De un golpe abro los ojos, como si hubiese despertado de una horrible pesadilla. Respiro por la boca y trago saliva con dificultad en lo que trato de habituarme a mi nuevo alrededor. Aún me encuentro inquieto, más que nada porque no reconozco el lugar. Todo es tan… monocromático.
A mi derecha se encuentra Theodore. Luce tan impecable como en nuestro primer encuentro. Cuando trato de moverme, descubro que varias correas que me atan con fuerza a la camilla donde estoy recostado.
—¿Dónde está Astra? —pregunto con la garganta seca.
—No te preocupes por ella. Está bien. El temblor provocó que los protocolos de transporte a K-L8 se adelantaran.
Mientras habla, toma una jeringa metálica que contiene un líquido púrpura de aspecto inquietante.
—¿Qué es eso?
No puedo apartar la vista de la aguja. El miedo se aferra a todas mis esperanzas con la fuerza de unas filosas garras.
—Es el compuesto que te ayudará a ingresar al sueño criogénico. Cuando despiertes, estarás en tu nuevo hogar —sonríe. Sin embargo, hay algo en esa sonrisa que no logro descifrar. Algo que mantiene todos mis instintos en alerta—. Tranquilo, volverás a verla. Te lo prometo.
Theodore se acerca a mi cuello y comienzo a retorcerme contra las correas entre suspiros intranquilos. ¿Será verdad lo que dice? ¿Me dará la oportunidad de vivir mi propia vida? ¿Qué habrá pasado con Astra? ¿Estará bien?
—¿Realmente crees que colonizar otro planeta sea la solución? —intento ganar tiempo. Intento encontrar una salida donde probablemente no la haya—. ¿Qué te hace pensar que no sucederá lo mismo que en la Tierra? Llevamos miles de años repitiendo los mismos errores. Imperio tras imperio. Guerra tras guerra. Siempre encontramos una nueva forma de destruir lo que tenemos. Cambiar de planeta no cambiará lo que somos. Si no aprendemos de nuestros errores, solo estaremos llevando el problema con nosotros.
Theodore se mantiene callado durante unos segundos.
—Tienes razón, Theo. La humanidad ha tropezado una y otra vez con las mismas piedras. Indiferencia. Fanatismo. Ambición desmedida. Pero nosotros vimos el final. Lo vimos venir y entendimos exactamente qué nos condujo hasta él. Esa es la diferencia. La historia se repite cuando las personas olvidan. Nosotros nos aseguramos de que nadie vuelva a olvidar.
No. Yo tampoco olvidaré. Algunas memorias me fueron implantadas. Esta la elegí yo.
Puede ser que muera en este instante…
Puede que todo haya sido una mentira cuidadosamente planeada desde el principio.
Tal vez nuestro despertar nunca fue un accidente. Tal vez solo formaba parte de otra prueba. Un experimento diseñado para observar nuestras reacciones, corregir errores y perfeccionar a los próximos Astra y Theo.
O quizá estoy pensando demasiado.
Quizá sigo soñando.
Siento la punzada de la aguja hundirse en mi cuello.
El líquido invade mi organismo.
Lentamente, la realidad comienza a alejarse de mí.
Los ojos marrón de Theodore se distorsionan.
La frialdad de la camilla desaparece.
Mientras la oscuridad me devora, me aferro a una única certeza: si Astra sigue viva, la encontraré.
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