En manos de Raquel
Contemplar por primera vez una de las habitaciones donde atendemos a los clientes, me trasladó a la cámara de los horrores en la que de niña alinearon mi dentadura. Recordé como cerraba los ojos e iniciaba un desfile de ropa, besos o helados, y soñaba que se materializarían antes de que el dentista pronunciara “enjuágate”....