FRENTE AL ROSAL
Varios años después, cuando supimos, entendimos algo del andar y desandar la vida. Ahora que comprendemos casi todo, solemos conversarlo con mamá. Las vacaciones de invierno nos resultaban interminables. Cada julio, mi hermana Anita, mamá y yo, viajábamos cuatrocientos kilómetros, y cuando llegábamos todo se repetía, como el silbato agudo del tren en cada...