Las aventuras de Super Perico
Un amo digno de su sirviente
Vigésimo sétimo movimiento: Investigación callejera
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Al terminar las vacaciones de actividad policial del CPAN las niñas volvieron a discutir. Super Perico había esperado hasta entonces para contarles sobre la muerte del doctor Sancho, y lo poco que había logrado averiguar sobre el asunto. Los rumores eran escasos, mientas el gobierno parecía guardar silencio sobre la muerte de su propio ministro.
La discusión entre las pequeñas surgió con motivo del deceso del político. Mariazinha, sensible como siempre, se había puesto a llorar por el cuestionable gobernante. Pero en esta ocasión, no pudo ocultarlo a sus amigas. Chloe estaba preocupada por la reacción de Astrid, quien a su juicio podría sentirse ofendida.
—¡Llorar por el doctor Sancho es un insulto a Astrid! Si te crees muy tierna, te equivocas. Lo que haces es ofender la justicia —se quejaba Chloe con su amiga, la llorona.
No tenían razones para suponer que el doctor Sancho conociera a Astrid. Simplemente, la niña era otra víctima de la persecución entre muchas. El ministro era el creador intelectual y científico de la estrategia en contra de los policías aficionados, que había aprisionado a la niña en el hospital.
Además, todo el CPAN tenía derecho a sentirse amenazado por los seguidores de la señal del conejo. Junto con casi cualquier civil que quisiera iniciar una investigación no amparada por el gobierno.
—Déjala llorar, a mí no me molesta —defendió Astrid, quién era completamente ajena a los presuntos temores de Chloe.
Mariazinha por su parte, se disculpaba avergonzada entre lágrimas:
—¡Perdonen! es que no me puedo contener. El sufrimiento de los demás me hace llorar, aunque yo entienda que son malas personas.
—Que se quede así por siempre. Las demás somos peores que ella —la apoyó Melody.
—¿Llora o no llora demasiado? —preguntaba Chloe, siempre segura de sus protestas y regaños.
—Que llora mucho, eso sí…
Según lo que el pajarito averiguó por los rumores de la ciudad, el asesinato del ministro de salud vitalicio apenas había sido mencionado en las esquelas. En cuando a la prensa raramente le había dado publicidad. Se especulaba que las directrices del gobierno, era evitar cualquier posible escándalo asociado con los hechos.
Pero, aunque la prensa no mencionara nada; los rumores narraban una fábula interesante:
Tres serpientes habían atacado al ministro, durante su visita a un zoológico, provocándole la muerte. Los guardias aseguraron que los ofidios no eran propiedad de la institución, la descripción de los testigos contradecía tal posibilidad.
Probablemente habían contado con apoyo humano, quienes las introdujeron de alguna forma en el interior del parque recreativo. Posteriormente, de la misma forma las habrían desaparecido. Las especulaciones populares apuntaban a una probable venganza de un policía aficionado. No pocos, implicaban sin ninguna prueba a las autoridades de la cooperativa CASPA como autores intelectuales del homicidio.
Las mismas tres serpientes habían sido vistas varias veces en otras ciudades de Haram. Eran fáciles de identificar, especialmente por su número y porque se afirmaba que una de ellas colgaba siempre una campanilla en su cola. Estos avistamientos, eran la principal pista y esperanza de la policía para encontrar a los culpables del homicidio.
Los cronistas de Super Perico suelen hacer hincapié que ya para aquella discusión, nuestro héroe había demostrado interés en investigar el caso de la misteriosa muerte del doctor Sancho.
El ave sugirió en ese entonces al CPAN, la posibilidad de investigar el asesinato ellos mismos. En consideración a la minoría de edad de las niñas, propuso esperar a que todos los integrantes del club fueran mayores de edad. De forma que las pequeñas estuvieran mejor preparadas para los peligros de tal proyecto.
Fueron las niñas quienes ignoraron su comentario, y mostraron poco o ningún interés en el caso del malvado científico. Ellas habían adquirido la costumbre de no hablar de ningún futuro luego de encontrar a la madre de Astrid, que era su misión y verdadero objetivo. Conversaban como si no existiera ningún mañana después de cumplido su propósito, incluso entre ellas mismas.
El CPAN existía para resolver el caso de secuestro, no existía nada más allá.
Sin saber qué hacer ni lo que les depararía el futuro, retomaron su aventura policíaca. Según su acuerdo tenían seis meses para resolver el caso y mantener la fuga.
Siguiendo una sugerencia de Mariazinha, habían solicitado una entrevista con Vanesa, la periodista de la oficina de prensa del ejército. Vanesa y la madre de Astrid habían jurado ser amigas por siempre hacía unos años. Tal vez pudieran obtener de ella alguna pista importante para averiguar su paradero actual.
Llamando desde un teléfono celular público, Astrid y la periodista militar concertaron una entrevista, mientras Chloe escuchaba atentamente. La niña de la falsa miopía, interpretó a su manera una indirecta de Vanesa. Temía estarse enfrentando a una fuerza mucho mayor y más peligrosa de lo que se imaginaban.
Chloe interrogó al héroe de forma que su conversación fuera claramente escuchada por Astrid:
—Dime Super Perico, ¿estarías dispuesto a morir por nosotras?
—Por supuesto —respondió el ave sin titubear.
—Y si una niña insinuara que eso no es justo, ¿tú que le dirías?
—Que los pericos somos lo suficientemente inteligentes para saber lo que es correcto. Y lo correcto es que los pericos muramos en vez de las niñas encantadoras.
—¿Pero por qué es lo correcto? —Por supuesto, Chloe estaba más que de acuerdo con su propia superioridad humana, pero deseaba que Astrid escuchara el punto de vista de la supermascota.
—Porque captamos la grandeza y la valía del ser humano. Es una realidad que la naturaleza sabe, y los pericos también lo sabemos. Entendemos esa grandeza y valía de ustedes. No nos molesta morir porque valen la pena el sacrificio. Porque sabemos y estamos convencidos de lo importante que son ustedes… —el ave decía frases obvias para los animales. O al menos eso creía, pues no estaba muy segura por la misteriosa serpiente del cascabel.
—¿Sabes qué pienso Super Perico? —preguntó Chloe conmovida.
—¿Qué…?
—Creo que el ángel de tu bandada eligió el perico correcto…
Vanesa les concedió una entrevista a las niñas para el martes siguiente. Era jueves, y Chloe pidió que el club CPAN la acompañara en una extraña búsqueda por la ciudad de Egeria.
Estaba evidentemente nerviosa, pero tenía la suficiente fuerza interior para reprimirse. Fue muy clara en insistir que no iba a dar explicaciones. Según su costumbre, actuaba como si fuera la líder; sin importar que los demás la reconocieran o no. Podían surgir dificultades, por prudencia no podía arriesgarse a ir sola. Les pidió que se conformaran con la siguiente explicación:
—Tengo que comprar algo que no se permite vender legalmente, no digan nada. Yo entrare sola y el perico me rescata si me escucha gritar —espetó sin esperar la aprobación.
Confiaban en ella… le dejaron guardar el secreto de sus verdaderos objetivos. Tenían que caminar varias tardes por calles de mala apariencia y peor reputación. No era fácil tener paciencia.
—¿Por qué vas a gritar?
—No voy a gritar. Nunca he comprado lo que busco y estoy nerviosa. Todo el tiempo las personas comercian con objetos ilegales —explicó Chloe, tratando de aparentar que buscaba cualquier chuchería de las que prohíbe el gobierno por exceso de escrúpulos—. El perico me hace sentir tranquila, ¿a quién no?
No todos los lugares visitados por Chloe tenían mala presencia. Muchos eran normales y otros parecían exigir cierta clase social que ninguno de ellos alcanzaba. No entendían casi nada de las pocas frases que lograron oír desde su distancia. De vez en cuando escuchaban una queja más fuerte:
—¡Niña del infierno!, ¿quién crees que somos?
En otros:
—¡Lárgate, y que Dios te perdone el habernos insultado!
Pasaron varios días con la niña yendo de acá para allá. Astrid en un momento que perdió la paciencia de tanto secretismo la encaró:
—Admítelo, no tienes idea de dónde comprar lo que estás buscando.
—Así es… —admitió Chloe, pero no dijo más.
Fue el sábado por la noche, cuando la siniestra búsqueda obtuvo su primer resultado. Aunque por la mala experiencia, sus amigas quedaron bastante asustadas y con una confianza en la chica de la falsa miopía reducida a la mitad.
Super Perico ya se había marchado a sus clases libres con los militares. Las había abandonado en un residencial que parecía tranquilo, pero las apariencias de las calles de Egeria pueden cambiar mucho con tan solo unas pocas varas de recorrido.
De improviso un hombre malencarado con una cicatriz en el brazo, tomó por el cuello a Astrid. Con el otro brazo, blandía una cuchilla corriente que apuntaba intermitentemente en todas direcciones.
—¡Suélteme! —exigió Astrid.
Las niñas comenzaron a gritar, pero nadie acudía. Apenas era el atardecer y con tanto bullicio en un lugar repleto de casas, alguna gente debía de escuchar los quejidos. Pero fue inútil, era como si se tratara de un barrio completamente deshabitado.
—Nadie vendrá, el Amigo tiene toque de queda a esta hora y en esta calle. Pero tranquilas, solo vengo a darles un regalo de la comunidad de calle Sol para Super Perico.
—El perico no acepta regalos de delincuentes —respondió Mariazinha sin titubear. Quién cuando se trataba de objeciones morales, tomaba la iniciativa.
—La comunidad de calle Sol no se resiente si le devuelven el regalo a su legítimo dueño —explicó el maleante como si dijera algo muy divertido—. Lo que busca Super Perico se encuentra en la segunda banca, después de la fuente del parque de la comunidad.
El delincuente desapareció. Estaban tan asustadas que no notaron ni cómo, ni hacia dónde se esfumó el malhechor. Iban todas a regañar y culpar a Chloe por los hechos recientes, pero no pudieron. La niña también se había marchado sin decir nada.
—Siguiente entrega disponible el 15 de mayo del 2026
—Libro completo disponible en octubre del 2026
Ver también: Un amo digno de su sirviente, Arte Lancelot
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