Las aventuras de Super Perico
Un amo digno de su sirviente
Trigésimo movimiento: Bovinos
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Les tomó más de un mes encontrar un automóvil que cumpliera con la descripción: un par de cámaras que vigilaran el asiento trasero. Probablemente porque no se hallaba en la zona de búsqueda establecida inicialmente por el CPAN. Aunque ignoramos si eso hubiera provocado alguna diferencia. La zona era enorme y existían una gran cantidad de variables que actuaban en su contra.
Sí Chloe tenía razón, un carro… Un único vehículo era lo mejor, les daría por fin una pista confiable para ubicar a los secuestradores.
Encontraron un dependiente en una tienda de artículos de seguridad, que recordaba un hombre que quería comprar cámaras para asientos traseros de automóvil. Les había parecido ridículo su deseo de vigilar de esa forma a su propia familia. Esa fue la conclusión de los dependientes, cuando el individuo se negó a dar otra explicación a su curiosidad. Pero el cliente siempre tiene la razón y le adaptaron unas cámaras para banco. El vendedor le había ayudado a instalarlas.
La tienda se encontraba en la ciudad de Hai, no en Egeria. Podía llegarse a Hai desde las montañas de Egeria atravesando caminos agrestes inapropiados para automóviles, pero era posible. Aunque el hombre de la tienda les advirtió que solo un idiota llevaría un auto tan bueno por esas calles. Lo mejor, para llegar a Hai desde Egeria, era bordear las montañas por una ruta secundaria, pero con mucho tráfico.
Ampliaron pues la zona de búsqueda a los alrededores de la ciudad de Hai. En particular sospechaban de la conexión entre Egeria y Hai. El cambio duplicaba el tamaño en sus cálculos iniciales.
El dependiente confesó que tenía mala memoria para describir objetos, aunque podía reconocer un carro mucho mejor que cualquiera de las niñas. Como pudieron, entre todos los empleados, intentaron agregar algunos elementos a lo poco que sabían.
Se concentraron pues en buscar un automóvil con la nueva descripción. Pero tal decisión, fue un error lamentable. Afortunadamente para las niñas, luego de insistir durante otro mes de fracasos; Super Perico encontró unos bovinos que, al parecer, tenían mejor memoria que los humanos. O por alguna casualidad del destino, eran más duchas en reconocer vehículos que nuestros personajes.
Unas vacas que acostumbraban utilizar diariamente un tramo empinado del nuevo trayecto bajo sospecha, recordaban haber rumiado varias veces a la par de un carro que respondía más o menos a las características buscadas.
—Jamás lo encontrarán con esa descripción—le explicó una vaca a Super Perico.
—¿Por qué? —preguntó nuestro héroe.
—Porque a sus dueños les gusta cambiar de carro todo el tiempo… Pero no somos vacas idiotas, sabemos que es el mismo carro.
Los bovinos creían que el vehículo del que hablaban había sido enviado varias veces al taller, pues cambiaba drásticamente su apariencia con el pasar de los meses. Sabían que era el mismo, no podían engañar a un par de vacas que acostumbraban detenerse durante tres horas para examinar un transporte.
Con ayuda de las reses, las cuatro niñas y Super Perico lograron ubicar el presunto automóvil. Había cambiado de color; y según las vacas, también de varios elementos de su apariencia; pero conservaba las dos cámaras que buscaban.
El automóvil no debía de utilizarse mucho, pues estaba en buen estado de conservación en un lugar demasiado agreste con vías pendientes de lastrear. Daba la impresión de ser utilizado para exhibir, más que como medio de transporte.
La propiedad era amplia, apropiada para desaparecer en la montaña si llegaba la policía. Una residencia atípica para la zona, de buena presencia, pero muy escondida por la vegetación.
Luego de una hora de observación atenta, concluyeron que al menos cuatro hombres habitaban la residencia. Por la ropa tendida dedujeron la presencia de al menos una mujer. Astrid no recordaba bien la ropa de su madre. Compararon la ropa de mujer con fotos que siempre llevaban para resolver dudas de esa naturaleza; pero no llegaron a ninguna conclusión.
Melody fue la primera en decidirse a preguntar directamente. Se animó a tocar la puerta y esperando obtener alguna información sobre la señora de la casa, ofreció regalarles a los residentes un año completo de la revista Chicas de hoy.
—No nos interesa, aquí no vive ninguna mujer —respondió un hombre que ya conocían de antemano, el mismo Pavel en persona. El precarista que habían encontrado como residente en la misteriosa Casa que aparece y desaparece—. Yo vivo solo.
Como el tendedero delataba claramente que estaba mintiendo, tal respuesta incrementó las sospechas. Esperaban al menos una mujer en la casa y varios hombres. Su papel en el grupo debía ser engañar a los visitantes. Como ya lo conocían de previo, sabían de su afición a las mentiras descaradas.
Encontrar a Pavel los dejó completamente confundidos. El exprecarista recordó a Melody, pues mientras la niña se alejaba salió nuevamente afuera. Gritó con cordialidad, pero con fuerza suficiente para ser escuchado:
—Saluda de mi parte a mi amigo Super Perico.
Tal saludo era mala señal. Pues la última vez que habían visto a Pavel, había desaparecido por más de cuatro meses con una casa que también seguía sin aparecer. La elegante arquitectura de la residencia no era apropiada para esfumarla en una sola noche. Pero fueran culpables o no, era muy probable que al día siguiente se ocultasen sin dejar rastro. Si es que no se inventaban algún método para desaparecer la casa y el carro también…
—¿Podemos arrestarlo como medida de precaución? —preguntó el perico.
—Hay indicios, pero necesitamos un argumento más sólido. De momento podemos acusar a Pavel de precarista… —respondió Chloe. La chica parecía convencida de haber hallado a su culpable, pero con igual velocidad la pista podría escaparse en cualquier momento.
«Tienes que encontrar a la mujer. Allí vive una dama que podría estar tomando café, de paseo en una playa, o estar amarrada. Si encuentras a esta señora en problemas entonces si podrás golpear y amarrarlos a todos—autorizó la niña. Aunque temiendo la ingenuidad de la supermascota, había que tomar precauciones—. Mejor me preguntas primero».
Enviaron a Super Perico a investigar equipado con un boquitoqui de los que vendían en las jugueterías. Confiaban que como el ave era tan pequeña, seguro se las arreglaría para encontrar a cualquier mujer prisionera sin ser visto. Siguiendo instrucciones, entró por un acceso al cielorraso que agujereó a picotazos en el alero de la casa.
Sin embargo, nuestro héroe hacía demasiado ruido y el boquitoqui también. Las niñas observaban a lo lejos muy asustadas. Hubieran querido pedirle que regresara, para tratar de silenciarlo e instruirlo en un arte del espionaje; del cual ninguna de ellas conocía nada de nada. No lo detuvieron porque confiaban que el ave se las arreglaría con sus superpoderes.
Chloe aprovechó para prevenir a sus amigas:
—Llamaremos a la policía en cuanto tengamos más pruebas o haya algún peligro. Ustedes deben prometerme que no se acercarán a la casa pase lo que pase.
—Así es, no nos acercaremos —respondieron las demás.
—Aunque el perico corra peligro, ¿dejarán que muera?… Será la policía la que se encargue del rescate.
—¡Otra vez molestando con eso! Así es, dejaremos que el perico muera —parecían hablar con sinceridad.
La frialdad y la seguridad con que respondían a una directriz que ya habían escuchado en reiteradas ocasiones, fue suficiente para Chloe. Se dio por satisfecha y permaneció callada esperando algunas señal que indicara los progresos del ave.
El descuidado periquito no podía hacer más ruido, así que los residentes lo encontraron rápidamente. Abrieron el cielorraso y lo invitaron a pasar a la sala.
—¡Hola, mi amigo Super Perico! ¿Vienes solo o acompañado? —preguntó Pavel, quién ya sabía la respuesta, pues había reconocido a Melody.
—Vengo solo —respondió, aunque fuera inútil la mentira. Por un instinto protector hacia sus amigas sentía la necesidad de negar su presencia.
Pero entonces cayó en la cuenta de que cada vez que decía una mentira sus superpoderes lo abandonaban. Efectivamente, de improviso era tan indefenso como cualquier perico normal. Había olvidado el curioso castigo que no terminaba de comprender. «Tengo que pedirle al ángel que cambie las reglas, algo no está funcionando bien» pensó para sí mismo.
—¿Dices que tiene superpoderes? —se quejó uno de los compañeros de Pavel, dirigiéndose al aludido—Me parece que te vieron la cara de tonto, es tan debilucho que ya lo tengo dominado.
Uno de los hombres lo amarró y encerró en un cajón por precaución. Se pusieron a discutir sobre las habilidades del pájaro que ponían en duda. Para que le creyeran, el exprecarista les enseñó las fotos del perico destruyendo edificios. ¿Podía ser el ejército de Haram tan farsante con su ex-mascota?
—¿No se supone que somos amigos? —preguntó Super Perico a Pavel. El cajón tenía varias rendijas a través de las cuales la supermascota podía mirar a sus captores.
—Mis amigos no me llevarían a la cárcel —respondió.
—Te dejo escapar con la condición de que me ayudes y luego te vuelvas bueno —tentó el periquito. Aunque todavía no estaba seguro si las niñas le iban a permitir el arresto o no. Tampoco sabía los cargos… —¿Tenemos un trato?
Los demás hombres que también escuchaban con atención no permitieron que tan traicionero diálogo continuara.
—¿Qué hacemos con él? —preguntó Pavel.
Uno de sus compañeros, probablemente el de mayor autoridad, llamó por celular para pedir instrucciones. Luego de una breve conversación que no tomó más de un par de minutos, respondió:
—Quieren que lo matemos, superpoderes o no… —al transmitir la respuesta de sus superiores, recibió algunos gestos de desaprobación—. No me preguntaron mi opinión, ni la de ninguno de ustedes.
Durante el jaleo, Super Perico había abandonado el boquitoqui en el cielorraso. Su señal estaba abierta, de forma que parte de la conversación podía ser escuchada por las niñas. Pero el artefacto de mala calidad hacía tanto ruido de interferencia; que uno de los malhechores buscaba el molesto ruidito que no lograba identificar.
El CPAN ya se había enterado de la sentencia de muerte de Super Perico. Sin embargo, habían acordado no intervenir directamente exponiendo sus propias vidas.
—Ya llamé a mi papi sargento. Viene con varios guardas para acá —informó Mariazinha. Quién tenía un radio comunicador policial, que había conseguido de su padre.
—Es todo lo que haremos, ya hicimos suficiente —agregó Chloe decidida—. ¿Prometen dejar morir a Super Perico si es necesario y no meterse en problemas hasta que llegue la policía?
—Sí —aunque Mariazinha lloraba y las demás estaban muy tristes.
Chloe era la que permanecía más tranquila. La prioridad para la niña de la falsa miopía era la seguridad de sus amiguitas.
La mayoría de los cronistas opinan que el CPAN hubieran cumplido su palabra de no intervenir. Si no fuera porque Pavel mismo cambiara drásticamente la situación.
Como uno de sus compañeros le advirtiera de un extraño ruido que no lograban identificar. Él también buscó el aparato que se ocultaba descuidadamente en el cielorraso. Encontró el boquitoqui, pero antes de apagarlo y destruirlo con un pisotón, gratuitamente ofreció a Astrid una promesa de su parte:
—¡Hola CPAN! Díganle a Astrid, que su madre nunca sufrirá ningún daño y estará completamente segura, lo juro con el precio de mi propia sangre. Lo siento por el periquito. Recibimos orden de matarlo, pero es solo un animal. Que nos busque la próxima vez en Cedrón —dicho esto, apagó el aparato. Luego lo inutilizó completamente con un pisotón y varios golpes dados con el primer objeto que encontró a la mano.
Ante tales amenazas, Astrid cambió de actitud completamente. Olvidando la promesa dada a Chloe en varias ocasiones, intempestivamente tomó una firme resolución:
—Lo siento Chloe, pero no permitiré que se lleven a mi madre a otro país. Ellos no van a esperar a que llegue la policía.
—¿Qué vas a hacer?
—Voy a servir de lastre.
Antes que ninguna de sus amigas pudiera reaccionar, salió corriendo con todas sus fuerzas hasta el corredor principal de la residencia de los secuestradores.
Unos instantes después y como si entrara a saludar tocó la puerta de la casa. Al abrirla, la recibió Pavel, quién al parecer no le sorprendió su llegada. Pero en esta ocasión empuñaba un arma. Astrid levantó las manos en alto:
—¡Me rindo! Quiero que me secuestren y me lleven junto con mi madre a Cedrón.
—Siguiente entrega disponible el 15 de agosto del 2026
—Libro completo disponible en octubre del 2026
Ver también: Un amo digno de su sirviente, Arte Lancelot
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