LOLA
Estábamos como todas las tardes estivales, a la fresca, aprovechando la sombra que el convento profería sobre nuestros patios. Sólo una esquina de la calle trinitarios, estaba soleada. Y asomando por ese reflejo, cargada de maletas, vi por primera vez a Lola. En el escaso trayecto de la calle trinitarios a mi patio, hubo murmuraciones...