación que provocaba en la comunidad.

Chloe era ferviente admiradora de Vanesa y de su libro «La superioridad de las mujeres en el futuro»; aunque rechazaba la agresividad e inmoralidad propuesta por la periodista. Ferocidad de la cual la autora había terminado por retractarse hacía pocos años.

La niña simpatizaba con muchas ideas de las feministas radicales de Haram. Soñaba con un mundo gobernado por mujeres y la supremacía femenil. Más que una venganza justa, para Chloe era una utopía realizable y una consecuencia del progreso natural del mundo.

Había decidido colaborar con el movimiento extremista: afirmaría en adelante la superioridad de las mujeres respecto de los hombres; y lo demostraría con hechos en su propia vida.

Chloe nunca fue una seguidora pasiva de las ideas de Vanesa. Entre muchas teorías, la polémica escritora aseveraba la superioridad del valor futuro de la belleza sobre la castidad. Respecto de este y muchos otros asuntos la pequeña no se había convencido en lo absoluto.

Ese día, Super Perico había retornado a las famosas fuentes de los parque de Egeria. Entre los curiosos de las pizarras, que allí solían ubicarse, esperaba encontrar algún policía aficionado a quien ofrecerle sus servicios. Pero recién encontrado todo lo contrario, una niña pegando sus propios panfletos en el tablón policial.

Una señora que curioseaba las autorizaciones de arresto civil discutía fuertemente con la pequeña. La ley, por supuesto, daba la razón a la mujer. Únicamente la policía podría hacer uso de sus propias pizarras.

—¡Insolente! —regañaba a la niña por su grosería.

Si arrancar panfletos era un delito, con mucho mayor razón lo era pegar carteles sin autorización de la comisaría. Normalmente nadie le daría importancia a un papel arrancado. Sin embargo, el intento de un falso AAC era considerado una falta gravísima; hasta era común el arresto civil in fraganti.

El periquito comprendió rápidamente, que en esta ocasión la ley daba la razón a la señora mayor, y ese fue su partido a defender. La mujer, por su parte, agarró el panfleto de Chloe sin más contemplaciones. Ya comenzaba a destrozarlo; cuando su rostro cambió repentinamente a otro mucho más compasivo.

—Este cartel habla de la recompensa por un secuestro. ¡Esto es muy serio! Tu ganas chiquilla, no me atrevo a romper una nota tan terrible. Pero si quieres que alguien ayude a esta pobre gente deberías ser más amable.

—¡Perdón! —admitió su error con el orgullo herido. Se suponía que con sus lentes puestos controlaba su carácter con perfecta ecuanimidad—. He tenido varias discusiones fuertes durante el día y estoy de un pésimo humor. Ustedes han hecho lo correcto, evitar que se pongan papeles sin autorización. ¡Adiós!

—¿Por qué no pides que los validen en la comisaría? —sugirió la señora.

—¿Ir con el sargento Joel? Es que… no es mi asunto. Solo cumplo un favor que me pidieron, pegar esos papeles.

La señora y Super Perico no insistieron con la puesta en regla de los documentos. Sospechaban que estaban conversando con algún pariente de la secuestrada. El cartel ofrecía una recompensa por parte de la organización CPAN, de la cual no tenían idea.

—¿Quiénes son el tal CPAN? —preguntó el ave.

—Son las siglas del Club de policías aficionadas para niñas —respondió Chloe. Por su reacción daba a entender que ella también formaba parte de la asociación.

El periquito estaba muy emocionado. Por fin conversaba con uno de esos policías aficionados de los que tanto había oído hablar. No conocía a ninguno, al menos en actividad; pues su amigo el ermitaño estaba retirado.

¿Pero una niña? De todas formas, para un perico una niña sería un gigante en tamaño pequeño.

—¡Yo les ayudo! Es justo lo que necesito. Yo puedo ayudar al CPAN, y consigo dueña. ¿Me aceptan como mascota de su club? —ofreció el perico con la esperanza de encontrar por fin el amo que buscaba.

Su entusiasmo duró poco, pues Chloe lo rechazó inmediatamente:

—¡Nunca! Pierdes tu tiempo. Ellas solo son policías aficionadas en su imaginación. Solo servimos para jugar a las muñecas y resolver casos tomados de las caricaturas.

Si existía alguien en el planeta capaz de hablar con menosprecio de su propio club era Chloe. Dio tales y tan abundantes razones, que de no tratarse de una niña de escuela, cualquiera hubiera pensado trabajaba de espía a favor de los secuestradores. El ave como siempre se dio por vencida.

¿Y la recompensa? Chloe confesó que no era real. El club de niñas no tenía para pagar el dinero.

La señora razonó entonces en voz alta: una recompensa sin fondos era considerada estafa y un acto delictivo. Allí creyó haber encontrado la razón de porque Chloe evitaba sancionar los documentos con los oficiales de policía.

La chiquilla admitía su farsa, pero ni siquiera reconoció que se trataba de una mentira en el sentido cristiano. En base a una confusa mezcla de sus lecturas de teología, administración y moral cristiana; aunado a muchas ideas propias, había elaborado extrañas justificaciones para sus planes.

Según su punto de vista, era tan buena actriz que bien podría convencer a cualquiera a renunciar a la recompensa. Según la pequeña, aunque no decía verdad tampoco decía mentira. En sus propias palabras:

—Si tengo certeza que no existirá nunca el pago, puedo ofrecer dinero inexistente sin mentir; ni cometer estafa; ni necesito confesarle al sacerdote ningún pecado por su causa.

Tanto la señora como Super Perico le rebatieron que manipulaba las teorías económicas, jurídicas y morales. Pero dada la gravedad del asunto no insistieron en cambiarle su opinión.

¿Y la información? Chloe aseguraba que ante el milagro de cualquier informante útil, el plan era colaborar con la policía, quienes recibirían toda la información recopilada.

Era inútil esperar nada de unas chiquillas bobas, ella misma incluida. La niña no titubeaba en mostrar desprecio tanto por el club como por sí misma. El CPAN era una farsa. Unos panfletos trivialmente fáciles de imprimir, no hacían para ella ninguna diferencia.

—¡Yo, Super Perico, puedo utilizar mis superpoderes para convertir tu farsa en realidad! —insistía el ave por enésima vez.

—¡Que no! Es una farsa, porque eso fue lo que me pidieron. Es la solución correcta en vista de las circunstancias. Payasear y dejar que la policía se encargue. No ayudes a unas niñas que juegan con muñecas como tiene que ser —respondió Chloe tratando de cortar al perico que no cejaba en sus ofrecimientos.

Sin ningún progreso y rechazando cualquier ayuda, Chloe decidió marcharse para seguir pegando carteles de recompensa en el resto de la ciudad de Egeria. Pero antes, Super Perico realizó su último intentó con la chiquilla:

—¡Llévame con la presidenta del club!

—¡No!

—¿Eres tú la presidenta? —le interrogó la señora.

—No.

—¿Quién es…?

Todos estaban en silencio. La niña comenzaba a retornar a su agresividad anterior. Aunque no decía nada, por su expresión parecía que en cualquier momento iba a estallar en insultos. La que resolvió el misterio fue la señora:

—Creo que sé quien es la presidenta.

—¿Pues quién? —preguntó el pajarillo.

—Si está bien claro. La presidenta del club al que pertenece Chloe, debe ser la hija de esta señora secuestrada.

—¿Eso es cierto? —preguntó Super Perico a la niña.

Pero Chloe al sentirse descubierta rompió a llorar abiertamente. Con las lágrimas que cubrieron sus anteojos, difícilmente podía ver nada. Aún así consiguió salir corriendo hacia ninguna parte…


Décimo séptimo movimiento: Secuestro hospitalario

Versión en audio

No fue difícil para nuestro héroe averiguar el nombre de la presidenta del CPAN o Club de policías aficionadas para niñas. Los rumores hablaban de un grupo muy peculiar de cuatro miembros infantiles. Sus identidades eran completamente desconocidas para la mayoría, con excepción de la presidenta Astrid; de la que se decía buscaba arruinar su propia vida. Había que ignorarla según decían, era la mejor ayuda que se le podía hacer.

Astrid, había aparecido en las noticias luego que fuera empujada desde un carro en movimiento. Según los reporteros la trasladaron inconsciente pocos minutos después. Tenía algunas fracturas leves y tuvo que ser internada.

La niña jamás hubiera puesto un pie en el hospital por su propio gusto; al menos es lo que decían los rumores. Desconfiaba de los hospitales y de los médicos en general. Pero había sido trasladada inconsciente en una ambulancia luego del lamentable suceso.

La madre de Astrid fue secuestrada hacía apenas unas semanas antes del incidente, pero oficialmente no se había confirmado como secuestro debido al silencio absoluto de los raptores. Sin embargo, el patrón de comportamiento era muy similar a otros delitos en el país; aunque según la policía no era posible descartar homicidio, asalto u otras explicaciones. El cadáver por supuesto, no había aparecido en ningún momento.

Según la versión que diera Astrid a la policía al día siguiente de su ingreso al hospital; ella logró reconocer en el interior de un auto estacionado a uno que supuso en su imaginación podría ser uno de los presuntos secuestradores. Aunque no estaba muy segura de su identidad, se arrojó como pudo al interior del vehículo que entonces estaba detenido y entró por la fuerza. Los hombres al verse confrontados por la niña y sus gritos arrancaron en el automóvil inmediatamente. Quizá planearon secuestrarla también, o quizá la pensaban abandonar en cualquier parte. Se produjo un forcejeo dentro del vehículo que terminó con la menor rodando en plena vía pública arrojada violentamente desde el auto de los delincuentes.

Afortunadamente, los médicos dictaminaron que solo se había fracturado con grandes posibilidades de recuperación mediante inmovilidad con férula.

En el momento de iniciar Super Perico la búsqueda de Astrid, la niña ya se encontraba completamente restablecida. Sin embargo, era común en Egeria el entonces llamado secuestro por internado hospitalario. Actividad por supuesto ilegal, pero que era tolerada con amplios abusos.

—Renuncia de una vez por todas, niña idiota… a la tonta idea de ser policía aficionada —la que hablaba era Jade, una enfermera del hospital más importante de Egeria.

—Ya sané de mis fracturas. No pueden retenerme, denunciaré el hospital a la policía.

—No lo harás, el que irá a la cárcel será tu padre por contagiarte de la enfermedad del bermellón óseo. El mismo se ofreció de voluntario como chivo expiatorio. Debes entender que todos queremos tu bien.

Jade repetía con algo de fastidio, una explicación que ya había dado muchas veces:

—No tienes idea de lo aburridos que estamos de escuchar a padres de familia suplicando por sus hijos.

«Nos piden todo el tiempo que los ayudemos a quitarles a sus bebés la estúpida idea de participar en las brutales costumbres de Haram. Tu padre nos suplicó por una terapia para quitarte la idea de ingresar a la Cooperativa de policías aficionados. ¡Te vas a matar mi niña!»

El plan de enfermarla no funcionó, quizá porque su amiga Chloe conocía del truco y se lo explicó algún tiempo antes de la fundación del CPAN. Pero igual sucedió lo mismo que su padre intentaba evitar: un accidente lamentable. Aunque por ahora sin consecuencias permanentes.

—El plan se arruinó —le encaró Astrid.

—El plan si funcionará porque no te vamos a dejar salir de aquí hasta que renuncies a ser policía aficionada. Así funciona la terapia. Niña, no vas a ser tan tonta para arruinar tu vida por ingresar a tan estúpido grupo de orangutanes. ¡Ríndete, es por tu propio bien! —Jade hablaba temerariamente como enfermera muy segura de su absoluta impunidad.

—Les juro que voy a enviar a la cárcel al doctor Sancho.

—¡Lo tomarán a chiste! El doctor es el hombre que más admiro en este país —decía verdad. Al hablar del famoso profesional le brillaban los ojos con ese entusiasmo propio de los admiradores sinceros.

La niña intentó recordar una respuesta que escuchó de Chloe, pero permaneció en silencio porque la había olvidado. Hubiera rebatido muchas cosas: como que Haram tenía uno de los índices más bajos de confianza hospitalaria. Además, la gente se negaba a ir al hospital pese a que existían recursos suficientes. Pero fue incapaz de argumentar, estaba tan alterada que la memoria le falló completamente.

¿Quién es ese doctor Sancho? El ministro de salud de Haram; quien había sido recompensado con un ministerio vitalicio por inventar la terapia del bermellón óseo para contrarrestar a los policías aficionados.

—La constitución prohíbe los ministerios vitalicios —se quejó Astrid con la enfermera.

—¡Y también prohíbe que te impidamos la salida! ¡Y también prohíbe que te arrojen de un carro en movimiento! Pero la próxima vez te matarán, y a nadie le va a importar.

En cuanto a la terapia, su funcionamiento era bastante simple de entender. Te enfermabas de los huesos por una enfermedad inducida artificialmente, luego ibas al hospital. Allí te impedían la salida hasta que de alguna forma renunciaras a los policías aficionados. Tan simple como eso…

El doctor Sancho desarrolló una enfermedad que podía inducirse fácilmente con pequeñas descargas eléctricas generadas por celular. Los teléfonos móviles en Haram se vendían con programas capaces de calcular con señales eléctricas signos vitales, pero eran criptográficamente vulnerables y se saboteaban fácilmente. De forma que provocar enfermedades como la del bermellón óseo, estaría al alcance de cualquiera con un mínimo de entrenamiento y recursos.

Una enfermedad sumamente molesta, que te deja casi inmóvil en su momento más grave. Afortunadamente, sus peores efectos pasaban por sí mismos gracias a los procesos regenerativos del cuerpo humano. Sin embargo, la recuperación completa necesitaba tratamiento eléctrico en un hospital. Sin ese tratamiento, el paciente sufriría algunos síntomas que aunque no severos, con el tiempo se volverían irreversibles. Por ejemplo, se sabía de deportistas que habían visto arruinada cualquier esperanza de ascender por el bermellón óseo. A los deportistas se les menospreciaba en Haram, así que no se consideraba un serio inconveniente a juicio de los defensores de la terapia del doctor.

Muchos ciudadanos exigían la erradicación de los policías aficionados. Para lograrlo, por lógica casi insalvable, era necesario que en adelante se prohibiera el arresto civil autorizado. El doctor Sancho se convirtió en uno de los líderes del movimiento. Desde el principio de su liderazgo quedo claro su descarada inmoralidad para lograr sus objetivos.

La sociedad moralmente decadente de Haram, aceptó fácilmente los métodos inescrupulosos del movimiento antiaficionado. Sus terapias encontraron arraigo al consolidarse como la práctica de una sociedad secreta bastante virulenta.

Sancho aseguraba que con su terapia desaparecerían los policías aficionados, costumbre que tildaba como la peor plaga social asesina. Prometía un mundo donde el gobierno tendría un Poder Ejecutivo que realmente funcional.

Al aumentar el porcentaje de miembros de la sociedad secreta; ingresaron personas de todas las clases sociales y profesiones: maestros, periodistas y hasta sacerdotes apoyaron al doctor Sancho. No eran pocos, los que como el padre de Astrid, llegaban a enfermar a sus conocidos y parientes. Se ofrecían como chivos expiatorios de ser necesario.

Conforme incrementaron su presencia en el gobierno, su participación popular creció exponencialmente. Con tanto apoyo perdieron el miedo a ser descubiertos y pasaron a la etapa descarada de nuestra aventura. La sociedad dejó de ser secreta en pocos años, probablemente para peor. Conforme se admitía cada vez más abiertamente sus inmoralidades, parecían adquirir fuerza más que disminuir en su influencia.

En ese entonces se les podía reconocer fácilmente por la señal del conejo. Consistía en un gesto difícil de ejecutar por error. Tocabas tu frente con la mano con la palma hacia adelante, apuntabas los dedos anular e índice hacia arriba, con los otros tres dedos firmemente unidos abajo. En detalle se formaba lo que se suponía era el rostro de un conejo. El doctor Sancho con el objetivo de masificar al bermellón óseo como una costumbre generalizada, ordenó juramentar a sus seguidores para responder siempre al saludo de la señal del conejo.

En resumen, sin importar tu edad y si deseabas ser policía aficionado debías ser sumamente discreto. De lo contrario en cualquier parte y lugar podrías enfermar repentinamente del bermellón óseo. El culpable podía ser casi cualquiera y tu terminabas prisionero en un hospital. Es el caso de la hija de la señora que fue secuestrada.

Ella, advertida por Chloe, soportó con estoicismo las etapas más severas de su enfermedad inducida, de alguna manera se las ingenió para escapar del complot hospitalario. Pero luego del accidente, había perdido la consciencia…

Cuando Astrid se encontró encerrada en el hospital. No pudo ingresar a la cooperativa de los policías aficionados como era su deseo. Creó el CPAN junto con tres de sus mejores amigas de sexto de primaria. El objetivo principal del club, sería investigar el secuestro de su madre. Actuaría en su cargo de presidenta, dirigiendo a sus amigas desde lejos, Pues por ahora no conseguía salir de su actual prisión. En Haram era común el dicho, que el peor enemigo de un ser humano es un mal médico; pocos se animaban a enfrentar el sistema corrompido.

A decir verdad, el CPAN fue más imaginario que real. Los logros de las cuatro niñas, en su club para policías aficionadas fueron bastante modestos.

Hasta la llegada de nuestro periquito protagonista, no habían dado frutos realmente. Su mayor mérito, según el sarcasmo habitual de Chloe, era que habían disfrutado de ratos estupendos jugando entre compañeritas.

Una hora después de que la enfermera Jade se retirará del cuarto, correspondió turno al horario de visitas. Se citaron las cuatro integrantes del CPAN aunque como era lo regular, no tenían ninguna agenda entre manos.

Llegaron primero dos niñas, Melody y Mariazinha, venían juntas caminando desde la escuela. En correspondencia con su nombre, Melody era la más aficionada a las artes. Aunque su pasatiempo preferido eran las manualidades. Ese día llevaba triunfante su último éxito en artesanías de yeso.

En cuanto a Mariazinha, seguro que sería la niña más obediente y devota del CPAN si alguna vez hubiera algo que hacer. Por el momento, tenía el récord como distribuidora de panfletos.

A las chicas de la escuela primaria para niñas Dayamai, les encantaba esculpir figuritas de yeso de sus personajes favoritos de la televisión. Actividad que se había puesto de moda gracias a la introducción de los giradores de resorte metálico; creados con el objetivo de imitar en el yeso la movilidad de las figuritas de plástico.

Los giradores eran una tecnología algo reciente que requería bastante destreza para conseguir que el yeso no se destrozara al deslizar las piezas unas respecto a otras. Melody fue una de las pocas que desde las primeras clases había conseguido que sus personajes se movieran con la gracia y soltura propia del arte. A diferencia de sus compañeras, no tenía miedo a dejar el yeso hecho trizas al primer descuido.

—¡Pero que encantadora ternurita! es una hada unicornio. Pero si es Hoshi, la unicornio mudita —exclamó Astrid al admirar la delicada y fina figurita que exhibía la recién llegada.

—No es mudita, es que es muy tímida. En el episodio tres, aparece hablando —explicó Melody.

—Lo sé, solo bromeaba… Me encanta esa serie.

—A mí me hace llorar en todos los episodios. —Mariazhina además de obediente, era la más llorona del grupo. Se conmovía fácilmente hasta por asuntos completamente triviales. Era justo etiquetarle el defecto.

—Es imposible llorar en todos los episodios. El relincho multicolor es una comedia —dijo Astrid.

—No es comedia, tiene mucha violencia. En mi opinión es una serie traidora, es para niños pero la disfrazan de una serie para niñas. Dicen que no hay que verla, pero a mí me gusta —afirmaba Melody, pese a ser una fan rematada.

La última en llegar fue Chloe, la de la falsa miopía. Arrugó la cara en cuanto vio las manualidades. Con burla exclamó en voz alta, como si quisiera ser escuchada en los cuartos cercanos:

—¿Otra vez el Club de policías aficionadas para niñas jugando a las muñecas?

—¿Te molesta? —preguntó Melody.

—¡Si no puedes con ellas, úneteles!

Las cuatro se repartieron en préstamo las figuritas de yeso, incluyendo algunas defectuosas. Pasaron un rato encantador en sus juegos infantiles. Al verlas nadie pensaría que se trataba de la reunión de un club de policías aficionadas. Tampoco ellas mismas…


Décimo octavo movimiento: Valoración del arte

Versión en audio

Super Perico llegó al hospital mucho antes de la hora de visitas. El personal le pidió retirarse y esperar hasta el timbre de cambio de hora, pero no obedeció. El ave, que todavía no entendía bien los reglamentos humanos, prefirió esconderse hasta encontrar a Astrid.

No fue fácil avanzar sin que lo vieran. Sin embargo, cuando entraron los visitantes a la hora permitida; el periquito, que no había adelantado gran cosa con su travesura, tuvo más ánimo como para pedir explicaciones a los recién llegados. La mayoría no le dio importancia a su presencia.

Entró en la habitación de la niña a escondidas. No quería llamar la atención de alguna enfermera que le obligara a marcharse pese a ser la hora de visita.

Había resuelto insistir y ofrecer sus servicios con completa honestidad. Presionar un poco, y luego retirarse con amabilidad. Aunque tenía intenciones de ayudar, luego de meses de rechazos, tampoco esperaba ningún progreso con el club de niñas.

La pequeña no estaba sola. El ave se escondió insegura de sus intenciones. Estaba consciente de su mala educación al oír conversaciones ajenas. Lo que escuchó le afectó profundamente y no pudo resistir, para bien o para mal, la tentación de permanecer atenta…

—Odio a esa maldita Jade —protestaba Astrid.

—El odio es pecado. Los médicos solo quieren evitar que te hagas daño —Mariazinha, la niña más llorona del CPAN, intentaba ser comprensiva con las irregularidades del hospital.

El reglamento estudiantil de la Escuela para niñas Dayamai establecía que toda niña hospitalizada debía ser visitada una vez al día habilitado. Sin embargo, en la práctica cotidiana, se consideraba que dos visitas semanales era suficiente. En el caso de Astrid su ejecución era responsabilidad de la tesorera del grupo de sexto, que debía crear un presupuesto y calendario para los encuentros.

Las integrantes del club se ofrecieron de voluntarias para tales visitas; aunque por supuesto, no fueron las únicas en llegar. Las chicas del CPAN eran indiscutiblemente, a ojos de la escuela, sus amigas más directas y las visitantes más asiduas con o sin agenda.

Pero Astrid estaba enfurecida por su prisión. Explicaba e inventaba sus planes de evasión para sí misma, con poco interés en lo que dijeran sus compañeras de la Dayamai.

—Planeo escapar de este hospital a la primera oportunidad. Buscaré a mi madre en las montañas de Egeria. Según la estafa de Chloe con sus recompensas, es el mejor lugar donde buscar…. Me escaparé y la encontraré.

—Solo harás que te maten —advirtió Mariazinha.

—¡Me vale!, ya decidí morirme este año —el tono de sus afirmaciones había encendido luego de la última discusión con la enfermera Jade.

—No hables así. ¿Qué pretendes decir con eso?

Mariazinha estaba terriblemente asustada. Nunca había escuchado a nadie que hablara con tanta frialdad de su propia destrucción. Las palabras de su amiga le resultaban insoportables por su profundo dolor y sinceridad.

—Que todos tienen razón. Soy una inútil… cuando por fin logré encontrar a los secuestradores; solo haré el ridículo y lo único que conseguiré será que me maten.

«He resuelto hacer todo lo posible para que eso ocurra, me parece un plan estupendo. Es lo que todos dicen, solo sirvo para jugar a las muñecas. Me parece una muerte romántica y artística. ¡Pienso que me encantaría morir así!»

Mariazinha no soportó más y rompió a llorar.

—No hagas una locura. No sirve de nada —las palabras apenas salían; pues el llanto ahogaba casi por completo su voz.

—¿Por qué lloras? No te entiendo, creo que preocuparse es una tontería. En las caricaturas dicen que una muerte grande lo que prueba es la grandeza de tu propia vida.

«Tengo delante de mi un final estupendo, y pienso aprovechar la oportunidad de brillar con una muerte realmente hermosa.»

—No sigas —respondió como pudo sin parar en sus sollozos.

—¿Qué más puede pedir una hija que tener la oportunidad de morir por su madre? Dímelo con sinceridad, si serías capaz de pintar con tu propia vida un cuadro de mayor magnificencia.

—¿Es que no entiendes por qué lloro? —Mariazinha sentía deshacerse por dentro con las palabra de su querida amiga.

—Así es, no lo entiendo. He encontrado la llave que me transformará en una obra de arte. La creación de una hija realmente maravillosa. Acaso no es una forma elegante de superarme a mi misma. Detenerse por la nimiedad de la muerte, me parece un absurdo.

«Te desafío, dime al menos una razón que me convenza que hay motivos para llorar ante la oportunidad de la grandeza.»

Mariazinha no paraba en sus quejidos y no encontraba fuerzas para responder. Al escuchar a su amiga expresarse con tales razones, le invadía un profundo dolor. Aún así consiguió, con grandes esfuerzos, pronunciar algunas palabras entrecortadas.

—Tengo derecho a llorar porque no morirás sola —fue más un susurro que palabras. Pero nacían de la verdad y la lealtad.

Super Perico quedó conmovido con tales promesas. Iba a intervenir antes, pero le preocupaba ser rechazado con otra negativa; como todas las que había recibido hasta entonces. Se le ocurrió un plan: ofrecería estar presente justo en el momento que fueran asesinadas. El se encargaría de arreglar las cosas con sus superpoderes. Tan encantadora petición; a sus propios ojos era muy razonable y confiaba que por fin sería aceptada.

—No hay necesidad que dos encantadoras señoritas se hagan matar, para eso Dios creó a los periquitos. ¡Hola, valientes muchachitas! Yo soy Super Perico, y con mis superpoderes rescataré a la madre de esta niña.

—¡Fabuloso! ¡Maravilloso! —respondieron las dos niñas compitiendo por demostrar mayor entusiasmo.

—Pero hay una condición.

—¿Cuál condición?

—Que me expliquen cómo se rescata a una mamá secuestrada.

Ya no solo Marizinha, sino también Astrid rompieron a llorar. Ninguna de las dos sabía cómo rescatar mamás. Con dolor, admitieron ser unas inútiles que no podrían encontrar una muñeca extraviada en su propio cuarto. Pedirle tal condición a el CPAN, era pedirle peras al olmo. Una segura pérdida de tiempo.

—Olvidemos lo de la condición. Rescataré a tu mamá de todas formas, pero les confieso que no sé lo que estoy haciendo…

Aunque Astrid hubiera estado más que dispuesta a olvidarse completamente de Chloe o de Melody si fuera necesario. No así Marizinha que recordó que el reglamento del CPAN exigía unanimidad para admitir un nuevo miembro. Las reglas no mencionaban en absoluto a las mascotas, mas como era tan obediente de los preceptos solicitó consultar con las demás integrantes.

Super Perico no presentó inconvenientes. Prometió hablar con Chloe, aunque admitió su fracaso inicial en el parque. Hablaría con ella a la primera oportunidad.

No tuvieron que esperar mucho tiempo para reencontrarse con la chica de la falsa miopía. Mariazinha arregló una entrevista en el mismo parque donde el perico había conocido a Chloe. En esta ocasión en vez del desagradable pizarrón policial, se reunieron en la fuente principal y sus elegantes bancas.

Asistieron Super Perico, Mariazinha y Chloe. Pese al gran entusiasmo de los dos primeros, la chica de lentes insistía en sus negativas.

—Nos matarás a todas, pajarito. Si razonas con lógica eres el villano de la historia por la irresponsabilidad de tus actos —Chloe rechazaba con frialdad y decisión todas las propuestas del periquito.

—Pero ustedes mismas crearon el CPAN. Las estoy ayudando a cumplir con la misión que ustedes eligieron.

Como ninguno de los dos, ni ave ni niña, se dieran por vencidos. Chloe cedió en aclarar algunos secretos que guardaba celosamente.

—Supongo que es justo explicarte la verdad y a ti también Mariazinha. Aunque pienses que soy una traidora. Hemos engañado a Astrid todo este tiempo…

«Le hicimos creer que ella ingenió lo del Club de policías aficionadas para niñas. Pero en realidad, no fue así. Lo creamos en la escuela: la maestra de liderazgo en el hogar, el padre de Astrid y yo. Los dos primeros juraron la señal del conejo, si saben lo que significa.»

—No —respondieron ambos.

—Mejor así, no es nada bueno. A mí me resultan ambos seres repugnantes. Que Astrid me perdone por expresarme así de su padre. Pero no quiero que nos maten o enfermen a todas por una empresa imposible.

Cuando los habitantes de Haram juraban la señal del conejo, se convertían en perseguidores descarados de los policías aficionados. En su fanático hostigamiento no dudaban en inducir enfermedades para deshacerse de ellos.

—¡No deberías hablar así del papá de una amiga! ¿Y qué opinas de mi padre el sargento Joel? —preguntó Mariazinha. La niña estaba escandalizada por el espectáculo de una compañera de escuela hablando con tanto desprecio de los padres de sus amigas cercanas. No es que nunca hubiera escuchado hablar a nadie en ese tono, pero aún así le impresionaba y afectaba.

—Tu padre, el sargento Joel, será nuestro as bajo la manga si pierdo el control de la situación. Me cae bien… —respondió como si jugara una partida en un tablero de mesa.

En cuanto Super Perico escuchó hablar del sargento, sintió como Chloe un arrebato de desprecio. Prefirió no decir nada, ni advertirles de su mala experiencia con el sargento. Entre aves se honra el derecho a hablar bien de los familiares, peor sería ver un polluelo renegando de su parentela. Si los humanos pensaban igual, lo respetaría…

Entonces la niña de la falsa miopía tomó un respiro. Luego, con un gesto de resignación, inició un relato que más parecía un informe de actividades que una confesión:

—El verdadero objetivo del CPAN siempre fue encerrar a Astrid en sus propios compromisos.


Décimo noveno movimiento: Marca de la bestia

Versión en audio

Según la historia que contó Chloe a Super Perico y Mariazinha; el club de policías aficionados CPAN surgió como un engaño de los adultos para impedir que Astrid escapara del hospital.

La niña había intentado fugarse en varias ocasiones; aunque con malos planes, sin ayuda y abundante palabrería. Todos terminaron en completos fracasos. Al respecto, Astrid se justificaba con orgullo afirmando que fueron más experimentos que verdaderas fugas.

Pero los guardias advirtieron a su padre que lo conseguiría tarde o temprano. Sería el resultado del poco apoyo o por algún fallo de la escasa seguridad del hospital. Después de todo, el arresto por internado hospitalario era una actividad ilegal. No se suponía que el edificio fuera utilizado como una prisión.

La escuela Dayamai no estuvo exenta de complicidad en el secuestro. Ishbel, la maestra de liderazgo en el hogar, temía que Chloe la ayudara a escapar y no dudó en amenazarla para obtener su colaboración.

Pero no era necesario, a su amiga le parecía brutal y estúpido todo lo relacionado con los policías aficionados. Los consideraba un desprestigio para la política del país. Aunque su posición no era tan radical como para apoyar al doctor Sancho, despreciaba a la famosa cooperativa que promovía y defendía los intereses de la investigación informal.

La maestra Ishbel y el padre de Astrid intentaron presionar a Chloe para juramentarse con la señal del conejo:

—Si yo hubiera escrito la Biblia —les dijo la niña—. Mirar por morbo un pizarrón AAC sería pecado; y la señal del conejo sería la marca de la bestia por mayoría de votos.

Rechazó agresivamente cooperar con la señal del conejo, se dice que incluso llegó a golpear al padre de Astrid. Fue entonces cuando surgió el CPAN. Como alternativa a la señal del conejo, propuso la idea del Club de policías aficionadas para niñas. Vivirían una completa farsa que sustituiría los planes de escape. Absorbería su tiempo e imaginación con compromisos inútiles.

Chloe se sentía terriblemente conmovida por el violento accidente que atrapara a Astrid en el hospital. No sintió ningún remordimiento por colaborar y evitar que su amiga se matara en cualquier momento.

Consciente de su poca edad e inmadurez, prometió que el CPAN no haría otra cosa que jugar a las muñecas y perder el tiempo. Si con teatro le hacían creer a Astrid que todo fue su idea, el compromiso sería mucho mayor. Para tener credibilidad y obligarle a cumplir sus obligaciones inventó la estafa de las recompensas; que además podría ser utilizada para destruir al CPAN si llegara a ser necesario. Además, le impondrían un reglamento truculento destinado a entorpecer cualquier investigación de verdad.

—¿Qué parte del reglamento entorpece la investigación? No lo entiendo. Aunque no lo leí, lo poco que recuerdo me parece razonable —preguntó Mariazinha.

Chloe se rio de la ingenuidad de su amiga:

—Me inventé como cuatro o cinco trucos—su expresión revelaba cierta complacencia en su propia astucia—. Por ejemplo, lo del voto unánime para admitir cualquier ayuda o nuevo miembro… Yo siempre votaré en contra.

—¿Otro truco? —preguntó Super Perico.

—No se puede gastar dinero en investigaciones sin autorización de tus padres.

—¿Y eso qué tiene de truco?, es lo que hacen los padres —interrogó Mariazinha.

—¡Por Dios, es obvio! El poder real es del padre de Astrid quien no nos va a dejar nunca hacer absolutamente nada.

—¿Y los juegos con muñecas…? Tu siempre te quejas.

—Soy la mejor actriz de la escuela. Forma parte de mis obligaciones principales. No me gustan las farsas, pero quiero mantenerlas a salvo del mundo real.

«Hablando de muñecas: ¿cómo se come eso de un perico ayudando a cuatro niñas? —Cambió de tema y se volcó contra la supermascota—. La enfermera Jade me contó que como proyecto de ciencias en el colegio; logró criar un perico travesti. Siendo honesta, supongo que podemos olvidarnos del asunto por un par de semanas. Pero te advierto que a quien quiero yo es a mis amigas; no a Super Perico.»

El pájaro, que estaba molesto por el último comentario, interrumpió para tomar la palabra:

—Lo siento, pero, aunque el reglamento del CPAN lo prohíba. Ayudaré a Astrid.

—En mi opinión tu eres el villano, periquito. Pretendes arruinar la vida de cuatro señoritas, incluyendo la mía. Las llevas por el camino de la imprudencia. Quieres jugar con fuego aprovechando tus poderes y nos pones en peligro irresponsablemente. Eso también es un crimen…

—Respetaré el mundo de los humanos aunque todo lo hagan al inverso que las aves. Pero entre periquitos existe un derecho sagrado… el derecho de morir por tus parientes. Y si Astrid ha tomado su decisión. Me siento obligado como supermascota a apoyarla y protegerla con mi vida.

—Tengo curiosidad por la lista de esos derechos sagrados —dijo con sarcasmo—, pues tengo algunas sospechas. Yo también tomé mi decisión, me niego a cooperar. Somos niñas… Quizá por tu falta de perspectiva nos ves como gigantes. No entiendes el grave error que cometes.

Super Perico y Mariazinha se iban a marchar, pero Chloe los detuvo. Tenía una opinión muy favorable de su propio poder de convencimiento y había mucho que intentar aún:

—¿Iban a pedirme un consejo?

—Sería pérdida de tiempo —respondió el ave.

—Quiero escucharlo, me interesa.

—Astrid me ha pedido que la ayude a escapar y planeo secundarla. Quería pedirte consejo sobre el tema, pero ya sé tú respuesta —explicó nuestro buen pajarillo.

Chloe que había permanecido sentada durante el diálogo anterior, se puso de pie. En su expresión parecía como si creyera que de un golpe hubiera ganado la conversación, y que solo le faltaba declarar el jaque mate:

—No, no sabes mi respuesta. Dime: ¿la vas a mantener? ¿por cuánto tiempo? Si no eres capaz de responder de forma inteligente a mis preguntas te exijo que dejes a Astrid en el hospital o atente a las consecuencias —la amenaza de Chloe mostraba que estaba decidida. Una mueca de triunfo iluminó su rostro.

Pero Super Perico y Mariazinha ya habían preparado su respuesta. La victoria no sería tan simple de conseguir como Chloe se imaginaba.

Explicaron sus planes con lujo de detalles. Astrid, internada en el hospital, ya había fabricado un ‘pericomóvil’, como ella misma lo había bautizado. El pájaro sacaría a la niña volando a bordo de una especie de trampolín sostenido en su parte superior por un aro metálico. Admitieron que no habían tenido oportunidad de realizar pruebas al diseño, pero la prisionera aseguró que resistiría su propio peso.

Chloe reconoció que nadie dispararía a una niña volando en un pericomóvil; y que el plan sería exitoso si conseguían evadir a sus probables perseguidores.

Para la alimentación y la mayoría de los consumibles utilizarían ¡¿pajaritos?! Un grupo de aves amigas aceptaron servir de buenas samaritanas para tan curiosa empresa.

—He conversado con muchos pajaritos, y me han garantizado su cooperación. Hemos hecho experimentos para asegurarme que tendremos lo necesario para una chica. Mariazinha nos ha asesorado con todos los detalles —el héroe parecía muy satisfecho con los preparativos.

Chloe arrugó la cara, y les exigió los pormenores. Sus interlocutores estaban muy contentos con sus explicaciones. En vez de ocultar parecían dichosos de compartir sus ideas.

—Mariazinha escribió una lista de artículos, y los pajarillos consiguieron la mayoría. El resto lo trajo ella misma —explicó el ave.

—¡Ya consiguieron todo un ajuar…! —exclamó Chloe con cierta burla.

—Queríamos estar seguros de poder conseguir todos los artículos de la lista.

—Les creo que una vez les haya funcionado, pero me preocupa el paso del tiempo… —dudó Chloe de tales propuestas.

—Repetimos el experimento por tres días seguidos. Ya los pajaritos están entrenados y en buena disposición para hacerlo todo el tiempo que sea necesario.

—Hay algo que no encaja… ¿puedo leer tu lista? —solicitó la chica no muy convencida de lo que oía. Todavía los dejaba hablar. Se contenía en su reproche. Quería tener la mayor cantidad de detalles posible, antes de dar su sentencia.

—No la traigo conmigo —se excusó Mariazinha.

Estuvieron como una hora entretenidos con abundantes detalles curiosos de su plan. El escondite estaba cerca de un riachuelo, por lo que no debían temer la falta de agua. Chloe no pudo convencerles de la necesidad de tener acceso a electricidad y medicinas dictaminadas por personal competente. Un grupo de perritos callejeros aceptaron trabajar como sistema de seguridad a cambio de un poco de comida.

—Danos tu opinión —solicitó finalmente nuestro héroe.

—Pues concluyo que su plan es convertir a mi amiga Astrid, en una delincuente que lidera una banda de pajaritos ladrones.

—¿Por qué ladrones? —preguntó el perico.

—¿Lo roban o no? No creo que ustedes paguen nada, deben haberlo hurtado. Astrid terminará en el infierno por ladrona. Y tú, Super Perico, serás el culpable.

El ave lo último que quería era ofender a los ángeles o a Dios. Ante tales quejas estaba sumamente preocupado. Sabía que los seres humanos son las criaturas más celosas de sus pertenencias. Aunque fuera una buena causa estaba exponiendo a Astrid a serios problemas ante Dios y ante los hombres.

—Me has convencido, yo no quiero que una niña se condene al infierno humano por mi culpa. Como siempre estoy muy confundido y no estoy seguro de que camino tomar —hubiera dicho que se daba finalmente por vencido, pero…—. Quisiera pedirte otro consejo: ¿crees entonces que deba devolverla al hospital?

—¿Qué quieres decir con devolverla al hospital?—Chloe estaba furiosa.


Vigésimo movimiento: Misa por gusto o por obligación

Versión en audio

Las cuatro niñas establecieron como nuevo lugar de reunión del club de detectives, la cueva donde se escondía Astrid. Entre todas consiguieron llegar a varios acuerdos con Super Perico sobre el futuro cercano de la niña fugitiva.

Ya para entonces, el pájaro había comenzado su propia investigación del secuestro de la madre de Astrid. Aunque con las dudas e indecisión de siempre. Como su principal sospechoso señaló al delincuente el Amigo. Pero al sincerarse con las niñas, confesó que sospechaba de él, sin ninguna prueba ni motivo real que lo vinculara con el caso.

La Hacienda Amadi era lo suficientemente extensa como pare esconder una víctima y no encontrarla nunca. Si estaba muerta las posibilidades se reducían enormemente. En una propiedad tan grande, existía el peligro de perder todo el tiempo que se quisiera en una búsqueda inútil.

Acordaron que Super Perico revisaría minuciosamente la hacienda; mientras las chicas se asegurarían de estabilizar y llevar alguna normalidad a la complicada situación de Astrid.

—El acuerdo con nuestro pájaro matón —explicaba Chloe en la reunión del día—. Es un plazo de un mes como máximo para ingresar a la CASPA o Cooperativa de ahorro y socorro de los policías aficionados. Se conceden seis meses adicionales para encontrar a la madre de Astrid. Si los plazos no se cumplieran Astrid deberá regresar con su padre. Ya preparé el nuevo reglamento del CPAN.

Ingresar a la cooperativa de policías aficionados no era asunto fácil pues requería atrapar al menos un delincuente durante el año previo a la solicitud de admisión. Si se atrapaba un antisocial que contara con AAC, se aceptaba el requisito como cumplido una vez que la comisaría consolidara el arresto.

Si atrapabas un delincuente que no contara con autorización de arresto policíaco, se permitía solicitar una convalidación. Además, los miembros regulares gozaban del útil privilegio de poder solicitar recompensas retroactivas a la policía, por intermedio y estudio previo de la misma cooperativa.

Desafortunadamente, los trámites de convalidación y las recompensas retroactivas podían tomar varios años. El plazo de un año para ingresar a la CASPA se tomaba a partir de la fecha de solicitud, de forma que la admisión no se viera en entredicho por el largo trámite.

Las recompensas retroactivas eran comunes pero complicadas; especialmente para los neófitos. Aun suponiendo que el acusado fuera declarado culpable y con un delito que ameritara recompensa, la decisión era judicialmente libre para la policía. Una conclusión negativa era más que probable.

Cuando Chloe redactó su nueva versión del reglamento del Club de policías aficionadas para niñas o CPAN, utilizó las reglas de los adultos como modelo. Se diría que se trataba de una versión infantil y excesivamente simplificada de los estatutos del CASPA. Cuidó de agregar algunas directrices muy importantes, que normalmente los adultos descuidan.

—¿Qué dice el nuevo reglamento sobre jugar a las muñecas? —preguntó Melody.

Chloe había prometido a sus compañeras, que las nuevas reglas incluirían algunas pautas destinadas al entretenimiento y disfrute de sus miembros. La anterior versión no mencionaba nada sobre juegos o juguetes.

La chica de la falsa miopía leyó en vos alta:

«Regla catorce: toda niña miembro del CPAN deberá jugar un mínimo de una hora diaria en días hábiles, hasta un máximo permitido de 24 horas».

Las niñas aplaudieron la directriz con entusiasmo y unanimidad.

—El reglamento no aplica a las mascotas. Así que no molesten al pájaro matón. En nuestros juegos no se admiten niños, solo niñas… —aclaró Chloe—. Necesitamos de Super Perico porque está demostrado que nuestras vidas corren peligro.

Ese día jugaron un juego de rol: Las sirenas del sol. Se consideraba un juguete para niñas de familia acomodada; aunque el precio de algunas versiones no impedía que fuera frecuente entre las clases medias.

Se jugaba con pequeñas muñecas sobre un tablero de tela. Al centro tenía varias casillas que guiaban la acción. El escenario estaba ampliamente decorado con motivos de la popular película, que se vendía a diferentes precios según la calidad y detalle.

Curiosamente, las versiones más apreciadas entre la clase adinerada eran las producciones artesanales que violaban las patentes de invención. Estos juguetes irregulares hechos a mano solían ser los más caros y otorgaban mayor prestigio social.

Las integrantes del CPAN utilizaban una versión comercial relativamente económica, con muñequitas individuales sobre una base plástica simple, que les permitía sostenerse fácilmente de pie sobre el tablero.

—Gana la que acumule más puntos de belleza, bondad, y verdad. Se acumulan puntos disfrutando con una vida imaginaria que concuerde con tu destino en el tablero… Chloe iniciará con cero puntos porque carece de las tres virtudes —bromeó Melody.

—¡No fastidies! —protestó la niña aludida.

Durante el juego, conversaron sobre toda clase de temas, algunos infantiles y otros no tanto. Se suponía estaban en una reunión del CPAN.

Su tema preferido de entonces fue el asunto de los animales que tan generosamente ayudaron a Super Perico y a Astrid. Por supuesto, ninguna de las chicas entendía el lenguaje de los animales. No así nuestro héroe, que gracias a sus superpoderes había ampliado su capacidad políglota connatural a los pericos.

El ave asumió el rol de intérprete en las negociaciones entre el CPAN y los animales.

—No me gustó que la grosera de Chloe echara a los pajaritos. No debió acusarlos de ladrones —se quejó Astrid.

—¡No es cierto! —se defendió Chloe—. Yo aclaré que las ladronas y verdaderas pecadoras somos nosotras. Los animalitos no tienen la culpa. No los estaba echando, fue un discurso de agradecimiento.

—Chloe no entiende la diferencia entre un discurso de agradecimiento, y una notificación de desahucio —bromeó Melody—. En mi opinión, debe existir alguna regla en el Paraíso que prohíba que los planes tiernos y encantadores sean pecado.

Para conseguir dinero, Astrid comenzó a trabajar los fines de semana en el restaurante cosplay de la familia de Melody. Como no se le pagaría nada sino hasta terminar su primera quincena, Chloe organizó una colecta entre las compañeras de sexto de la escuela Dayamai.

Por precaución, para participar en la colecta, convocaron únicamente a las niñas que fueran incapaces de reconocer la señal del conejo. Requisito que cumplió la mayoría, pues generalmente se revelan estos detalles de la política oscura de Haram hasta una mayor edad. No obstante, muchos menores de edad son utilizados rutinariamente como agentes de estas prácticas al margen de la ley.

En cuanto a los pajaritos asaltantes, como les llamó Chloe, recibieron complacidos el agradecimiento tanto de las niñas como de Super Perico. Con gusto, aceptaron volver a cooperar en futuras situaciones de urgencia.

Luego de muchas discusiones morales, Chloe cedió en no seguir tildando de delincuentes a los pajaritos. Acordaron que el repentino escape de una integrante del CPAN prisionera, podía considerarse legítimamente una situación de emergencia que justificaba medidas extraordinarias.

Era imperante, sin embargo, buscar ingresos más honestos. La solución llegó rápidamente, gracias a un empleo parcial en el restaurante cosplay de la familia de Melody.

Oficialmente, se suponía que Astrid estaba desaparecida. Aunque producto de la misma corrupción de su secuestro hospitalario se percibía poco interés en encontrarla. De todas formas, las niñas temían problemas en los próximos días.

Chloe insistió que Astrid debía cubrirse completamente el rostro, solo había que elegir al personaje de cosplay apropiado. Melody se encargó de las negociaciones previas para la nueva empleada:

—Se vestirá como Betty, la mujer astronauta, equipada con seguridad aurora —utilizaba la jerga de la serie animada—. La costurera prometió que el disfraz estará listo para el próximo jueves. En mi opinión, cubrirse el rostro es innecesario. Tengo una vecina que realiza maquillajes irreconocibles, aunque cobra algo caro. Pero ustedes no me lo quieren creer.

Los trajes para el cosplay serían pagados y permanecerían en propiedad del restaurante. No tendrían que preocuparse por comprarlo.

Al fin de semana siguiente utilizaron el disfraz de mujer astronauta; pero por algún error de diseño resultó sofocante para la niña. Decidieron ignorar las recomendaciones de Chloe. Cambiaron entonces por el maquillaje de la Princesa Tejedora, un personaje popular de las caricaturas normalmente con el rostro al descubierto. El traje de Betty sería empleado únicamente durante eventos especiales.

Más complicado para las chicas, resultó el cumplimiento de las obligaciones religiosas de la niña en fuga. Aunque las demás eran de otro parecer, Astrid fue de la opinión que en ese entonces y más que nunca estaba en obligación de asistir religiosamente a misa todos los domingos.

—No hay peor ciego que el que no quiere ver. Con un perico que habla con los ángeles, tendría una que ser muy […] —fue su última palabra; estaba decidida a cumplir sus deberes para con Dios y su conciencia.

Pese a la oposición, Astrid también asistió a misa en traje de cosplay. Tal atuendo en un recinto sagrado era considerado sacrilegio en Haram. Pero la necesidad de no ser reconocida justificó tal atrevimiento.

Melody, sin ningún disfraz, evitaba que nadie se acercara a la fugitiva. Eligieron un sacerdote conocido por responder a la señal del conejo, probable colaboracionista con el secuestro hospitalario. Según Chloe, los policías aficionados evitaban asistir a misa con tales religiosos. Razonaron que serviría para despistar.

Pero una chica en traje de cosplay llamaba excesivamente la atención. Al terminar la ceremonia, el sacerdote encomendó a un monaguillo regañar a la chiquilla irrespetuosa. Afortunadamente, el muchacho encargado tenía una hermana en la escuela para niñas Dayamai, que pudo advertirle a tiempo de quien se trataba.

El monaguillo en vez de regañar a Astrid, pasó al frente para explicar el exótico disfraz de la niña en lugar tan inapropiado. Anunció delante de todos los feligreses un evento ficticio que él estaba organizando personalmente.

Luego de su farsa, se acercó molesto a las detectives.

—Por vuestra culpa he mentido. Tendré que confesarme con algún sacerdote en alguna otra iglesia —se quejó el monaguillo con el CPAN.

—Haremos verdad tu mentira —prometió Melody—. Mi padre tiene un restaurante cosplay, algo se nos ocurrirá. Tendremos la excusa que necesitamos para que Astrid siga asistiendo a misa disfrazada.

No crean los lectores que las niñas no tenían dudas acerca de la corrección de sus propios actos. Aunque lo habían evadido conscientemente los primeros días de fuga; tenían dificultades en justificar ante sí mismas, sus cada vez más atrevidas andanzas.

Para demostrar la valía del CPAN tenían que arrestar algún delincuente en un mes. La misma prueba de los novatos para ingresar a la cooperativa.

Astrid soñaba con llevar a prisión al doctor Sancho; pero la enfermera Jade la había convencido acerca de la enorme dificultad de tal empresa.

Decidió que no intentaría nada contra el maligno médico hasta la mayoría de edad. El doctor Sancho, tranquilo como ministro de salud vitalicio; cometería por ahora todos sus delitos impunemente sin rendir cuentas oficialmente ante la justicia.

Quizá la mejor opción era recurrir a las pizarras de la policía. Sin embargo, encontraron que todos los AAC de la pizarra eran excesivamente complicados, al menos para cuatro niñas sin ninguna experiencia. Por lo regular ningún caso se publicaba sin que la comisaría hubiera intentado el arresto varias veces. Solo excepcionalmente, por exceso de trabajo; se publicaban autorizaciones de arresto de muy baja dificultad.

Por votación eligieron una propuesta de Super Perico. El ave se sentía culpable por no haber auxiliado a una señora amistosa, que le había solicitado ayuda contra un grupo de cuatreros que la molestaban.

Tales cuatreros eran considerados por la población imposibles de arrestar. Su principal dificultad era la alcahuetería del mismo gobierno de Haram, que los utilizaba para molestar a los opositores de la política de turno.

Tenían por fin un caso que resolver. Sin embargo, no se les ocurría ni por donde comenzar. Chloe exigió que alguna de las otras tres niñas propusiera algún plan de acción, lo que fuera. Dio un plazo para tan siquiera iniciar actividades, pero tal y como esperaba; cuando llegó el momento de explicar sus planes ninguna niña ni perico propuso nada.

La falsa miope retornó a su costumbre de burlarse de las tontas niñas que solo jugaban a las muñecas. Sin embargo, Melody pidió una segunda oportunidad:

—¿Acaso tú tienes un plan? —Todas estaban sorprendidas, y el pajarillo también.

De la que menos se imaginaban que tuviera un plan de acción era de Melody. Quien siempre se mostraba más preocupada por comportarse como niña que por tomarse en serio lo de ser detective.

—No, o tal vez sí… Se los explicaré mañana, pero a condición de que Super Perico no se encuentre presente. Necesito traer de mi casa uno de esos objetos que únicamente pueden ser tocados por una princesa.

Fue la respuesta de Melody, que evidentemente se tomaba muy en serio los requisitos para que una niña común se llamara a sí misma princesa.


Vigésimo primer movimiento: Plan

Versión en audio

El problema en discusión era un caso de ladrones de ganado reincidentes, que según los rumores actuaban en complicidad de la persecución política del gobierno y los militares para beneficiarse mutuamente. Los campesinos consideraban inútil cualquier intento de arresto por el antecedente de impunidad y alcahuetería de los malhechores. Se suponía que de ser arrestados serían liberados casi inmediatamente con cualquier pretexto por sus socios en el poder.

Al día siguiente, Melody enseñó al resto del CPAN en reunión privada y sin mascotas; el objeto que había prometido traer en la sesión anterior. Según ella, podría brindarles alguna idea sobre el camino a seguir para conseguir la admisión en la versión para adultos de su propio club de investigación policíaca, pero…

Las llamadas cajitas audiovisuales estaban de moda como el juguete preferido de las niñas de escuela desde hacía unos cinco años. Quien desconozca su existencia y propiedades, pensaría por su apariencia que se trataba de una de esas cajitas de música de diseño muy delicado y fino; donde una bailarina baila al compás de un sistema de engranajes.

En realidad, aunque de tecnología similar, era una versión mucho más moderna. Los fabricantes de juguetes de la zona habían conseguido notables progresos en los últimos años.

Las cajitas audiovisuales no necesitaban electricidad, pues su energía era generada por un resorte, propiedad que todavía compartían con su versión predecesora. La zona destacaba por sus curiosos intentos para crear mecanismos y tecnologías con métodos alternativos a los que tradicionalmente se ofrecían.

Haram estaba muy orgullosa por estas energías alternativas. Los progresos eran bastante modestos, pero en la imaginación popular se crearon toda clase de leyendas. Se rumoraba que incluso habían fabricado un celular completamente hecho con engranajes mecánicos microscópicos, sin hacer uso de la electricidad en absoluto; pero que un oscuro complot de la milicia internacional había destruido la exótica invención y asesinado al científico. Nunca apareció por supuesto ninguna prueba de tan peculiar creación.

Las cajitas audiovisuales habían triunfado como moda infantil para niñas. La tradicional bailarina imponía su presencia como una de las decoraciones preferidas. Aunque su ubicación era algo diferente a la antigua cajita de música, para evitar que su sombra interfiriera con el proyector. La información del video a reproducir se leía desde el registro de un cilindro metálico graduado. Las graduaciones serían mucho más diminutas, casi invisibles a simple vista, pues simultáneamente respaldaban información tanto de audio como de video. En ese entonces, la patente del juguete era explotada exclusivamente en los países vecinos de Haram.

De la decoración era claro que se trataba de un juguete exclusivamente para niñas. En el país lo normal era alentar esas diferencias. Culturalmente existía poco interés en desafiar la tradición; visión de mundo que triunfaba incluso en el mercado.

—¿Qué primor vamos a ver? —preguntaron emocionadas.

—El episodio 214 de El relincho multicolor. En ese capítulo las hadas unicornios derrotan con un plan de Hoshi a unos cuatreros trolls, que una malvada reina de hielo no quería encerrar en prisión porque eran sus compinches. Así que sobornó a los búhos para que no hicieran caso de las hadas —explicó Melody un contenido archisabido casi de memoria.

—¿Qué tiene de particular esa aventura? —preguntó Mariazinha.

—El problema es idéntico al de la señora que nos contó Super Perico, aunque sin hadas unicornios, y que nosotras vivimos en una democracia. Como nadie sugiere nada, supuse que quizá podíamos hacer lo mismo que Hoshi…

—¿Cómo una unicornio muda puede hacer un plan? —preguntó Chloe.

— Sí habla, pero con monosílabos… Además, el lenguaje del corazón contiene más información y es mucho más rico que las palabras.

—Aunque los datos son menos precisos —aclaró Chloe.

—Me parece que nosotras podríamos anotar en un cuaderno, todo lo que hagan las hadas unicornios en el episodio. Como ninguna ha propuesto nada mejor, sugiero que hagamos lo mismo —propuso Melody en definitiva.

Era la verdad, no teniendo ninguna idea, cualquier propuesta se convertiría en la mejor. Las niñas muy entusiasmadas dieron suficiente cuerda a la cajita audiovisual. La bailarina comenzó su dulce movimiento, mientras el proyector reproducía con deplorable calidad la historia infantil que guardaba tiernamente en su interior. Utilizaron un auditorio improvisado que lograron montar en una de las tiendas para campamento, que Mariazinha había dispuesto desde antes de la fuga.

Como había ocurrido previamente con Melody, pudieron identificarse plenamente con la problemática del episodio. Aunque simbólicamente y ambientada en un mundo ficticio alternativo; las estrategias de las valientes unicornios quizá pudieran extrapolarse al mundo real.

La esperanza podía conseguir que un grupo de niñas se engañara fácilmente a sí mismas. En su corazón trataron de percibir el imaginario drama que se presentaba ante ellas, como si lo sufrieran en su propia carne y hueso. Poco había que arriesgar; pues al extrapolar la tónica de la serie, era seguro que la aventura terminaría bien…

Astrid era la que más profundamente sufría cada golpe y cada éxito de sus heroínas. «¿Por qué no?» se decía en su interior. Había algo realmente importante porque luchar.

—Es el mejor plan que tenemos, hagamos lo mismo que las hadas unicornios. Votemos… —interrumpió Astrid, sin ni siquiera esperar a que terminaran los créditos.

No hubo propiamente ninguna votación, pero con Astrid y Melody a favor, antes de concluir el día las otras dos niñas terminaron cediendo. Por unanimidad del CPAN habían acordado su estrategia a seguir.

Un plan tomado de las caricaturas era mejor que ningún plan, y Astrid necesitaba un rumbo que la guiara. No había dudas en su corazón; para ella era mejor salir a la calle, gritar, hacer el más completo de los ridículos que no hacer nada.

Por supuesto, en realidad, no iban hacer el tonto. Al menos Chloe, luego de ahogar un intento de broma infantil por parte de Melody, les había espetado con una de sus salidas habituales: que estaba decidida a evitar cualquier acto potencialmente estúpido de sus colegas aficionadas.

Para arrestar a los cuatreros, tal y como había sido sugerido por Super Perico como caso de prueba para ingresar a la cooperativa CASPA; convenía primero pedir ayuda e ideas a los afectados. Era parte del plan de Hoshi, la hada unicornio. Siguiendo la ruta trazada por las caricaturas, había que ir al territorio de los cuatreros, buscar a las probables víctimas, conversar…

Como cronista supongo que la contribución más útil de las tales conversaciones preliminares provino de un hombre de apellido Gonzáles. Perdón por adelantarme un poco a los hechos, acelerar la trama, y quebrar la linealidad. ¿Cómo fue que conocieron al señor Gonzáles?

La investigación para arrestar a los cuatreros comenzó en las fincas de una zona identificada por Super Perico, que ya conocía algunos antecedentes de la situación. Pues, aunque nuestro héroe prácticamente no había hecho nada en absoluto; en episodios precedentes había tenido la oportunidad de conversar con muchos campesinos de la zona. De tal forma que, en las cercanías del robo de ganado investigado, casi todos conocían al ave por sus visitas anteriores.

Chloe solicitó que la dejaran hablar solo a ella, pero las demás pequeñas no la obedecieron. El que sí obedeció, fue Super Perico, que se sintió algo corrido por la desconfianza de la chica de gafas. Se aseguró de mantenerse a la vista de los lugareños en espera que lo reconocieran.

—¿Qué se les ofrece a tan encantadoras niñas? —preguntó el primer campesino con quien trataron el caso de abigeato.

—Trabajamos voluntariamente como conserjes de Super Perico —respondió Chloe, dejando sorprendidas a sus compañeras. Señaló hacia al pajarillo que permanecía apartado.

Extrañaba que hubiera elegido llamarse a sí misma conserje, pues sabían que Chloe anhelaba demostrar la superioridad de la mujer en el planeta. Si fuera por su gusto las chicas gobernarían sobre los chicos. Hubieran esperado títulos como asesora, consejera, jefa, pero no… la chica eligió el título de conserje.

—¿Qué se supone hace el conserje de un superhéroe? —el aldeano se estaba divirtiendo con la charla.

Chloe detalló una explicación de funciones que había planeado hacía varios días para ese momento. Actividades, falsas e imaginarias todas ellas. Simple y llanamente estaba haciendo uso de las dotes de actriz que le gustaba presumir.

Según explicó después a sus compañeras, su verdadero objetivo era aumentar la seguridad de las pequeñas niñas, y a su vez, ganar confianza y pretextos para las entrevistas. Respondió de memoria, era evidente que recitaba palabra por palabra sin fallar:

—Cuando un superhéroe pelea con un villano, suelen haber destrozos y daños a terceros difíciles de rastrear en pleno combate. La misión de los conserjes es entrevistar a los afectados para determinar los daños y poder evaluar la eficacia de la actividad del héroe. Por esta razón se ven obligados a realizar molestos cuestionarios con el objetivo de mejorar su servicio al cliente.

La chica no esperaba tanto éxito. El labrador creyó todas sus palabras. Quizá demasiado, porque inmediatamente solicitó ayuda:

—¿Y reparan los daños?

—No, el estudio es estrictamente matemático —respondió Chloe al instante.

Pero su teatro se complicó, pues no le había advertido a sus compañeras sus planes. Las otras niñas quedaron encantadas con la propuesta, aunque fuera solo fingida.

—Chloe no recuerda bien. No es un estudio de matemáticas… Sí, nosotras repararemos los daños de los abigeos —intervino Astrid, feliz de ayudar.

—Sí —secundó Mariazinha.

—Pues claro —confirmó Melody.

Chloe estaba alarmada, reflexionaba en gastos, tiempo y cansancio innecesario que las demás no parecían percibir. Distracciones de su objetivo. ¿De dónde sacarían el dinero?

—No y no. El presupuesto de reparaciones se agotó. Así que en la última sesión de superhéroes se acordó no reparar nada por falta de metálico.

Intentaba Chloe no embarcarse con reparaciones que no fueran capaces de pagar.

—No se preocupen por el dinero. Yo les doy los materiales para mí y para los vecinos si ellos no tienen —de esta forma arregló el campesino el problema monetario.

—No tenemos tiempo —intentaba Chloe escapar del compromiso.

—Sí tenemos tiempo —dijo Astrid.

—Pues claro que tenemos tiempo —confirmaron Melody y Mariazinha.

—¿Y la reunión? —dijo Chloe en un último intento de evadirse del trabajo y retraso que les esperaba.

—¿Cual reunión? no tenemos ninguna reunión —contradijeron las tres niñas.

Chloe se dio por vencida. Por hablar más de la cuenta, habían quedado comprometidas a reparar unas cercas dañadas por los malhechores.

Aparte, les explicó a las chicas que solo intentaba encontrar un pretexto para entrevistar a los campesinos sin delatarse como policías aficionadas. Inventó el trabajo de conserje para tener una fácil excusa para sus interrogatorios… Pero los campesinos les habían tomado la palabra y las pusieron a trabajar de gratis.

En Haram podía ser peligroso declararse policía aficionado abiertamente debido a los trucos sucios de la política. Peligro que se multiplicaba por varias razones, en vista de las circunstancias.

Cuando el ave se enteró del compromiso de las niñas, le encantó la idea. Ya tenía bastante experiencia, que había adquirido durante la construcción del Palacio de los Pericos. También cooperó activamente con las reparaciones, sin hacer caso de la oposición de Chloe. Según ella, había que reforzar la imagen de limpiadoras para las chicas; y crear en el imaginario del pueblo el concepto que el perico era el único y auténtico detective del grupo. Convenía aumentar la ficción para darle credibilidad.

La ayuda de Super Perico lo facilitó todo, pues con sus superpoderes avanzaban muy rápidamente. Utilizaron una versión mejorada del pericomóvil, creado por Astrid para su fuga. El aparato permitía desplazarse por la región fácilmente, aunque tenía el inconveniente que solo transportaba una pasajera a la vez.

Dada las distancias que separan estas fincas, mucho mayores a las distancias en ciudad; el pericomóvil resultó una herramienta valiosa para agrandar el espacio abarcado. Chloe estaba preocupada por desperdiciar todo el día en una sola familia. Pero pese a sus temores, ese primer día pudieron abarcar varias fincas en una sola excursión.


Vigésimo segundo movimiento: Casa que aparece y desaparece

Versión en audio

El reglamento del club de niñas fue modificado para incluir el trabajo de conserje de superhéroe, inventado por Chloe, pese a que no fue su intención original. No sería necesario mentirles a los campesinos, aunque por seguridad se ocultarían los detalles acerca de su verdadera naturaleza.

Además, el reglamento solicitaba la inscripción de los conserjes a la cooperativa de los policías aficionados. Crearon en el código una verdad a medias, que se utilizaría cuando fuera necesario.

Ser policía aficionado era peligroso en Haram, tanto con relación a la delincuencia como a las personas normales que cooperaban con la persecución antiaficionada. El artilugio reglamentario las obligaba a inscribirse ante el CASPA, más les permitía afirmar a su manera, que el verdadero detective era Super Perico. Ellas actuaban como supuestas criadas, dedicadas a la limpieza y reparación enfocadas a la evaluación de daños en el trabajo de campo.

En la práctica nuestro héroe estaba encantado cooperando con sus propias conserjes, su auxilio era especialmente útil en las labores más pesadas. Poco entendía de los interrogatorios y las enredadas motivaciones humanas. Con sus superpoderes la faena avanzaba rápidamente pues le permitía abarcar la labor de muchos sin apenas sentir cansancio. En cierta forma Super Perico era el verdadero subalterno.

Los campesinos estaban fascinados con nuestro pájaro y compañía reparando daños de delincuentes. No entendían porque un héroe y sus conserjes se responsabilizaban por averías en los que evidentemente no estaban involucrados. Pero si querían trabajar, ellos no los iban a detener.

Lo mejor de todo para el CPAN, fue que las personas comenzaban a dar ideas, y contaban historias. Chloe se sorprendió, al encontrar que los campesinos aceptaban llenar sus cuestionarios completos. Aunque todavía no sabían cómo detener a los cuatreros. Poco a poco, en los corazones de las niñas dejó de ser el imposible que todos temían.

—No quiero que me disparen inútilmente —admitía la mayoría.

Super Perico explicaba el plan que comenzaba a forjarse:

—Necesitamos testigos, no muertos. Yo me encargo de bailar las balas. Los llamaremos con alguna señal cuando todos estén bien atados.

Algunos comenzaron a cooperar:

—En ese caso me avisan para que sirva de testigo de lo que alcance a ver. Mas qué puedo ver si no estoy presente… ¿Acaso eres inmune a los disparos?

—No lo sé. Esos bichillos me dan miedo como para hacer el experimento —admitía la supermascota—. Pero me muevo lo suficientemente rápido y logro evadirlos.

Desde el primer día consiguieron muchos potenciales testigos. Aunque no se puede ser testigo si no hay ninguna prueba que declarar, estaban muy contentos. También surgieron ideas, mas varias terminaron como experiencias en vano.

La primera idea prometedora que investigaron fue la llamada «Casa que aparece y desaparece». La misteriosa casa, difícil de ubicar, fue señalada por varios como un probable refugio de cuatreros. En los alrededores de Egeria, muchos afirmaban haberla visto. Tres años atrás también se reportaba su avistamiento en las cercanías de la zona cubierta por el CPAN.

Se suponía que, durante la noche, unos malhechores la armaban en donde les venía en gana; luego otra noche de improviso también la desarmaban.

Aunque nadie tenía pruebas, los rumores daban por hecho que se trataba de una base móvil de operaciones para una banda de delincuentes de la ciudad de Egeria.

Afortunadamente, uno de los entrevistados por las niñas, recordó que un señor de apellido Gonzáles, quién trabajaba de guardia en una finca cercana, presumía que en sus rondas había conseguido tomarle una foto a la misteriosa edificación.

Puesto que González trabajaba de guardia, resultó bastante simple de ubicar. Super Perico viajó inmediatamente a solicitar la foto al hombre, que se la prestó al CPAN muy satisfecho de que por fin alguien lo tomara en serio.

Armado de la imagen el pájaro realizó un recorrido por todas partes, buscando alguna construcción similar a la foto. No tardó mucho en encontrar una posible ubicación, aunque completamente al otro extremo de las montañas que rodeaban la ciudad de Egeria.

Las niñas pidieron al perico acompañarlo durante la pesquisa. Así que acordaron que llegarían los cinco juntos a la construcción.

Pasaron antes a dar aviso al dueño de la propiedad, mas no lo encontraron y solo pudieron hablar con su esposa. Los propietarios ni siquiera se habían enterado del levantamiento precarista. Tales invasiones, aunque raras, no solían considerarse motivo grave de alarma. Muchas podían resolverse por simple negociación o por intervención oficial. Excepcionalmente el problema se complicaba, e incluso cabía la posibilidad de llegar a perder el derecho en favor del precarista.

Super Perico y las niñas se dirigieron prontamente a la misteriosa construcción, prometiendo informar a la dueña prontamente del resultado de sus pesquisas.

De la casita móvil salió un hombre, que los saludó con mucha tranquilidad. La verdad, es que las niñas estaban muy asustadas, pero el hombre fingió no darse cuenta. Su nombre era Pavel, no utilizaba sombrero como los campesinos, pero su piel no tenía quemaduras. De apariencia algo extraña en la zona, era como si fuera un habitante de paso.

Pavel no parecía un campesino, pero definitivamente era fuerte de brazos. Les narró una ficción sobre su supuesta vida. Evidentemente eran puras mentiras. En esta primera versión de su historia, habló como si hubiera residido en la zona desde siempre. Los antecedentes, aunque escasos, eran suficientes para no creer básicamente nada.

Las niñas le enseñaron la foto de la presunta casa que aparece y desaparece. Era idéntica a su habitación actual. Atrapado explicó su curiosa situación en pocas palabras:

—Estas niñas listas me han descubierto, soy un precarista. ¿Me van a arrestar por ser un muerto de hambre?

—Yo no creo que usted sea un muerto de hambre —defendió Mariazinha. Las demás le dieron la razón.

Señalaron algunos aparatos y objetos que revelaban cierta posición económica, aunque no demasiada holgada. La casita era humilde, mas no representaba miseria.

No fueron capaces de entender su modo de construcción, pues era muy original; su diseño revelaba cierta habilidad e inventiva poco comunes. Al perico le recordaba el estilo del ejército; quizá un taller convertido en hogar por los cambios del destino.

—Por culpa de ustedes, esta casa tendrá que desaparecer para siempre.

Según su versión, el extraño comportamiento de la mudable casa se debía simplemente a que no tenía dinero para pagar el terreno. Cada vez que se acercaban los problemas, la trasladaba con ayuda de unos amigos. Eso debía aclarar el misterio.

Pero Mariazinha se conmovía fácilmente con apenas motivo. Con lágrimas en los ojos ideó lo que le pareció una solución maravillosa para el problema:

—¿Por qué lloras? —preguntó Pavel.

—No me gusta que la gente sufra. Creo que debo hacer algo para que las personas a mi alrededor no se angustien. Sé que es imposible y casi nunca consigo nada útil, pero a veces se me ocurre una idea…

Todos esperaron ansiosos, pero a la chiquilla se le dificultaba comenzar. Luego de un minuto de suspenso, mientras conseguía dominarse a sí misma, expuso sus intenciones:

—Nosotras conocemos a la esposa del dueño de la finca. Creo que son una familia generosa y muy amable. Esta casa apenas mide unas pocas varas cuadradas. Esta finca es grande si la comparamos con las propiedades de la ciudad. Podríamos meter algunas cosas que usted tiene allá afuera para volverla más pequeña todavía. Sería un poco incómodo tenerlas aquí adentro, pero hay suficiente espacio.

«Además, cuando se tiene una propiedad se puede tomar lo que se necesite hacia arriba o hacia abajo. Usted podría cavar un sótano, en caso de que fuera necesario reducir el tamaño aún más. También pueden hacerse más pisos para acomodar. En algunos países extranjeros hacen construcciones así. Se ven fabulosas, aunque son algo pequeñitas.

«Creo que podemos convencer a los dueños para que le regalen unos poquitos metros cuadrados, lo «menos» que estén dispuestos. Me siento muy confiada en que Super Perico y Chloe pueden convencerlos, son muy buenos para eso. A mí me daría un poco de vergüenza pedir esas cosas, así que mejor yo le ayudo a usted con las modificaciones».

Concluyó Mariazinha que todavía no lloraba, pero sus ojos tenían abundantes lágrimas que trataba inútilmente de detener.

—¡No! ¡Me opongo! He tomado la decisión de normalizar mi terrible y malvada vida de precarista. La próxima vez pagaré la propiedad —no consiguió disimular un tono sarcástico, como si intencionalmente quisiera revelar que estaba mintiendo. Ni siquiera se tomó la molestia de darle las gracias a Mariazinha.

—Podemos convencer a los dueños. Chloe es muy buena para eso —apoyó Astrid, ignorando las miradas de reproche de la aludida.

—¡No! pierden el tiempo. Además, si quieren arreglar vidas; me parece que no soy el único pecador en esta habitación.

Ignoraron el reproche de Pavel. En un principio, ni le entendieron ni le solicitaron explicación. Ante la firme oposición a legalizar la propiedad, no insistieron más. Para cuando se calmó y entraron en más confianza, el hombre turnó a molestar a Super Perico:

—¿Sabes periquín?, tengo una foto tuya destruyendo edificios y casas en Ádulam. Pero no me justifiques nada, decidí perdonarte por la exclusión que solicitaste —su sonrisita recordaba a los delincuentes callejeros.

El ave explicó que estaba muy arrepentida de sus aventuras en el ejército. Se convenció que obedecía órdenes malévolas e injustas. No lo volvería a hacer.

—¿Quieres ser mi amigo? Nunca acepto un nuevo amigo si antes no nos tomamos una cerveza y apostamos dinero en una mano de póker —propuso Pavel con entusiasmo, como si estuviera seguro de la aprobación.

El periquito no aceptó, pretextando que a los policías de Haram se les prohíbe ese tipo de actividades en horas de trabajo. El hombre, sin rendirse, le ofreció probar entonces en día libre; pero el ave repitió su negativa.

Pavel siguió insistiendo, pues tenía un extraño interés por el pájaro. Para lo que tenía que decir solicitó que las cuatro niñas salieran de la habitación.

—Hay algo en este pajarraco que me agrada… —el precarista intentaba ser amable con Super Perico—. Pero yo no le hablo a los tipos como tu. Si quieres ser mi amigo deberás renunciar a seguir paseando con tus cuatro amiguitas.

Tal solicitud y tan de improviso; a nuestro pájaro le resultó completamente absurda. Muy molesto exigió una explicación a tan atrevido comentario.

—¡Un perico que sale con cuatro niñas!, ¿no te preocupa eso? Yo jamás permitiría que un niño pariente mío saliera con cuatro niñas. ¡Se vuelven afeminados! Tal vez a los pericos no les importe —le espetó Pavel sin más miramientos.

No era el primero en hacer ese tipo de insinuaciones. Ya Chloe le había recriminado con agudeza similar.

—¡Si nos importa!, ¿es qué crees que silbo raro?

—¡Pues no! A mí me pareces un periquito normal, pero ¿por cuánto tiempo?

—¡No puedo! Si las dejo solas, hay peligro de que hombres malos las destruyan —el perico estaba realmente preocupado por las críticas.

Conversaron ampliamente por largo rato. Los pericos también tienen su orgullo, y el pájaro creyó necesario llegar a un arreglo. En el hospital había visto un perico muy extraño. También había escuchado rumores oscuros sobre aves en cautiverio. No entendía como los humanos podían hacer tales cosas, pero supuso que lo mejor era tomar precauciones y tomar en serio las advertencias.

El ave propuso algunas medidas correctivas para mejorar su reputación y futuro:

—Tres horas máximo como guardaespaldas de las chicas. El resto del tiempo puedo investigar por mi cuenta. Además, para el contrapeso que tu sugieres; prometo ir con el lugarteniente Yuki. El me ofreció unas clases de combate al estilo sureño para civiles, todos los días una hora ¿te parece suficiente para que me perdones y pueda ser tu amigo?

Aunque le molestaban los militares, a Pavel parecía agradarle hablar de armas y entrenamientos. Cuando propuso las clases de combate sureño, cambio completamente su tono, a uno más condescendiente.

—El estilo sureño es grande. Ahora sí que podemos hablar en mi idioma.

«Yo no soy tu cuatrero —aclaró en un último escrúpulo contra la supermascota— por si acaso, me estabas tanteando con algún truco tonto… Pero acepto que seamos amigos».

Mientras este diálogo se desarrollaba, las cuatro niñas del CPAN permanecieron afuera. Inventaban explicaciones sobre la original construcción precarista. Ninguna logró atinar el método que utilizaban para desarmar y armar la casa en una sola noche, como afirmaban los rumores.

Aprovechó Chloe un descanso, para reunir a sus compañeras e intentar su propia propuesta. Al igual que Pavel tenía sus propias ideas, sobre las relaciones humanas correctas.

Intempestivamente, lanzó la siguiente iniciativa:

—Tengo una idea… —Luego de un pequeño suspiro continuó—: me parece una buena oportunidad para que todas juremos ser amigas por siempre.

Contrario a lo que esperaba, la invitación no fue bien recibida. Ninguna mostró entusiasmo ni apenas interés, probablemente porque en Haram los juramentos son tomados por pecado por la mayoría de la población.

—¿Y Super Perico? —preguntó Melody.

—Es costumbre de chicas. Esta idea la tomé prestada de una de mis lecturas, sirve para demostrar la superioridad futura de la mujer.

Las demás la miraron con escepticismo y cierto temor. Como que no les interesaba lo de la superioridad femenina, además de rechazar los juramentos en general.

—No entiendo, ¿qué relación tiene la amistad con la superioridad de la mujer? —objetó Astrid.

Por ratos, Chloe disfrutaba al no ser comprendida por sus amigas. Quizá sentía que así afianzaba alguna presunta superioridad intelectual. No se tomaba demasiadas molestias:

—Si las predicciones de Vanesa se cumplen, la amistad será uno de los valores fundamentales del futuro —cuando hablaba de la periodista militar, se expresaba como si todo el planeta la conociera. Era innegable su admiración por los escritos de la polémica feminista radical— la mujer debe aprovechar su ventaja natural en la virtud de la amistad; para establecer y reestructurar una nueva sociedad donde triunfe como el nuevo ser superior.

«Según la autora hay mucho que podemos hacer entre todas para gobernar sobre los hombres. La inteligencia en el dominio de las relaciones humanas, pueden ser la clave del poder. Si todas las niñas cooperáramos para crear un mundo donde los chicos son amigos por dos años, y las chicas lo somos por siempre. La diferencia en el éxito de socialización sería suficiente para: ¡ser las dueñas y controlar el mundo!»

Ante la mirada incrédula y un tanto asustada de sus compañeras terminó su discurso:

—¿Es que no entienden el poder de las relaciones humanas y la interacción social? Las niñas estamos mejor dotadas para la amistad. Aprovechar nuestras habilidades es un factor clave para la victoria en la socialización y ganar el poder.

La primera en reaccionar fue Mariazinha, que comúnmente respondía con alguna lección de catequesis:

—El juramento solo sirve para confesar pecado de perjurio —repetía un dicho común de la zona.

—La ley del ojo por ojo, diente por diente nos otorga pleno derecho a las niñas a algunos pecadillos inmorales para controlar el planeta, cuanto más un simple juramento —justificó Chloe.

Su intento había fracasado y no le hicieron caso. La formación católica tradicional en contra del juramento, tenía fuerte presencia en la época. Se consideraba propio de delincuentes, aunque entre las mujeres era más tolerado.

La señal del conejo, que distinguía al movimiento persecutorio en contra de los policías aficionados; había tenido como un curioso efecto colateral una disminución de la aversión hacia los juramentos en general, a la par de un aumento del perjurio.

Muchos consideraban este efecto bastante pernicioso. Sus partidarios solían ser algo agresivos y descarados para cometer perjurio. Se les acusaba de malacostumbrar a la población a este vicio tan desagradable.

—¿Quién es esa Vanesa de que hablaste? —preguntó Melody, quien pertenecía a esa mayoría infantil que nunca mostraba interés por los noticieros.

No fue Chloe la que respondió a Melody.

Astrid, quién había permanecido callada largo rato, pero también conocía a Vanesa por influencia de sus parientes; interrumpió para explicar:

—Es una famosa feminista amiga de mi mamá. Ella trabaja en la oficina de prensa del ejército —respondió Astrid—. Ha escrito muchos libros.

—Hablando de tu madre. Recuerdo que hace dos años, ella sí aceptó jurarle a Vanesa ser amiga por siempre. ¿Por qué no haces lo mismo conmigo? —se quejó Chloe, quién estaba resentida por la falta de confianza.

—¿Una periodista del ejército…? A mí me daría miedo jurarle nada —sentenció Astrid.

Mariazinha normalmente permitía que fueran las demás las que tomaran las decisiones. Obedecía a unas amigas en quiénes confiaba plenamente. Lo entendía como una forma de practicar la virtud.

Las demás la invitaban a liderar más. Decidió proponer ella misma una observación que, por alguna extraña razón, ninguna parecía notar:

—Las amigas por siempre se cuentan secretos entre ellas. Tal vez Vanesa tenga alguna pista del motivo del secuestro de tu madre.

Por supuesto, las demás niñas coincidieron con la sugerencia de Mariazinha; obviamente había que consultar a la periodista. Quedó decidido que la entrevistarían una vez hubieran resuelto el asunto de los cuatreros.

Luego que salió Super Perico de la misteriosa casa, se despidieron del hombre y dieron por terminada su investigación del día.

El pajarillo estaba contento con su nuevo amigo. Quedó convencido de la inocencia de Pavel, al menos en lo que se refería al caso del robo de ganado. No así las niñas, que seguían sospechando de él. La supermascota se encontró con la oposición de todas a su confianza, y decidieron volver al día siguiente.

Pero su regreso fue inútil, la sospechosa «casa que aparece y desaparece» ya no se encontraba en el lugar. Tampoco en los alrededores, pues nuestro héroe no pudo encontrarla en sus búsquedas aéreas de las zonas aledañas. Quizá Pavel había cumplido su palabra de desaparecerla para siempre.

El dueño del terreno estaba muy agradecido con Super Perico y sus conserjes, por alejar al indeseado precarista.

Sorprendentemente, la desaparición de la residencia había sido casi perfecta, sin apenas dejar ningún rastro. Únicamente había cometido un pequeño descuido, un error que probablemente había sido intencional. El propietario cuidó de informar a nuestro héroe de su hallazgo.

En el piso de un asentamiento que aparentaba nunca haber existido, había encontrado una foto olvidada. Era la imagen retratada de Super Perico destruyendo edificios en Ádulam.


Vigésimo tercer movimiento: Trabajo y vagancia

Versión en audio

En su trabajo diario de guarda de finca, el señor González nunca arriesgó demasiado. Siempre cuidó de demostrar su apoyo incondicional a la política de Haram, sin importar que fuera oscura o del color que fuera. En su momento, con el crecimiento exponencial y cuando creyó ver un probable bando ganador: también se juramentó con la señal del conejo, creada para normalizar la persecución de los policías aficionados.

De tiempo en tiempo, los diversos bandos de matones esparcían sus recetas para la vida semi tranquila de un guarda profesional. Tales recetas, una vez comprobadas con algunos colegas de su misma hechura, eran acatadas en procura de una mayor tranquilidad para sí mismo. Y en honor a la verdad, también daban tranquilidad a sus patronos.

En su trabajo de guarda no todo era mediocridad, también podía presumir de algunos méritos. Ocasionalmente, había tenido algún encontronazo con delincuentes. Logró la foto de la Casa que aparece y desaparece. También, casualidad muy apropiada para nuestra aventura, durante años había ideado un plan imaginario para atrapar a los cuatreros que nuestras niñas y Super Perico buscaban.

Tales planes resultaban de lo más extraños para sus conocidos, si se considera su afán por llevar una vida tranquila. Eran tomados por simples fantasías nacidas de su gusto por presumir de virtudes que nadie reconocía. No obstante, gustaba conversar y presumir de un plan que a sabiendas y bajo ninguna circunstancia jamás ejecutaría.

Luego del desvanecimiento de la Casa que aparece y desaparece, fueron Astrid, Mariazinha y Super Perico, a los que en su oportunidad les correspondió entrevistar al guardia. El señor Gonzáles advirtió a sus oyentes, de sus estrategias para llevar una vida tranquila.

—Los cuatreros jamás atacarían esta propiedad. Soy más fiel al gobierno, que el más fanático democrático. Hago lo que haya que hacer por un resultado electoral, que al estilo de Haram, deseamos preservar por siempre y nunca conseguimos. Tonto el partido que se deje —hablaba en voz alta, como esperando ser escuchado por algún potencial perseguidor—. Todo el mundo sabe que los cuatreros y el gobierno tienen un trato. Lo sé muy bien, pues he estudiado sus robos por años y años— al decirlo, enseñaba unos papeles llenos de datos, recortes y garabatos extraños.

Como fiel seguidor de los cambios de la opinión oficial, poco temía del gobierno. El dicho popular le daba la razón al menos, en cuanto a su propia tranquilidad de oficio.

—Si yo estuviera completamente de vago, arrestaría fácilmente a esos abigeos… —presumió el señor González al CPAN. Se dejaba llevar por el intenso interés que Super Perico y las niñas mostraban por unos papeles menospreciados— un completo holgazán, sería mi elegido para la misión.

—Yo estoy de vaga —afirmó Astrid con humildad. La niña, fugada de su familia y las instituciones del gobierno, estaba de sobra acostumbrada a las groserías.

El menosprecio era rutina de muchos que intentaban disuadirla de sus peligrosas aventuras. En cuanto a su trabajo parcial en el restaurante cosplay, se suponía que actuaba de incógnita. Mariazinha, quién, por el contrario, conservaba su rutina escolar, arrugó la cara sin decir nada.

—Yo también soy un gran vagabundo —apoyó Super Perico.

—Pues está hecho, los atraparán si dejan que el perico se encargue de la violencia. Pasado mañana les explico los detalles. Primero debo asegurarme si es verdad que la «masa» está de acuerdo. De lo contrario, todo se va a ir al carajo —ni el perico, ni las dos niñas entendieron la palabra masa. Luego le preguntarían a Chloe su significado.

El plan de Gonzáles no requería de su propia presencia en lo absoluto. Según él, era la actitud correcta de un profesional. Estaba conforme con ser el autor intelectual de la estratagema. Tampoco afectaba los intereses del dueño de la finca a su resguardo.

—Hablamos de vagancia, pues es necesario invertir mucho tiempo para el plan que les propongo. Yo tengo mis obligaciones. —Luego intentó un tono más cordial—: les pido perdón, un policía aficionado no es ningún vago. A ellos les pagan por su trabajo, es dinero bien ganado.

—Nosotros no ganamos nada —admitió el perico. El ave se sentía algo avergonzada por el reiterado menosprecio del guarda.

—Si no les pagan es porque no les da la gana. A los niños también les giran, eso no es pretexto en Haram. —Gonzáles razonaba como si el heroísmo gratuito denigrara su propia profesión—. Yo siempre le digo a mi gente: si a alguno le da pereza poner la mano para tomar el dinero, entonces si está de vago.

El tema del metálico era bien oportuno, pues recién se había presentado una seria discusión al interior del CPAN cuando unos campesinos insistieron en pagar por las reparaciones.

Ni Mariazinha, ni Super Perico habían permitido recompensas hasta entonces y devolvían todo. Chloe estaba muy molesta con los dos por devolver el dinero. A las demás, no parecía incomodarles el obsequio en metálico.

—A los policías no se les debe pagar, no lo permite la ley —se quejaba Mariazinha.

—Ellos reciben salario fijo. Pero con los policías aficionados, la situación es bien diferente: les puede pagar quién les de la gana —defendía Chloe su punto.

—Que decida Super Perico, puesto que es el héroe —fue la opinión de Mariazinha.

—En ese caso será gratis, los pericos no necesitamos nada —respondió la avecilla sin titubear.

—Un perico no necesita nada. Pero las niñas sí necesitamos toda clase de objetos: dulces, muñecas, lazos de colores —bromeó Melody.

Cuando ya consiguieron estar más tranquilos por la disputa, modificaron una vez más el reglamento del CPAN. Crearon una herramienta que resolviera los conflictos por la vía administrativa según un procedimiento claramente establecido. Como sabemos, a Chloe le encantaba redactar reglas; aunque por supuesto, utilizaba los originales de los adultos como base. Para satisfacer la curiosidad de los lectores, podríamos resumir el acuerdo monetario del club de niñas en lo siguiente:

«Solo se aceptaría dinero por recompensas autorizadas o convalidadas. El CPAN permitiría donaciones en especie y mano de obra para las reparaciones en actividades de conserjería. El dinero en efectivo, donado para reparaciones, debería ser manejado por la misma comunidad o en su defecto, el mismo beneficiario que designaran las empresas aseguradoras de la CASPA. No aceptarían dinero por adelantado sin sentencia judicial. Serían los tribunales y la policía quien decidiría por cual caso se podría aceptar dinero o no mediante el respectivo AAC o su convalidación. Aceptarían un máximo de diez veces lo pagado por el responsable del AAC, y en todo caso el tribunal debía liberar el dinero primero, aunque la iniciativa de financiamiento fuera privada».

En Haram se consideraban que las sentencias AAC eran una pésima paga, en comparación al salario del tiempo invertido por un profesional. El número diez no es casual, pues era dicho común que su verdadero valor debía multiplicarse por diez, sin considerar el peligro ni otros intangibles imposibles de evaluar. No existían estudios serios que demostraran tales afirmaciones. Para los casos más complicados, como el Amigo; se afirmaba comúnmente, que cualquiera que fuere la paga se estaba trabajando de gratis.

Por supuesto, las niñas y el perico no solo discutieron por el dinero. Otro contratiempo, también de naturaleza moral, fue por el obsequio de juegos pirotécnicos que recibieron de una fábrica clandestina. Imitaban en esto, las aventuras caricaturescas de unos unicornios, que habían utilizado bengalas como señal de alerta.

—¿No debemos denunciar a la policía que recibimos donaciones de una fábrica clandestina? —Super Perico era el más preocupado.

—No es necesario. Mi papá, el sargento Joel, les compra cohetes para las celebraciones municipales de fin de año. Ya están de sobra enterados —explicó Mariazinha.

—¿No creen que me va a castigar el ángel?

Luego de discutirlo entre todos, propusieron la siguiente teoría; que quizá les sirviera para evitar disgustar a los ángeles de las bandadas:

—Díselo a la comunidad, que ellos decidan. No creo que tu ángel te castigue si haces eso. Es lo que yo hago, contarlo a todo el mundo para no arrastrar el polvo de Sodoma —explicó Chloe, quién no entendía la estrategia educativa del ángel, si es que no era imaginaria. Casi estaba tentada a tomar por mojigatería los temores del perico.

No muy convencido el pájaro aceptó los petardos de la fábrica clandestina. Por experiencia, sabía que tomar de ejemplo al sargento Joel era pésima idea; pero no quería contrariar a sus amigas.

Probablemente fue entonces cuando les explicó a las niñas el punto débil de sus superpoderes. Aparentemente era castigado con la pérdida temporal de sus habilidades si mentía o cometía otros pecados.

Se opuso firmemente a cualquier experimento. Temía que Dios y los ángeles lo tomaran por irreverencia. No podía asegurar que lo perdonasen; ni tampoco el efecto que tuvieran en los presuntos castigos, sus propias opiniones o la de los demás. Para Super Perico, tales valoraciones eran terriblemente confusas. Además, los humanos criticaban un patrón inconsistente cuando trataba de explicar sus temores.

Por esos días, siguiendo el consejo de Pavel, el extraño habitante de la Casa que aparece y desaparece; nuestro héroe había retornado al ejército, pero en esta ocasión buscando los cursos destinados para civiles.

Pese a sus remordimientos por su participación en los bombardeos del territorio de la isla Ádulam, conservaba algunas amistades en la milicia. El lugarteniente Yuki, quien había sido su superior, colaboraba por entonces con unos cursos nocturnos de combate al estilo sureño, como parte de la proyección social de los militares de Haram.

—La técnica de pelea al estilo sureño es ideal para policías aficionados. Te permite inmovilizar a tu oponente desde lejos y sin ni siquiera tocarlo —nuevamente Yuki intentaba ganarse al perico.

—¿Se puede arrestar a un delincuente sin tocarlo? —el pajarillo estaba sorprendido.

—Por supuesto, utilizando sogas con una técnica similar a como en el campo se inmoviliza ganado.

Yuki no titubeó en alabar con toda clase de ventajas su propio curso, como si orquestara una campaña publicitaria. Destacó la existencia de tres técnicas preferidas por los aficionados: el enlazado de larga distancia, el torbellino y la triple vuelta. En los juicios se consideraban métodos de arresto universal y podían utilizarse con casi cualquier tipo de AAC sin importar la gravedad del delito.

Su principal desventaja: legalmente el juez se negaría a reconocer la mala ejecución como resistencia al arresto. Esta deficiencia facilitaba el portillo legal para una teórica evasión del delincuente conforme con la ley.

En Haram los asuntos de honor también son un factor importante, así que el ejército también había investigado sus efectos sociales y la interpretación cultural de las técnicas de pelea al estilo sureño.

El 90% de los habitantes consideraba que estos métodos de arresto universal podían utilizarse honestamente en una pelea cuerpo a cuerpo. En la época de nuestra aventura, eran interpretados como una forma elegante de llevar el combate a un rápido final. Un peleador de segundo nivel no lastimaría a su oponente con un enlazado universal a menos que actuara con alevosía.

Finalmente, para evitar una acusación por secuestro el aficionado debía llamar inmediatamente a la policía; o en su defecto, demostrar en forma convincente su pronta libertad.


Vigésimo cuarto movimiento: Opiniones sistemáticas

Versión en audio

El señor González durante más de una década había acumulado anotaciones de puntos de ataque; además de toda clase de rumores e informaciones sobre los cuatreros. Aunque sus datos estaban contaminados con mucha imaginación; atesoraba para sí mismo un respetable grupo de estadísticas confiables.

Presumió que era capaz de predecir algunos hurtos, aunque con amplios errores. Desviaciones naturales desde su punto de vista, puesto que la investigación policíaca nunca había sido una ciencia exacta.

Señaló algunos lugares de asaltos bastante concretos para los próximos meses. Había una locación en particular de la que presumía sentirse muy seguro: la hacienda de un conocido suyo, de nombre Julio. Muy confiado aseveró a Super Perico que el robo ocurriría en cualquier fecha del próximo mes. Decía esto con mucho orgullo, como si hubiera desvelado los secretos de algún arcano importante.

La propiedad de don Julio no estaba casi vigilada. Le robaban ganado todos los años por esas fechas, en tres ocasiones ya. El dueño nunca había mostrado preocupación por atrapar a los malhechores, ni por aumentar la vigilancia. Se decía que el hacendado era de ideas extremistas y enemigo del gobierno. Por lo demás, era el mejor conversador de la montaña y tenido por inofensivo. El terreno del lugar era barato, malo para casi todo, muy irregular. Estaba ubicado en una zona favorable a los delincuentes, puesto que era fácil volverse invisible en un millar de escondites olvidados por la labranza.

González calculaba que la supermascota conseguiría atraparlos con solo un mes de vigilancia continua. Para garantizar sus pronósticos, había que tender una trampa: un pequeño grupo de animalitos perdidos por el descuido fingido de los dueños, pero conforme con su negligencia de siempre. Tales extravíos eran rutina diaria de la hacienda. Los cuatreros fácilmente cederían al engaño.

Desde hacía mucho tiempo, aunque con planes de fantasía, Gonzáles y el propietario eligieron lo que les pareció el sitio más apropiado para su teatro y emboscada. Solo faltaba alguno, que en vez de fanfarronear se tomara el plan en serio.

Era un sitio conocido por los malhechores que ya habían utilizado con éxito, aprovechando su poca visibilidad e interés. Nada había cambiado desde entonces, ni siquiera unas líneas grabadas en una roca cercana. Líneas que probablemente habían sido trazadas por los mismos delincuentes.

Aunque Super Perico todavía no aprendía las técnicas del combate estilo sureño; se las arreglaba con los nudos básicos, que le permitirían atar a los delincuentes sin causarles daño. Así pues, para terminar con su parte y conseguir una zona segura para los testigos, el ave inmovilizaría a los antisociales con sogas.

Alguna de las conserjes del CPAN u otro voluntario, encendería un nutrido grupo de fuegos pirotécnicos que serían la señal convenida con los campesinos para los trámites de ley. Una vez asegurados al menos unos veinte testigos del centenar que esperaban, se llamaría al sargento Joel para consolidar el arresto.

—¿Por qué le molestan al gobierno sus frases? —le preguntó Chloe a Julio, el dueño de la hacienda.

Las niñas y mucho peor aún, Super Perico, entendían bien poco de la política oscura de Haram. Chloe por sus lecturas y costumbres era como siempre la mejor informada. En cuanto a Astrid, había experimentado la amargura de la persecución en carne propia.

—No perdamos el tiempo con mis opiniones. Lo que yo haya dicho, no es importante ni para mí, ni para nadie—respondió Julio quien sonreía como si diera igual decir una cosa que otra.

—¿Y por qué?, todas las opiniones valen la pena de ser escuchadas —afirmó Super Perico.

—Sobrevaloras mi opinión. Yo soy una ficción, una mentira, utilizo siempre una máscara programada para dar siempre opiniones sistemáticas. Jamás la verdad, jamás mi corazón, jamás mi propia opinión; como si no tuviera personalidad.

—Creía que estaba defendiendo tu derecho a opinar —dijo el periquito. Ante la negativa del hombre propuso una alternativa —Por qué no nos dices entonces, tu opinión verdadera en vez de lo que hayas dicho en realidad. Además, todavía no estoy enterado sobre qué estamos hablando.

—Porque soy incoherente, amorfo y descarado. Lo incoherente que puede ser la ficción en la que me he convertido por mi propia voluntad.

Esta vez fue Melody la que intervino en un intento de traducir las palabras:

—Creo que entiendo lo que nos trata de decir. No dices tu opinión sino la de otros. Es lo que se hace en Haram para ganar el examen vial—bromeó conforme a su costumbre, pero las demás la regañaron por señas. Arrepentida, cambió de tono—. De todas maneras, defenderemos tu opinión… Hasta donde entiendo, el problema es la isla Ádulam. En resumen: no nos vas a decir lo que dijiste.

—¡Lo que dije no importa! No defiendan mi opinión sino los derechos de Haram. Mi palabra no vale la pena.

—Pues tu palabra si vale la pena. Es importante porque así es mejor el mundo—en esta ocasión fue Astrid la que intervino. Estaba molesta por frases que sentía chocaban abiertamente con sus valores.

—Les trato de explicar que yo siempre miento, solo le llevo la contraria al gobierno. Si ellos dicen blanco, yo digo negro. Cuando dicen arriba, entonces yo recomiendo que abajo. Es imposible decir nada inteligente de esa forma, solo puras incoherencias. La verdad es que no entiendo ni la mitad de las discusiones de la tele. Aunque las entienda y este de acuerdo, le llevo la contraria al gobierno. No me importa. Lo hago porque yo soy así.

—¿Y por qué es así?, me parece una actitud absurda. El libro «Etiqueta para jóvenes detectives» enseña que la contradicción abierta y descarada, es el fracaso del diálogo —sentenció Chloe.

—Los rumores de los campesinos se quejaban de la persecución del gobierno. Decían que mandaban cuatreros como estrategia para fortalecer al ejército y su diplomacia internacional. Pues si perseguían a los demás campesinos solo por abrir la boca, quería que me persiguieran a mí también.

«No sé si me comprendan: aunque yo nunca haya entendido bien el problema de Ádulam, quería que me robaran a mí también. Si no vas a hacer nada para ayudar, por lo menos tener orgullo y dignidad. Yo soy así, prefiero ser una máscara incoherente e ignorante que renunciar a los derechos de todos. Aunque no sepa si lo que estoy diciendo tiene sentido, creía que mi obligación era hablar lo que no quieren y llevarles la contraria».

Luego de tales y otras razones similares, pasaron a los planes contra los delincuentes. Ya para entonces, el señor González se había retirado del problema, satisfecho con su papel de autor intelectual de la trama. El dueño de la hacienda, don Julio, fue mucho más colaborador con las niñas. En persona, entrenó una selección de sus propias reses para que colaborara dócilmente con el plan. En un par de días los animalitos estuvieron listos para perderse y retornar con el hato principal; posterior a pastar lo suficiente en la zona elegida.

Trampa y vigilancia comenzaron a la semana siguiente. Tal y como explicó el guarda, además de la carnada, el sitio ofrecía a los abigeos varios atractivos adicionales.

Los delincuentes tenían experiencia en la zona. El lugar era bien solitario. Además, gozaba de un fácil acceso con poco riesgo de ser descubiertos; al menos, en una invasión supuestamente desprevenida.

Tenía numerosas rutas de escape; fácil cubrirse y triunfar contra una emboscada de campesinos indecisos e inexpertos… Pero Super Perico presumía de sentirse muy seguro con sus habilidades. Podría contra todos ellos, sin poner en peligro a nadie.

Para entonces, la supermascota carecía de ningún arresto que exhibir en su currículum. Las escaramuzas con serpientes y otras pestes no impresionaron a los campesinos. Pero siempre hay una primera vez para todo policía aficionado. Los demás le daban su oportunidad.

El plazo de un mes que el CPAN se otorgó a sí mismo para inscribirse en la CASPA se extendió a dos meses. Nada era seguro. Según la creencia común, era muy probable que los cuatreros quedaran libres por la corrupción generalizada. Además, la cooperativa podría no admitir la convalidación.

En su imaginación infantil, las niñas confiaban que los planes de caricatura y sus unicornios enseñaban una verdad importante: era posible ganarle a la reina malvada con inteligencia y cooperación.

Por otra parte, no era acaso un perico con superpoderes una especie de señal de apoyo del cielo. Dios y los ángeles nunca han hablado claro, seguramente porque tienen una buena razón para hacerlo. Preferían no pensar en los posibles contratiempos por ahora.

Super Perico y Astrid fueron los vigilantes más asiduos. También colaboraron las otras tres niñas, que se rotaban conforme sus obligaciones escolares lo permitían. Por supuesto, su participación en tiempo era mucho menor.

Astrid llegaba casi a diario. Decía que no pensaba volver a la escuela nunca. Se sentía traicionada con la sociedad y lo que ella ofrecía. Sus amigas se conformaron con su promesa de volver con su padre.

Según el acuerdo creado a iniciativa de Chloe: la niña retornaría con su familia una vez completaran la misión; o en caso de fracaso, cuando se venciera el plazo de seis meses posteriores del ingreso a la CASPA.

Los días de vigilancia transcurrieron lento, pero sin complicaciones. Posteriormente, cuando la policía interrogara a los campesinos sobre los sucesos: muchos afirmaron que todo el plan pudo resultar perfectamente, si los involucrados hubieran obedecido fielmente las instrucciones.

Ocurrió algo siniestro que salió pésimamente, aunque afortunadamente sin consecuencias graves. Supongo, que podríamos afirmar, era la segunda vez que los eventos se complicaban a consecuencia de la imprudencia de la misma personita.

El acuerdo con Super Perico fue que las niñas no harían nada peligroso durante el arresto. Las chicas se turnarían para hacer guardia. Su labor se limitaba a apoyar la investigación y encender los petardos.

Sin embargo, el héroe estaba muy preocupado de arruinarlo todo a causa de su inexperiencia. Cierto era que estaba ansioso por demostrar sus habilidades. Pero convencido de la necesidad de algunas precauciones, acordó que él tampoco tomaría la iniciativa hasta que algún otro le diera la orden respectiva.

Solicitó que alguna de las niñas o algún adulto voluntario que colaborase en turno con la vigilancia debía darle el banderazo de salida.

Afirmó en varias ocasiones que mientras no se le ordenara atacar a los delincuentes, permitiría que los ladrones actuaran sin interrupciones de su parte. Las leyes humanas eran muy complejas. En vista de sus previas experiencias, el héroe temía arruinar el procedimiento. Además, existía la posibilidad de que arrestara por error a un simple caminante de las montañas.

Todo ocurrió en el turno de vigilancia de Astrid, quién se esforzaba por estar presente las más de las veces. En esa ocasión, se encontraba ella sola con Super Perico. Como chica fugada de la vida escolar, era la que disponía de más tiempo libre.

Desde su refugio de vigilancia, notaron el ingreso de un grupo sospechoso que concordaba con las posibles señas con que González les había aleccionado previamente. No pudieron ver con claridad el rostro de ninguno, aunque en ese momento no llevaban máscaras. Astrid, fue la primera en sentirse segura de su hallazgo; pero confiando en las habilidades de Super Perico, consideró que era demasiado pronto para alertar a nadie más.

Como en varios hurtos similares que les atribuían, el asalto ocurría temprano en la tarde. Conforme a lo planeado, los malhechores cedieron a la tentación de un ganado fácil y mal vigilado. El ave estaba pronta y lista para actuar.

Repentinamente, Astrid tuvo la mala idea de cambiar los planes drásticamente. Informó al perico que, para arrestar a los cuatreros, ella se acercaría de primera.

—¿En qué momento los agarro a picotazos? —preguntó Super Perico ansioso.

—Espera a escuchar que yo grite —respondió Astrid decidida.

—Eso no fue lo que acordamos. Se supone que me ibas a dar la señal con palabras, sin gritos.

—No te preocupes —explicó Astrid—. Es sencillo de entender. Yo me acerco, luego grito. Tú los arrestas… Funcionará.

Super Perico estaba decidido a ser obediente, vio como la niña se alejaba y esperó el tal grito que iniciaría el combate. La supermascota estaba muy emocionada; por fin conseguiría su primer arresto.

Esperaba y esperaba, decidido a no intervenir hasta no escuchar el tal gritillo de la niña, pero nada…

Temía que algo malo hubiera ocurrido, pero desde su posición actual no podía apreciar claramente la escena. Los delincuentes entraban y salían de su campo de visión. El pájaro no descubría a la niña por ninguna parte. Estaba indeciso y muy preocupado porque su desobediencia podría arruinarlo todo como en ocasiones anteriores.

Cuando ya no pudo contener su preocupación, decidió acercarse para juzgar él mismo lo que pasaba. Tenía que acabar con la angustia que le invadía, ahora ya sin mayores miramientos a arruinarlo todo. Encontró a Astrid amarrada y amordazada, sin posibilidades de pedir ayuda.

Inmediatamente, su primera reacción fue liberar a la niña olvidándose de todo lo demás. Temeroso de que lastimaran a la chica en el forcejeo, como pudo y sin consideraciones, empujó a todos los maleantes.

Afortunada y probablemente, ninguno se animó a disparar por consideración a su protegida. El ave, pues, tuvo oportunidad de poner a la prisionera en sitio seguro.

—Esta es la señal —dijo Astrid, quién ahora actuaba como si estuviera feliz por lo ocurrido.

—¿La señal era quitarte las amarras?

—No, pero es la señal ahora —Astrid hablaba como si se tratara de un juego peligroso.

En sus ojos el pájaro veía una expresión de amargura y orgullo indescifrable. Creyó escuchar un murmullo que apenas logró percibir. Probablemente reflexionaba consigo misma.

Luego, la chica ordenó en voz más clara:

—Arréstalos a todos mientras yo alerto a los alrededores.

A partir de allí, el plan fue un éxito completo. Super Perico se arrojó sobre los maleantes seguro de no poner en peligro a nadie más. Con sus superpoderes y un poco más de experiencia que antes, no tuvo dificultades en adelantarse a todos sus movimientos.

También libres de la niña, los delincuentes ya no tuvieron escrúpulos en usar sus armas, pero fueron inútiles contra nuestro héroe.

Quizá los atrapara a todos, quizá no; las versiones son diversas. Consiguió amarrar al menos, a los que alcanzaban a recordar en las declaraciones. Cuando pudo inmovilizarlos, cuidó de buscar a alguno más que permaneciera escondido o estuviera huyendo en las cercanías. No halló pistas de más secuaces.

Al ver los petardos que por fin encendiera la chica detective, los hombres de mejor condición física de las cercanías corrieron sin dilación. Aunque inevitablemente inoportuna, habían tomado precauciones suficientes para reaccionar con prontitud a una señal que habían esperado ansiosos durante semanas. En cuestión de instantes reunieron como unos treinta testigos prestos para ayudar. Estaban temerosos de que alguna niña del CPAN pudiera salir lastimada.

Llamaron al sargento Joel, padre de Mariazinha, que actuaba como jefe oficial en su jurisdicción. Los policías contabilizaron en el operativo como unas trescientas personas; muchas de las cuales ya estuvieron presentes a los pocos minutos de dar el aviso.

Llegaron también algunos menores y ancianos, quienes por precaución no se habían comprometido a colaborar. Pero al momento de la señal, no dudaron también en acercarse, aunque con algún retraso.

Super Perico había prometido traer a las demás niñas del CPAN cuando se consolidara el arresto. Aunque no era el momento más apropiado, condujo a Mariazinha y a Chloe al lugar, con ayuda del pericomóvil.

Melody prefirió quedarse en casa, pues todavía había muchos detalles que ocultaba a su familia. No quería arriesgar que descubrieran la verdadera identidad de Astrid, quien trabajaba de incógnita para los padres de su amiga.

—¡Qué suerte que el señor González tuviera razón y siempre ataquen por las mismas fechas! ¿por qué lo harán? —preguntó Chloe en cuanto llegó.

—Supongo que entiendo el motivo —explicó don Julio con cierta reserva.

No podía asegurar el modus operandi de los abigeos. Confesó a Chloe, que juzgaba más por sus propios sentimientos:

—Este mes es el cumpleaños de mi nieta quien vive algo lejos. Es una forma de amenaza, el primer asalto fue exactamente en su natalicio. Durante los siguientes años, cambiaron la fecha por días o semanas. Tú le perdonas el abigeato y le das la razón al gobierno; a cambio de no hacer daño a tus parientes, o eso insinúan. Sería una especie de truco mental. No puedo asegurarlo, pero lo interpreto por su patrón de asalto.

Durante el arresto, Astrid cometió la imprudencia de cambiar los planes drásticamente. Sin embargo, no era el momento apropiado para distraer a la policía con roces al interior del club de niñas.

Un poco más tarde, hablando aparte entre ellas; Chloe estaba furiosa con la chica y la regañó abiertamente. Temía que estuviera provocando su muerte inútilmente con actos temerarios. A sus ojos, Astrid se portaba absurdamente. Super Perico, con sus superpoderes, llevaba las de ganar sin necesidad de mayores refuerzos.

Según el razonamiento de Chloe, el CPAN era un grupo de chiquillas tontas que jugaban con fuego. Más atenidas a la providencia divina que a lo correcto… Se tambaleaban en la cuerda floja de una peligrosa apuesta. Tarde o temprano los delincuentes no respetarían su corta edad.

—¡Qué hiciste bruta! —le increpó Chloe por su imprudencia.

—Les he dicho cientos de veces que no me importa morir por mi madre —respondió Astrid con la mayor tranquilidad.

—¡Bruta! ellos no son tu madre.

—Necesito practicar un poco… No quiero fallar por falta de costumbre cuando llegue la hora —respondió decidida a no dar muestras de arrepentimiento.

Los campesinos estaban muy contentos. Casi todos celebraban el arresto por igual. Incluyendo una mayoría que llegó algo retrasada, quienes alcanzaron a ver poco del operativo.

La algarabía era general; sin embargo, había una personita que lloraba en secreto los acontecimientos. Se identificaba muy fácilmente con los sentimientos de los demás. Tal vez en exceso, pues no hacía excepción con el sufrimiento de los malvados.

Aunque se le tenía por llorona, intentaba ocultarse. Estaba temerosa de los regaños que ya había recibido en numerosas ocasiones.

Mariazinha al ver como su padre, el sargento Joel, se llevaba a los cuatreros a prisión; lloró por ellos en silencio…


Vigésimo quinto movimiento: Discusión

Versión en audio

Al igual que muchos, el magistrado León acostumbraba a solicitar favores al conocido delincuente el Amigo. Los abigeos tenían órdenes de no contactar al gobierno en caso de arresto, pero tales promesas no eran demasiado firmes y lo harían si pasaba mucho tiempo sin una reacción de su parte.

Con la complicidad de la policía, era poco probable que tales contactos fueran investigados. Aun así, el sistema de corrupción por su misma naturaleza jamás alcanzaba la estabilidad, mientras coexistían obligaciones contradictorias y compromisos por cumplir. El Amigo era hombre inteligente, sabría silenciar cualquier problema, tomado en el «buen sentido» corrupto.

—El magistrado León nos pide ayuda por unos cuatreros. Son gente de fiar, pero los idiotas tienen como cien testigos en contra. Nadie quiere involucrarse —el hombre que hablaba era el mismo que disparara de primero a Super Perico.

—¿Fue nuestro periquito? -preguntó el Amigo.

—Lo ignoro.

—Pues deberías informarte mejor. Claro que fue obra de Super Perico. Hacerse el tonto es siempre la opción más inteligente, solo una ave tonta y malagradecida no lo entendería.

—¿Va a dejarlo ganar?

—¿Y por qué no, alguien tiene que ser arrestado alguna vez? El mundo sería una mierda si no… Demasiados testigos y poca camaradería. Ayudamos a los amigos, pero no hacemos imposibles —tal respuesta, equivalía a abandonar a los abigeos en la cárcel. Cuando el Amigo daba su sentencia, había ya poco que hacer.

—¿Qué le decimos a los cuatreros?

—Diplomacia y amistad; averigua lo máximo que puedan pagar y asegúrate de no bajar del triple —respondió muy complacido con su hipócrita astucia.

—El magistrado León no estará contento con servicio tan mediocre. Por nuestra propaganda, se supone que somos los mejores.

—Garantía de seguridad y diversión en prisión, negocia el botín y el decomiso para una pensión gubernamental, cuándo y con la forma que nos dé la gana. Agrega una regalía de mi parte: un celular furtivo, eso les encanta. ¿Me estoy excediendo? —Su organización delictiva contaba con suficientes contactos y operaciones al interior de las prisiones cercanas.

—Si fuéramos los únicos, me opondría. ¿Y si consiguen algún alcahuete que pague el triple? —preguntó el subalterno para concluir el asunto.

—Respetaré mi filosofía: con amistad la vida es completamente diferente.

El Amigo comprendió de inmediato que habían abandonado a los peones. El magistrado León bien podría manipular a los jueces sin su ayuda. Si no recurría directamente a defenderlos era porque no valía la pena el riesgo.

Pero los cuatreros podrían volverse problemáticos. Si eran inteligentes podrían conseguir algún apoyo beneficioso, pero potencialmente perjudicial para alguno.

Ante la renuncia del gobierno, su mayor esperanza hubiera sido el Amigo, quien tampoco se mostró interesado. Con tan pobre apoyo lo mejor para los abigeos sería aceptar su fracaso. Conformarse con algunos beneficios en prisión a cambio de sus pillerías, sin exponerse a mayores dificultades. El grupo del Amigo aseguraría la cooperación pacífica en este escenario.

¿Qué dijeron los noticieros? Pese a la creciente persecución contra los policías aficionados, la justicia informal conservaba un importante sector de la población que la apoyaba.

Si eras un policía aficionado en Haram y pretendías llamar la atención; nadie dudaba que tu nombre aparecería tarde o temprano publicado en los noticieros. Sin embargo, el precio a pagar ante la sociedad era ser considerado un incompetente. Se aplicaba entonces la curiosa regla de oro de la prensa para los informales: nunca apareces si haces bien tu trabajo.

Tanto la prensa, el gobierno, la cooperativa y la policía colaboraban en mantener el anonimato de los miembros de la CASPA. Se decía era lo correcto. La mayoría de los lectores estaba convencida que un policía aficionado deseaba mantener el anonimato. Si ocurría lo contrario daban por hecho un pequeño desastre. ¿Por qué pensar diferente?, todos eran cómplices de los supuestos beneficios del silencio.

Para Haram la prensa era un medio de entretenimiento morboso, especialmente diseñado para organizar las actividades de las clases enriquecidas. No era normal que un reportero colaborase con la policía ni mucho menos con los policías aficionados. No se esperaban noticias de los cuatreros, de persecución política, del Amigo o de la señal del conejo.

Se decía que la publicidad era aliada de la delincuencia y enemiga de la justicia. En una interpretación positiva, la investigación periodística simplemente estorbaría a los policías aficionados. El silencio era una forma de respetar el secreto necesario para la actividad.

A los reporteros se les aleccionaba que debían respetar las instrucciones de la policía o de la cooperativa en torno al anonimato de sus miembros. El secreto en su identidad se conseguía la mayoría de las veces.

Si ingresabas a la cooperativa y hacías un trabajo razonable; tu nombre nunca debería aparecer publicado en la prensa. Ver tu nombre impreso era señal que habías caído en desgracia. Como excepciones importantes, era socialmente bien visto el homenaje a los actos heroicos: para novatadas curiosas, jubilados y difuntos.

Cuando una investigación era apropiada para los lectores, normalmente se describiría como un trabajo conjunto entre la policía y la cooperativa. Sus respectivas oficinas de prensa tomarían la decisión de los nombres que debían ser mencionados, si es que publicaban alguno.

Con tales antecedentes, a nadie le llamó la atención que ni Super Perico, ni las niñas, aparecieran mencionados en la prensa. Informaron sobre la participación del sargento Joel quien actuaba en coordinación con miembros aspirantes de la CASPA que pidieron el anonimato. Era el comportamiento habitual y el recomendado para los reporteros.

El siguiente paso en el cronograma de las niñas y Super Perico, era solicitar la admisión en la cooperativa de policías aficionados. Chloe consiguió el apoyo de varios campesinos para generar documentos de recomendación que aceleraran los trámites. Todo se llevó a cabo con gran éxito, pues en la CASPA quedaron encantados con el trabajo y les prometieron a las niñas acelerar el proceso de convalidación gratuitamente.

Siguiendo las recomendaciones de la misma cooperativa, y aprovechando la generosidad de varios campesinos, crearon un fondo para la formulación de una recompensa retrospectiva de origen privado. El dinero sería recolectado y custodiado por la misma institución, la cual compartiría con el gobierno un porcentaje acorde con la ley. La cooperativa se conformaría con su derecho sobre las recompensas de sus asociados. Las recompensas civiles podían ser custodiadas por la CASPA sin costo para el pagador. Ellos se responsabilizaban de su entrega o su devolución íntegra, en caso de fracaso del proceso judicial necesario para autorizar el pago retrospectivo por el arresto.

No existía ningún AAC que vinculara a los cuatreros, aunque se encontraron acusaciones confusas que por diversos actos de corrupción no habían terminado en un arresto consolidado. Para ser admitido como miembro de la cooperativa se podía ingresar casi inmediatamente aprovechando los casos de autorización para el arresto civil o AAC; o bien, por la alternativa lenta, mediante una convalidación. La CASPA tramitaba las convalidaciones gratuitamente, pero también estaba autorizada a cobrar según su propio criterio para acelerar los trámites. La decisión final correspondería siempre a la policía y los tribunales. En su forma gratuita los trámites podían tomar años. El dinero, los actos meritorios, los contactos, y la documentación apropiada aceleraban el proceso para los nuevos postulantes.

Luego de un par de semanas, ante la falta de oposición de una jerarquía corrompida, por primera vez la policía se sentía segura de poder condenar a los cuatreros de nuestra historia. Las niñas se dieron por satisfechas.

Oficialmente no habían ingresado todavía a la Cooperativa de ahorro y socorro de los policías aficionados. En un sentido estricto todavía no habían cumplido el plazo extendido de dos meses para su primer arresto y consecuente ingreso al CASPA. Pero en vista del optimismo general; el club decidió dar por cumplido el requisito. Efectivamente, su primer arresto lo habían conseguido en menos de un mes; pero los trámites retrasaban el plazo máximo de dos meses para ser reconocidas como miembros activos.

La celebración por su reciente éxito tuvo también su dimensión religiosa. Super Perico se unió a las chicas en una curiosa peregrinación devota, que podría resultar algo extraña a los extranjeros, pero que al interior del país constituía una tradición de varias décadas fuertemente asentada.

Una de las tradiciones en Haram para rogar o agradecer por las llamadas misiones imposibles y logros extraordinarios, era peregrinar al santuario de la Virgen Submarina.

Una imagen de la Virgen fue robada como parte del botín de unos piratas hacía cientos de años. Para desgracia de los ladrones, su barco quedó atrapado en una tormenta y se hundió en el océano. Décadas atrás, el barco fue encontrado y parte importante del botín fue recuperado y enviado a los museos.

Por causas desconocidas se decía que la Virgen Submarina, como se comenzó a llamar a esta advocación, no quería que su imagen se marchare del lugar del naufragio. Los lugareños habían decidido respetar esta presunta decisión.

Así el barco se convirtió en un templo curioso que junto con algunos elementos de la colección que atesoraba, no tardó en ser declarado patrimonio histórico. Se construyó una gruta artificial en el interior del naufragio, que desde ese entonces fue visitada por buzos y submarinos turísticos.

En su tramo final y el más importante, la peregrinación a la Virgen Submarina se realizaba en traje de buzo. Los guardacostas encargados de vigilar la zona exigían, por respeto a la tradición católica, que se utilizara un traje especial conocido en la región como traje de buzo estilo astronauta. Su empleo era obligatorio para ingresar al templo submarino. No así para los alrededores del hallazgo, en los que se podía curiosear con una indumentaria menos estricta.

Fue idea de Mariazinha visitar a la Virgen Submarina en agradecimiento por el éxito de su anterior aventura. Se decidió que Super Perico las acompañaría solo en la superficie hasta justo antes de la inmersión; pues, como ave no podría sumergirse bajo el agua.

El pajarillo lamentó con resignación este inconveniente. Pero al llegar, les sorprendió descubrir que los pescadores tenían amplia experiencia con jaulas para mascotas. Las adaptaban fácilmente como extensiones a los trajes de buzo estilo astronauta. Tales artefactos tenían un comercio en crecimiento y bien establecido. De última ahora, se alquiló una jaula submarina modificada para mascotas; y así, también, nuestro héroe pudo acompañarlas en la peregrinación bajo el agua.

Terminada la actividad religiosa, acordaron separarse unos días para otorgarse un descanso antes de continuar con sus investigaciones.

Esta fue la primera vez que Super Perico pudo experimentar del océano y quedó encantado. Cuando se despidió del CPAN, en vez de retornar inmediatamente a Egeria o a sus propias tierras; pasó el resto del día entretenido horas y horas volando sobre las olas y disfrutando a sus anchas.

En cuanto a las niñas, retornaron a la ciudad de Egeria sin la compañía de su protector. Apenas a su regreso, tuvieron un altercado entre ellas. El motivo de sus gritos y fuerte discusión giró en torno al futuro de la supermascota:

—Super Perico ha insistido tantas veces que se hará matar por nosotras si fuera necesario —comenzó Astrid.

—Estupendo que lo haga. Nosotras somos niñas lindas y delicadas; él solo un animal. Los seres inferiores deben morir por los superiores. Es la lógica de la naturaleza y lo correcto ante Dios y ante los hombres; no te preocupes —afirmó Chloe con absoluta seguridad.

—Pero…

—Pero ¿qué? —cortó Chloe enfadada al ver que no se aceptaba su afirmación inmediatamente.

—Me siento culpable que Super Perico tenga que morir en lugar de nosotras —dijo Astrid.

—¡Veo que eres bien idiota!

—No me llames idiota…

Una vez que había empezado, no era fácil que Chloe se retractara de un insulto si es que lo hiciera:

—Sí, ¡idiota! ¿Quieres morir?, te he dicho que si vas sola te van a matar. Dios que está en los Cielos también lo ha previsto y por eso nos ha mandado a Super Perico. ¿Si el príncipe azul da la vida por ti, le vas a decir que no? Todavía con un hombre se puede comprender que tengas orgullo de igualdad y te imagines culpable.

«A mí me parece estupendo que los hombres se maten en sus guerras tontas y las mujeres no. Por eso dice la periodista Vanesa que las mujeres deberíamos gobernar el mundo, para que haya paz. ¿Qué esperas que envíen los ángeles del Cielo para salvarte la vida? Si mandan un ejército a dar la vida por ti, seguro te sentirás peor… Ahora mandan un perico y te sientes culpable».

—¡No te entiendo!, simplemente me siento culpable. Eso no tiene nada de malo, te exijo que me pidas perdón por llamarme idiota —Astrid también estaba perdiendo la paciencia y comenzaba a gritar.

—¿Qué le pides a Dios para salvarte la vida? ¡Un elefante rosado…! Le estás atando las manos a Dios y a todos los que te quieren salvar y tú no los dejas. De qué forma puedo hacerte entender que te quieren ayudar a salvar a tu madre. Solo que nadie quiere que mueras en el intento. Ahora no vas a permitir que ni los ángeles te manden un perico.

«La cabezona tampoco está conforme. ¿Entonces quién puede salvarte la vida? La supermosca radioactiva… No te pediré perdón porque tengo la razón. ¡Eres una idiota! ¡Idiota! —Chloe se sostenía firme en su reproche. Ahora ambas gritaban sin importarles el pequeño escándalo que estaban armando».

—¡No hablen así!, ¡Y tú deja de insultarla!… —suplicaron tanto Mariazinha como Melody. Las demás comprendían la necesidad de la ayuda del periquito, pero se pusieron de parte de Astrid para presionar a Chloe a pedir disculpas.

—Tengo miedo de que nos maten. Solo porque esta tonta no acepta la ayuda del Cielo por un enredo infernal que tiene en su cabeza. Según la señorita, todo tiene que ser perfecto según unas reglas absurdas que solo ella las cree. ¿No es acaso una completa babosada? Ni que los pericos fueran iguales a los humanos —Chloe seguía hablando a gritos. Sus palabras salían entrecortadas por una mezcla de rabia y desesperación por su amiga.

Astrid, un tanto más serena, fingió por un momento darse por vencida:

—¡Tú ganas! Está bien que Super Perico muera en vez de cuatro niñas lindas.

«Pero Super Perico es el que puede salvar a mi madre, tu misma lo dijiste. Así que si yo me hago matar por mi mascota entonces estoy salvando a mi madre. ¿Qué dices a eso…?»

Chloe explotó. Estaba harta de la discusión que tanto le irritaba. Entonces le dio una bofetada…

—¡Ya basta! ¿por qué la golpeas? —Melody agarró firmemente a Chloe en sus brazos.

Chloe no se resistió. Más tranquila que antes, como si se sintiera segura de su triunfo, comenzó a burlarse de todas:

—Ahora resulta que hay que hacer estallar la ciudad, porque Super Perico es el único que puede salvar el planeta.

«¡Pues que estalle la ciudad de Egeria, es mejor que se salve el planeta Tierra!, —exclamó en un delirio burlesco, sin importarle que fuera bien comprendida— ¡aquí solo escucho babosadas! No os impediré que salven el planeta Tierra, aprieten el botón de una vez y matemos a todos en la ciudad».

Pero Astrid si había digerido la broma:

—¡Ya dije que tú ganas!, está bien que un perico muera en lugar de nosotras cuatro.

—¡Así se habla…! solo me estoy asegurando —explicó Chloe.

—Pero…, hay algo más que quiero decirte —evidentemente Astrid todavía no se daba por vencida.

—¡Y dale con esta necia! —dijo fastidiada.

—Dale la oportunidad —intervino Melody—. Como eres la más lista de la clase. Crees que eres la única que puede decir algo inteligente.

—Habla tranquila, no te detendré. Tómate tu tiempo y luego será mi turno para refutar.

Conforme es costumbre en Haram, Astrid probó suerte con frases religiosas. Creía entrever alguna forma de volcar la discusión.

—La Biblia dice que al que mucho se le da, mucho se le pide. Y al que poco se le da, poco se le pide. Pues, aunque parezca vanidosa, yo creo ser la niña a la que se le concedieron diez talentos.

—¿Se puede saber cuáles son esos diez talentos? —interrogó Chloe, quién veía muy natural que una niña presumiera de sus propios dones.

—Pues un montón; decía mi mamá… No te parece que tener un perico con superpoderes es un gran honor y un enorme talento que nos han dado gratis, y en realidad, no merecemos. Está es la duda que me inquieta: si no hacer uso de ese talento sería cometer una especie de delito. ¿Qué opinas? —respondió Astrid muy orgullosa de sus propias conclusiones.

Chloe vitoreó las últimas afirmaciones de Astrid. Muy satisfecha dio un veredicto que ya había previsto, pero no había conseguido abordar hasta entonces:

—Me habéis convencido completamente. Para ser honesta, yo también había llegado a la misma conclusión, pero no se los había querido decir —Chloe hablaba como si hubiera dominado completamente la conversación desde un principio—. Está decidido: haremos que Super Perico rescate a tu madre. Si nos rendimos por ser unas buenas para nada, o bien cuando terminemos el trabajo que le corresponde a la policía. Sin importar la manera en que todo termine, le pediremos a Super Perico que se largue y busque algo más útil que hacer. Se está desperdiciando con nosotras.


Vigésimo sexto movimiento: Versión épica

Versión en audio

Super Perico adolecía de uno de los males más frecuentes de los héroes novatos: le encantaba presumir de sus aventuras. Para satisfacer su vanidad convocaba tanto a humanos como a toda clase de aves. Por precaución, iniciaba la narración con unas cuantas aclaraciones:

—¿Qué preferís, la versión verdadera o la versión épica? —preguntaba el periquito—. Están advertidos que lo cotidiano o común se torna en gesta de héroes y epopeya de todos.

Había ingeniado este artificio para obtener la licencia literaria y así evitar algún castigo de los ángeles por mentiroso o excesivo. A su propio entender, la licencia le funcionaba bastante bien; o quizá cuidaba satisfactoriamente de la redacción.

Pues eso sí, el periquito velaba por rendir el debido tributo a los ángeles y a Dios en estas versiones enriquecidas de los hechos. Quizá los angelitos también disfrutaban de la versión épica, y por ello no intervenían.

—¿Qué pasó con la amazona que vino con el viento? —preguntaba Mariazinha.

—Esa soy yo —explicó Chloe—. En realidad no hice absolutamente nada. Llegué en pericomóvil.

—La guerrera que cayó herida en la soledad del desierto cuando intentaba dar el grito de guerra, ¿murió desangrada o de hambre? —preguntó un periquito impresionado.

—Esa es Astrid, las sogas solo le hicieron un par de raspones. Yo no llamaría soledad del desierto a la quebrada de pastoreo —explicaba Chloe.

Los oyentes estaban entusiasmados. Celebraban por igual las imaginaciones de la mascota como las aclaraciones que ocasionalmente se solicitaban.

Pese a la licencia literaria, las niñas terminaron bien asustadas al finalizar la narración de nuestro héroe. No era mentira que un ser humano normal hubiera muerto acribillado por los cuatreros. Pero la versión verdadera no había conseguido provocarles dos noches de pesadillas e insomnio, como si consiguió Super Perico con su versión épica.

Como habían quedado tan asustadas, resolvieron que los días de vacaciones se alargaran a dos semanas de inactividad policíaca. Las clases escolares continuaron normalmente; excepto para Astrid, quién continuaba fugitiva. El receso coincidió con algunos festivos estudiantiles, lo que permitió al club organizar varias actividades de entretenimiento.

El ave solo las acompañó en dos ocasiones, ambas por motivo de alguna excursión. De esa forma, Super Perico continuaba con su rol de guardián protector tanto en la investigación como en el recreo. Por supuesto, no iba a participar de los juegos y manualidades para niñas que organizaba Melody, quien era la más aficionada a estos pasatiempos.

En la primera de las dos excursiones, invitaron a la banda de pajaritos que conocimos en capítulos anteriores. La misma que había «adquirido» recursos para el sustento de Astrid durante los primeros días de su fuga. El héroe aprovechó el público aviar para contar una nueva versión épica de su última aventura.

Los pajarillos quedaron encantados con la narración. Tanto así, que en recompensa organizaron una serenata compuesta con tonadas muy propias para senderismo al estilo periquito.

Su canto no se interrumpió sino hasta que llegó la hora del almuerzo, en la cima de un cerro cercano. Las niñas quedaron muy agradecidas y felices con el agasajo musical de sus invitados, que de esa forma celebraban la narración del último gran logro del club.

Al finalizar el día, el héroe se separó de sus amigas y tomó rumbo al Palacio de los Pericos. Quería aprovechar los días de reposo en sus actividades detectivescas para visitar a su madre y al resto de la bandada.

Allí todo era paz como siempre, excepto por la aparición de un nuevo e inesperado contratiempo. Las lluvias habían empozado el interior de la rústica construcción del burdo palacio.

Si bien un nuevo lago artificial y los canales internos parecían divertidos al inicio. Conforme pasaron los días el agua se empantanó, llenándose de insectos. Tomó un olor nauseabundo agravado con muy poca ventilación.

La llegada del héroe fue oportuna para reparar el problema. El agua interna era divertida, pero debía modificarse el diseño para evitar los molestos inconvenientes.

Ahora que conocía más de los humanos y sus asombrosas habilidades. El ave no dudó en pedir consejos de diseño en quien creyera pudiera colaborar con alguna buena idea. Aunque por las prevenciones que le había dado la periodista Vanesa sobre las posibles malas intenciones de su propia especie, prefirió no llevar humanos al lugar.

Luego de recopilar una gran cantidad de consejos de construcción; aunado con pericos poco exigentes, nuestro héroe se dio gusto y amplias libertades en las remodelaciones. Nuevamente los periquitos colaboraron entusiasmados.

El resultado final, aunque un tanto improvisado y más que burdo como siempre, fue celebrado y sobradamente aplaudido por todos los periquitos.

El laguillo interior, producto de las lluvias, se trasladó al exterior del palacio, con buenas entradas y salidas de agua para mantenerlo fresco. Super Perico no estaba muy seguro del efecto de las estaciones, y no entendía como aprovechar el flujo del agua. Afortunadamente, unos castores le asesoraron para evitar una futura inundación.

Los canales internos empozados se convirtieron en una fuente de irrigación continua, ahora bien iluminada y con bastante aire. De forma que nuestros periquitos, a su manera, tenían servicio de acueducto. La rapidez del movimiento del agua en tales desniveles provocaba un agua limpia y oxigenada naturalmente.

Por medio de un truco que le explicó un constructor aficionado, Super Perico aprovechó un desnivel para crear una bonita fuente de agua, que se elevaba un par de metros sobre su base. Aunque por algún error de diseño dejó de funcionar al tercer día de estrenada. Como no entendía bien su modo de operación, el proyecto de la fuente fue abandonado rápidamente, en espera de una segunda oportunidad.

En tales arquitecturas se entretuvo, mientras el CPAN disfrutaba por su parte de sus propias vacaciones detectivescas. No eran en realidad vacaciones, pues aplicaban solo al horario extra-clase. La vida escolar continuaba casi normalmente para tres de ellas.

A Melody le encantaba salir de compras. A las restantes niñas del club, también… Pero indiscutiblemente Melody era quien más lo disfrutaba, o al menos era la que más lucía su satisfacción.

Para poder salir repetidas veces, acordaban no comprar nada con excepción de la comida. Únicamente los viernes podrían comprar algunos antojos adicionales, acorde a su estrecho presupuesto. Así, durante los restantes días, compararían precios, podían mirar y preguntar todo lo que quisieran, pero nada más.

—¿Y qué buscamos? —preguntó Mariazinha.

—¿Qué tal un nuevo vestido de cosplay para Astrid? —sugirió Melody, dando continuación a la pregunta.

—Son muy caros y los hace tu vecina. No necesitamos preguntar ni comprar nada —objetó Astrid.

—Con lo que veamos le podemos dar sugerencias —insistió Melody.

A las demás les pareció una idea estupenda. Estuvieron toda la mañana visitando tiendas de ropa para conseguir conceptos para el nuevo vestido. Cada cosplay del restaurante, requería varios trajes según el número de días de trabajo, el costo del maquillaje y las temáticas elegidas por el presupuesto y la planeación.

Astrid solo trabajaba los fines de semana; pero mientras estuviera escapada de clases, quizá podría trabajar más tiempo sin ser descubierta.

De todas formas, aunque los padres de Melody no aceptaran las sugerencias para nuevos conceptos de traje. La experiencia era sumamente divertida; que era lo más importante.

La austeridad dentro de la cueva y sus incomodidades las habían educado lo suficiente para resistir la tentación de comprar. Inevitablemente adquirirían algunas cosas, pero las eligieron bien baratas. Se sintieron tranquilas de conciencia; obedeciendo su propia consigna, no estaban comprando casi nada.

El primer viernes intentaron no visitar establecimientos y ahorrar. Pero luego cambiaron de opinión, pues Melody anunció unos proyectos sencillos en foam sobre un encaje de algodón.

La pequeña artista deseaba que todas participaran. Salieron pues a comprar los materiales. Para los proyectos de foam, eligieron las hadas unicornios que seguían siendo uno de los temas favoritos de moda. Podían comprarse modelos en papel, de forma que mediante una operación de calco estaban casi seguras del éxito.

—¡De veras que me ha quedado una lindura! —admitió hasta la misma Chloe al terminar su propia versión de la unicornio Hoshi—. Con un molde cualquiera consigue lograr una preciosura.

A la mitad de las vacaciones policiales del CPAN tuvieron un segundo paseo al campo. Nuevamente, por seguridad, nuestro periquito decidió acompañarlas. Más o menos, se entretuvieron con los mismos pasatiempos y actividades que en la última ocasión. Repitieron historias épicas y serenata de pajaritos, además de su respectivo almuerzo en la cima del cerro.

—Los periquitos varones, preferimos narrar y escuchar versiones épicas —justificaba nuestro héroe sus exageraciones.

Ese mismo día, luego de despedirse de las niñas, Super Perico intentó retomar las clases con el lugarteniente Yuki. Había faltado a lecciones toda la semana, ocupado en las remodelaciones del Palacio de los Pericos.

Como llegó tarde, no recibió lecciones propiamente, pero pudo practicar con libertad en los gimnasios y cuadriláteros de combate abiertos al público inscrito en los ejercicios.

No encontró a Yuki, pero aprovechó para conversar con un niño compañero de los entrenamientos. Las lecciones no tenían restricciones de edad, y al menos, desde la presencia de nuestro héroe también permitían animales. Su amigo niño era de los asistentes más asiduos, por lo que los profesores tenían bastantes esperanzas en su entrenamiento infantil de las técnicas de combate al estilo sureño.

Super Perico intentó convencer al pequeño de ingresar al CPAN, para tener así compañía masculina también en el club. Aunque animal, ser el único varón en el grupo, le molestaba cada vez más.

En la noche, intentó persuadir también al padre del infante, pues requería de su aprobación.

Pero al papá no le interesaban los peligros a los que se exponía un policía aficionado. No le molestaban los entrenamientos con el lugarteniente Yuki. Sin embargo, su requisito para llevarlos a la práctica era ser un adulto.

—¿Cómo se llama su grupo de policías aficionados?

—No tiene nombre —el perico mintió. No quería hacerlo, pero cayó en la tentación de engañarlo.

Ante la mentira volvió a perder sus poderes. El pajarillo se convencía de que era cierto el patrón: perdía sus poderes con la falsedad.

Obedeciendo su propia consigna, no debía atenerse al perdón; había que pedirlo. Muy preocupado y arrepentido confesó inmediatamente sus intenciones:

—Perdón a Dios, a los ángeles y a usted. Le he mentido, el grupo sí tiene nombre… Se llama Club de policías aficionadas para niñas o CPAN.

Al escuchar la palabra «niñas», el padre se enfureció como si conversara con un maestro incompetente y perversamente nocivo. No disimuló su enojo y explotó en recriminaciones:

—¿Qué clase de idiota metería a su propio hijo en un club para niñas? ¡Largo de aquí! —el padre gritaba. Agregando a cada intervención, varias palabrotas más.

Muy dolido aseguró que le cambiarían el nombre al club antes de aceptar un niño. Se disculpó con muchas otras razones similares. Pero todo fue inútil, el error ya estaba hecho.

—Además, no me interesa que los secuaces del doctor Sancho enfermen a mi hijo —por fin, salía a relucir el tema de la persecución. El peligro para los policías aficionados provenía tanto en el mundo corrupto como en el supuestamente normal.

—Tenerle miedo vuelve más poderoso al doctor —respondió el ave.

Sin saberlo, el pajarillo había cometido un error en su razonamiento. La noticia le tomó completamente por sorpresa.

—¿A quién le importa ese mal hombre? le temo a sus secuaces que salen hasta en la sopa… El doctor Sancho no puede volverse más poderoso porque ya está muerto.

Al perico le cayó como un rayo la noticia. Alguna vez, había fantaseado con un futuro lejano en que él mismo derrotaría a ese científico maligno con ayuda del CPAN.

Recordaba perfectamente las amenazas que Astrid profiriera cuando estaba prisionera en el hospital. Debía ser algo bueno que la niña no se sintiera obligada a cumplir con sus propios desafíos.

—Una cosa más —terminó el padre, en tono más cariñoso. Quería darle un consejo—. Si de verdad quieres a esas niñas. No le cambies el nombre al club.


Vigésimo sétimo movimiento: Investigación callejera

Versión en audio

Al terminar las vacaciones de actividad policial del CPAN las niñas volvieron a discutir. Super Perico había esperado hasta entonces para contarles sobre la muerte del doctor Sancho, y lo poco que había logrado averiguar sobre el asunto. Los rumores eran escasos, mientas el gobierno parecía guardar silencio sobre la muerte de su propio ministro.

La discusión entre las pequeñas surgió con motivo del deceso del político. Mariazinha, sensible como siempre, se había puesto a llorar por el cuestionable gobernante. Pero en esta ocasión, no pudo ocultarlo a sus amigas. Chloe estaba preocupada por la reacción de Astrid, quien a su juicio podría sentirse ofendida.

—¡Llorar por el doctor Sancho es un insulto a Astrid! Si te crees muy tierna, te equivocas. Lo que haces es ofender la justicia —se quejaba Chloe con su amiga, la llorona.

No tenían razones para suponer que el doctor Sancho conociera a Astrid. Simplemente, la niña era otra víctima de la persecución entre muchas. El ministro era el creador intelectual y científico de la estrategia en contra de los policías aficionados, que había aprisionado a la niña en el hospital.

Además, todo el CPAN tenía derecho a sentirse amenazado por los seguidores de la señal del conejo. Junto con casi cualquier civil que quisiera iniciar una investigación no amparada por el gobierno.

—Déjala llorar, a mí no me molesta —defendió Astrid, quién era completamente ajena a los presuntos temores de Chloe.

Mariazinha por su parte, se disculpaba avergonzada entre lágrimas:

—¡Perdonen! es que no me puedo contener. El sufrimiento de los demás me hace llorar, aunque yo entienda que son malas personas.

—Que se quede así por siempre. Las demás somos peores que ella —la apoyó Melody.

—¿Llora o no llora demasiado? —preguntaba Chloe, siempre segura de sus protestas y regaños.

—Que llora mucho, eso sí…

Según lo que el pajarito averiguó por los rumores de la ciudad, el asesinato del ministro de salud vitalicio apenas había sido mencionado en las esquelas. En cuando a la prensa raramente le había dado publicidad. Se especulaba que las directrices del gobierno, era evitar cualquier posible escándalo asociado con los hechos.

Pero, aunque la prensa no mencionara nada; los rumores narraban una fábula interesante:

Tres serpientes habían atacado al ministro, durante su visita a un zoológico, provocándole la muerte. Los guardias aseguraron que los ofidios no eran propiedad de la institución, la descripción de los testigos contradecía tal posibilidad.

Probablemente habían contado con apoyo humano, quienes las introdujeron de alguna forma en el interior del parque recreativo. Posteriormente, de la misma forma las habrían desaparecido. Las especulaciones populares apuntaban a una probable venganza de un policía aficionado. No pocos, implicaban sin ninguna prueba a las autoridades de la cooperativa CASPA como autores intelectuales del homicidio.

Las mismas tres serpientes habían sido vistas varias veces en otras ciudades de Haram. Eran fáciles de identificar, especialmente por su número y porque se afirmaba que una de ellas colgaba siempre una campanilla en su cola. Estos avistamientos, eran la principal pista y esperanza de la policía para encontrar a los culpables del homicidio.

Los cronistas de Super Perico suelen hacer hincapié que ya para aquella discusión, nuestro héroe había demostrado interés en investigar el caso de la misteriosa muerte del doctor Sancho.

El ave sugirió en ese entonces al CPAN, la posibilidad de investigar el asesinato ellos mismos. En consideración a la minoría de edad de las niñas, propuso esperar a que todos los integrantes del club fueran mayores de edad. De forma que las pequeñas estuvieran mejor preparadas para los peligros de tal proyecto.

Fueron las niñas quienes ignoraron su comentario, y mostraron poco o ningún interés en el caso del malvado científico. Ellas habían adquirido la costumbre de no hablar de ningún futuro luego de encontrar a la madre de Astrid, que era su misión y verdadero objetivo. Conversaban como si no existiera ningún mañana después de cumplido su propósito, incluso entre ellas mismas.

El CPAN existía para resolver el caso de secuestro, no existía nada más allá.

Sin saber qué hacer ni lo que les depararía el futuro, retomaron su aventura policíaca. Según su acuerdo tenían seis meses para resolver el caso y mantener la fuga.

Siguiendo una sugerencia de Mariazinha, habían solicitado una entrevista con Vanesa, la periodista de la oficina de prensa del ejército. Vanesa y la madre de Astrid habían jurado ser amigas por siempre hacía unos años. Tal vez pudieran obtener de ella alguna pista importante para averiguar su paradero actual.

Llamando desde un teléfono celular público, Astrid y la periodista militar concertaron una entrevista, mientras Chloe escuchaba atentamente. La niña de la falsa miopía, interpretó a su manera una indirecta de Vanesa. Temía estarse enfrentando a una fuerza mucho mayor y más peligrosa de lo que se imaginaban.

Chloe interrogó al héroe de forma que su conversación fuera claramente escuchada por Astrid:

—Dime Super Perico, ¿estarías dispuesto a morir por nosotras?

—Por supuesto —respondió el ave sin titubear.

—Y si una niña insinuara que eso no es justo, ¿tú que le dirías?

—Que los pericos somos lo suficientemente inteligentes para saber lo que es correcto. Y lo correcto es que los pericos muramos en vez de las niñas encantadoras.

—¿Pero por qué es lo correcto? —Por supuesto, Chloe estaba más que de acuerdo con su propia superioridad humana, pero deseaba que Astrid escuchara el punto de vista de la supermascota.

—Porque captamos la grandeza y la valía del ser humano. Es una realidad que la naturaleza sabe, y los pericos también lo sabemos. Entendemos esa grandeza y valía de ustedes. No nos molesta morir porque valen la pena el sacrificio. Porque sabemos y estamos convencidos de lo importante que son ustedes… —el ave decía frases obvias para los animales. O al menos eso creía, pues no estaba muy segura por la misteriosa serpiente del cascabel.

—¿Sabes qué pienso Super Perico? —preguntó Chloe conmovida.

—¿Qué…?

—Creo que el ángel de tu bandada eligió el perico correcto…

Vanesa les concedió una entrevista a las niñas para el martes siguiente. Era jueves, y Chloe pidió que el club CPAN la acompañara en una extraña búsqueda por la ciudad de Egeria.

Estaba evidentemente nerviosa, pero tenía la suficiente fuerza interior para reprimirse. Fue muy clara en insistir que no iba a dar explicaciones. Según su costumbre, actuaba como si fuera la líder; sin importar que los demás la reconocieran o no. Podían surgir dificultades, por prudencia no podía arriesgarse a ir sola. Les pidió que se conformaran con la siguiente explicación:

—Tengo que comprar algo que no se permite vender legalmente, no digan nada. Yo entrare sola y el perico me rescata si me escucha gritar —espetó sin esperar la aprobación.

Confiaban en ella… le dejaron guardar el secreto de sus verdaderos objetivos. Tenían que caminar varias tardes por calles de mala apariencia y peor reputación. No era fácil tener paciencia.

—¿Por qué vas a gritar?

—No voy a gritar. Nunca he comprado lo que busco y estoy nerviosa. Todo el tiempo las personas comercian con objetos ilegales —explicó Chloe, tratando de aparentar que buscaba cualquier chuchería de las que prohíbe el gobierno por exceso de escrúpulos—. El perico me hace sentir tranquila, ¿a quién no?

No todos los lugares visitados por Chloe tenían mala presencia. Muchos eran normales y otros parecían exigir cierta clase social que ninguno de ellos alcanzaba. No entendían casi nada de las pocas frases que lograron oír desde su distancia. De vez en cuando escuchaban una queja más fuerte:

—¡Niña del infierno!, ¿quién crees que somos?

En otros:

—¡Lárgate, y que Dios te perdone el habernos insultado!

Pasaron varios días con la niña yendo de acá para allá. Astrid en un momento que perdió la paciencia de tanto secretismo la encaró:

—Admítelo, no tienes idea de dónde comprar lo que estás buscando.

—Así es… —admitió Chloe, pero no dijo más.

Fue el sábado por la noche, cuando la siniestra búsqueda obtuvo su primer resultado. Aunque por la mala experiencia, sus amigas quedaron bastante asustadas y con una confianza en la chica de la falsa miopía reducida a la mitad.

Super Perico ya se había marchado a sus clases libres con los militares. Las había abandonado en un residencial que parecía tranquilo, pero las apariencias de las calles de Egeria pueden cambiar mucho con tan solo unas pocas varas de recorrido.

De improviso un hombre malencarado con una cicatriz en el brazo, tomó por el cuello a Astrid. Con el otro brazo, blandía una cuchilla corriente que apuntaba intermitentemente en todas direcciones.

—¡Suélteme! —exigió Astrid.

Las niñas comenzaron a gritar, pero nadie acudía. Apenas era el atardecer y con tanto bullicio en un lugar repleto de casas, alguna gente debía de escuchar los quejidos. Pero fue inútil, era como si se tratara de un barrio completamente deshabitado.

—Nadie vendrá, el Amigo tiene toque de queda a esta hora y en esta calle. Pero tranquilas, solo vengo a darles un regalo de la comunidad de calle Sol para Super Perico.

—El perico no acepta regalos de delincuentes —respondió Mariazinha sin titubear. Quién cuando se trataba de objeciones morales, tomaba la iniciativa.

—La comunidad de calle Sol no se resiente si le devuelven el regalo a su legítimo dueño —explicó el maleante como si dijera algo muy divertido—. Lo que busca Super Perico se encuentra en la segunda banca, después de la fuente del parque de la comunidad.

El delincuente desapareció. Estaban tan asustadas que no notaron ni cómo, ni hacia dónde se esfumó el malhechor. Iban todas a regañar y culpar a Chloe por los hechos recientes, pero no pudieron. La niña también se había marchado sin decir nada.


Vigésimo octavo movimiento: Guerras posibles y no deseadas

Versión en audio

No lograron que Chloe explicara nada de lo ocurrido en su anterior aventura con el delincuente callejero; aunque sí pidió disculpas por los problemas que les había provocado.

Las otras niñas del club solicitaron evitar nuevos eventos similares. Recibieron una negativa rotunda:

—Un secuestro no es jugar a las muñecas. No las voy a engañar, espero problemas mucho peores. Si es que no nos matan… Prometer lo que me piden es imposible — respondió Chloe con firmeza. Para investigar en serio; debían atenerse a las consecuencias.

—Al menos, nos explicarás lo ocurrido cuando encontremos a la madre de Astrid —preguntó Mariazinha en tono conciliador.

—Si todo resulta como lo tengo planeado, se los explicaré cuando sean mayores de edad —Ahora Chloe razonaba como la mujer adulta que no era—. Es mejor así.

—¿Qué edad tienes tú? Estás en sexto de primaria igual que todas —objetó Melody.

Por ahora, la misteriosa compra de Chloe en la ciudad de Egeria permaneció un misterio. En ese momento, todas estaban ansiosas a la espera de la reunión con Vanesa, la famosa feminista radical que trabajaba para la oficina de prensa del ejército.

Habían acordado la cita para el martes siguiente. El lunes dieron un descanso a su investigación jugando a los jackses. El perico la mayoría de las veces no las acompañaba en sus juegos, así que aprovechó el tiempo libre para tomar una clase especial con el lugarteniente Yuki.

Los jackses, de origen antiguo y también conocido como el juego de la matatena, eran entonces bastante populares entre las niñas de Haram. Consistía en arrojar una bolita de goma al suelo y mientras permanecía en el aire luego del rebote, se recogían unos objetos pequeños cuyo número aumentaba en cada turno. Era temporada de jackses en la Escuela para niñas Dayamai. Por lo que la competencia al interior del CPAN inició en los recreos y se prolongó junto con Astrid luego de salir de la escuela.

El pajarito, completamente ajeno a estos juegos femeniles; encontró su propio pasatiempo en una clase especial sobre el empleo del bastón policial. Era tradición en Haram, que las clases de combate estilo sureño fueran complementadas con algunas horas de explicaciones sobre el conocido bastón. No correspondía históricamente al estilo sureño de combate, que priorizaba las sogas. Pero la cooperativa CASPA hacía décadas había declarado a la porra como un distintivo para su organización. Puesto que las clases eran muy populares entre los policías aficionados; las conveniencias dieron la bienvenida a los porrazos en el estilo de combate.

Cuando por fin llegó el martes, confirmaron la cita desde un celular público en las cercanías de la escuela. Todos acudieron puntualmente a la hora de la entrevista. Habían acordado coincidir directamente en el lugar, pues Mariazinha necesitaba encontrarse primero con su padre en la comisaría.

En el ejército, las niñas fueron recibidas con una amabilidad poco común en el lugar. La periodista Vanesa irradiaba una extraña felicidad. Por su poco natural comportamiento, diríase que por fin hubiera realizado su sueño de legalizar la presencia de mujeres soldados en el ejército. Pero no, solo se trataba de niñas detectives…

La reportera, luego de algunas formalidades les reveló lo siguiente:

—Creo tener una teoría sobre quien es el culpable del secuestro de la madre de Astrid. Pero si estoy en lo correcto, el ejército nunca lo admitirá.

—¿Quién es el culpable? —preguntaron todas ansiosas y alegres por la importante pista que esperaban recibir.

Probablemente Vanesa intentó aparentar algún tono de remordimiento. Pero sus palabras salieron como si dijera algo natural y archisabido:

—Pues yo…

Estaba tan tranquila, que los oyentes no creyeron que se tratara de ninguna confesión.

Super Perico, conocedor de las malas costumbres del ejército, imaginó alguna misión de destruir edificios que saliera mal y la pobre mujer quedara prisionera sin saberlo nadie.

Todos eran conscientes que sin importar lo que dijera, había que dejar hablar a la primera informante importante que conseguían.

Vanesa obtuvo en respuesta, un silencio sepulcral que no le sorprendió. Ante la mirada inquisidora de Astrid, comenzó con una extraña introducción a su feminismo radical y excéntrico:

—Tanto tu madre como yo soñamos con un mundo gobernado por las mujeres. Pueden preguntarle los detalles a mi amiga por correspondencia, Chloe. Para lograr tal inversión del poder… —Ante un gesto de repugnancia de algún oyente, cambió la redacción—. Como resultado del análisis histórico, la inversión del poder es el castigo justo para los abusos masculinos. Si queremos gobernar en el futuro próximo, necesitamos aumentar la participación de la mujer en la preparación de futuros escenarios. Es inevitable…

Por su costumbre adquirida en la escuela Dayamai, las niñas interrumpían a la polémica reportera levantando la mano.

—¿Que son futuros escenarios? —Astrid asumió la responsabilidad de llevar adelante la entrevista.

—El futuro nadie puede predecirlo. El ejército tiene como una de sus responsabilidades más importantes, prepararse adecuadamente para diferentes escenarios. Uno de ellos es la posibilidad de guerra contra la isla Ádulam —al mencionar la palabra guerra, sus oyentes quedaron estupefactos. Vanesa continuó, segura de haber recobrado el completo dominio de la reunión:

«Pero según nuestros analistas es posible que no reaccionemos a tiempo. Especialmente, si dado el caso, el ejército no contase con el suficiente apoyo popular. Para conseguir este soporte civil, es necesario preparar el ambiente para una futura guerra; al menos como una posibilidad mental.

«Acordamos que el ejército debía conseguir líderes que apoyasen el conflicto y lo pidieran al gobierno constantemente, aunque nunca se declarara ninguna guerra real. Nos preocupa que si Ádulam llega a creer que nuestro pueblo y el ejército opinan diferente, nuestros opositores podrían envalentonarse y robarnos lo que nos pertenece.

«El país debe luchar unido. La política es muy complicada, podríamos perder la isla por culpa de un ejército despreciado por su propia población. Como reportera militar se me asignó la responsabilidad de preparar el escenario mental de una guerra posible que nadie desea y tratamos de evitar».

Un soldado entró e interrumpió la conversación. Le enseñó unos papeles a Vanesa, que los cogió y firmó sin apenas leerlos. Con unas pocas palabras, el asunto estuvo terminado. El soldado se retiró tan rápido como había venido.

—¿Y todo esto que tiene que ver con mi madre? —preguntó Astrid, luego de asegurarse que el soldado se había alejado lo suficiente para no escuchar sus palabras.

—Pues le pedí a tu madre que presentara al gobierno una solicitud de guerra contra Ádulam. Le aclaré que todo era teatro, no existía la más mínima posibilidad que aceptaran su petición. Es otro paso que tenemos que dar las chicas si queremos gobernar el planeta.

—Pero mi madre siempre me ha dicho que no está a favor de la guerra —Astrid estaba realmente sorprendida y fuera de lugar.

La niña se esforzaba en recordar, pero hasta hacía muy poco se había mantenido ajena a cualquier conversación de política de sus padres o de cualquier adulto en general. Hasta podría creer que su madre evitaba hablar de política excepto por alguna votación. De conversaciones sobre guerra, recordaba mucho menos. Sin embargo, no mentía al hablar que su madre estaba en contra de la violencia. Al menos, hasta donde podía recordar de su propia indiferencia a los temas adultos.

—Tanto tu madre como yo misma estamos en contra de la guerra, igual que todos por aquí—hablaba con sinceridad. Los pueblos de Ádulam y Haram por igual, temían y evitaban una escalada militar que terminara en un conflicto abierto y declarado—. Como periodista del ejército es mi responsabilidad preparar escenarios alternativos. Pero en razón de darle mayor credibilidad, necesito civiles.

«Así que le pedí el favor a tu madre, de solicitar la declaración de guerra al gobierno. Por supuesto que le iban a decir que no, es puro teatro. Hay que infundir miedo a los habitantes de la isla. Fue la misma función que cumplió Super Perico cuando estuvo destruyendo edificios.

«Las mujeres nunca llegaremos a dominar el mundo, si no controlamos el ejército, y las declaraciones de guerra. Me pareció importante que fuera una mujer la que solicitara la guerra contra Ádulam, porque es necesario preparar la sociedad desde ahora.

«Tu madre es mi amiga y confía en mí. Si fueran niñas inteligentes, y entendiera lo que es justo, también deberían confiar en mis planes. Tal vez cuando maduren un poco más…»

—¿Entonces usted cree que la solicitud de guerra fue la que provocó el secuestro? —en esta ocasión fue Chloe la que preguntó para aclarar sus propias conclusiones.

—Es mi teoría. Por supuesto, no puedo demostrarlo.

Según la versión de Vanesa, la solicitud fue teatro político montado por coalición del gobierno con el ejército. Tales tratos ocultos jamás se admitirían.

Como consecuencia, el secuestro debía de ser investigado exclusivamente por una policía civil, a la que se le ocultaba información a sabiendas. Evidentemente, tales tratos entorpecían cualquier investigación.

Por extraño que parezca, se despidieron de Vanesa muy contentos de por fin conseguir una pista que prometía ser importante. Las niñas estaban nerviosas, pues los asuntos del ejército les asustaban en demasía. La esperanza podía más que el susto, así que las primeras semanas luego del encuentro con la reportera fueron días de planes e investigación llenos de optimismo.

Si bien el encuentro con la reportera renovó su entusiasmo, los frutos luego de este primer éxito fueron más bien pocos.

Super Perico sentía que disfrutaba de más ratos de descanso de lo apropiado para un superhéroe. La verdad era que las chicas no estaban muy seguras sobre qué hacer ellas mismas, ni mucho menos qué instrucciones darle a un perico con superpoderes.

¿Qué había pasado con la estrategia de las falsas recompensas? Puesto que no se arrancaban los panfletos excepto por su deterioro natural, ha de creerse que la comunidad y la policía toleraban la travesura del CPAN. Como especulación insegura, se apuntaba a las montañas de Egeria como el probable sitio en que se ocultaban los secuestradores.

Astrid no sabía nada de automóviles, y sus recuerdos eran pésimos. Se suponía que el vehículo que mandó a la niña al hospital luego de expulsarla con violencia; había escapado rumbo a las montañas. Se especulaba que allí se habían ocultado, pues la ruta era pésima para llegar a cualquier lugar. Pero las montañas eran enormes, y los sucesos cada vez más viejos.

Las pequeñas detectives también solicitaron ayuda a sus restantes compañeritas de sexto de la escuela Dayamai; quiénes les ayudaron imprimiendo fotos y volantes que les apoyaran en la búsqueda. Habían quedado sumamente emocionadas luego de un relato épico coronado con una exhibición del pericomóvil.

—¿Podemos subirnos al aparato? —fue la petición de algunas jovencitas más animosas, que soñaban con abordar el exótico transporte volador del club.

—No —respondió el CPAN al unísono, incluyendo a Super Perico.

Pero las jovencitas se salieron con la suya, con un fácil y útil recurso:

—¿Y si les fabricamos un pericomóvil mejorado?

Decidieron organizarse para crear con sus artes infantiles nuevas versiones del extravagante aparato volador. Aunque todos los modelos seguían necesitando de nuestro héroe para desplazarse por el aire, los resultados fueron sorprendentes: ahora tenían varios tipos mucho más seguros y confortables para uno, dos, tres y hasta ocho pasajeros. También desarrollaron modelos para transportar uno o dos adultos.

El pericomóvil consistía básicamente en un asiento sostenido por amarres y varas a un aro metálico. El modelo para cuatro niñas, que fue el preferido desde un principio; formaba un prisma cuadrado, que adquiría rigidez gracias a unas varas de madera entre cosidas con una red de hamaca en ambas bases, y un decorado de hilos colgantes.

Exhibía numerosas líneas de tejidos que le daban firmeza y permitían sentarse cómodamente sin caerse. Las cuatro niñas sentadas miraban en direcciones diferentes, y la parte superior estaba coronada por el aro que el perico levantaba.

Este modelo para cuatro resultó inesperadamente cómodo en el aire, aunque no así en el despegue o en el aterrizaje. En ocasiones, al tocar tierra, sus pasajeras quedaban atrapadas varios minutos por las redes de la hamaca; como si se trataran de redes para cacería.

Con paciencia y entrenamiento, aprendieron a subir y bajar rápidamente sin enredarse con las líneas de tejido. El defecto del diseño era sufrido especialmente por los pasajeros esporádicos, quiénes no estaban acostumbrados a estos inconvenientes.

En agradecimiento por su ayuda, conforme a su deseo; se les permitió a todas las niñas de sexto que colaboraron en el proyecto darse unos cuantos paseos en el pericomóvil. Por precaución, habían eliminado de los encuentros a cualquier niña que conociera de la señal del conejo o de los planes del doctor Sancho.

Gracias a las alumnas de la Dayamai, Super Perico había acumulado una considerable dotación de fotos y volantes para distribuir. Se le ocurrió solicitar ayuda a los animalitos de la zona. Fue una excelente oportunidad para practicar su capacidad políglota incrementada con sus superpoderes. Tuvo largas arengas con aves, ratones, ardillas, y muchas otras especies de la montaña y la ciudad.

Su sospechoso preferido como secuestrador seguía siendo el Amigo; aunque como siempre, no tenía nada que lo vinculara con el caso. Ya casi lo había eliminado luego de explorar abundantemente la hacienda Amadi.

Con las nuevas fotos, retornó a las andadas en la dicha hacienda. Esta vez contactó a los ratoncitos. Estos podrían explorar concienzudamente la localidad, con mucha mayor experiencia y habilidad que la mayoría de las especies.

Super Perico no quería a los gatos y sospechaba de las malas intenciones de los perros, así que no los tomó en cuenta. A su entender, los ratoncitos, pajarillos y ardillitas eran mucho más de fiar…


Vigésimo noveno movimiento: Desesperanza

Versión en audio

Durante los tres meses siguientes Super Perico se comportó como un fiel y abnegado ayudante de investigación. Sin duda el más optimista del grupo y el más entusiasta en todo momento.

En cuanto a las cuatro niñas su ánimo y disposición se tambalearon constantemente. Si el primer mes fue de esperanza, en el segundo reinó el aburrimiento y en el tercero prevaleció la desesperanza y las lágrimas.

No solo Mariazinha lloraba entonces. A escondidas y por las noches, todas las demás sufrían amargamente ante la perspectiva de un futuro fracaso en el plazo de seis meses.

Ninguna sabía como hacer para encontrar a una madre secuestrada. El perico menos… Tenían la conciencia tranquila como para poder afirmar que lucharon contra un fracaso inevitable. Mayor honor que muchos, pero la disposición nunca fue suficiente para ganarle a la realidad. Quizá, Chloe tenía razón: solo eran unas niñas ridículas que jugaban a imitar a la policía.

Nuevamente, se sentían traidoras de la misión del CPAN. Habían perdido la fe en sus objetivos. Investigaban sin rumbo con un corazón seco y decepcionado de sí mismas. Cumplían cuotas, planes, repartían lo que hubiera que repartir; y preguntaban lo que hubiera que preguntar. Pero en su alma dominaba la desesperanza, mientras se limitaban a obedecer sus propias directrices.

Organizaron un barrido por las montañas de Egeria, pero la zona de investigación era enorme. La mayoría de los entrevistados, no era capaz de decir nada a partir de las fotografías. Poco aportaban a los recuerdos y pistas que escasamente pellizcaban con mucho esfuerzo y determinación.

Fueron concienzudas en su búsqueda. Pero su progreso era tan escaso, que conforme pasaban las semanas se convencían más y más de que solo seguían una rutina y se engañaban a sí mismas con sus mutuos alientos.

Para abarcar más terreno se repartieron en dos grupos, las parejas se rifaban cada día. Super Perico las transportaba de dos en dos con ayuda del pericomóvil. Ambos grupos barrían en paralelo zonas adyacentes, de forma que al ave no le tomara mucho tiempo volar desde una pareja a la otra.

—¿Las hadas unicornios no tendrán un plan en algún capítulo de secuestro? —le preguntó Mariazinha a Melody; en un turno que les correspondió colaborar juntas.

En su pasada aventura, tomar consejo de las caricaturas infantiles les había funcionado. Una idea, podría ser mejor que ninguna. Pero Melody ya se le había adelantado.

—Es inútil. Fue lo primero que intenté. He repasado varias temporadas de unicornios, pero no encontré casi nada. Solo un episodio, pero es completamente diferente a nuestra situación actual.

Ante la insistencia de Mariazinha, Melody narró el episodio en cuestión. Al menos, el cuento les serviría de entretenimiento para la caminata por las vías solitarias.

—Hoshi siguió el carruaje de la princesa malvada Crisantemo, y luego utilizó una piedra mágica para inmovilizar a los malos —contó Melody. Ambas disfrutaban plenamente, casi cualquier asunto que proviniera de la serie televisiva de moda en la escuela para niñas Dayamai—. Pero todos los unicornios conocen y distinguen el carruaje de lapislázuli de la princesa Crisantemo. Astrid no sabe nada de automóviles, y todos los carros son iguales tanto para ella como para mí.

—Y para mí también —admitió Mariazinha comprendiendo lo absurdo de su conversación. Que distinto sería todo, si los secuestradores tuvieran un carro hecho de lapislázuli.

Super Perico se estaba contagiando por el desánimo. Su mayor esperanza era su capacidad políglota incrementada con sus superpoderes. En todos los hogares existe algún animal, un ratón, o un pajarito que toque la ventana. Tal vez una zarigüeya que moleste caminando por el cielorraso. Tarde o temprano alguno de estos animalitos debería haber visto a la madre de Astrid. Y en cuanto uno de estos conversara con sus aliados, el caso quedaría resuelto.

La lógica de la paciencia y la perseverancia aseguraban un éxito futuro. Tal vez un mes, tal vez dos… ya contaban tres meses sin resultados.

—Tarde o temprano algún animalito verá a tu madre y nos lo dirá —Super Perico intentaba infundirles esperanza como podía—. Hemos hecho muchos amigos, los secuestradores serán derrotados. Solo necesitamos paciencia…

—Pero tu plan nunca funcionará si mi madre está muerta. Ningún animalito puede encontrar un cadáver enterrado mucho tiempo —admitió Astrid amargada por la tristeza.

Era la primera vez que Super Perico escuchaba la palabra muerte en boca del CPAN. Pero adivinaba que había circulado por el cerebro de todas desde hacía muchos meses. Sería acaso la teoría de la muerte, la que había predominado entre la policía y el ejército. De tal forma, que descalificaran el caso como un asunto perdido; al menos, en lo que a las víctimas se refería.

Las cuatro lloraron en esa ocasión. El pajarito intentó alegrarlas, pero el optimismo sabía a ofensa delante de tan oscuro desenlace.

El plazo de seis meses, que ellas mismas se dieron, evitó que se rindieran y le pidieran a Super Perico que buscara otro caso que resolver. Aunque perdieran las esperanzas, estaban decididas a cumplir religiosamente los seis meses de búsqueda. Sin importar que todas o ninguna creyera en lo que estaban haciendo, el CPAN haría honor a su propio reglamento. Al menos, no permitirían que el desánimo que entonces las dominaba; saboteara reuniones, planes o impidiera seguir preguntando y buscando por la montaña.

Una noticia les alegró luego de terminar los primeros tres meses de investigación del secuestro. La Cooperativa de ahorro y socorro de los policías aficionados o CASPA; los había aceptado como miembros luego de una rápida convalidación del arresto de los cuatreros. El juicio todavía estaría pendiente por algún tiempo, pero su conclusión no era necesaria para que el juez permitiera el pago por el arresto.

En la sentencia que liberó la recompensa retrospectiva, se consideró que la evidencia incriminatoria era suficiente para que se pagara a los policías aficionados por su trabajo. El tribunal declaraba el pago como legalmente justo, independientemente de que un juicio posterior declarara a los acusados culpables o inocentes.

La resolución fue suficiente para que Super Perico, Mariazinha, Melody y Chloe quedaran inscritos como miembros de la CASPA. No así Astrid, que guardaba reserva por su condición de fugada del hospital y de su hogar.

Chloe recogió los bastones policiales retráctiles y grabados, que la CASPA obsequiaba como distintivo de sus miembros. El bastón servía como identificación en los trámites y ante las instituciones. Como arma cumplía los requisitos reglamentarios, aunque se recomendaba utilizar otros modelos. Por su diseño cabía escondido en una cartera. Pero la cartera infantil de Mariazinha resultó demasiado pequeña y tuvo que conseguir una nueva.

El dinero de la recompensa se repartió entre las niñas y el perico, incluyendo extraoficialmente a Astrid. Se dice que Super Perico lo primero que compró con el dinero humano, por el que tanto sentía curiosidad, fueron unos fósforos. Tales artefactos le resultaron maravillosos y fascinantes. Esperando compartir su entusiasmo por el fuego envió muchas cajitas a sus amistades en el Palacio de los Pericos.

Las niñas aprovecharon la oportunidad, para comprar alguna ropa nueva. Habían destrozado una buena cantidad de zapatillas y accesorios en sus andanzas por el terreno quebrado de las montañas.

Se concedieron un par de días libres en su actividad policíaca para hacer las compras. Experiencia que disfrutaron enormemente, aunque no recobraron esperanzas. Al menos les restablecía fuerzas para continuar. Las suficientes para tocar puertas y preguntar; una, otra y otra vez…

—Todas las casas son visitadas, por las buenas o por las malas, por algún animalito. Si tu madre está en estas montañas. Alguno de mis aliados la encontrará, es inevitable —afirmó el pájaro. Pero la seguridad de sus palabras era planeada. Ya casi no le salía del corazón.

Quizá por tener menos esperanzas, o quizá porque ya habían agotado todas las comunidades de cierto tamaño. Decidieron que trabajarían unidos en un solo grupo; en vez de separarse en dos como habían hecho hasta entonces.

Cada vez que llamaban a la puerta de una casa: pedían consejos, enseñaban fotografías, pedían pistas, rumores, lo que fuera. Pero nada…

Un día como cualquiera, encontraron a un campesino que fanfarroneaba como si pudiera reconocer a un malhechor por su forma de vestir y extravagancia de costumbres. Parecía muy seguro de sus propios prejuicios de culpabilidad y de identificación de delincuentes. Al contrario de la mayoría, en un momento de exagerada presunción se aventuró a decir:

—Por supuesto que sé quiénes son los secuestradores. Si es verdad que viven en estas montañas, tiene que ser esa gente.

Por su porte de hablador; ni las niñas, ni el perico le creyeron gran cosa. Pero obviamente, había que dejarlo hablar y explicarse:

—Bueno, no lo sé en realidad. Pero esos tipos son malos, que me perdone Dios si son angelitos —explicó el campesino.

—¿De quién sospecha usted? —preguntó Astrid.

—Hay una hacienda muy sospechosa. Ellos deben ser los culpables. Está llena de cámaras. Aquí en esta montaña la gente deja las puertas abiertas —agregó como si tales asociaciones fueran bien convincentes—. Todos dicen que los delincuentes son los que le tienen miedo a la gente decente. Ellos deben ser los tipos que andan buscando.

Ante la falta de ideas, le hicieron caso por probar. Investigarían la supuesta casa sospechosa señalada por el campesino. El inconveniente fue que no estaba cerca, pero Super Perico podía llegar fácilmente guiado por las señas.

Volvió en poco tiempo. Nuestro héroe retornó satisfecho, porque a su entender la pista resultó mejor de lo que hubiera esperado:

—Tiene usted toda la razón. Por las señas, el hombre es culpable pero no de secuestro —dijo el periquito para satisfacción del campesino, que se alegró de verificar sus propios prejuicios.

La supermascota terminó su informe de la breve inspección:

—Es la hacienda Amadi y son las fincas del Amigo. Ya la he revisado varias veces. Sé que ese hombre es un malvado. Pero no creo que esté involucrado en el secuestro —concluyó Super Perico.

El campesino estaba feliz que su sospechoso fuera declarado culpable inmediatamente, aunque de otros cargos bien diferentes. Ante su éxito detectivesco, bien podría hacer un segundo intento. Se animó entonces a proponer una extravagante sugerencia para dar con el culpable:

—Pues Super Perico, si quieres encontrar a tu secuestrador. Hay un método que creo te podría funcionar. Busca la casa con más cámaras en la región. Si la primera es la del tal Amigo, entonces busca la segunda. Muy simple, allí encontrarán al menos, otro culpable de algo—afirmó el campesino muy seguro de la practicidad de sus métodos.

Como por entonces no se les ocurría nada mejor, Chloe había permanecido callada. Pero consideró que ya era hora de despedirse y continuar con su búsqueda.

—Podría ser también del ejército, o un vendedor de joyería, son puros prejuicios —protestó Chloe, tratando de apresurar la despedida. Pues los demás parecían más entusiasmados de lo que debieran.

Sin embargo, ocurrió algo que nadie se esperaba. Astrid rompió a llorar, y para sorpresa de todos afirmó dominada por una fuerte emoción interior:

—El hombre tiene razón. El secuestrador vive en la casa con más cámaras. El secuestrador está obsesionado con su propia vigilancia.

Entonces las lágrimas asfixiaron por completo sus palabras. Su llanto se había transformado en una confusa mezcla de tristeza, horror y una alegría siniestra.

Nadie comprendió porque afirmaba tal cosa y con tanta seguridad. Como podía estar tan segura o ser tan prejuiciada, como para culpar al hombre con más cámaras.

Una mueca que mezclaba una tristeza y una alegría un tanto maligna se dibujó en su rostro. Su expresión no dejaba duda de que hablaba en serio.

—¿Por qué dices eso? —le preguntó Super Perico.

—Lo había olvidado completamente. La verdadera razón por la que el carro me pareció tan raro. Había dos cámaras laterales vigilando a los pasajeros, definitivamente no podría tratarse de nada bueno… y luego…

Chloe se puso a saltar de alegría. Las demás niñas comprendieron el gran descubrimiento y la razón de su repentino entusiasmo.

Astrid y Chloe se abrazaron entre ellas con abundantes lágrimas. Mariazinha y Melody hacían otro tanto. El campesino prejuiciado, aunque algo corrido, también participó a su manera en las celebraciones; autoproclamándose el autor intelectual de la solución.

Ante las miradas de interrogación de Super Perico, que no entendía tanto aspaviento, Chloe le explicó el motivo de su alegría:

—¡Bingo…!, ahora si vamos a atraparlos. En Haram nadie o casi nadie pondría una cámara vigilando a los pasajeros en un auto corriente, ni los taxistas hacen eso. Esos idiotas pusieron dos. Definitivamente, si encontramos un vehículo con tales cámaras. Encontramos a los culpables.


Trigésimo movimiento: Bovinos

Versión en audio

Les tomó más de un mes encontrar un automóvil que cumpliera con la descripción: un par de cámaras que vigilaran el asiento trasero. Probablemente porque no se hallaba en la zona de búsqueda establecida inicialmente por el CPAN. Aunque ignoramos si eso hubiera provocado alguna diferencia. La zona era enorme y existían una gran cantidad de variables que actuaban en su contra.

Sí Chloe tenía razón, un carro… Un único vehículo era lo mejor, les daría por fin una pista confiable para ubicar a los secuestradores.

Encontraron un dependiente en una tienda de artículos de seguridad, que recordaba un hombre que quería comprar cámaras para asientos traseros de automóvil. Les había parecido ridículo su deseo de vigilar de esa forma a su propia familia. Esa fue la conclusión de los dependientes, cuando el individuo se negó a dar otra explicación a su curiosidad. Pero el cliente siempre tiene la razón y le adaptaron unas cámaras para banco. El vendedor le había ayudado a instalarlas.

La tienda se encontraba en la ciudad de Hai, no en Egeria. Podía llegarse a Hai desde las montañas de Egeria atravesando caminos agrestes inapropiados para automóviles, pero era posible. Aunque el hombre de la tienda les advirtió que solo un idiota llevaría un auto tan bueno por esas calles. Lo mejor, para llegar a Hai desde Egeria, era bordear las montañas por una ruta secundaria, pero con mucho tráfico.

Ampliaron pues la zona de búsqueda a los alrededores de la ciudad de Hai. En particular sospechaban de la conexión entre Egeria y Hai. El cambio duplicaba el tamaño en sus cálculos iniciales.

El dependiente confesó que tenía mala memoria para describir objetos, aunque podía reconocer un carro mucho mejor que cualquiera de las niñas. Como pudieron, entre todos los empleados, intentaron agregar algunos elementos a lo poco que sabían.

Se concentraron pues en buscar un automóvil con la nueva descripción. Pero tal decisión, fue un error lamentable. Afortunadamente para las niñas, luego de insistir durante otro mes de fracasos; Super Perico encontró unos bovinos que, al parecer, tenían mejor memoria que los humanos. O por alguna casualidad del destino, eran más duchas en reconocer vehículos que nuestros personajes.

Unas vacas que acostumbraban utilizar diariamente un tramo empinado del nuevo trayecto bajo sospecha, recordaban haber rumiado varias veces a la par de un carro que respondía más o menos a las características buscadas.

—Jamás lo encontrarán con esa descripción—le explicó una vaca a Super Perico.

—¿Por qué? —preguntó nuestro héroe.

—Porque a sus dueños les gusta cambiar de carro todo el tiempo… Pero no somos vacas idiotas, sabemos que es el mismo carro.

Los bovinos creían que el vehículo del que hablaban había sido enviado varias veces al taller, pues cambiaba drásticamente su apariencia con el pasar de los meses. Sabían que era el mismo, no podían engañar a un par de vacas que acostumbraban detenerse durante tres horas para examinar un transporte.

Con ayuda de las reses, las cuatro niñas y Super Perico lograron ubicar el presunto automóvil. Había cambiado de color; y según las vacas, también de varios elementos de su apariencia; pero conservaba las dos cámaras que buscaban.

El automóvil no debía de utilizarse mucho, pues estaba en buen estado de conservación en un lugar demasiado agreste con vías pendientes de lastrear. Daba la impresión de ser utilizado para exhibir, más que como medio de transporte.

La propiedad era amplia, apropiada para desaparecer en la montaña si llegaba la policía. Una residencia atípica para la zona, de buena presencia, pero muy escondida por la vegetación.

Luego de una hora de observación atenta, concluyeron que al menos cuatro hombres habitaban la residencia. Por la ropa tendida dedujeron la presencia de al menos una mujer. Astrid no recordaba bien la ropa de su madre. Compararon la ropa de mujer con fotos que siempre llevaban para resolver dudas de esa naturaleza; pero no llegaron a ninguna conclusión.

Melody fue la primera en decidirse a preguntar directamente. Se animó a tocar la puerta y esperando obtener alguna información sobre la señora de la casa, ofreció regalarles a los residentes un año completo de la revista Chicas de hoy.

—No nos interesa, aquí no vive ninguna mujer —respondió un hombre que ya conocían de antemano, el mismo Pavel en persona. El precarista que habían encontrado como residente en la misteriosa Casa que aparece y desaparece—. Yo vivo solo.

Como el tendedero delataba claramente que estaba mintiendo, tal respuesta incrementó las sospechas. Esperaban al menos una mujer en la casa y varios hombres. Su papel en el grupo debía ser engañar a los visitantes. Como ya lo conocían de previo, sabían de su afición a las mentiras descaradas.

Encontrar a Pavel los dejó completamente confundidos. El exprecarista recordó a Melody, pues mientras la niña se alejaba salió nuevamente afuera. Gritó con cordialidad, pero con fuerza suficiente para ser escuchado:

—Saluda de mi parte a mi amigo Super Perico.

Tal saludo era mala señal. Pues la última vez que habían visto a Pavel, había desaparecido por más de cuatro meses con una casa que también seguía sin aparecer. La elegante arquitectura de la residencia no era apropiada para esfumarla en una sola noche. Pero fueran culpables o no, era muy probable que al día siguiente se ocultasen sin dejar rastro. Si es que no se inventaban algún método para desaparecer la casa y el carro también…

—¿Podemos arrestarlo como medida de precaución? —preguntó el perico.

—Hay indicios, pero necesitamos un argumento más sólido. De momento podemos acusar a Pavel de precarista… —respondió Chloe. La chica parecía convencida de haber hallado a su culpable, pero con igual velocidad la pista podría escaparse en cualquier momento.

«Tienes que encontrar a la mujer. Allí vive una dama que podría estar tomando café, de paseo en una playa, o estar amarrada. Si encuentras a esta señora en problemas entonces si podrás golpear y amarrarlos a todos—autorizó la niña. Aunque temiendo la ingenuidad de la supermascota, había que tomar precauciones—. Mejor me preguntas primero».

Enviaron a Super Perico a investigar equipado con un boquitoqui de los que vendían en las jugueterías. Confiaban que como el ave era tan pequeña, seguro se las arreglaría para encontrar a cualquier mujer prisionera sin ser visto. Siguiendo instrucciones, entró por un acceso al cielorraso que agujereó a picotazos en el alero de la casa.

Sin embargo, nuestro héroe hacía demasiado ruido y el boquitoqui también. Las niñas observaban a lo lejos muy asustadas. Hubieran querido pedirle que regresara, para tratar de silenciarlo e instruirlo en un arte del espionaje; del cual ninguna de ellas conocía nada de nada. No lo detuvieron porque confiaban que el ave se las arreglaría con sus superpoderes.

Chloe aprovechó para prevenir a sus amigas:

—Llamaremos a la policía en cuanto tengamos más pruebas o haya algún peligro. Ustedes deben prometerme que no se acercarán a la casa pase lo que pase.

—Así es, no nos acercaremos —respondieron las demás.

—Aunque el perico corra peligro, ¿dejarán que muera?… Será la policía la que se encargue del rescate.

—¡Otra vez molestando con eso! Así es, dejaremos que el perico muera —parecían hablar con sinceridad.

La frialdad y la seguridad con que respondían a una directriz que ya habían escuchado en reiteradas ocasiones, fue suficiente para Chloe. Se dio por satisfecha y permaneció callada esperando algunas señal que indicara los progresos del ave.

El descuidado periquito no podía hacer más ruido, así que los residentes lo encontraron rápidamente. Abrieron el cielorraso y lo invitaron a pasar a la sala.

—¡Hola, mi amigo Super Perico! ¿Vienes solo o acompañado? —preguntó Pavel, quién ya sabía la respuesta, pues había reconocido a Melody.

—Vengo solo —respondió, aunque fuera inútil la mentira. Por un instinto protector hacia sus amigas sentía la necesidad de negar su presencia.

Pero entonces cayó en la cuenta de que cada vez que decía una mentira sus superpoderes lo abandonaban. Efectivamente, de improviso era tan indefenso como cualquier perico normal. Había olvidado el curioso castigo que no terminaba de comprender. «Tengo que pedirle al ángel que cambie las reglas, algo no está funcionando bien» pensó para sí mismo.

—¿Dices que tiene superpoderes? —se quejó uno de los compañeros de Pavel, dirigiéndose al aludido—Me parece que te vieron la cara de tonto, es tan debilucho que ya lo tengo dominado.

Uno de los hombres lo amarró y encerró en un cajón por precaución. Se pusieron a discutir sobre las habilidades del pájaro que ponían en duda. Para que le creyeran, el exprecarista les enseñó las fotos del perico destruyendo edificios. ¿Podía ser el ejército de Haram tan farsante con su ex-mascota?

—¿No se supone que somos amigos? —preguntó Super Perico a Pavel. El cajón tenía varias rendijas a través de las cuales la supermascota podía mirar a sus captores.

—Mis amigos no me llevarían a la cárcel —respondió.

—Te dejo escapar con la condición de que me ayudes y luego te vuelvas bueno —tentó el periquito. Aunque todavía no estaba seguro si las niñas le iban a permitir el arresto o no. Tampoco sabía los cargos… —¿Tenemos un trato?

Los demás hombres que también escuchaban con atención no permitieron que tan traicionero diálogo continuara.

—¿Qué hacemos con él? —preguntó Pavel.

Uno de sus compañeros, probablemente el de mayor autoridad, llamó por celular para pedir instrucciones. Luego de una breve conversación que no tomó más de un par de minutos, respondió:

—Quieren que lo matemos, superpoderes o no… —al transmitir la respuesta de sus superiores, recibió algunos gestos de desaprobación—. No me preguntaron mi opinión, ni la de ninguno de ustedes.

Durante el jaleo, Super Perico había abandonado el boquitoqui en el cielorraso. Su señal estaba abierta, de forma que parte de la conversación podía ser escuchada por las niñas. Pero el artefacto de mala calidad hacía tanto ruido de interferencia; que uno de los malhechores buscaba el molesto ruidito que no lograba identificar.

El CPAN ya se había enterado de la sentencia de muerte de Super Perico. Sin embargo, habían acordado no intervenir directamente exponiendo sus propias vidas.

—Ya llamé a mi papi sargento. Viene con varios guardas para acá —informó Mariazinha. Quién tenía un radio comunicador policial, que había conseguido de su padre.

—Es todo lo que haremos, ya hicimos suficiente —agregó Chloe decidida—. ¿Prometen dejar morir a Super Perico si es necesario y no meterse en problemas hasta que llegue la policía?

—Sí —aunque Mariazinha lloraba y las demás estaban muy tristes.

Chloe era la que permanecía más tranquila. La prioridad para la niña de la falsa miopía era la seguridad de sus amiguitas.

La mayoría de los cronistas opinan que el CPAN hubieran cumplido su palabra de no intervenir. Si no fuera porque Pavel mismo cambiara drásticamente la situación.

Como uno de sus compañeros le advirtiera de un extraño ruido que no lograban identificar. Él también buscó el aparato que se ocultaba descuidadamente en el cielorraso. Encontró el boquitoqui, pero antes de apagarlo y destruirlo con un pisotón, gratuitamente ofreció a Astrid una promesa de su parte:

—¡Hola CPAN! Díganle a Astrid, que su madre nunca sufrirá ningún daño y estará completamente segura, lo juro con el precio de mi propia sangre. Lo siento por el periquito. Recibimos orden de matarlo, pero es solo un animal. Que nos busque la próxima vez en Cedrón —dicho esto, apagó el aparato. Luego lo inutilizó completamente con un pisotón y varios golpes dados con el primer objeto que encontró a la mano.

Ante tales amenazas, Astrid cambió de actitud completamente. Olvidando la promesa dada a Chloe en varias ocasiones, intempestivamente tomó una firme resolución:

—Lo siento Chloe, pero no permitiré que se lleven a mi madre a otro país. Ellos no van a esperar a que llegue la policía.

—¿Qué vas a hacer?

—Voy a servir de lastre.

Antes que ninguna de sus amigas pudiera reaccionar, salió corriendo con todas sus fuerzas hasta el corredor principal de la residencia de los secuestradores.

Unos instantes después y como si entrara a saludar tocó la puerta de la casa. Al abrirla, la recibió Pavel, quién al parecer no le sorprendió su llegada. Pero en esta ocasión empuñaba un arma. Astrid levantó las manos en alto:

—¡Me rindo! Quiero que me secuestren y me lleven junto con mi madre a Cedrón.


Trigésimo primer movimiento: Principio del fin

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Mariazinha y Melody decidieron intentar rescatar a Astrid. Pero no tenían absolutamente ningún plan. Estaban comprometidas por la lealtad y la amistad. Aunque sus sacrificios fueran inútiles, no se iban a dar por vencidas.

—Le prometí a Astrid que si ella moría, yo también —explicó Mariazinha.

—No la van a matar, solo se la llevarán con ellos —Chloe se esforzaba por tranquilizarlas.

—¿Y cómo lo sabes?

—Es solo una niña. ¡Por Dios! Vivimos en Haram, confíen más en su propio país.

Pero apelar a la política y costumbres no resultó suficiente. En los últimos meses todas habían sufrido tantas decepciones, que hasta la misma Chloe aparentaba.

—Pues lo siento, nos vamos a rescatarla.

—¿Qué van a hacer?

—No sé. No importa, solo cumpliré mi palabra de hada unicornio —respondió imitando la consabida frase de Hoshi, un personaje infantil de la televisión.

—¿Y tú que dices? —preguntó Chloe a Melody, que había permanecido callada.

—Yo también. Yo no prometí nada, pero así somos las hadas unicornios. Leales más allá de la inteligencia —Melody no pudo evitar una broma en el peor momento.

En su interior Mariazinha estaba completamente dispuesta a meterse en la boca del dragón en nombre de la amistad verdadera. Definitivamente, hay definiciones de la amistad más peligrosas para la salud que otras.

Lo peor, era que ambas niñas carecían de ninguna estrategia diferente a la de confiar en el Espíritu Santo. Melody callaba ahora; estaba dispuesta a seguir idéntico destino fuera cual fuera. Pero si Mariazinha renunciaba a su intempestiva imprudencia, ella también. Chloe lo sabía…

Se alejaron ignorando las protestas de la niña de la falsa miopía. Finalmente, cuando se convenció que no iba a poder detenerlas, Chloe enseñó el contenido de un paquete que cargaba oculto. Probablemente el mismo objeto que le había obsequiado un delincuente en el pasado y del que no hablaba nunca.

Sacó unos artefactos extraños de su envoltura. Se los enseñó justo a tiempo para evitar que se acercaran y las vieran los secuestradores. Ocultaba unas bombas antimotines junto con varias máscaras antigás y algunos otros elementos semejantes.

—Es un préstamo retroactivo de la policía de Egeria, solo que ellos no lo saben. La comisaría es su legítimo dueño —explicó Chloe.

—Las robaron —reaccionó Melody.

—Calculo que el sargento Joel le concederá un permiso retroactivo a su propia hija. De tal forma; que legalmente no sería considerado un robo, sino un préstamo irregular sin permiso administrativo —se defendió Chloe, que como siempre aplicaba sus propios y curiosos análisis morales.

«Este es mi plan: yo les explicaré cómo funcionan estos chunches; luego ustedes se encargan de todo y hacen lo que les venga en gana. Me lavo las manos, están ignorando mis advertencias como siempre. Yo me encargo del celular del jefe, hay que averiguar quien organizó el secuestro».

—De acuerdo.

Luego de unas lecciones demasiado breves como para poder aplicarse sin contratiempos; se santiguaron y Mariazinha improvisó un par de oraciones breves. Por supuesto, solicitó la ayuda de Dios y los ángeles; aunque curiosamente, no pidió la iluminación del Espíritu Santo. Quizá temía una respuesta negativa…

Las niñas dieron inicio a su improvisado rescate. Se acercaron a la casa, sin tener idea si eran observadas o no. Mantenían ocultas las máscaras antigás para no revelar su intención. Cuando estuvieron suficientemente cerca, Melody dio la señal. Se sujetaron firmemente las máscaras y luego de santiguarse, amén de un par de jaculatorias; arrojaron unas bombas antimotines al interior de la estructura.

El plan resultó un éxito con el primer par de delincuentes que lograron atrapar al escapar de la residencia. Sin pensarlo mucho, los golpearon y amarraron en la confusión. No previeron, sin embargo, que los secuestradores también tenían sus propias máscaras antigás.

Los restantes malhechores alcanzaron a cubrirse los rostros. Salieron de la vivienda y rápidamente lograron atrapar e inmovilizar a todas las pequeñas.

—Son demasiadas —se quejó uno de los malhechores—. Si las llevamos, nos retrasarán tanto que nos va a atrapar la policía.

—Hay que llamar y pedir instrucciones. Que los superiores decidan —habló la misma voz que las niñas habían escuchado por el boquitoqui y que parecía ser el jefe.

¿Super Perico qué estaba haciendo mientras las niñas intentaron su malogrado plan de rescate?

Lo mismo de siempre que perdía sus superpoderes. Suplicar, pedir perdón a Dios y a los ángeles por sus errores. Además, de ofrecer penitencias si lograba sobrevivir a su aventura.

El ave estaba desesperada y no sabía que pensar: «No entiendo nada. Pierdo mis poderes cada vez que miento.

«Yo traté de engañar a Pavel por proteger a mis amigas. Pero todos los pericos creemos que Dios siempre tiene la razón, hay que someterse humildemente a su voluntad aunque no la entendamos. Prometo que si es el deseo de Dios, soy bien capaz de hacer lo que fuera.

«Si es la voluntad de Dios estoy dispuesto a traicionar a mis aliados. Si tanto le enfadan los embustes les daré el nombre de todos ellos, revelaré sus ubicaciones, habilidades, estrategias y hasta les explicaré donde encontrar a sus abuelitas enfermas».

Repentinamente quedó envuelto en una visión, al interior de una especie de nube blanca. Por segunda vez, y luego de mucho tiempo, entró en una especie de trance durante el que pudo conversar con el ángel de la bandada. Estaba sumamente feliz por escucharlo nuevamente, pero el ángel estaba furioso:

—¿Qué tonterías estás pensando?, en serio puedes creer que nos complacería verte traicionar a tus amigas —le regañó el espíritu.

—Es que soy un perico tonto, y no sé qué hacer.

—Para comenzar, en vez de pensar tonterías. Podrías inventarte una teoría mucho más benevolente con nosotros —el ángel continuaba con sus amonestaciones.

Super Perico no encontraba palabras para pedir disculpas.

—Qué tal si me invento que las mentiras son un interruptor que apaga los superpoderes sin importar las conveniencias.

—Mucho mejor así. Te aclaro, que puedes seguir diciendo que es un castigo tratándose de las mentiras graves, nos parece estupendo. Los espíritus leemos los pensamientos, así que cuida la redacción. Recuerda que el corazón puro es la llave de los santos que consiguen ver a Dios.

El ángel desapareció y la visión terminó. Pero el perico todavía no había recuperado sus habilidades de supermascota.

—¿Qué quieren que haga para recuperar mis poderes? —preguntó en voz alta, sin preocuparse que lo oyeran los demás.

El ángel respondió a su pregunta. Aunque en esta ocasión solo escuchó su voz que decía:

—Sí, se me había olvidado que veníamos a hacer un arresto… Es horrible ser sordo, pero pobrecitos los que lo sean voluntariamente —eso fue todo lo que escuchó. Los demás también oyeron esta última voz, pero no reconocieron su origen.

Entonces sí, el perico recobró sus fuerzas y habilidades especiales. Inmediatamente, destrozó sin miramientos la jaula en que se encontraba. Como todavía no se habían disipado los gases completamente, pudo actuar con rapidez y pésima visibilidad para sus agresores.

En medio de un furioso tiroteo para intentar acabar con el pajarito, el perico consiguió amarrarlos a todos. Liberó a las niñas y ubicó a los afectados fuera de la propiedad en sitio seguro.

Por súplica de Astrid, registró la residencia por completo en busca de su madre o de cualquier otra persona que pudiera encontrarse en el lugar. Efectivamente, una mujer estaba encerrada en un sótano al que se llegaba desde una puertecita disimulada en el piso de la cocina.

La mujer era idéntica a las fotos que habían examinado juntos miles de veces. En cuanto la vio, Super Perico no tuvo ninguna duda: por fin hallaba a la madre por la que tantos sacrificios habían experimentado.

Chloe, cumpliendo la misión que se había encomendado a sí misma, cuidó de confiscar y analizar el celular del presunto líder de la banda. En un mundo corrupto y perseguidor, quizá lo mejor era revisarlo antes de que llegara la policía y exigiera su entrega. Fue poco lo que pudo averiguar en la prisa, pero no había duda que ese mismo día el jefe había contactado a la embajada de Cedrón en la isla Ádulam.

—La periodista Vanesa tenía razón, todo fue culpa de ella—afirmó Chloe muy decepcionada—. La llamada a Ádulam lo confirma.

—¿A qué te refieres con que fue culpa de ella? —preguntó Astrid.

—Pues a eso mismo, la solicitud de guerra provocó el secuestro. Es una lástima que una de las feministas más admiradas de Haram cometiera semejante error.

«Comprendo que me voy a meter en problemas si le sigo haciendo caso a Vanesa. Voy a dejar de ser su admiradora… Sus métodos para que las mujeres nos apoderemos del mundo, me harán terminar mal —resolvió Chloe con firmeza delante de sus amigas. La niña no se sentía tan mal como podría pensarse. Lo bueno del momento, es que podía demostrar que no era tan terca como le acusaban».

—Entonces, dejarás de decir que las mujeres son superiores a los hombres —esta vez preguntó Melody.

—No es para tanto. Además, Vanesa afirma que las mujeres seremos superiores en el futuro. Yo creo que siempre hemos sido superiores, forma parte de nuestra naturaleza. No necesitamos hacer nada para lograrlo.

—¡Ya me extrañaba! —afirmó Melody.

—¿Qué te extrañaba?

—Nada.

—Y sigo creyendo que hay que vivir la superioridad femenina con hechos propios de tu constitución. Si no lo haces desaprovechas tu superioridad.


Trigésimo segundo movimiento: Superpoderes

Versión en audio

Entre Super Perico y las niñas habían amarrado e inmovilizado a cuatro de los antisociales. Únicamente Pavel consiguió escapar aprovechando la confusión.

Igual que en las ocasiones anteriores, Mariazinha lloró cuando se llevaron a los secuestradores a prisión. Aunque esta vez, ni siquiera consiguió ocultarse a la vista de los demás.

Cuando por fin arribó el padre de Astrid al lugar del arresto, fue un momento sumamente emotivo. Por fin la familia de la niña volvía a reunirse luego de tan terrible experiencia. Aunque las relaciones de la pequeña con sus parientes se habían deteriorado notablemente, aseguró que cumpliría su promesa de retornar a casa con sus padres.

Chloe estaba furiosa con Mariazinha. Había muchas razones para llorar. Todas lo hicieron, cada una en su momento. Pero lo que en realidad fastidiaba a la falsa miope, era que la niña llorona también se lamentara por los malhechores.

—Ahora sí que estoy furiosa contigo. ¿Cómo se te ocurre llorar por esos secuestradores? ¿Quieres que nos maten?

La niña pidió perdón como siempre. Pero no podía contenerse, se identificaba fácilmente con los sentimientos de los demás. Ante las insistentes críticas, Mariazinha se armó de valor para explicarse:

—Hay un favor que deseo pedirles a todos. He querido decírselos desde hace meses, pero me ha dado vergüenza.

Las palabras le pesaban duramente. En su interior, era cierto que los respetos humanos ataban su lengua. Requirió de unas cuantas jaculatorias para armarse de valor y conseguir finalmente confiar su solicitud.

—Quiero que cada vez que el CPAN arreste a alguien… —se detuvo, pues tenía que respirar para poder proseguir. Entre lágrimas apenas pudo terminar la frase—. Deseo que los vayamos a visitar a prisión.

—No —respondieron Chloe y Astrid, luego de un momento de silencio. Los demás permanecieron a la expectativa.

Pero ya Mariazinha se había forzado a sí misma para comenzar y no se dio por vencida. Solicitó que se decidiera por mayoría. Así se hizo, en las votaciones las niñas quedaron empatadas: Chloe y Astrid en contra; Mariazinha y Melody a favor.

Según la cuenta, decidiría Super Perico:

—Lo correcto en mi opinión es que Astrid, la más perjudicada, debería tomar la decisión. Ese es mi voto —fue la respuesta del ave.

—Entonces está decidido, Astrid está en contra —interrumpió Chloe.

Pero la aludida tenía algo que corregir sobre su supuesto deseo:

—Te equivocas, es verdad que estoy en contra. Pero no es mi decisión.

«Mi decisión es respetar la democracia. Es claro para mí, que Super Perico con su buen corazón votaría porque visitemos a los reos. Solo me ha cedido su voto por cortesía. Siendo así, gana la democracia y visitaremos la cárcel».

El CPAN continuaba con su estrategia de pasar por conserjes de Super Perico, así lo hicieron ante la policía. Le dieron todo el crédito de la investigación a la supermascota. En cuanto a la prensa del día siguiente, difundió un pequeño reportaje no muy diferente a lo publicado para el caso de abigeato: «el arresto fue obra de oficiales de la policía dirigidos por el sargento Joel en coordinación con miembros activos de la CASPA que solicitaron el anonimato».

El sargento le tomó la palabra a las niñas. Como conserjes de superhéroe que decían ser, les pidió que repararan los daños producidos en el altercado.

La investigación preliminar reveló que el terreno pertenecía al municipio. La construcción, pese a su excelente calidad, carecía de ningún registro ni autorización. Así que, aprovechando la coyuntura; el alcalde anunció una próxima toma de posesión del inmueble a favor de su gobierno local una vez se normalizara la situación.

La municipalidad regaló materiales. Mientras, el alcalde intentaría recuperar algunos costos reclamando los seguros con los que la CASPA y el gobierno protegían las acciones de sus integrantes. Una vez entregados los materiales y con la ayuda de Super Perico, las niñas completaron las reparaciones en un solo día.

A la semana siguiente realizaron una visita al santuario de la Virgen Submarina, que en Haram era la peregrinación tradicional para las misiones imposibles y logros extraordinarios. Durante el viaje las niñas estuvieron sumamente tristes por la decisión que habían tomado desde hacía mucho tiempo y ocultaban al buen periquito. Chloe habló en nombre de todas a nuestro héroe:

—Hemos llegado al final de nuestra misión. Ahora debemos separarnos —la niña de anteojos fue directa y cortante.

—¿Por qué? —preguntó Super Perico alarmado.

—Porque no te merecemos. Somos niñas, y lo que haremos en adelante, será jugar a las muñecas. Te desperdiciarás con nosotras. ¿Crees que tu ángel estará satisfecho si solo nos acompañas en nuestros juegos?

—Pero ustedes me ayudaron mucho. Ya no tienen que demostrar nada.

—No me has entendido. No quiero que pierdas el tiempo con cuatro niñas tontas que solo quieren jugar; y se creen muy valientes por encontrar un perico que golpea a los malos en su nombre.

«Me sentiría culpable de que te desperdicies con nosotras. Estoy convencida que mereces algo mejor. Alguien que realmente luche por el bien y la justicia. Ningún niño, ni ninguna niña merece tener una mascota con superpoderes. Es lo que pienso. Retener una mascota así, es una actitud egoísta, vanidosa e infantil.

«Pero Haram necesita héroes; no puede desperdiciarlos en juegos. El mundo te necesita. Sería un pecado que te quedaras con nosotras. Sería como tener diez talentos y enterrarlos en la arena».

—¿De verdad crees que el mundo necesita a un Super Perico? —preguntó el pajarito con orgullo y bastante conmovido.

—Por supuesto… ¿es que no entiendes que Dios reparte sus dones como quiere y de formas extrañas? No puedes enterrar tus habilidades en una casa de muñecas. Sin esos dones que reparte Dios, poco importa si sean grandes o pequeños, estoy completamente convencida que el mundo estaría perdido.

—¡Me quedo! Investigar es muy peligroso, ustedes me necesitan.

—Te propongo un trato.

—¿Cuál trato?

—Mi deseo es que seas nuestra mascota únicamente en el momento que merezcamos tener un compañero como tú. Es decir, serás nuestra mascota cuando realmente estamos investigando algo; o cuando realmente haya peligro. Mientras tanto, quiero que te alejes. Si el CPAN solo se reúne a jugar, no deberás acercarte.

—De acuerdo, pero si alguna de ustedes investiga algo. O intenta resolver problemas como en estos últimos meses. Tendrán que llamarme y aceptar mi ayuda. ¿Tenemos un trato?

—Sí —respondió Chloe en nombre de todas.

Estaban tristes, pero al menos habían llegado a un entendimiento. Super Perico agregó para dejar en claro su posición:

—Yo sí creo en ustedes. Eres tú la que no se considera digna.

—Lo sé, déjame probar. Tal vez menosprecio a mis amigas. Es probable que la chiquilla tonta sea yo, y las demás sean dignas de tus aventuras.

«Tal vez alguna en el futuro, se tome en serio lo de ser policía aficionada; pero por ahora, viviremos una vida normal. Antes menospreciaba a los policías aficionados como unos bárbaros; pero más detestaba al doctor Sancho y su marca de la bestia, como yo le llamo. Supongo que ahora comprendo que los policías aficionados pueden ser más útiles de lo que yo creía.

«Si somos valientes y de verdad nos ponemos a luchar por el bien y la justicia; entonces quédate con nosotras. Pero no quiero quitarle a Haram un héroe para que pierda el tiempo con cuatro niñas inmaduras y tontas».

—De acuerdo, me voy. Pero estoy seguro que solo será cuestión de tiempo para que te demuestres a ti misma, que mereces tener una mascota con superpoderes.

—Ya lo veremos. Si lo único que hace el CPAN es reunirse a jugar para vernos las caras de tontas, como hacíamos antes de conocerte, no te acerques. Búscate alguien que realmente te necesite.

—Será como quieres. Pero en mi opinión ya hiciste suficiente. Esperaré con ansias tu llamada.

Todos se despidieron muy tristes. Aceptaron las condiciones exigidas para cualquier encuentro futuro.

Por sugerencia de Melody, crearon un método para que ellas o cualquier niño que así lo requiriera pudiera mandar una señal de socorro a nuestro héroe. Para tal fin, Super Perico grabó un mensaje para los pajaritos de Egeria. Muchas aves eran sus amigas. Si ponían la grabación en cualquier ventana de la ciudad durante varios días; el CPAN podía estar seguro que el mensaje llegaría con prontitud a nuestro héroe.

Amigo pajarito, este mensaje se encuentra codificado en un idioma ininteligible para los humanos, pero sé que tú lo entenderás. Un ser humano ha reproducido esta grabación durante varios días, y solicita la ayuda de Super Perico. Por favor, pasa con urgencia el aviso al Palacio de los Pericos.

Qué Dios y los ángeles te bendigan por tu generosa ayuda.

Como habían pasado varios meses desde su última visita, nuestro héroe decidió volver de paseo al Palacio de los Pericos. Confiaba en el fondo de su corazón que no habría de esperar mucho tiempo para recibir la llamada de ayuda que tanto anhelaba.

Luego de despedirse, comenzó su vuelo de retorno. En un santiamén había atravesado más allá de las montañas y bosques de Egeria.

Cuando estaba todavía en el aire, repentinamente sintió una confusión en su interior. Era feliz, porque reconoció que el ángel de las bandadas estaba tratando de comunicarse con él. Se encontraba nuevamente en una visión similar a la que había tenido antes; cuando estuvo en peligro.

Avanzaba flotando en el aire, aunque no sabía en cual dirección. Simplemente, volaba y volaba en línea recta. Durante el trance tenía la sensación de no llevar ningún rumbo.

En medio de una nube luminosa y completamente blanca, escuchó nuevamente la voz del ángel de su bandada:

—Hay una consulta que quiero hacerte —dijo la voz.

Super Perico irradiaba felicidad. Producto de su último encuentro con el espíritu temía que lo volviera a regañar. Sin embargo, en esta ocasión el tono del ángel era cordial y gentil para con el buen pajarillo:

—Estamos buscando un ser humano para darle superpoderes. Esta es mi pregunta: ¿Qué poder crees que le pensamos dar, como lo pensamos elegir, y por qué?

Ante la consulta, la avecilla se sintió muy contenta. Por alguna extraña razón que no comprendía bien, sintió que la respuesta estaba desde hace mucho en su corazón. Creyó captar inmediatamente el verdadero objetivo del espíritu:

—El poder que le piensan dar: es el poder de aconsejar y ser obedecido por una mascota con superpoderes.

«Para elegirlo se le dio instrucciones a esa torpe mascota para que buscara a una buena persona que aceptara el encargo.

«El porqué de ese encargo: es ayudarle a entender la verdadera razón de porqué hace las cosas. El objetivo: es ayudarle a comprender que ningún pajarillo caerá a tierra sino es por voluntad de Dios —al decir estas últimas palabras Super Perico quedó completamente mudo de la emoción, algo había ocurrido en su interior que le revelaba una maravillosa pero terrible verdad».

—¡Me alegra que por fin lo hayas entendido! Y tienes razón —el espíritu se puso a reír muy contento, como si hablara de alguna celebración. Pero, en realidad, se trataba de algo mucho más siniestro—. Cuando sentías como unos tubos de aire frío atravesando tu cuerpo… Efectivamente, eran las balas de los secuestradores. Te aclaro, porque probablemente tengas la duda. Espero que no te moleste que no haya traído conmigo ningún manual de tus poderes.

—¡Doy gracias a Dios y a los ángeles de las bandadas por haberme salvado la vida!

Super Perico rebosaba de agradecimiento y felicidad. Entendía que Dios y los ángeles le habían salvado la vida, probablemente en varias ocasiones. Ya había elegido al nuevo ser humano con superpoderes. Aunque esa persona había rechazado la elección. ¿A quién le importa un sí o un no? Al fin de cuentas, el elegido será el que salga a trabajar la viña.

Al arribar al Palacio de los Pericos fue recibido con gran entusiasmo por su madre y sus amigos. Les contó muy feliz sus experiencias, aunque exageró un poquitín según su costumbre. Aprovechaba la licencia que siempre solicitaba a sus oyentes para autorizar una versión épica de los hechos.

Además, invitó a varios periquitos a colaborar en sus futuras aventuras:

—No —fue la respuesta general.

En esta ocasión, no le importunó la negativa en absoluto. En Egeria, los buenos pajarillos y animalitos no habían dudado en colaborar en el momento definitivo cuando les explicó la situación con todos los detalles.

Sabía que los periquitos del palacio también ayudaban cuando era realmente necesario. Se sentía muy seguro de su buena voluntad, era solo cuestión de esperar una buena razón.

Su madre aprovechó para interrogarlo en privado. Luego de la separación, tenía mucho de qué hablar con su hijo:

—No entiendo tus historias. ¿Te hacen daño las balas de los cazadores, sí o no? —preguntó su madre.

—Creo que no lo sé… Esto de los superpoderes es muy confuso —respondió Super Perico con sinceridad.

—¿Qué fue lo mejor que encontraste en el mundo humano?

—Héroes que me dieron buenos ejemplos y de quiénes quiero aprender de sus frases y de su buen corazón. —Recordó entonces algunas advertencias y agregó—: Aunque aclaro, sin exageraciones.

FIN




Amigo lector:

Quiero agradecerte por el honor de tu compañía a lo largo de estas aventuras. Considero que este rato que compartimos es muy valioso y el tiempo muy significativo. Me esfuerzo todos los días para no decepcionarte.

Aunque a veces no lo parezca, uno de los principales objetivos de mis historias es convencerte para que te portes bien. ¿Acaso tú no buscas aprender de los libros? Si no lo necesitas, mucho mejor así.

Dedico este libro a Dios, a la Virgen y a la Iglesia Católica.


Ver también: Arte Lancelot, Versión EBook

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