Mis labios expulsaron ese nombre como si fuera una verdad absoluta, aunque mi realidad inmediata me gritara que era una desconocida. Por algún motivo, siento que ella es lo único que permanece en mi memoria sin fragmentación alguna.
Recuerdo la sensación de la suavidad de sus cabellos al rozar contra mi mejilla. Recuerdo su aroma inundar mis sentidos, incluso recuerdo la calidez de su cuerpo. Como si todo estuviera fresco e intocable, tal como si llevara años conociéndola. Es por esa misma razón que mi desconcierto resulta alarmante cuando ella se aparta y cae al suelo.
—¡¿Quién eres?! —cuestiona, levantándose en un ágil movimiento.
Encuentro confusión en su mirada que me examina y sus palabras me lo confirman. ¿Por qué no me ha correspondido? ¿No me recuerda tanto como yo a ella? Antes de que pueda indagar en mi amnésica cabeza, una estruendosa alarma comienza a sonar por todas partes a la par que los pasillos se pintan de luces rojas.
«Código rojo. Código rojo. Se ha detectado la fuga de dos biomasas en el sector Norte. Protocolo de contención 1-98-6 activado. Todas las salidas de emergencia han sido bloqueadas. El personal debe evacuar las instalaciones a través de la entrada principal.
Advertencia: No interactúe con las unidades biológicas. Considérelas potencialmente hostiles.«
—Creo que somos nosotros —Astra tensa todos los músculos y aprieta las manos en un puño. Me mira aún dubitativa, pero sabe que estamos en la misma situación—. Debemos correr, ¡ahora!
—¿A dónde iremos? —cuestiono, más para mis adentros. No espero una respuesta y echo a correr con toda la fuerza que poseo.
Mientras dejo que la alarma apacigüe nuestras pisadas, no dejo de repasar la última frase de esa advertencia. Las <=»»> y <>. Nada de esto puede ser real.¿En dónde estoy? ¿Quién es la persona a la que sigo corriendo por estos pasillos gélidos y desconocidos? El corazón me late en la garganta hasta mis orejas, la adrenalina hace que mis músculos tiemblen al mismo tiempo que me dificulta la respiración.
De pronto, cada uno de mis pensamientos se ven oprimidos cuando divisamos en el pasillo a dos hombres de espaldas vistiendo batas blancas. Ninguno parece un guardia de seguridad; más bien tienen el aspecto de personas que pasan sus días frente a una pantalla o un microscopio.
Me detengo de forma abrupta, haciendo un tremendo esfuerzo por cerrar de golpe el flujo de adrenalina e impedir hacer un mínimo sonido, así sea de mi respiración. Aprieto todo mi cuerpo, incluyendo la mandíbula, quedando alerta hasta del más sutil de sus movimientos.
De igual manera, Astra se queda inmóvil a un lado mío. Siempre a la expectativa del peor escenario.
―Con todo el caos de la evacuación tenemos menos oportunidades de localizarlos ―escucho que dice uno―. Si Seguridad los encuentra primero, los matarán. Y no podemos permitir eso, son muy costosos.
¿Muy costosos? ¿Es lo único que les importa? ¡Somos seres humanos, maldición!
Sí lo somos… ¿verdad?
―Maldición, los directivos nos matarán a nosotros. Es nuestra culpa que hayan despertado…
Algo dentro de mí me hierve la sangre y una furia violenta comienza a dominar hasta la última de mis fibras emocionales. Entonces, actúo sin pensar, compulsivo.
—¡Oigan, ustedes! —grito, asegurándome de ser escuchado por encima de la alarma. Los dos hombres se voltean a vernos y su expresión asustadiza incrementa mi enfado—. ¿Nos estaban buscando? —pregunto, noto una pizca desafiante en el tono de mi voz.
Ambos se dedican una mirada más cercana al pánico que a la valentía. Pareciera que hubieran visto un fantasma. Aun con evidente vacilación, avanzan hacia nosotros, sacándose del bolsillo un taser paralizador que ninguno de los dos sabe sujetar con certeza.
Rápidamente, mi cuerpo reacciona antes de darme cuenta. El primer golpe que propino casi me destruye la muñeca debido a la fuerza empleada. Una punzada recorre mi brazo, pero el dolor dura apenas un instante y desaparece como si jamás hubiera existido. No tengo tiempo para cuestionarlo, pues ya me encuentro lanzando otro ataque contra mis adversarios.
Tras una serie de movimientos rápidos y limpios, dejo a los dos hombres inconscientes sobre el suelo.
—Pero qué… —miro mis manos completamente perplejo. Fue como si mi cuerpo hubiera sabido qué hacer sin que yo se lo ordenara, mas no recuerdo haber tomado prácticas de artes marciales en el pasado.
—Parece que nos has olvidado todas esas clases de entrenamiento en el complejo Novartis —Astra esboza una débil sonrisa que de inmediato desciende a una expresión anonadada.
—¿Qué acabas de decir? —sorprendido, elevo la mirada hacia ella, como queriendo buscar una respuesta—. ¿Tú…recuerdas algo? ¿Me recuerdas?
Astra cierra los ojos y niega con la cabeza. Los ruidos de fastidio que emite me indican que está tan perdida como yo.
—He visto tu rostro antes… en pedazos de sueños. No estoy segura de quién eres, pero siento que te conozco.
Sus palabras logran reconfortarme de alguna manera. Ahora sé que no estoy solo.
Poco a poco, mi mirada centra su atención en una compuerta blanca que se halla detrás de ella. Esta es diferente a las demás, ya que hay dos accesos biométricos empotrados en cada lado, pareciera que ocultara algo muy importante. Me acerco con cautela, observo la compuerta con curiosidad y coloco la palma de mi mano sobre uno de los accesos, obteniendo al instante una confirmación positiva.
—Imposible… —mascullo, girando la cabeza para mirar a Astra—. Hace falta alguien más —continúo, haciendo referencia al otro acceso e invitándola a colocar su mano también.
xtagendz
OPINIONES Y COMENTARIOS