Cuando vimos al alcalde, sin sombrero, mal afeitado, con la corbata torcida y la mirada perdida, supimos que había que convocar elecciones. Se acercó al cañón, se abrazó a él y comenzó a gritar que se mataría si su mujer no volvía. Al principio, yo pensé que hacía eso por pura metáfora, porque su mujer...
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