AL OTRO LADO DEL MURO
PENSÉ MIENTRAS EL COCHE SE LANZABA CONTRA EL MURO, que todo acabaría ahí. Qué equivocada estaba. El coche atravesó el muro. Mientras, aquel tipo, presa del pánico y la rabia, me cogió por el cuello, intentando estrangularme. «¡Soy una dummie!, ¡no puedes matarme, gilipollas!», quise gritarle. Teóricamente, no estoy viva. Se creyó que nuestra sórdida...