Calle Pellegrini, otra vez
Son las siete treinta de la tarde y el cielo sigue anaranjado. Pero, es casi imposible notarlo con tantas luces encendidas y tanto edificio. Leo en la frente de los que me cruzan: “No podemos levantar la cabeza, estamos comiendo”. Entonces inclino los ojos, los inclino más aún, porque nunca, en realidad, sabemos sobre qué...